LOGINPRESENTE.
Narra Marina.René Duque es más que sensual. Y entre tanto cuando lo ves así como lo vi desde el primer día, u ahora, parece una persona normal.Pero no, no lo es.El mayor de los Duque, hermano de siete más, es tan perfectamente perfecto que, incluso cuando lo he visto prácticamente desnudo, es notorio que no posee alguna mancha, arruga, celulitis, mondonguito, hueco, vello ¡si quiera un rasguño! Que pudiese atentar con su piel. Y sí, para mí es incorrecto que un hombre como él exista.Va mucho más allá de su perfección física; es el hecho de que es rico de cuna, que es filántropo por demasiada naturaleza, que todo el mundo lo ama y que ha terminado sus relaciones en buenos términos, hasta el punto en donde sus ex’s lo tratan como un amigo.No… imposible que sea homosexual. Sé que le gustan mucho las mujeres; y confirmo ello porque algunas veces cuando tengo esta hora a solas con él para prestarle mis servicios lo he escuchado hablar por llamada sobre lo mucho que le ha gustado alguna mujer; al expresarse él es respetuoso, al actuar es caballeroso. Quizás noto que suele ser poco demandante, y ello a veces lo hace lucir algo tímido; pero aun así es perfecto.Imposible que en el planeta exista un ser humano como él, quien a sus 35 años posee una carrera exitosa, una fama impecable, personalidad arrasadora y un cuerpo tan caliente…No puedo negar que es mi cliente favorito.Paso mis manos por sus pantorrillas, con cautela, y cuando mis manos fluyen solas al ritmo de las frotaciones con mis palmas y dedos, inesperadamente gracias al aceite me he deslizado muy cerca de su coxis.Él tiene su cara sobre la almohadilla con los ojos cerrados y algún tipo de música sonando en sus oídos a través de los auriculares inalámbricos. Y yo no puedo como siempre controlar mis ganas para masajear sus nalgas por encima de su ropa interior mucho más tiempo del necesario.Son tan redondas y llenas de carne que parecen obra de un perfecto arquitecto, escultor o pintor.Mentiría si dijese que con solo saber que tiene una cita de masajes conmigo no emociona partes de mi cuerpo que prefiero no describir.Es cruel, muy cruel. Y va por la vida como si fuese una persona más, como si ninguna mujer u hombre que pasa por su lado no quiere correr hasta él al menos para oler más de cerca su perfume.Quizás el ser cruel o no estar consciente es lo que lo hace imperfecto.¿Pero para qué mentir?Si hasta la textura de su piel es como la de un bebé recién nacido.Comprimo mi suspiro.Coloco las bases de mis manos sobre esa parte de su espalda baja mientras las yemas de mis dedos giran en sentido de las agujas del reloj, y lo siento removerse un poco; pero es normal, ya que la razón por la cual solicitó mis servicios como fisioterapeuta y masajista profesional es porque tuvo un pequeño accidente y esa zona ha sido afectada; sin embargo, últimamente sólo estamos trabajando con mantenimiento de sus músculos porque la temporada casi empieza y le ha tocado entrenar muy fuerte en casa.Nadie de su equipo sabe que fue lo suficientemente preocupante para su desenvolvimiento en el campo ese incidente que tuvo, y el estar casi dos semanas sin hacer ejercicio alguno; excepto por su manager y su entrenador personal.Pretendo echar más aceite, así que separo mis manos de su espalda, por lo que lo escucho gruñir, profundo, sin embargo no dice nada.Yo estoy… normal, sí, creo que después de dos meses tras ocho masajes y terapias ya me he acostumbrado a esto, incluso puedo saber qué parte le tensa mucho más que cualquier otra.Mis manos entran de nuevo en contacto con su espalda baja, lentamente masajeando técnica tras técnica su zona afectada, pero mis dedos de nuevo no pueden evitar formar pequeños círculos alrededor de aquellos dos hoyuelos con los que cuenta allí.Una vez mi mejor amiga me comentó que se llamaban Hoyuelos de Venus, que cualquiera no los tenía y que, lo que se sabía con seguridad, era que las personas que contaban con ellos eran naturalmente pasionales, llenos de encanto y... nada que no pudiese notar alguien a simple vista de este hombre.Repito, es que no parece cierto. De no ser porque cuando esto termina, él simplemente me paga, me voy y me deja con miles de preguntas en la cabeza, pensaría que es así, que es solo un Ángel caído del cielo para matarme de dudas en un mundo en donde yo no soy nada más que su masajista y él mi caliente cliente.