MasukPov Agnes.
Como esperaba pude obtener las vacaciones pagadas que necesitaba,ni siquiera tuve que prometer nada,accedieron bastante fácil. Lejos de considerarlo extraño es liberador, ahora Amy y yo podemos disfrutar tiempo juntas. Me levanté temprano, a la misma hora que solía ir a trabajar y me dispuse a continuar mi rutina diaria, hacer el desayuno,limpiar el desastre que ocasionaba en la cocina y despertar a Amy. Mientras esté de vacaciones no es necesario que vaya a la guardería, así que por lo pronto serán unas vacaciones familiares. Al terminar de preparar el desayuno me dirigí a la ducha. Al poco tiempo salí de esta con una toalla alrededor de la cabeza y una bata blanca cubriendo mi cuerpo. Para entonces Amy ya estaba despierta restregandose los ojos en la cama. Sonreí al verla con su cabello alborotado y me dispuse a ir a su habitación (...) —Por aquí,por favor. —Dijo el mesero del restaurante al que había llegado con Amy. Luego de que dije a nombre de quien estaba mi reservación. Usualmente no gastaría en un lugar tan lujoso pero la señora Isabella,mi jefa inmediata, insistió en invitarme a comer a mí y a mi hija como regalo de despedida. Y ya que son vacaciones es bueno iniciarlas a lo grande, por lo menos hoy quiero darle todo lo que pueda. —Este lugar es muy bonito, mamá. —Dijo Amy maravillada con la decoración. Era un diseño muy tradicional, de estilo victoriano, con ladrillos importados en las paredes y cristalinos ventanales alrededor. Ladrillo blanco liso en las paredes decorativas grises y pisos de mármol gris. Lo que más llamaba la atención eran los innumerables adornos dorados en las paredes y las mesas con los manteles blanco perla. —¿Te gusta? —Le pregunté con una sonrisa. Ella asintió emocionada. El mesero nos guió hasta una mesa privada, oculta entre cortinas corredizas de partición. Al atravesarlas quedé perpleja. Sentado frente a nosotras se encontraba el CEO de la compañía mirándome fijamente mientras tomaba de una copa de vino. Pasé saliva sin entender la situación ¿Por qué estaba él aquí y no la jefa de departamento? —Bienvenidas. —Dijo amable con una mirada que no había visto nunca antes en él. Aunque no es que lo haya visto demasiado,de hecho ni siquiera recuerdo bien aquella noche. No,no y no. ¿Por qué estoy pensando en eso ahora? Negué rotundamente y me dispuse a seguir mi rol. Solamente era una oficinista en una comida con sus jefes. Al menos eso creo, en ningún momento fui informada de que él estaría aquí. Se acercó a mí con paso elegante tras levantarse y con sumo cuidado acercó la silla para Amy facilitando que se sentara. La tomé en mis brazos y la senté en ella. Hizo lo mismo con la silla junto a esta, yo me senté con delicadeza. —Se lo agradezco. —Dije retardada. Creo que él apenas me escuchó, parecía estar más interesado en lo que hacía Amy. Es obvio,es un empresario exitoso comiendo con una niña pequeña y una madre soltera. Debe sentirse incómodo—. ¿En qué momento vendrá la señora Isabella? —Me atreví a preguntar. —No vendrá. —Informó sereno. Podría jurar que antes de eso me dirigió una gélida mirada, como si me amenazara con ella—. He venido en su lugar. —Añadió al verme atónita. Exhalé internamente para calmarme. Obviamente había planeado esto para acercarse a mí pero es demasiado, incluso involucró a los demás empleados. Aunque bueno, una comida con él no será el fin del mundo. —Comprendo. —Dije serena o al menos eso intenté. —¿Te gustan los utensilios, pequeña? —Preguntó con una voz amable al ver a Amy jugar con los cubiertos sobre la mesa. —Mi nombre es Amy. —Le regañó ella con voz tierna. Él sonrió y asintió. —Lo lamento, pequeña Amy. —Susurró con voz tierna y una mirada tan dulce que nunca antes había visto en él. Nadie pensaría que había sido