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Mamá, ¿Dónde Está Papá?
Mamá, ¿Dónde Está Papá?
ผู้แต่ง: Dara W

CAPÍTULO UNO - Secretos y desamor.

ผู้เขียน: Dara W
last update วันที่เผยแพร่: 2026-05-11 00:28:56

Nadine echó un vistazo a la sala, llena de murmullos, risas y el tintineo de las copas. La fiesta transcurría según lo planeado.

—¿Champán, señorita? —preguntó un camarero amablemente, extendiéndole una bandeja.

Su mirada se posó en la copa de champán, pero instintivamente se llevó la mano al vientre.

—No, gracias —respondió Nadine con una suave sonrisa.

El camarero asintió con comprensión y se marchó.

—Mamá no puede beber alcohol. Tengo que cuidarte, mi pequeño —susurró Nadine, con una tierna sonrisa—. Tengo muchas ganas de contarle a papá sobre ti. Se va a emocionar muchísimo, y quizás por fin deje de ser tan distante.

Adrián, su novio, la había estado evitando últimamente, viajando más por negocios, hablando menos y con una frialdad que ella no podía explicar. Supuso que él estaba estresado, por eso había planeado esta fiesta para celebrar su último éxito empresarial.

Era la oportunidad perfecta para compartir la gran noticia.

—¡Estoy tan emocionada! —dijo Nadine con una risita.

—¡Es tan hermosa! —comentó una voz.

—¡Se ven tan bien juntos! ¡Me quedo sin aliento al ver esta pareja tan genial! —añadió otra.

Nadine volvió en sí y notó que la atención de los invitados estaba centrada en algo en la entrada.

—¿Está Adrian aquí? —se preguntó Nadine, mirando hacia la puerta.

Se le paró el corazón al ver entrar a Adrian, pero no estaba solo. Iba de la mano de una mujer deslumbrante, cuyo vestido brillaba bajo las lámparas de araña, captando la atención de todos.

—Adrian y Vanessa Laurent... ¡qué pareja tan poderosa! —comentó uno de los invitados.

—¿Pareja? —exclamó Nadine, con el rostro contraído por la confusión.

—He oído que están comprometidos...

¿Comprometidos? ¿Adrián?

Nadine se confundió aún más, pero decidió que debía haber una confusión. Adrián no podía estar comprometido con nadie mientras seguía en una relación con ella.

—Adrián —llamó Nadine con voz temblorosa mientras se acercaba—. ¿Qué está pasando?

Adrián la miró con expresión fría—. Nadine, no hagas preguntas cuyas respuestas no quieres saber. Con permiso.

Nadine jadeó, sorprendida por cómo él intentó despedirla.

—¡Adrian, no! —espetó Nadine, bloqueándoles el paso—. Ya he soportado suficiente silencio, desprecio y frialdad de tu parte. ¡Quiero una explicación ahora!

—¿Puedes dejar de gritar? —exigió Vanessa, con voz sofisticada pero teñida de irritación.

Era una de las modelos más importantes de la industria del entretenimiento. Resultaba chocante ver cómo podía ser amable delante de todos, pero ahora estaba mostrando su verdadera cara.

—Adrian —llamó Nadine bruscamente, pero Vanessa la interrumpió.

—Adrian y yo nos vamos a casar. Tuvo la mala suerte de enamorarse de una cazafortunas como tú, pero por suerte pude salvarlo de tus garras —dijo Vanessa con una sonrisa burlona, ​​apoyándose posesivamente en su pecho.

—Mira mi anillo de diamantes —dijo Vanessa con una sonrisa arrogante, mostrándole la mano a Nadine—. Una cazafortunas como tú jamás lo tendrá, ni a él ni a este anillo. Los ojos de Nadine se llenaron de lágrimas. Por fin comprendió por qué Adrian era tan distante. Era por culpa de esa mujer.

Sentía como si miles de cuchillos le atravesaran el corazón. Su mundo se derrumbó en ese instante. El hombre que amaba la había traicionado de la peor manera.

