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Capítulo 93

Autor: Salsa Picante
Adrián la miró un instante sin decir más, dio media vuelta y salió de la habitación, dejándole el silencio a ella sola.

La puerta se cerró suavemente. Valeria fue soltando la mano poco a poco. En la palma le habían quedado marcadas las uñas con fuerza.

Levantó el brazo sano y se cubrió los ojos cansados.

No tenía tiempo para compadecerse de sí misma.

Haber escapado con vida de esa trampa era una lección, pero también una pista.

¿Quién había planeado todo esto y con qué intención? Esa "vieja acta
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  • Me perdió: ahora soy esposa de su enemigo   Capítulo 145

    Al terminar la reunión de directivos, el asistente de Sebastián fue a tocar a la puerta de Camila:—Señorita Soto, el señor Fuentes me dio instrucciones de avisarle que, a partir de mañana, tiene que presentarse a trabajar todos los días en la oficina.Camila no daba crédito a lo que oía:—¿Qué?El asistente repitió con tono profesional:—Tendrá que registrar su entrada a las nueve de la mañana y la salida a las seis de la tarde. Se le va a asignar su propio escritorio y tareas bien específicas.A Camila se le desencajó el rostro.—¿A quién se le ocurrió semejante idea?El asistente puso cara de incomodidad.—Son órdenes directas del señor Fuentes.Al escuchar esto, a Camila se le bajaron los humos de golpe.Apretó los dientes y respiró hondo para disimular la rabia.—Está bien, ya me quedó claro.A la mañana siguiente, Camila se plantó frente a la torre del Grupo Fuentes y tragó saliva. Vestida con traje formal y tacones altos, cruzó el vestíbulo con la cabeza agachada. Para no levan

  • Me perdió: ahora soy esposa de su enemigo   Capítulo 144

    "Ese día estaban comiendo juntos ahí. Yo iba pasando y alcancé a sacarles una foto a escondidas. No sabía si te serviría de algo, pero preferí mandártela."Valeria se quedó contemplando el mensaje, sin tener del todo claras sus intenciones. Al final, decidió contestarle con algo breve: "Me sirve bastante, gracias."Con la foto ya guardada, Valeria le marcó a Samuel. Sabía de sobra que para trasnochar nadie le ganaba a Samuel. Tal como esperaba, él tenía el celular en la mano y contestó al segundo timbrazo:—¿Vale? ¿Qué pasó a estas horas?—Ya di con la persona que mandó a esa bola de vagos —fue directa al grano.—¿No me digas que no fue Sebastián? —Al otro lado de la línea se escuchó el crujido de las sábanas, como si se hubiera sentado de golpe en la cama.—No, fue Camila.—Ah... —soltó Samuel—. Aunque de seguro Sebastián está bien enterado.Valeria asintió con un murmullo seco y le resumió en pocas palabras lo de la foto que le había mandado Ivana. Al escucharla, a Samuel se le ence

  • Me perdió: ahora soy esposa de su enemigo   Capítulo 143

    Los que estaban más atrás hicieron coro un par de veces, pero ya sin fuerza ni convicción.Poco más de media hora después, dos patrullas se estacionaron frente a la entrada y se bajaron varios oficiales de policía:—¿Quién llamó?Samuel alzó el brazo de inmediato:—Yo, oficial.El policía repasó al grupo de inconformes con una mirada severa:—A ver, ¿qué alboroto se traen aquí?El cabecilla se adelantó en seguida, tratando de ganarse la ventaja:—Oficial, nosotros solo venimos a reclamar lo justo. En esta casa de subastas le están vendiendo cosas falsas a la gente...—¿Trae pruebas de lo que dice?El tipo se quedó mudo por un instante.—Bueno... este... o sea...—Sin pruebas formales, esto es alteración del orden público —lo cortó el oficial en seco—. Me despejan la acera de una vez. Todos.Al escuchar la orden, los dos escoltas dieron un paso al frente con paso firme y la gente empezó a retroceder en desbandada. El cabecilla intentó replicar, pero una sola mirada fulminante del ofici

  • Me perdió: ahora soy esposa de su enemigo   Capítulo 142

    La recepcionista intentó frenarlos en seco:—Señores, por favor, aquí no se puede fumar...El que iba al frente la barrió de arriba abajo con una mirada descarada:—¿Y a ti qué te importa? ¿O qué, carajo, me vas a prohibir fumar?Otro de los tipos empezó a levantar la voz para que todos escucharan:—¡Esta porquería de casa de subastas es un fraude! ¡Un amigo mío compró una pintura aquí y resultó ser una copia barata!La gente que estaba en el vestíbulo volteó de inmediato a ver qué pasaba.Al escuchar semejante relajo, Luis salió a toda prisa de su oficina:—Señores, bajen la voz. Cualquier reclamo lo podemos revisar allá atrás con calma.—¿Hablar de qué? ¡Las cosas se aclaran aquí mismo y enfrente de todos!Uno de ellos se tiró en el sofá sin la menor vergüenza y cruzó las piernas.Los de seguridad se les abalanzaron y se trenzaron a golpes. En el tironeo se vino abajo un florero y los catálogos quedaron regados por el suelo.Los tipos no se largaron sino hasta que escucharon a lo lej

  • Me perdió: ahora soy esposa de su enemigo   Capítulo 141

    Luis se quedó inmóvil, incrédulo.—Señorita Reyes, pero así nuestras ganancias…—Podemos ganar menos. Lo que no podemos darnos el lujo de hacer es perder clientes —respondió Valeria con total calma—. Si Sebastián quiere jugar, le voy a seguir el juego.Al ver la firmeza en su decisión, Luis asintió:—Me encargo de inmediato.Sin embargo, al llegar a la puerta se detuvo y se volvió:—Señorita Reyes, ¿y en cuanto al Grupo Fuentes?—Déjalos —lo cortó Valeria—. Por cada cliente que él se lleve, yo conseguiré otro. Vamos a ver quién aguanta más.Mientras tanto, en la oficina del Grupo Fuentes, el asistente de Sebastián llamó a la puerta y entró apresurado.—Señor Fuentes, la casa de subastas ya reaccionó.Sebastián hizo un leve giro con la mano, desinteresado.—Te escucho.El asistente abrió su libreta y leyó:—Valeria bajó la comisión dos puntos, redujo el depósito a la mitad y se comprometió a adelantar el pago de las piezas. Con eso logró retener a dos tercios de sus clientes.Sebastián

  • Me perdió: ahora soy esposa de su enemigo   Capítulo 140

    —Que me pisotee, que me humille... Yo me lo aguanto todo porque siento que estoy en deuda con ella.Sebastián la miró fijamente.Camila tenía la cara bañada en lágrimas y sus ojos parecían cargar con años de puro sufrimiento y resignación.Por un segundo, a Sebastián se le vino a la mente la sonrisa de Valeria. Pero esa imagen se fue borrando poco a poco, hasta ser reemplazada por el rostro deshecho de Camila.Sebastián levantó la mano, dudó un instante y terminó rodeándola en un abrazo.—Esto no va a volver a pasar. No voy a permitir que Valeria te siga haciendo daño.Camila alzó la cara entre sollozos, mirándolo con devoción.—Sebas...Él le limpió las lágrimas de las mejillas con suavidad.—Lo que pasó, pasó. De aquí en adelante cuentas conmigo para lo que sea.Camila asintió y volvió a esconder la cara en su hombro.Después de calmarla un rato, Sebastián subió a su habitación.La sala se quedó en absoluto silencio.Camila permaneció en el sofá, atenta a los pasos del piso de arriba

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