el mismo que me fulminaba con la mirada segundos antes. —Está bien, Amy tampoco sabe su nombre. —Dijo dejando los cubiertos a un lado—. ¿Usted también es el jefe de mi mamá? —¿Te parece si te digo al final del día? —Ofreció amable cómo si fuera el mayor secreto del mundo. Ella frunció el ceño. —¿Al final del día? —Preguntó emocionada. Él asintió. —Así será mucho más interesante, será como un pequeño juego ¿No crees que sería divertido? —Instó con el mismo tono. Ella asintió emocionada. Sonreí ante su ternura. Apenas se habían conocido pero parecían cercanos. Supongo que es el poder del ADN, aun cuando ninguno de los dos lo sabe siguen siendo padre e hija. Quedé atónita al prestar atención a lo que había dicho ¿“Al final del día”? Entonces, ¿Se quedará con nosotras todo el día? ¿Por qué? —Disculpe señor director pero ¿Vendrá con nosotras? —Pregunté asombrada y por la mirada que me dirigió pareció enojarse—. Lo digo porque luego de la comida, Amy y yo iremos al parque e imagino que usted debe estar ocupado, así que no se preocupe. —Tengo la agenda libre solamente preparada para pasarlo junto a Amy el día de hoy. —Informó. Quedé perpleja al escucharlo ¿Por qué quería pasar el día con Amy—. No debes preocuparte. —¿Puedo tomar su órden? —Preguntó el mesero que nos había guiado desde la entrada. —¿Ya podemos comer, mamá? —Preguntó Amy ansiosa. Claro que no es bien visto que se comporte de esa manera pero tiene apenas cuatro añitos,no importa cuanto lo explique es difícil para ella entenderlo cuando se trata de comida. —Por supuesto que sí, pequeña Amy. —Contestó el CEO antes de que yo pudiera siquiera opinar sobre ello—. Puedes ordenar todo lo que quieras. —Ofreció. No parecía enojado ni mucho menos, parecía disfrutar la situación. —¿Incluso pastel? —Preguntó emocionada. Él asintió con una leve sonrisa. —Pasteles, helados, dulces. Todo lo que tú quieras. —Le contestó con voz alegre y los ojos de Amy se iluminaron al escucharlo. Los ojos de mi pequeña hija me miraron buscando mi aprobación. Yo solo pude asentir. Toda esta situación me pone nerviosa, hasta hace un momento sólo éramos Amy y yo ¿Desde cuándo esta persona se acercó tanto a mi hija? No es que no me sienta feliz por ella pero el restaurante,la comida,su amabilidad ¿E incluso tomarse el día libre? era demasiado. —Permítame recomendarle el pastel de crema de castañas. Es célebre entre los niños por su inigualable sabor al mezclarse con el chocolate. —Dijo el mesero. —Me gusta el chocolate. —Dijo Amy relamiendo sus labios. —Ya escuchaste. Tráelo. —Ordenó el padre de mi hija al mesero que pese a su actitud continuaba sereno—. ¿Qué deseas comer? —Me preguntó a mí. Yo negué. —No tengo hambre. —Me limité a responder. Obviamente no era cierto, moría de hambre pero comer ahora sería demasiado vergonzoso. —Sirve tres platillos de carne de faisán salteado con romero y salvia y Champaña Moet para acompañar la comida, para la pequeña trae algún jugo dulce. —Ordenó nuevamente. El mesero asintió y se retiró del lugar—. ¿Quieres algo de té? —Preguntó nuevamente con voz amable a Amy. Ella asintió y él se dispuso a servirle sin demora (...) —Miren, es un pez enorme. —Exclamó Amy corriendo por todo el acuario mientras admiraba los peces que se reflejaban a lo largo y ancho sobre nosotros en aquella sala privada del acuario al que habíamos sido llevadas. Esto no tiene explicación ¿El CEO de verdad planeó todo esto para acercarse a mí? Pareciera que lo hizo para acercarse a mi hija pero eso no tendría sentido, a menos que él lo sepa ¿Y si se enteró de que Amy es su hija? No, eso es imposible, nadie a excepción de mí lo sabe. Pero esa sería la única explicación para su comportamiento,ha sido amable durante todo el día,sin buscar nada a cambio. Observé a Amy mirando