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.4.

Autor: Hibari
last update Data de publicação: 2025-11-23 09:45:14

Sofía lloraba desconsolada mientras hablaba con Hugo por teléfono. Apenas podía articular las palabras mientras trataba de explicarle cómo su madre la estaba obligando a casarse con otro hombre, alguien a quien ni siquiera conocía. Entre sus sollozos, Hugo escuchaba en silencio, sintiendo cómo la rabia le quemaba las venas.

—No puedo… no puedo soportar esto, Hugo —decía Sofía entre lágrimas—. No quiero casarme con otro hombre, no quiero vivir esta vida… ¡No quiero perderte!

Hugo apretó los dientes, conteniendo el impulso de correr hasta ella en ese instante. Quería consolarla, sostenerla entre sus brazos y prometerle que nada ni nadie los separaría. Sofía era su amor, su vida, y la idea de perderla a manos de un matrimonio forzado le era simplemente insoportable.

—Escúchame, Sofía, por favor… todo va a estar bien. No voy a dejar que te obliguen a casarte con alguien que no amas —dijo Hugo con voz firme, tratando de transmitirle calma, aunque por dentro sentía la urgencia y la desesperación ardiendo en su pecho.

—¿Cómo puede estar bien, Hugo? —replicó Sofía, su voz rota y llena de angustia—. ¿Cómo… si mañana mismo podría estar comprometida con alguien que no eres tú?

La voz de Sofía resonaba como una súplica, y en ese instante, Hugo decidió que no podía permitirlo. Sabía que el deseo de escapar juntos había sido un sueño lejano, algo que había imaginado más de una vez, pero que nunca había tenido el valor de proponer. Ahora, sin embargo, parecía ser su única opción.

Tomó aire y, sin dudar, le habló con la misma certeza que sentía en su corazón.

—Sofía… —dijo con suavidad—. Escápate conmigo. Dejemos todo esto atrás. Tú y yo, lejos de aquí, donde podamos ser felices sin que nadie nos obligue a vivir una vida que no queremos.

Sofía guardó silencio al otro lado de la línea, procesando las palabras de Hugo. Era una propuesta arriesgada, una decisión que cambiaría sus vidas para siempre, pero en ese momento, nada le pareció más correcto. Su amor por Hugo era profundo y sincero, y la idea de casarse con otro hombre le resultaba insoportable. No podía imaginar su vida sin Hugo, sin su sonrisa, su ternura, su calor. Y más allá de eso, anhelaba la libertad de poder elegir su propio destino.

—Sí… sí, Hugo, quiero hacerlo —respondió, su voz temblorosa pero decidida—. No veo otra forma de ser libre. Si escapamos juntos, podré vivir como siempre quise… contigo.

La decisión estaba tomada. En ese instante, Sofía se sintió más liviana, como si la desesperación se disipara un poco y, en su lugar, floreciera una chispa de esperanza.

—Mañana —dijo Hugo—. Mañana a primera hora en la estación de tren. Tomaremos el primer tren que salga y nos iremos lo más lejos posible.

—Ahí estaré —prometió Sofía, sintiendo cómo la determinación comenzaba a calmar sus lágrimas.

Hugo suspiró aliviado, sabiendo que finalmente había encontrado una manera de proteger su amor. Aunque el camino que estaban a punto de emprender sería incierto, en ese instante nada le importaba más que estar junto a Sofía y darle la vida que ambos soñaban.

—Confía en mí, Sofía —le susurró con dulzura—. Estaremos juntos, y nadie podrá impedirlo.

Al colgar el teléfono, Sofía se sintió más fuerte que nunca, decidida a tomar el control de su propio destino. La sombra de la boda impuesta se desvanecía en su mente, reemplazada por el amor y la esperanza que compartía con Hugo.

Aquella noche, se preparó con el corazón latiendo rápido, sabiendo que el amanecer traería consigo una nueva vida… si lograban escapar juntos.

En una esquina de la mansión Carson, en una habitación discreta y apartada, Martha escuchaba la conversación entre su hija y ese "muerto de hambre", como solía referirse despectivamente a Hugo. Con cada palabra que salía de la boca de Sofía, la ira de Martha se intensificaba, y su mirada se tornaba cada vez más oscura.

