INICIAR SESIÓNDespués de ese día en el hospital, en casa todo había cambiado. Mi madre me ignoraba, dolía mi corazón.
Ya no era su niña linda, ya no era el recuerdo vivo de papá para ella. Yo ni siquiera quería ir a la escuela, los maestros llamaron a mi casa para saber que sucedía conmigo y mi madre les decía que yo estaba enferma, que enviaría una constancia en los próximos días. Y si lo estaba. Estaba embarazada de Cedric. ¿Como iba a abortar el hijo del hombre que yo amaba? En ese entonces yo apenas tenía dieciocho y Cedric veintidós. Mi madre nunca me pidió abortar, pero la tristeza en sus ojos, el dolor en mi cuerpo, los mareos y náuseas fueron un problema aparte sin contar las amenazas de esa mujer, Camelia Robinson de Lawrence me latían en las sien. Y el golpe más bajo, fue el dejar de recibir la pensión por mi idiotez. Cedric se había marchado dejándome sola y desprotegida. Cuando escuché que ya estaba en otra escuela mi mundo se vino abajo. Lo había perdido enserio. Mi mamá se empezó a enfermar, por el estrés, todo por mi culpa. Quería buscar un trabajo, pero en sus condiciones no podía y yo sin experiencia y embarazada ¿quien me iba a contratar? En poco menos de tres semanas, todo empezó a volverse un caos en casa, empezó a faltar de todo. Hasta la comida. No tuve otra opción, sabía que era ella, era Camelia, por mi culpa. Así que busqué esa maldita tarjeta y la llamé. No le dije nada a mi madre, nunca le dije que Camelia me pidió abortar. Simplemente le dije que sí, que lo haría, que iba a abortar ese bebé, y que por favor, le devolviera todo a mi madre. Ella me hizo firmar un documento donde yo nunca podría hablar de esto o tendría consecuencias legales, tanto yo como mi madre y donde prácticamente por mi propia voluntad aceptaba abortar. Ella se estaba quitando toda culpa o consecuencia para evitar cualquier tipo de problema futuro al obligarme a pasar ese procedimiento donde si perdía mi vida en medio del aborto, fue consensuado por mi propia voluntad. Nunca había sentido tanto asco hacia alguien como el que sentía por ella. Y no solo le bastó hacerme firmar ese documento al junto de su abogado. Tambien me obligó a hablar a una línea telefónica diciendo unas palabras escritas en un papel sin llorar ni tartamudear. "No quiero a este bebé, no quiero ser la madre de este hijo. Por eso he decidido abortarlo. No estoy preparada para ser madre, mi futuro es más importante que tener una familia ahora. Lo siento" No escuché nada en la otra línea. Tampoco lo pensé mucho. Ella me entregó un sobre. —Es tu pago por haber accedido a no arruinar a la familia Cedric. En ese sobre está la dirección del lugar donde irás. El doctor te está esperando. Tranquila no dolerá él me lo confirmó. El abogado selló el papel que firmé y lo guardo —Nadie más que tú, y yo junto al abogado deben saber esto. Al aceptar esto firmaste un acuerdo de silencio. Ahora te puedes retirar. Te esperan a fuera, mi chofer te llevará al hospital. Allá te están esperando. Vi su sonrisa, era como si el diablo me estuviera sonriendo. No hablé más de lo necesario. Salí de su casa sabiendo que había tomado la peor decisión de mi vida, pero que importaba eso. Eso no era relevante en ese momento. Y fui a ese lugar. Llore mares de lágrimas antes de ingresar a la habitación con la bata puesta después de haber firmado mi consentimiento. Ya era mayor de edad, ya nada importaba. No sentí dolor, desperté horas después, mi madre y Camelia estaban ahí. —¿Como pudiste hacer algo así? Era mi nieto, como pudiste asesinarlo... Me reclamó. No entendía absolutamente nada, pero también guardé silencio. Mi madre la pobre, su mirada era de desprecio. Ni siquiera me miraba directamente, era como si tuviera vergüenza de que yo fuera su hija. Camelia se marchó dejándome a solas con ella y cuando quise llamarla alzó la mano para que hiciera silencio. Quería morirme, quería lanzarme de un puente, acabar con mi vida, pero no podía dejar a mi madre sola ni causarle más dolor. Y sí... todo volvió a la normalidad con el paso de los días, menos yo. Menos la relación con mi madre, menos mi vida. Al poco tiempo, un mes más o menos de mi desgracia vi una foto de Cedric. Tenía una venda en la cabeza, no le presté atención pues fue una de las chicas de la escuela que me la mostró, tenía una de sus redes sociales. Yo ni siquiera tenía redes sociales. Era una infeliz. Una mantenida como me decían. Todos sabían que estudiaba en esa escuela tan cara, porque el papá de Cedric la había pagado hasta que la termine. Recibía mucho odio en la escuela porque Cedric me mantenía colgada como pendiente a su oreja y las demás muchachas morían