—Marina, me encantó, como siempre.El “como siempre” es nuevo. Así que tras limpiar mis manos con una toalla algo tibia levanto la mirada para sonreírle.Él aparta la suya, como siempre, y tras envolver su cuerpo en aquella toalla mientras yo guardo el aceite, él va por su cartera y me extiende mis preciados 40$.Con eso pago la renta del WiFi, y diez kilos de helado, amén.—Gracias, señor Duque.Me doy vuelta para comenzar a recoger mis pertenencias porque sé que esto será todo hasta dentro de una semana.—Marina.—Dígame, señor.—¿Cómo me sientes allí?¿Ah? ¿Allí en…?¡Ay por favor! Ni que tuviese su majes... su... pa... Dios mío, basta.—¿En la espalda baja…?Él hace un sonido en afirmación. Se está vistiendo detrás de mí y me parece ridículo que yo permanezca de espaldas cuando es demasiado normal que hasta haya tocado alguna vez sus pelotas, claro, por encima de la tela.—Es que aún molesta, como una pequeña astilla.—¿Se ha hecho alguna placa recientemente?—Nope.Que haya respondido así me hace sonreír mientras intento recoger todo lo más rápido posible.—Creo que debería.—Yo también, pero quería tu opinión primero.En cuanto ya he metido mis cosas en mi bolso y me doy vuelta, me detengo en seco porque está justo delante de mí aunque mirando su teléfono, muy cerca. Vestido con esa bata negra que lo hace lucir más impropio.Retrocedo dos pasos.—Podrá llegar a la pretemporada sin molestia, ya verá.—Eso espero, Marina… —Sonríe enormemente manteniendo su mirada verde oscura—. Porque no creo que el equipo se crea otra mentira más del por qué no voy a las practicas.El castaño oscuro vuelve a sonreír.¿Este señor no come siquiera un bendito caramelo? ¿Cómo puede tener los dientes tan blancos? ¡Es insólito! Hasta me da vergüenza hablar porque los míos no van al odontólogo desde hace dos años.—Que tenga feliz tarde, señor Duque… —Le paso por un lado tras bajar mi mirada.Tenerlo acostado y cerca es completamente diferente a tenerlo de pie, llevándome al menos unos siete centímetros de más, con esa sonrisa y esa mirada para mí, así que no me culpo por sentirme intimidada.—Igualmente, Marina...Su teléfono suena cuando al parecer iba a pronunciar algo más, por lo que me da otra de sus sonrisas y me despide agitando su mano. Yo le devuelvo el gesto, y a paso lento comienzo a retirarme de lo que debería ser considerado el mejor Spa de Chicago, que está en su casa por supuesto.Sin embargo, uno de mis guantes cae al suelo por lo que, agachándome ya sin ser vista por él, puedo escuchar una pequeña conversación.—¿Qué pasó? ¿Lo hiciste?—No lo he hecho y tampoco quiero que estés detrás de mí recordándomelo, Karen.—Eres tan cobarde.Hay silencio y luego René exhala con frustración.—¿Qué es lo que debo hacer?—Confesarle el maldito secreto de una vez.Y ello basta para que mi mente y mi corazón me impulse a llegar a una conclusión: definitivamente René, uno de los beisbolistas más codiciados de la liga americana, esconde algo.Narra René. —¡Ya, ya! Mami ya va a llegar ¡Miren este pececito!, ¡si dejan de llorar se pondrá muy feliz! —intento consolar a mis pequeños, los cuales se encuentran en sus respectivas cunas, sin embargo, el llanto persiste. Recuerdo cómo es que Marina los hace calmar en cuestión de minutos y sintiéndome nervioso, me pongo manos a la obra. Tomo a mi bebé Karen en uno de mis brazos primero, y luego tomo a mi pequeño Víctor en el otro. Los balanceo lentamente a ambos de un lado a otro, mientras los sostengo bien. Caben perfectamente en mis brazos y me siento nervioso pero tan feliz de poder tenerlos, así que comienzo a cantar. —I used to hear a simple song... That was until you came along... —canto bajito, meciéndolos, notando cómo Karen es la primera que deja de llorar mientras se estruja las manitos en la cara—. Now in it's place is something new... I hear it when I look at you... Tarareo moviéndome por toda la sala, sin dejar de verlos y sentirme el más enamorado de los padres.