Desde el principio, había dejado claro a Sofía que no aprobaba su relación con ese joven de baja clase. Había descubierto su relación tiempo atrás y había hecho todo lo posible por impedirla, imponiéndole castigos y repitiendo incansablemente que no volvería a permitir que viera a Hugo. Para ella, Hugo era solo un obstáculo, alguien sin ambición ni posición que no tenía cabida en el futuro que había planeado para Sofía.

Martha nunca se imaginó que su hija podría ser tan testaruda, tan desafiante. ¿Acaso Sofía no entendía la gravedad de la situación familiar? ¿No veía el sacrificio que Martha estaba dispuesta a hacer para asegurar el prestigio de los Carson? La relación de Sofía con Hugo, que para ella no era más que un capricho, amenazaba con derrumbar sus cuidadosos planes. No, no lo permitiría.

Mientras escuchaba cada detalle de la conversación, su rostro reflejaba una mezcla de furia y determinación. Cuando escuchó la propuesta de Hugo, sus labios se curvaron en una sonrisa irónica y calculadora.

—¿Huir? —susurró para sí misma, con desprecio—. Claro, como si eso fuera a resolver algo.

Martha sabía que Sofía estaba desesperada, atrapada entre el amor que sentía por Hugo y la obligación familiar que le imponía su madre. Pero lo que Sofía no entendía era que Martha siempre había estado un paso adelante. Había calculado cada posible desvío, cada intento de rebelión. Y ahora que Hugo proponía una escapatoria, Martha estaba dispuesta a tomar medidas definitivas para asegurar que sus planes se cumplieran, con o sin el consentimiento de Sofía.

Una idea tomó forma en su mente, y sus ojos brillaron con determinación. Ella tenía los recursos, el poder, y la frialdad necesaria para evitar que ese “bueno para nada” se llevara a su hija. Con un giro rápido, salió de la habitación y caminó por los pasillos de la mansión con la cabeza alta y la mandíbula apretada.

—Ningún don nadie arruinará mis planes —dijo en voz baja, pero con firmeza.

La fuga de Sofía y Hugo estaba destinada a fracasar, porque Martha Carson no estaba dispuesta a perder.

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Último capítulo

  • Matrimonio Forzado   Fin

    —Así es, y es por eso que salí corriendo para comprar esto... —Se alejó un poco de ella y se hincó sobre el césped. Todos los presentes guardaron silencio ante la escena, y Sofía no pudo contener la emoción. Sofía tomó a su sobrino por un momento.—Yo...—Sofía, esperé tanto este momento, hubiera querido pedirte que fueras mi esposa antes, pero no era digno de ti, y tú te mereces lo mejor, el mundo entero, y yo te lo quería dar. Es por eso que ahora que todo está bien, ambos lo estamos con mi pequeño Dave, quiero que seamos una familia de verdad. —La rubia empezó a llorar y asintió. ¿Cómo podía decirle que no, cuando era el amor de su vida?Fernando se puso de pie, la alegría no le cabía en el corazón. Con sus manos temblorosas, tomó el anillo y se lo puso. Sofía no dejaba de llorar, era lo que había esperado y ahora sabía por qué se había tardado tanto para pedírselo. Se acercó a ella y la tomó entre sus brazos para besarla con intensidad.Todos aplaudieron felices por su compromiso,

  • Matrimonio Forzado   107.

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  • Matrimonio Forzado   .106.

