MasukLa conversación en la mesa no terminaba de fluir por completo. Aunque Manuel se esforzaba por mantener un ambiente agradable, la presencia de ambas parejas reunidas en la misma mesa, había cambiado por completo la dinámica de la velada. Diego parecía más interesado en escuchar los planes de su amigo que en participar de cualquier otra conversación, mientras Clara se limitaba a observarlos, procurando no cruzar la mirada con el hombre que tenía enfrente, Asdrúbal. Manuel, sin embargo, parecía decidido a aprovechar la oportunidad para hablar de sus proyectos.—Como les comentaba, mi intención es llevar el restaurante a otro nivel. No quiero quedarme con un solo establecimiento. Me gustaría abrir otras sucursales, primero en las principales ciudades y después, si todo marcha bien, pensar incluso en expandirnos fuera del país.—Es una buena apuesta —comentó Diego, dejando los cubiertos sobre el plato—. Si mantienes la calidad y consigues un buen equipo administrativo, puedes conseguirlo.
Asdrúbal notó el cambio en su expresión. Quería acercarse, decirle algo, aunque solo fuera una frase que le permitiera hacerle saber que su presencia no le resultaba indiferente. Pero no podía hacerlo. No allí. No delante de Andrea y Diego.—Espero que estén disfruten de la velada —comentó el propietario—. Les he reservado una mesa en una zona bastante cómoda. Si me acompañan, les indicaré dónde pueden sentarse.—Perfecto —respondió Andrea—. ¿Por qué no nos acompañan? —Me parece una excelente idea —comentó Manuel—. Así podré conversar con ambos. Claro si Diego y Asdrúbal no tienen inconvenientes. —No, en lo absoluto. —intervino Diego con rapidez. —Claro, no hay problema —contestó Asdrúbal ante la incómoda situación.Clara sintió un vacío en el estómago. ¡Tendría que compartir la misma mesa con su amante! Sin embargo, no podía hacer nada se levantó del asiento, mientras Diego retiraba la silla y luego la rodeaba de la cintura.El dueño comenzó a guiarlos hacia el comedor principal.
—Eres un exagerado —murmuró Clara.—En absoluto. Eres la mujer más maravillosa que he podido tener en mi vida.Clara dejó escapar un suspiro de pesar. No sabía cómo responder a aquellas palabras sin sentirse todavía más culpable.Un camarero se acercó para ofrecerles la carta y Diego pidió una botella de champaña. Mientras esperaban, le habló de lo agradable que era el lugar y de las expectativas que tenía su amigo con aquella inauguración.Cuando finalmente llegó la botella, el camarero sirvió las copas.Diego levantó la suya.—Por nosotros.—Por nosotros —repitió Clara.Las copas chocaron suavemente.—Quiero que sepas que me alegra mucho estar aquí contigo —dijo él, sosteniendo su mirada—. Extrañaba estos momentos juntos.Clara sonrió por educación, aunque aquellas palabras realmente le incomodaban. —A mí también me gusta que podamos compartir una noche tranquila.Diego se inclinó ligeramente hacia delante y comenzó a contarle una anécdota sobre uno de sus socios. Clara lo escuchó
Apenas Helen me dejó en casa, fui directamente a mi habitación. Había sido un día demasiado intenso, lleno de emociones que todavía no conseguía ordenar.Entré, dejé el bolso sobre la cómoda. Necesitaba descansar, aunque sabía que cerrar los ojos no significaría necesariamente dejar de pensar.Me quité los zapatos y me tendí sobre la cama. Durante unos minutos permanecí mirando el techo, hasta que los recuerdos de nuestro encuentro íntimo, comenzaron a aparecer sin que pudiera evitarlo. La imagen de Asdrúbal apareció en mi mente con una claridad desconcertante. Recordé cómo me había recibido en su oficina, la sorpresa en su rostro al verme y la manera en que aquella conversación que tanto había preparado terminó convirtiéndose en un encuentro apasionado.Todavía podía recordar sus manos, sus besos y la intensidad con la que me había hecho sentir deseada. Era increíble cómo aquel hombre conseguía despertar cada fibra de mi cuerpo. Bastaba recordar su cercanía para que una sensación cá
Helen redujo un poco la velocidad al llegar a un semáforo.—Creo que ya no siento lo mismo por Diego —murmuré—. No sé si es por lo que pasó con su asistente o porque, sencillamente, algo se rompió entre nosotros. Antes podía imaginarme a su lado sin dudarlo. Pensaba en nuestra boda, en la casa que tendríamos, en todo lo que queríamos construir juntos. Pero ahora, cuando intento imaginar ese futuro, no sonrió de felicidad como antes. —¿Y cuando piensas en Asdrúbal? —preguntó ella. Suspiré hondo antes de contestarle. —Cuando pienso en él, todo es diferente.—¿Diferente cómo?—No sé explicarlo. Me despierta cosas que creía que nunca iba a sentir. Me hace sentir deseada, viva… Y cuando estoy con él, no tengo que esforzarme por encontrar lo que siento. Simplemente ocurre.Helen permaneció callada un instante antes de responder.—Pero hay un pequeño detalle que no podemos ignorar, querida. Tu Asdrúbal es un hombre casado.—Lo sé. —respondí parcamente. —Y no estamos hablando de alguien q
El trayecto de regreso a casa, se me hizo mucho más corto de lo que esperaba.Helen conducía mientras yo permanecía recostada contra el asiento, con la mirada perdida en los edificios que iban quedando atrás. Había intentado concentrarme en el paisaje, pero mi mente regresaba una y otra vez a lo ocurrido en la oficina de Asdrúbal.Todavía podía sentir sus manos sobre mi cuerpo, recordar la manera en que me había mirado cuando entré y cómo, en cuestión de segundos, toda la distancia que habíamos intentado mantener desapareció entre nosotros.Era absurdo. Había ido hasta Ferrer Construcciones con la intención de hablar. Quería aclarar lo que estaba pasando entre nosotros, saber si aquella atracción significaba algo para él y, sobre todo, descubrir qué lugar ocupaba yo en su vida.Sin embargo, había terminado haciendo exactamente lo contrario: entregándome a él sin conseguir una sola respuesta.Y lo peor era que no me arrepentía.Una sonrisa involuntaria apareció en mis labios.—Oye tía…