por ser yo, pero la atención de él era mía. Él era muy posesivo y no le gustaba verme hablar con otros compañeros. Si me veía hablar con algún chico, se volvía loco de celos. Tanto que terminó destrozandole la nariz a un compañero solo porque me envió unas flores y una carta invitándome a salir. El dijo que el chico se había pasado de la raya conmigo y por eso lo atacó. Mintió para que su madre no supiera de nuestra relación porque sabía perfectamente que ella no iba a estar de acuerdo, pero a él no le importaba si ella estaba de acuerdo o no, por eso hizo tantos planes conmigo. Planes que fueron una mentira barata. Y de que valió...solo me quería para usarme, ¿pero tres años? ¿De qué valió? Tres años juntos... ¿para qué? ¿Fue lástima? ¿Fue costumbre de infancia? ¿Fui un pasatiempo? Así pasaron los años. Busqué trabajo de medio tiempo, mientras terminaba la universidad. La salud de mi mamá se fue deteriorando poco a poco, pero logré graduarme y ella no estuvo presente, ya estaba en el hospital. Fue triste no tener a nadie ahí, pero ya no dolía tanto. Al poco tiempo logré encontrar trabajo en una empresa, no tan grande, pero vendía coches. Ahí pulí mis conocimientos y mi madre murió poco después. Fue un golpe duro y bajo. Fue doloroso. Era un sentimiento tan desgarrador que pensé que nunca podría levantarme de la cama. El día de su funeral, me avisaron que todo lo habían pagado hasta las flores de su entierro, que no me preocupara por nada. Supuse que como siempre los Lawrence tenían algo que ver, tal vez Camelia. Después de ese día, ese día que aborté nunca supe de Camelia. No nos cruzamos más. Ella nunca se apareció a darme el pésame sólo envió una carta de condolencias con su abogado, diciendo que era de parte de su familia. Después de que todo acabó, me mudé de casa, volví a la empresa, poco a poco fui mejorando de ánimo, hasta que se anunció que la compañía formaría parte de los Lawrence. Ellos compraron la empresa donde yo trabajaba, para unirla a su empresa mayor, desde luego intenté renunciar, no quería seguir atada a esa familia y justamente el día en que iba a llevar mi carta de renuncia, ese mismo día que falté al trabajo, Cedric apareció. Yo no podía creer lo que mis ojos veían... Cuando entré a la oficina del que era mi jefe, en ese entonces, él estaba ahí. Me miró un segundo y volvió a su conversación. Mi jefe simplemente me sonrío —Ella es Elora Norris. Es uno de nuestros cerebros. Me presentó. Cedric me miró y extendió su mano para saludarme como si fuera la primera vez que ve mi rostro. —Será un gusto trabajar con usted. Me llamo Cedric Lawrence, supongo que ha escuchado acerca de mi familia. Son algo famosos en este país. Su arrogancia era como antes, pero esta vez tenía un sabor diferente. Y su mirada me dejaba claro que me odiaba. ¿Era enserio? ¿No me conocía ese hijo de perra? ¿Iba a jugar a los desconocidos conmigo? No extendí mi mano para saludarlo y pude ver la incomodidad de mi jefe en el rostro. —Ah...ya veo, pero me temo que no podré trabajar con usted. Vine a traer mi carta de renuncia. Dejé la carta en el escritorio y salí sin decir nada más. Mi corazón iba a explotar. Me juré a mi misma que lo había olvidado, que ya no lo quería. Pero verlo simplemente me devolvió al pasado. Al pasado que no quiero recordar y al que no iba a volver a repetir.Es mi evento, es lo que había soñado, pero no me siento como debería. Pensé que iba a relajarme, que iba a tener tranquilidad, que el día iba a ser magnífico, digno de ser un día que nunca olvidaría. En cambio, solo me la he pasado reprimido, incómodo, fingiendo sonrisas y dando abrazos que no deseo. Escuchando halagos vacíos y cumplidos de personas cuyo interés va mucho más allá de felicitarme. Pensé que iba a poder tenerla un poco más cerca, pensé que hoy ella y yo no íbamos a tener este muro tan gigantesco. En cambio, todo está mal. Disimuladamente, mi mirada viaja hasta ella. Su cara es un mar de tristeza, puedo notarlo desde la distancia. También está incómoda. Las únicas palabras que hoy hemos hablado son sobre trabajo y más trabajo. De vez en cuando la veo llevarle cosas a mi madre y eso me empieza a impacientar. Sé que mi mamá está resentida con ella por lo que hizo. Pero, aun así, no quiero que le haga nada, no necesito que intervenga. Luego de la presentación y la r