"Adrian, ¿cómo pudiste hacerme esto?", gritó Nadine, con lágrimas corriendo por sus mejillas.

"Oh, no te hagas la víctima. Sé que intentaste robarle..."

"¡Cállate!", espetó Nadine, furiosa. "No eres más que una mentirosa. Nunca he estado interesada en el dinero de Adrian. ¡Tú eres la cazafortunas y una cualquiera!"

Los invitados se quedaron boquiabiertos al oír sus palabras. Vanessa era muy querida por muchos, y no soportaban que nadie manchara su imagen.

"¡Tú eres la cazafortunas! ¡Seguro que tú atrapaste al pobre Adrian!", acusó uno de los invitados.

—Nadine, estás haciendo el ridículo —espetó Adrian, con una voz inexpresiva que rompió el silencio.

Más lágrimas rodaron por las mejillas de Nadine mientras lo miraba con total incredulidad. ¿Cómo podía ser tan cruel?

Estaba esperando un hijo suyo, el hijo con el que siempre había soñado. ¿Por qué la trataba así?

—Adrian, por favor, para —sollozó Nadine, agarrándose el pecho dolorido—. Si me dices que es solo una actuación o una broma, te perdonaré. Pero por favor, no nos hagas esto. Te lo ruego.

—Qué patética —se burló Vanessa, con voz llena de desdén.

Nadine la ignoró. No le importaba lo patética que se viera. Solo quería que Adrian y ella resolvieran sus problemas por su bebé.

—Adrian, por favor… —Las manos temblorosas de Nadine se extendieron hacia él, pero él retrocedió como si le repugnara. Su reacción la hirió profundamente.

—Nadine, estás armando un escándalo —dijo Adrian con frialdad—. Y no me gusta.

—¿Un escándalo? —repitió Nadine, con lágrimas que le escocían los ojos y el pecho oprimido por un dolor insoportable—. ¿Es lo único que te preocupa? ¿Tu reputación? ¿Qué hay de mí? ¿Qué hay de cuánto me has lastimado?

Adrian simplemente evitó su mirada furiosa y desconsolada. Cuando intentó irse con Vanessa de nuevo, Nadine perdió completamente el control. Comenzó a llorar histéricamente, golpeando con rabia su pecho con los puños.

Vanessa, molesta por esto, se acercó: —¡Basta de tonterías!

Sin dudarlo, Vanessa empujó a Nadine con violencia.

Nadine se estrelló contra una torre de champán cercana. Las copas se hicieron añicos a su alrededor y los fragmentos le perforaron la piel al caer al suelo.

Soltó un grito agudo, y sus brazos se cerraron instintivamente sobre su vientre para proteger a su bebé nonato.

—Mi bebé —gimió, con la voz apenas audible mientras la sangre le goteaba de las heridas en brazos y piernas.

En lugar de ayudarla, algunos de los invitados comenzaron a reírse, lanzándole crueles insultos.

—Solo lo hace para llamar la atención —murmuró uno de ellos.

Nadine se sentía humillada y destrozada. Pero sabía que no podía quedarse allí. Tenía que proteger a su bebé de más daño.

Se puso de pie con dificultad, temblando. Le lanzó una última mirada a Adrian; el amor en sus ojos se había transformado en furia y odio.

—Jamás te perdonaré por esto —sollozó Nadine, con lágrimas corriendo por su rostro.

Sin decir una palabra más, salió tambaleándose de la mansión.

Al salir de la mansión, siguió caminando con cautela por la carretera vacía, apretando la mano contra su vientre.

—Te protegeré, ¿de acuerdo, cariño? —sollozó, temblando a cada paso.

Pero entonces, un dolor agudo y punzante le atravesó el estómago.

—¡Ay! —gritó.

Se quedó paralizada, con la respiración agitada, al sentir algo cálido que le corría por la pierna.

—Mi bebé —jadeó, mirando la creciente mancha roja en su vestido—. ¡No... no, no, no!

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