    —¡Hola, hermosa! —Jessy la saludó muy alegre, sobreactuando, siempre lo hacía cuando ocultaba algo—. Pero mira cómo te ves. —La rubia la miró ladina—. ¿Qué te hiciste? ¿Botox acaso? —Trató de bromear y, al parecer, había funcionado, ya que las tres rieron.—¿Qué te pasa, Jessy? Aún soy muy joven. —Sofía refutó, aún graciosa, y se acercó a Sol para tomar a su hijo en brazos, besando su mejilla.Apenas había pasado unas horas y ya lo extrañaba. Era un niño adorable, con el cabello rubio como ella, pero con las facciones de su padre. Era un digno Devís. Aunque esa peculiar naricita definitivamente era de su padre, y le encantaba.—¿Y Fernando? —Sofía alzó la mirada, observando a su alrededor, buscando ver a su esposo, al menos de palabra, en alguna parte del jardín, pero no lo vio por ningún lado. Volvió a mirar a su hijo, que estaba muy entretenido, mientras contemplaba las expresiones de las dos chicas, que se miraron entre sí, abriendo los ojos sin saber qué decirle en realidad.—Sali

  • Matrimonio Forzado   .105.

    —Amor, ¿qué? Estás confundido, te pegaste en la cabeza. ¿Cómo puedes decir algo como eso? Yo nunca te haría daño. —Trató de convencerlo, pero ya era tarde. Fernando la había visto. La policía ya se encontraba dentro de la habitación y esposaron a Eliza.—Suéltenme, Fernando no sabe lo que dice, se pegó en la cabeza, está mal, déjenlo que lo revise un doctor, por favor, amor, yo nunca te haría nada —Eliza forcejeó.—La casa de los Carson tiene cámaras, tu rostro está grabado en ellas. ¿Acaso tienes alguna excusa contra eso? No tienes escapatoria... —exclamó Hugo detrás de ella, con un tono serio y una postura firme.—Sol... —Miró a su ex amiga con un semblante triste. Sol no la miró, se sentía mal al ver a su ex amiga así, detenida por unos policías, pero no podía perdonar lo que le había hecho a su hermano, a su propio novio.—No me pidas que tenga indulgencia contigo cuando trataste de matar a Sofía y casi matas a mi hermano... esto nunca te lo voy a perdonar, nunca, Eliza. —Desvió l

  • Matrimonio Forzado   .104.

    Sofía siguió llorando sobre su hombro después de que un ginecólogo la revisara y le dijera que todo estaba en perfecto estado, que su pequeño estaba muy bien. Ahora lo único que esperaba era ver a Fernando, abrazarlo fuertemente.—¿Sabes por qué él estaba ahí? —Sofía negó sin levantar el rostro del cálido hombro de su amiga.—Iba a impedir tu boda.La rubia alzó su rostro con una expresión de sorpresa, y en sus ojos se reflejó una incredulidad. No podía imaginar eso, después de todo lo que le había dicho la última vez que se vieron. Le dio a entender que no se iba a meter más en su vida.—¿Qué? ¿En serio? —Habló sorprendida, abriendo los ojos como platos.—Ay, mi niña, en serio, él iba a ir a detener tu boda. Es muy lindo, ¿no? Pero perdóname, no pude aguantarme las ganas de decirle lo que se merecía y otras cositas más. —Sofía se separó para mirarla mejor.—¿No le dijiste que me quede callada para salvar la constructora, verdad? —Su amiga se encogió de hombros y dio una pequeña risa,

  • Matrimonio Forzado   .103.

    Los ojos de la rubia se apaciguaron al escucharla. Había tenido una pesadilla donde el peor de sus miedos se había vuelto realidad. Gracias a Dios que solo había sido un sueño.—Sí, estoy bien, no te preocupes, solo quiero verlo, quiero ver a Fernando. —Sofía miró a su alrededor.—Pero, ¿dónde están todos?—Sol fue a traer algo de comer y Hugo fue a preguntar si Fernando puede recibir visitas —le explicó Jessy, mirándola fijamente. Se veía muy cansada y un poco pálida—. Deberías hacer que te revisen, también pudiste golpearte al caer al piso.Sofía tocó su barriga y asintió. No se sentía mal, pero Jessy tenía razón, tenía que hacerse una revisión, era mejor no dejar pasar nada.—Jessy, ¿segura que Fernando está bien? No me estás mintiendo, ¿verdad?Jessy apretó sus labios con fuerza.—Dime la verdad, Jessy, ¿él va a estar bien? —la miró fijamente y, de reojo, sabía que había algo que todavía no le decía, pero aun así le advirtió:—Sí, lo está y lo estará, solo que, aunque no, no te vo

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