Este es mi segundo trago. La cabeza me duele un poco. Cedric y su madre se están tomando fotos con las personas presentes, entre fanáticos y personas invitadas, y hablando con la prensa. A ambos les hacen entrevistas; incluido Matteo, que está al lado de ellos, y otras personas más.Me da gusto que todo les salga bien a ellos.La felicidad, al parecer, solo la pueden heredar los ricos.Aun así, mi corazón se siente apretado, no porque me duela que él esté sonriendo ante las cámaras o porque hoy sencillamente no me haya hablado más que de trabajo. Es cómo pasaron las cosas.Me siento tan pequeña aquí, rodeada de todo, pero sin saber cuál es mi lugar en todo esto.Posiblemente el trago me está haciendo efecto. Por cierto, me quedo observando el vaso y una voz conocida me hace levantar la vista.—Hola, Elora. ¿Nos podemos sentar aquí?Era Maggie y otras compañeras más. Me he pasado todo el tiempo algo alejada para evitar ser bombardeada con preguntas, con esas sobre Cedric.—Claro —respo
El evento ha sido un gran espectáculo: coches, artistas, luces y voces. Todos celebran el gran acontecimiento. Los nuevos modelos han sido lanzados al mercado, vehículos valorados en millones de euros y dólares.Incluso han subastado algunos motores de décadas pasadas, piezas antiguas que ahora alcanzan precios exorbitantes entre coleccionistas.Una pantalla gigante comienza a mostrar imágenes de la fabricación de los vehículos: acero fundido, motores siendo ensamblados, trabajadores en las instalaciones, pruebas de velocidad, carreteras, circuitos...Todo está perfectamente coordinado.La música aumenta mientras las imágenes cambian y muestran cada detalle del proceso de fabricación. El público observa fascinado, mientras los nuevos modelos permanecen expuestos bajo las luces, esperando su momento.Y entonces, las luces del lugar comienzan a apagarse.Sobre una tarima aparece un cochazo. Es un nuevo modelo en el que Cedric estuvo trabajando en secreto para la sorpresa del día de hoy.
—Nos vemos mañana, hijo. Que tengas una feliz noche y reflexiona sobre lo que te dije. Sabes más que nadie que mi deseo es verte feliz.La despido después de escuchar otra vez su consejo de autoayuda. El coche se pone en marcha minutos después y entro nuevamente a mi apartamento con la cabeza hecha un nido por el estrés.No quiero ser un mal hijo y sentir paz porque se hayan marchado, pero el simple hecho de haber traído a Alexa a mi casa me estresó demasiado.Y saber que mañana, el que se suponía que sería un día de tranquilidad para mí, se convertirá en un problema, me quita toda gota de esperanza de que sea un día tranquilo.Mi madre es muy difícil de tratar. Siempre ha querido imponerme las cosas y he tenido que detenerla. Aun así, ella fue quien me abrió los ojos en cuanto a Elora y entiende que todas las mujeres que no vienen de la misma clase social que yo quieren mi dinero. Por eso intenta meterme a Alexa por los ojos, ya que ella no necesita nada de mí, más que a mí.O eso es
No quería lastimar a Elora. No sabía que la situación se me iba a salir de las manos.Ahora ya no podré verla y saber qué hace mientras no está conmigo. No quise ser rudo, no quise causarle dolor cuando me descubrió, pero su maldito rechazo siempre termina llevándome de vuelta a su voz de hace seis años, a través de aquella línea telefónica, cuando, sin ningún pudor, me dejó claro que era más importante su futuro que tener un hijo conmigo.Ese rechazo creó en mí una rabia que me recorre todo el cuerpo y me hace actuar por impulso, sin pensar.Aun así, no sé de dónde saqué el autocontrol para no gritarle que era una asesina, que por su estúpida decisión no he podido volver a ser normal con ella ni con nadie. Que su traición me lastimó demasiado.La amo tanto que odio cómo me siento. Quisiera odiarla, verla llorar arrepentida y sentir que por fin estoy satisfecho, pero ni siquiera eso conseguiría hacerme feliz tanto como verla sonreírme como alguna vez lo hizo, o como me mintió.Aunque,
—Buenas noches…Dije, ladeando un poco mi rostro por la sorpresa, para nada grata. Ambas me miraron de arriba abajo. La chica al lado de Camelia es guapísima.Su rostro y su atuendo denotan mucha elegancia, pero por alguna razón no me gusta su presencia.—Buenas noches, Elora. Disculpa que lleguemos sin avisar, pero fue mi hijo quien me dio permiso de venir. Digo, si no es molestia para ti.¿Por qué siento que me está mintiendo acerca de que Cedric le dio permiso de venir?¿Pero por qué vino?—¿Por qué vino a esta hora? Es algo tarde. Pudo haberme avisado y no estaría en pijama para recibirlas.—Oh, estaba en casa de Cedric y, como estás a dos esquinas de aquí, quise venir a saludarte y a presentarte a su novia. Ella es Alexa, la futura prometida de Cedric. Quiero que se conozcan cuanto antes.El corazón se me detuvo.¿Entonces ella era la mujer de la que tanto hablaba Camelia?Ahora entiendo todo.No me la quiere presentar. Me está diciendo claramente: aléjate de mi hijo o te irá peo