a través de los cristales del acuario absorta en los peces linterna que nadaban frente a ella. Era el momento perfecto para cerciorarme y despejar las dudas. —Señor director. —Le llamé de manera serena, no quería malinterpretar la situación—. ¿Por qué nos ha traído a este lugar? Es más ¿Por qué ha sido tan amable conmigo y con mi hija? —Eres madre soltera. —Respondió tajante. Arqueé una ceja al escucharlo. Así que ese era el motivo,para él, soy una obra de caridad. —¿Y? —Inquirí con voz calma,aunque por dentro deseaba golpear su cara de póker. —¿Es mía? —Preguntó observando a Amy. —¿Qué? —Pregunté antes de siquiera pensarlo. —Tu hija es mía. Estoy seguro. Hice cálculos y es imposible que no lo sea. Sólo tienes que decirlo. —Observó con su típico rostro sereno. Enmudecí al escucharlo tan sereno,mi cabeza se nubló y no pude responder ni siquiera para mentir. —Sé que lo es. —Soltó tras un suspiro—. Es por ello que decidí que serás mi esposa. —Dijo, más bien advirtió pero sonaba como una orden fría e incuestionable. No había rastro de mentira o retracción común, él simplemente ya lo había decidido. Quedé atónita de nuevo y no pude hacer más que negar tímidamente. —No es una pregunta,Agnes. —Informó—. Me rehuso a que mi hija sea ilegítima. Era imposible no considerar su oferta, con un cuerpo como ese y una voz tan seductora, a eso súmale todo el dinero que tiene y su posición en la empresa. Además de que sí es el padre de mi hija. Si nos casamos dejaré de ser madre soltera, podré enfrentar a mis padres y darle un padre a Amy pero considerar algo como eso solamente por cuestiones financieras y conveniencia me parece algo vulgar. —Sin importar cuál sea tu elección, serás mi esposa. —Reafirmó colocando un anillo en mi dedo anular—. Así que acéptalo de una vez.Habían pasado dos años y aún continuaba asimilandolo, el tiempo pasó demasiado rápido, supongo que así se siente cuando disfrutas de tu vida. Y últimamente, no había nada en mi vida que no disfrutara; las ventas de mi tienda iban excelentes, tanto que pronto inauguraría otras sucursales. Mis diseños había causado tendencia y mi matrimonio era perfecto, aunque Oliver seguía siendo frío y calculador con los demás, con nuestros hijos y conmigo era amoroso y protector. No necesitaba más. Hoy celebramos la Navidad. Al igual que el año pasado; en familia. Se había convertido en una tradición familiar. Aunque nunca invitamos a mis padres y a los de Oliver, pero que estuviéramos nosotros era suficiente. La navidad se sentía más real. El aroma a las galletas de jengibre de Alicia y las risas de los niños inundaban la casa. Nuestros gemelos; Adrien y James, ya podían caminar y correteaban alrededor del árbol navideño, siguiendo a su hermana mayor, que ahora tenía ocho años. La niñera, era
POV Agnes. La cena transcurría con una calma inusual. La suave luz de las velas envolvía el ambiente y me hacía recordar la noche anterior, Oliver lo había planeado, estaba segura de que lo hacía por ello ¿Quería excitarme de nuevo? Porque lo había conseguido. En medio de la cena, el teléfono comenzó a timbrar, y al ver en la pantalla un número desconocido fruncí el ceño sin saber quién podría ser. —Debo contestar. —Murmuré para mí misma, avisando a Oliver que debía retirarme de la mesa, pero él no respondió. Continuó como si nada, mientras alimentaba a Amy. No le di más importancia de la necesaria y sin titubear presioné el botón de contestar, pero al hacerlo, la voz en el otro extremo congeló mi respiración. —Señorita Isabella... —Susurré con un deje de emoción, pero la sorpresa era mayor. —Hola, Agnes. ¿Cómo estás? —Preguntó ella con voz serena. Sonreí por inercia, ella siempre había sido algo fría, pero en el fondo tenía un gran corazón. Y yo, mejor que nadie, lo sabía.
