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Inseguridades

Author: Lilith Moon
last update publish date: 2024-08-15 18:51:42

El interior de la casa estaba cargado de un tenso silencio. La luz del amanecer se colaba por la ventana de la habitación, mientras Kara, sentada a los pies de la cama, miraba angustiada a su compañero. Darius, acostado, no dejaba de observar a ninguna de las dos mujeres más importantes de su vida, no sabía a cuál de las dos consolar primero, si a su mate o a su madre. Los hombros de Freya estaban caídos mientras sus ojos estaban fijos en los primeros rayos del sol.

—No entiendo, ¿qué salió mal
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Comments (2)
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Klivia Nohelia Rivera Zeledon
Para mi que ese viejo le mintió y ka descendiente de esa familia es ella y como juro protegerla no le dijo nada por temor que le pase algo
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Heidy
Está Kara no razona!!!! está tan concentrada que es Meara que no considera que el ritual falló porque utilizaron la sangre equivocada...🥲🥲............🥲
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  • Marcada por el alfa oscuro   Darius

    —¡Kara, abre los ojos!La voz de la sanadora llegó desde algún lugar lejano, pero Kara apenas consiguió distinguir las palabras. Tenía la cabeza inclinada hacia un lado y el cuerpo tan débil que ni siquiera podía sostenerse con ayuda. La mujer la acomodó contra su brazo y buscó su pulso una vez más.—Galen, necesito que hagas algo. Está perdiendo la consciencia.El anciano permanecía junto al recipiente. La sangre había dejado de moverse por las grietas, pero la línea oscura que rodeaba el centro de la piedra seguía intacta. La presencia continuaba al otro lado del círculo, sin acercarse ni retroceder.—No sé qué más hacer —admitió Galen, con la mirada fija en la piedra—. No hay ninguna indicación para esta fase.—¡Pues deja de mirar el recipiente y ayúdala! —exclamó la sanadora.Galen se volvió hacia Kara. Su rostro estaba pálido, sus labios habían perdido el color y su respiración era apenas perceptible. El anciano se arrodilló a su lado, pero no se atrevió a tocar el círculo ni a r

  • Marcada por el alfa oscuro   El último vínculo

    La piedra vibró con tanta fuerza que el recipiente se deslizó unos centímetros sobre la mesa. Galen lo sujetó antes de que cayera. La sangre de Kara avanzaba por las grietas, formando líneas oscuras que se cruzaban bajo la superficie. La presencia permanecía frente a ella, inmóvil, mientras una presión difícil de soportar llenaba la habitación.Kara apretó los dientes. Al principio había sentido un hormigueo en la palma herida. Después, el dolor se extendió por el brazo y alcanzó su pecho, como si algo tirara de ella desde dentro.—Galen —lo llamó, intentando mantener la voz firme—. Esto no se parece a lo que ocurrió antes.El anciano levantó la cabeza y reparó en la palidez de su rostro.—No. No se parece.—¿Qué significa?Galen se acercó al recipiente, examinando la sangre sin atreverse a tocarla.—No lo sé. Las notas no describían una reacción como esta.Kara quiso responder, pero el aire pareció abandonarle los pulmones. Se inclinó hacia delante y tuvo que apoyar la mano sana sobr

  • Marcada por el alfa oscuro   La elección de Kara

    Kara apenas había terminado de acercarse al círculo cuando la sanadora le sujetó el brazo.—No deberías estar de pie —le advirtió, ayudándola a recuperar el equilibrio—. Acabas de dar a luz. Necesitas descansar antes de que termines desmayándote.—¿Has visto lo que le ha pasado a Darius? —preguntó Kara, señalando la cama—. Su respiración ha cambiado.—Lo he visto, pero eso no significa que esté mejorando.Kara miró hacia el recipiente. La línea rojiza seguía recorriendo la piedra, aunque su brillo había disminuido. La presencia permanecía al otro lado, inmóvil, como si esperara algo de ella.—Entonces necesito saber qué debo hacer.Galen se acercó sin perder de vista la piedra.—No puedo asegurarte que debas hacer nada —respondió, frunciendo el ceño—. Lo que hemos observado es una pista, no una instrucción.—Explícamelo.El anciano respiró hondo antes de continuar.—La sangre reaccionó cuando ofreciste la tuya, pero el cambio más importante ocurrió después del nacimiento. La presencia

