LOGINNo pasó una semana desde mi renuncia, y una mañana tocaron mi puerta para embargarme todo y sacarme del apartamento.
No importó que presentara mis facturas, que llorara y que buscara la manera de poder recuperarme, era un no parar mí, simplemente. Me fui a un hotel hasta que pudiera resolver cómo poder alquilar otro lugar donde vivir, pero el dinero se iba agotando poco a poco, los ahorros no eran eternos. Entonces recibí una llamada de él. Nunca olvidaré la voz fría al otro lado de la línea. Sin un saludo, sin agrado. Pero lo peor es que la reconocí al instante, como si nueve años no fueron suficientes para borrar cualquier rastro de él. "Si sabes lo que te conviene Elora, vuelve al trabajo. No me hagas perder más el tiempo. He pasado toda una semana con trabajo en exceso, porque la encargada de este papeleo no está en su puesto correspondiente. Deja de actuar como una niñita malcriada, eres bastante adulta y por lo visto has crecido lo suficiente" No hubo un saludo, no hubo nada. Era la actitud de alguien que te odia profundamente. ¿Pero por qué iba él a odiarme a mí? ¿A caso no fue él, el que me abandonó? ¿Por qué de repente se aparece en mi vida como si nada y hablándome con tanta confianza? Llena de rabia le contesté... "¿Quien carajos se cree usted para tratarme así?" "¿Quieres dormir otra semana más en un hotel? ¿Te queda dinero? No creo que tus miserables ahorros te den para sobrevivir una semana más. Te espero en una hora en el lobby del hotel en el que estás. Asegúrate de ser puntual. Me asquean los impuntuales." Así fue como nueve años después, yo con veintisiete y él con treinta y uno, volvimos a hablar cara a cara. Esa tarde hacía frío, bajé al lobby y lo esperé dos malditas horas que se sintieron eternas y así ese mal nacido dijo que le asquean los impuntuales. Sus palabras nunca coinciden con sus acciones. No cambia absolutamente nada. Pero justo cuando iba a levantarme para salir del lugar, él entró desprendiendo poder y confianza. Con su porte de hombre rico llamando la atención de todos. Tan pronto se acercó a mí, sentí lo costoso de su perfume golpearme la nariz y mi estómago se contrajo revoloteando como si las mariposas estuvieran por salirme por la boca. Era una clase de emoción dolorosa para mis tripas y sofocante para mi sistema nervioso. Se sentó frente a mí, y me habló sin perder tiempo. —Voy directo al grano, no estoy para perder el tiempo hablando de lo mismo otra vez. Colocó unas llaves sobre la mesa. —Son las llaves de tu nuevo apartamento. Es tuyo, o más bien, lo pagaré para ti. Es donde vas a vivir, queda cerca de la empresa y desde ahora te dejo claro que no puedes permitir que ninguna sujeto de apariencia masculina, o dígase genitales masculinos, te visite al lugar que yo pagaré. ¿Entendiste? Si quieres revolcarte con alguien, que pague un motel. Supongo que no te acuestas con bastardos pobres, supongo que pueden pagar un motel para ti. Me levanté rápido llena de ira. Esa maldita cara que ahora tenía barba suave, esa misma cara fue la que me abandonó y me engañó y ahora me habla como si yo fuera una cualquiera. Nueve malditos años pasaron y este perro bastardo viene hacia a mí, como un sinvergüenza tratándome como basura, cuando la única basura aquí es él. —No, no me interesa nada que venga de su familia. Bastante hicieron por mi madre. Ya mi madre no está viva. Soy adulta y responsable de mi vida ahora. Ahórrese su apartamento y sus "reglas" no tengo interés. Al darme la vuelta me habló. —¿Y por ti no hicimos nada? Me detuve y gire mi rostro hacia él. —¿Quieres un reconocimiento? Desaparece de mi vista. Me enferman los hombres arrogantes y de nula capacidad cognitiva o pensante. Escuché el golpe seco en la mesa y no giré. Aceleré mis pasos como alma que lleva el diablo. El corazón me tembló y sentía ganas de vomitar. Empece a llorar agitada, era él, me miraba como me miraba cuando éramos adolescentes, solo que ahora su mirada era fría y oscura, con odio hacia mí. Lloré al cerrar la puerta, recordándolo, volviendo al pasado que había prometido olvidar por siempre y tocaron el timbre. Apenas me estaba lavando la cara y tomando un calmante para el dolor de cabeza. Observo por la mirilla, y veo que es uno de lo administradores del hotel. Salgo con una sonrisa falsa dibujada en mi rostro, para que no se me note lo decaída que estoy. —¿Sí?