Desperté de inmediato al escuchar un quejido desde la habitación principal, había pasado la noche en el sofá de la sala porque me había dormido sin darme cuenta. El sol se colaba por la ventana, iluminando el salón con un resplandor dorado.Escuché el quejido nuevamente, pero esta vez más silente, era la voz de Agnes.Rápidamente caminé hacia la habitación.Agnes aún estaba acostada, pero sus ojos estaban despiertos, casi llorando, mientras estaba envuelta en la cobija que le coloqué la noche anterior.Me acerqué a ella y tras sentarme a su lado acaricié su cabello. —¿Qué ocurre, Agnes? —Pregunté en un susurro, pero ella negó levemente—. Te escuché quejarte.Ella negó y se envolvió aún más en las sábanas. —No es nada.—Dime. —Demandé buscando descubrir su rostro. Ella asomó su rostro y me miró con duda en sus ojos.—Me duele todo. —Confesó avergonzada y con un deje de dolor.La noche había sido intensa, y ambos lo sabíamos. La pasión desenfrenada nos había dejado exhaustos, pero Ag
POV Oliver.Desperté a medianoche con un deseo irresistible. La luna llena iluminaba tenuemente la habitación, y allí estaba Agnes, durmiendo plácidamente a mi lado.Su belleza era casi hipnotizante, y no podía esperar más para sentirme dentro de sí. Me incliné y aislé el cabello que sobresalía hacia su rostro. Verla era un deleite y no pude controlarme, casi por instinto besé su cuello y fui descendiendo hacia sus hombros mientras sentía cómo su piel se erizaba al contacto con mis labios. Me detuve por lógica; no podía hacerle nada a una persona dormida, ni siquiera yo soy tan despreciable. Me dejé caer hacia atrás y paseé una mano por mi cabello mientras bufaba en silencio. No debí detenerme esta noche, se suponía que Agnes estaría conmigo hasta el amanecer, era una noche perfecta para hacerlo; mis hijos dormían y no había nadie más en casa que fuera testigo de los gemidos de Agnes. Quizás desaproveché la única noche en la que podríamos dejar el pudor a un lado.El carraspeo de su
Los segundos que pasaron fueron una tortura, no sabía si mi decisión solo traería discordias en mi familia, o si él realmente podría retroceder a su decisión solo por mí y la promesa que me hizo.—Oliver. —Dije con voz serena, pero suplicante—. Por favor regresa a la señorita Isabella. No es justo que la hayas despedido y lo sabes.En aquel instante, mientras las palabras flotaban en el aire y el único sonido era el leve crujido de la mandíbula de Oliver, sentí que mi corazón se detendría. Tenía tanto miedo de que por mi terquedad, solamente estuviera instigando a Oliver a deshacerse de mí y de nuestra historia. El simple hecho de pensarlo me partía el corazón, pero no podía evitarlo. Era lo correcto, puedo al menos intentarlo.Por un largo e interminable segundo, cruzamos miradas. —Si es lo que quieres, lo haré. —Dijo él cediendo a mi voluntad. Sonreí enternecida.—¡Gracias, gracias, gracias! —Exclamé abrazándolo y besando su cuello.Oliver sonrió y comenzó a acariciar mi espalda d
“Destino; ¿Alguien sabe realmente el significado de esta palabra? siempre quise conocer la respuesta. Tal vez el destino de los humanos simplemente es buscar su propio camino y yo, que me incursioné nuevamente en esta travesía llamada romance, no soy la excepción, pero no importa cuanto lo intente o cuanto piense que se hará realidad; el desenlace de mi ambición siempre es la misma”Al mirar atrás, me doy cuenta de que, desde antes de conocer a Oliver, yo ya era un poco autocompasiva y después de quedar embarazada y no tener apoyo, mi autocompasión aumentó. No juzgo a mi esposo por odiarme por ello, creo que desde un principio debí encarar las cosas y dejar de sentirme la víctima, pero así me sentí casi toda mi vida.Fue conocer al CEO, como mi esposo, lo que me ayudó a abrir los ojos. De una manera un tanto despiadada, pero los abrí.Recuerdo vagamente aquel tiempo en que todo parecía romperse en mil pedazos. La vida me sorprendió cuando la preeclampsia complicó mi embarazo y posterg