  • Marcada por el alfa oscuro   La presencia

    —¡Necesito espacio! —ordenó la sanadora, arrodillándose junto a Darius.Leif se apartó lo suficiente para dejarla trabajar, aunque mantuvo una mano sobre el hombro del alfa. Darius seguía inconsciente. Su respiración era débil e irregular, y la sangre que le manchaba los labios no había terminado de secarse.Kara intentó levantarse con el niño contra el pecho.—No te muevas todavía —le pidió la sanadora, volviéndose hacia ella—. Acabas de dar a luz y apenas puedes mantenerte sentada.—Darius no despierta.—Lo sé, pero necesito que me dejes atenderlo.Kara apretó al bebé contra sí, sin apartar los ojos de su compañero. Quería acercarse a él, comprobar por sí misma que seguía respirando, pero las piernas le temblaban incluso al intentar cambiar de postura.—Haz lo que tengas que hacer —aceptó finalmente—. Solo dime si empeora.La sanadora asintió y volvió a inclinarse sobre Darius.Galen permanecía junto al recipiente. La sangre había dejado de extenderse, pero la grieta de la piedra se

  • Marcada por el alfa oscuro    El nacimiento II

    Él no abrió los ojos. Su pecho se elevó con dificultad y volvió a caer. Después, su respiración perdió el ritmo. Leif se inclinó sobre él y lo llamó por su nombre, primero en voz baja y luego con una urgencia que ya no pudo disimular.—Darius. Vamos, hermano. Abre los ojos.Nada.La sanadora volvió a concentrarse en Kara cuando otra contracción la hizo arquear la espalda.—Ahora. Empuja, Kara. El niño está muy cerca.Kara obedeció. El esfuerzo le nubló la vista y le dejó un sabor metálico en la boca. Por un momento solo pudo escuchar su propia respiración y las instrucciones de la sanadora. Después, el dolor empezó a ceder.—Una vez más —le pidió la mujer—. Ya casi está.Kara reunió las fuerzas que le quedaban.—Vamos, pequeño —murmuró entre dientes—. No me hagas pasar por todo esto para quedarte ahí dentro.La sanadora soltó una breve exhalación, casi una risa, antes de volver a darle indicaciones. Kara reunió las fuerzas que le quedaban y empujó de nuevo. Esta vez, el dolor cambió y

  • Marcada por el alfa oscuro   El nacimiento I

    —¡Darius!El grito de Kara se perdió entre las voces de la sanadora y el sonido irregular de la sangre moviéndose dentro del recipiente.Leif seguía inclinado sobre Darius, con dos dedos apoyados en su cuello. No levantó la cabeza enseguida. Kara vio cómo apretaba la mandíbula antes de volverse hacia ella.—Sigue respirando —le aseguró, procurando mantener la voz firme—. Pero no consigo que reaccione.—Haz que despierte —exigió Kara, intentando incorporarse.Una contracción la obligó a aferrarse al brazo de la sanadora. El dolor le atravesó el abdomen y la hizo doblarse hacia delante.—No puedes levantarte ahora —le advirtió la mujer, sujetándola por los hombros—. Necesito que te concentres. El niño está llegando.—Darius no responde.—Leif está con él. Yo estoy contigo. Ahora necesito que me escuches.Kara quiso protestar, pero otra oleada de dolor le cortó la voz. Cerró los ojos y respiró como pudo mientras la sanadora la ayudaba a acomodarse. Sentía las piernas temblorosas, la ropa

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