— —Tiene que recoger sus cosas y marcharse ahora mismo de hotel. —¿Qué? Mi sonrisa se borró de golpe. ¿Qué estaba ocurriendo de repente? —Salga ahora mismo de esta habitación. No puede quedarse ni un día más. —Pero pague para estar aquí y... —Se le hará un reembolso. Así que no nos obligue a sacarla por la fuerza. Mi cara era un poema, pero no uno dulce más bien, un poema de terror. Y ahí supe que este hombre había venido a hacerme la vida imposible. Me sacaron del hotel de una manera terrible, casi a patadas como si fuera un delincuente. Las miradas sobre mí, eran tan vergonzosas, me habían humillado de tal forma que ni siquiera quería levantar la mirada y justamente Cedric estaba afuera, no me había dado cuenta de que él estaba mirándome desde la distancia. No pude sacar todas mis cosas de la habitación, ellos me dijeron que las enviarían al lugar donde esté alojada después. Simplemente salí con una maleta y empecé a caminar sin rumbo, aunque no tardé mucho haciéndolo, mientras caminaba, noté que un coche me seguía a la distancia así que aceleré el pasó. Pero no llegué lejos. Cuando iba a cruzar una calle, para mí mala suerte el semáforo cambió y un coche frenó frente a mí, al darme la vuelta choqué con el pecho de un hombre, fornido y me entró al coche como a una muñeca. Estaba llorando mucho cuando entré al coche, mi cabello desordenado y al mirar Cedric estaba ahí, mirándome fijamente. —¿Fuiste tú verdad? Le grité mirándole a los ojos con rabia. Pero ese bastardo, fue tan cruel. —Conmigo las cosas son por las buenas o por las malas. Lástima que siempre elijas las cosas por malas fingiendo que eres fuerte. No tienes donde caerte muerta, lo que significa que tu vida debe girar entorno a mí, a partir de ahora. Te haré dos preguntas y dame una respuesta rápida. ¿Deseas ir a tu apartamento nuevo o quieres dormir en la calle esta noche? Me quedé mirando la llave en su mano. Calle o jaula, esas eran mis opciones. Y odiaba a Cedric porque lo sabía. Me tenía en sus manos como él quería tan simple y sencillo como eso. En mi interior gritaba que si no tenía derecho a vivir en paz, a vivir mi vida a mi manera, que si toda mi vida tenía que vivirla llorando y siendo esclava de un maldito agradecimiento ¿Mi vida acaso debía girar entorno a ese maldito apellido? Pero sabía que nadie me iba a contestar, Dios estaba enojado conmigo por haber matado a mi propio hijo. Ese hijo que evitaba recordar a toda costa, pero al ver a Cedric, el arrepentimiento me estaba volviendo a golpear.Mientras lloro mares de lágrimas, sintiendo que mi vida está a punto de acabar por la tristeza que me embarga, mi teléfono vibra.Cedric me escribe diciéndome que vaya a verlo al hospital. Quiere hablar conmigo.Mi corazón se aprieta. ¿Por qué está en un hospital?¿Qué le habrá sucedido?Aunque las ganas de saber e ir corriendo hacia él me castigan, me niego.Tan solo recordar esa mirada mientras Alexa decía cosas sin saber hace que se me estruje el corazón.Todos escucharon lo que ella dijo. No tengo cara para volver a la empresa, no puedo volver.Me miro al espejo. Tengo los ojos muy hinchados y me siento destrozada. Tal vez debería irme, pero no tengo adónde ir.Después de ducharme y volver a mi habitación, observo mi teléfono.Tengo algunos mensajes más, y uno en específico llama mi atención.Una de las empleadas tuvo el descaro de preguntarme si era cierto que Alexa me había encontrado besándome con Cedric y si ese había sido el motivo de su reacción descontrolada.Una parte de m
Me despierto aturdido. Intento abrir los ojos, pero me pesan demasiado. Quiero seguir durmiendo, pero el recuerdo llega a mí de golpe y los abro por completo.Observo mi mano. Tengo una vía intravenosa y me siento cansado. Intento moverme un poco, pero hasta levantar la cabeza me resulta pesado.La puerta se abre y giro el rostro. Siento la cabeza pesada mientras el doctor se acerca y me habla.—Señor Cedric, qué bueno que despertó. Le haré una revisión breve para asegurarme de que todo esté en orden.Se coloca unos guantes y toma un aparato semejante a una pequeña linterna. Con dos dedos separa mis párpados y dirige la luz hacia uno de mis ojos. Luego hace lo mismo con el otro.Se aleja y anota algo en su carpeta. Después, apoya el estetoscopio sobre mi pecho y vuelve a escribir. En ese mismo orden me coloca un tensiómetro en el brazo y aprieta varias veces la pequeña bomba hasta inflar el brazalete.Vuelve a anotar algo en su carpeta y finalmente se quita los guantes.—¿Todo bien, d
