Início / Fantasía / Mi Angel Caído El despertar / Juicio de Condenación Eterna

Compartilhar

Juicio de Condenación Eterna

Autor: Angy Ocampo
last update Data de publicação: 2025-12-19 12:15:26

La luz que arrancó a liyeth del santuario no era tránsito.

Era destierro.

Cayó de rodillas en una explanada infinita suspendida en el vacío, donde no existía cielo ni suelo, solo un resplandor blanco y severo que lo observaba todo. El tribunal extra-angelical se alzaba ante ella: círculos concéntricos de tronos flotantes ocupados por entidades antiguas, anteriores incluso a las alas.

No tenían nombre.

Solo juicio.

Las cadenas de luz seguían atadas a sus muñecas, ardiendo con cada latido de su c
Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App
Capítulo bloqueado

Último capítulo

  • Mi Angel Caído El despertar    El ecosistema de las sombras

    ​El silencio de la habitación no era paz, era una sorda amenaza. El Príncipe del mal y Jaik muy en el fondo... mantenían su mano sobre el vientre de Liyeth, y ella podía sentir cómo la energía de él —esa vibración fría y magnética— se filtraba por las runas, estabilizando el caos que rugía en sus entrañas. ​Liyeth cerró los ojos, atrapada en un torbellino de emociones contradictorias. Su esencia de ángel de raza pura se retorcía con un asco visceral. Cada fibra de su ser celestial gritaba por la profanación, por la oscuridad que ahora marcaba su carne. Se odiaba a sí misma con una intensidad que la asfixiaba; odiaba su propia debilidad por haber cedido ante el enemigo, por haber permitido que la semilla del Abismo arraigara en ella. ​Pero, bajo ese odio santo, latía una verdad más oscura y eléctrica. Su cuerpo, traicionero y encendido, buscaba el contacto. La proximidad de Jaik o mejor dicho el príncipe , su olor a ceniza y poder, despertaba en ella una pasión prohibida que la ater

  • Mi Angel Caído El despertar    El Lenguaje de la Oscuridad

    Horas después del encuentro, cuando el Príncipe creía que ella dormía, Liyeth se levantó en silencio. El vientre le quemaba, no con dolor, sino con una pulsación rítmica, como si un segundo corazón estuviera intentando sincronizarse con el suyo. Se deslizó hasta el baño y, bajo la luz mortecina de la luna, se despojó de la camisa de seda. ​Allí estaba. Justo encima de su vientre, la marca ya no era roja; ahora era un trazo de un negro tan profundo que parecía absorber la luz de la habitación. No eran simples cicatrices, eran runas , el lenguaje prohibido de los Caídos. ​Aunque Liyeth nunca había estudiado lo oculto, su sangre de ángel reconoció la blasfemia. La marca se dividía en tres verdades aterradoras que empezaron a grabarse en su mente como susurros de ultratumba: El sello de posesión de Aztharoth: El trazo superior, que rodeaba su ombligo como una corona de espinas, significaba que su alma ya no pertenecía al Reino de la Luz. Ella había sido reclamada. Para el Infierno,

  • Mi Angel Caído El despertar    La Alquimia del Maligno

    La oscuridad de la habitación no era un vacío, sino una presencia que pulsaba al ritmo de sus respiraciones. Cuando Jaik —o la entidad que habitaba su envase— deslizó sus dedos sobre la espalda de Liyeth, no solo estaba tocando piel; estaba recorriendo los mapas de un cielo que él había perdido hace eones. ​Para él, cada roce era una contradicción violenta. Al presionar sus labios contra la curva de su hombro, sentía el sabor de la luz, una esencia de jazmín y divinidad que debería repelerlo, pero que lo encadenaba con más fuerza que cualquier grillete del abismo. Tocar el cuerpo de Liyeth era como sostener una llama blanca entre las manos: le quemaba la sombra, le recordaba su propia caída, y aun así, no podía soltarla. ​En su mente, el Príncipe libraba una guerra. «Es solo un instrumento para el heredero», se decía una parte de su conciencia fría y milenaria. Pero otra parte, una más oscura y posesiva, rugía en silencio al sentir el alma de ella. El alma de Liyeth no era una prop

  • Mi Angel Caído El despertar    El sacrilegio del trono del mal

    ​El alba comenzó a teñir la habitación con hilos de una luz pálida que el Príncipe del Infierno detestaba. Para él, la luz siempre había sido una intrusa era apenas soportable por estar en el cuerpo humano de Jaik. Sin embargo, mientras observaba el cuerpo de Liyeth envuelto en las sábanas, esa misma claridad le permitía ver lo que tanto ansiaba: la pureza que estaba profanando y, al mismo tiempo, adorando. ​Habitar el cuerpo de Jaik era una tarea mundana, casi claustrofóbica para una entidad de su magnitud ya eran dos seres independientes, desde que el altísimo lo encerró y fueron separados, tenia el control porque él es un ser poderoso, aunque se encontraba, en el infierno podía controlar la voluntad y el cuerpo de Jaik. De esa manera, Liyeth lo hacía soportable. Ella era un ancla de fuego en su océano de vacío. El deseo y la necesidad No era solo la misión. Sí, el Infierno exigía un vástago; un puente entre los dos mundos, una criatura con la fuerza del abismo y la gracia del ci

  • Mi Angel Caído El despertar    Fuego Y Sombras

    En el cielo: Un plan se llevó a cabo bajo las manos de regentes radicales... El Infierno no tembló cuando el Príncipe volvió. Se abrió ante él como un cuerpo que reconoce a su dueño, aunque estuviera herido. La huida había sido silenciosa, casi indecente. No por miedo. Por traición. El portal se cerró detrás de él con un susurro de luz celestial extinguiéndose, y durante un instante, el Príncipe sonrió. No era una sonrisa de victoria, sino de comprensión amarga. —Siempre es uno de ustedes —murmuró. El regente celestial no lo siguió. No habría testigos. Solo la deuda sellada en silencio: un favor entregado no por misericordia, sino por cálculo. El Cielo no quería a Jaik destruido… lo quería definido. El Príncipe avanzó por los corredores infernales, y cada paso devolvía algo que había perdido. No su poder completo. No aún. Jaik había sido más que un recipiente. Había sido un fragmento. Un ancla. —Te crees libre —susurró, cerrando los ojos—. Pero sigues soñan

  • Mi Angel Caído El despertar    El Umbral de la Elección

    El cielo se nubló de repente. No fue un fenómeno natural. Fue una advertencia. La luz comenzó a espesarse, a perder transparencia, como si el firmamento estuviera cerrando los ojos ante lo que estaba a punto de ocurrir. En la mente de Liyeth solo quedó un torbellino de preguntas, todas clavándose a la vez: ¿Cómo puedo llegar a Jaik? ¿Cómo puedo evadir al Cielo sin provocar una guerra abierta? ¿Qué parte de Jaik será la que sobreviva… cuando todo termine? Las ideas se atropellaban unas a otras, enredadas entre el deber que aún pesaba sobre sus alas y el impulso que siempre la había llevado a desobedecer. El hacer y el obedecer chocaban con violencia dentro de ella. Porque, aunque ahora lo entendía, aunque su poder había despertado, una culpa seguía respirando en su pecho. Nada de esto habría llegado tan lejos… si ella no hubiera elegido sentir. El recuerdo del santuario regresó, nítido, sin juicio. El instante en que su luz no se apartó. El momento en que supo que

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status