Alexa entra a la casa de Camelia con pasos apresurados, todavía agitada después de que le abrieran las puertas.—Tome asiento, le informaré a la señora Camelia que usted está aquí.Alexa hace un gesto desagradable con la mano izquierda y con la otra mano se acaricia el entrecejo por el estrés que lleva dentro tratando de masajearse esa parte para evitar arrugas.—Con permiso.La mujer del servicio se aleja.Y mientras espera le escribe algunos mensajes de texto a Cedric.“Lo siento.”Se muerde la uña. El mensaje le parece demasiado corto, insuficiente para arreglar el desastre que acaba de provocar.Vuelve a escribir.“Estaba demasiado irritada y ustedes ya tenían tiempo solos encerrados…”Suspira, sabe que solo está arruinando las cosas al decirle eso."De verdad Cedric, te amo...y perdí el control.En ese mismo momento entra Camelia.—Alexa.Se acerca a ella y le da un beso en la mejilla.—¿Que te trae por aquí? ¿No se suponía que vendrías con Cedric a la comida más tarde? —Camelia
El sonido de la puerta nos sobresalta. Alguien la toca con fuerza y ambos nos separamos mientras yo me acomodo la chaqueta.—S-siéntese, yo abriré. —estoy nerviosa Puedo sentir su mirada detrás de mi espalda, mientras mis pasos resuenan por todo el lugar.Abro la puerta después de tomar una bocanada de aire y, para mi sorpresa, era ella, Alexa.—Qué descaro —dice con cara de asco mientras me mira de arriba abajo.Y pasa.—Te estuve llamando, Cedric, pero ya veo por qué no respondiste ni una de mis llamadas. Hoy tenemos una comida con tu madre.Me siento algo extraña. No sé por qué ella le habla con tanta confianza cuando él trata de evitar hablar con ella a como dé lugar.—Lo sé —responde tranquilamente.Siento cómo mi estómago se contrae.Ella gira y me habla.—Por cierto, no te cobraré nada de tu sueldo por haberme tocado el rostro. Cedric pagó absolutamente todo por ti. Agradécele mucho. Bueno, supongo que tienes que agradecerle hasta el pan que comes. Después de todo, su familia
Vi la llamada entrante en mi teléfono. Era de Cedric, pero yo no tenía el valor para responder ni las ganas.Sin saber que todo su desprecio hacia mí ahora empieza a tener sentido.Soy culpable de no haber salvado la vida de mi hijo, pero ¿cómo podía detener a su madre?Ella lo engañó como a mí, tal vez, aunque tampoco sé si él siempre lo supo y simplemente no le importó mi dolor y decidió ignorarlo.Aunque me confunde todo esto y no quiero tomar decisiones ni albergar pensamientos incorrectos, no quiero pensar en un «tal vez» o un «posiblemente».Solo quiero la verdad.Entonces, los pensamientos que albergan mi mente me hacen recordar las veces que me ha dicho cosas referentes al embarazo o a los hijos.Como anoche…Me dijo que quería que yo tuviera vida en mi interior.No sé cómo empezar a armar este rompecabezas. Tampoco puedo reclamarle nada sin pruebas. ¿Cómo puedo demostrarle mi inocencia?¿Cómo puedo limpiar mi nombre de todo esto?¿Con qué enfrento este pasado que me ha amarga
—Madre, basta. No soporto más estos reclamos.Ella niega y no se detiene.—¡ES INSÓLITO QUE HAYAS HECHO SEMEJANTE ESTUPIDEZ!Mi madre no para de reclamarme por haber faltado a la fiesta y dejar a todos los invitados plantados, incluso a ella y a Alexa.—Sé muy bien que te quedaste con Elora y golpeaste a Matteo, después de ir a buscarla a su casa. ¿Por qué hiciste eso? Si ellos se quieren acostar, como adultos que son, ¿por qué vas a su casa a amenazarlo a punta de pistola, incluso...?—Es un revólver... —digo entre dientes.—No me importa lo que haya sido, Cedric. ¿Crees que eso nos ayudaría como empresa? Luego del espectáculo que dimos, ¿que mi hijo salga en los periódicos como maltratador de sus empleados por su secretaria? ¿Dónde tenías la cabeza cuando pensaste que era buena idea hacer algo así por celos?Ahora que tengo la cabeza fría sé que no estuvo bien. Tal vez ella si quiso ir con él, pero maldita sea, si digo que siento culpa miento.—¿Acaso no te bastó con que ella matara