A la sala de espera de la clínica no le cabe ni un alma más.Al Hillary escuchar el estallido y no tener acceso al penthouse tuvo que llamar al gerente para que abriera, y allí estaban, Marina y René abrazados, tumbados en el suelo.La noticia se expandió rápidamente. La familia Duque fue la primera en llegar a la clínica, llenos de angustia, lágrimas y dolor. Debía ser una mentira. Nada de eso podía estar pasando.Seguido de los Duque, tras la celebración por haber ganado el último juego y consolidarse como campeones, el equipo entero de los Cubs de Chicago también llegó a la clínica. Unos minutos después Gregory, el amigo de René, también se hizo presente.Mientras todos se encuentran viéndose a las caras cuestionando qué rayos fue lo que sucedió, Hillary con el corazón partido sostiene el teléfono en sus manos manteniendo una llamada a distancia con Rodrigo, quien no puede abandonar su trabajo por nada del mundo.Hillary les explicó a todos que cuando tocó sus cuerpos, estos estab
Narrador.El corazón de René duele mucho más que antes a sabiendas de que cometió errores mucho antes de hacer el pacto, durante y después.—Ya no quiero hacer sufrir más a la gente que amo —masculla casi sin fuerzas—. Si mi alma en pena no es suficiente para ti, entonces tómame de esclavo. Llévate todo de mí, pero no los toques a ellos, por favor, no merecen nada de lo que hice. El único culpable soy yo. Soy yo el imbécil egoísta, ¡soy yo! ¡Y estoy arrepentido!—¡No existen arrepentimientos! —exclama el hombre y el humo del tabaco arde en la cara de René—. ¡Debes sufrir! —Y cuando lo dice, René siente de nuevo todo el cuerpo arder, como aquella vez—. Vas a seguir viviendo con tus demonios, ¡ese es tu castigo! ¡Ver cómo todo lo que amas se va en cuestión de segundos y vivirás eternamente con tu demonio haciéndote sufrir!—¡No quiero esto! —grita, intentando alejarse de los demonios que rodean su cuerpo—. ¡Ya no lo quiero! ¡Debe haber una manera de solucionarlo sin que nadie salga heri
Narrador.Rocío sacude la cabeza mientras ve a su hermano tras las rejas.—Duque, pagaron tu fianza —informa el guardia abriendo las rejas.—¡Gracias! —agradece el castaño a su hermana mientras la abraza.—Solo dime que fue por una razón justa...—¡Voy a ser padre! —exclama el beisbolista lleno de angustia pero también emoción—. Marina está embarazada, voy a ser padre y necesito encontrarme con Víctor de nuevo en...—¡No, no! No vas a ir a ese lugar de nuevo, René —le dice Rocío—. Al menos que sea de vida o muerte.René entra al auto de su hermana y deja salir las lágrimas llenas de frustración, felicidad, dolor, culpa, todo.—Si no hago nada, Rocío... Si no voy allá... Marina y mi hijo van a morir, ¿me entiendes? Un bebé no está dentro del acuerdo, ¡no pueden hacernos esto!Su hermana lo mira con fijeza. Las lágrimas no se tardan en llegar al saber lo evidente. Su hermano debe morir para que Marina y su hijo no lo hagan.—¿Cómo diablos los vas a convencer? La vida misma ya no importa
Narra René.Al tener una entrega pendiente, y también por no tener a dónde ir después de mi pelea con Chad, paré en el apartamento de mi hermana Rocío. Esta se sorprendió al verme en el estado en que estaba durante la llamada, así que dejó su trabajo para estar conmigo.Le entregué el libro que le mandó Rolando, y ella con evidente nerviosismo lo dejó a un lado de la mesa.—¿Por qué no fuiste a despedir a Rodrigo? —me cuestionó. Sacudí la cabeza no queriendo hablar del tema, y gemí cuando limpió mi labio con alcohol puro—. Es nuestro hermano, ¿acaso no te alegra que tenga un nuevo cargo con mejor salario?—Sí me alegra, Rocío —le espeté—. Pero no pude ir a verlo, ¿por qué no fuiste al cumpleaños de tu sobrino?, ¿por qué no estuviste anoche en la clínica por lo que le sucedió a Karen? —le cuestioné, y esta me entregó la bolsa de algodones, molesta—. Si no haces preguntas yo tampoco.Rocío caminó de un lado a otro mostrando incredulidad y molestia. Sí. Yo no podía tratar con nadie despu
Narra Marina.—¡Tu novio es una farsa! ¡Te ha estado mintiendo sobre quién es de verdad! ¡Pregúntate por qué dejó de ser un Dios de un día a otro! ¡Le ha mentido a todos! Pregun...Dejo de escuchar los gritos de Chad cuando finalmente la seguridad de la residencia se lo lleva, y yo logro junto con el gerente adentrar a René a nuestro apartamento.—¿Quiere que llame una ambulancia? —me pregunta el hombre.—¡No! —exclama René en medio de su rostro ensangrentado.Respiro hondo. Tengo el corazón en la mano y los nervios alterados. Veo cómo el gerente se va después de decirme que estará atento a cualquier cosa, entonces cierro la puerta y veo a René intentando pararse del sillón, pero se marea en el intento y vuelve a caer.—¿Qué demonios pasa contigo? —cuestiono al borde del llanto, mientras me agacho para quedar a su altura—. ¿Por qué te fuiste a golpes con ese hombre, René? ¡Tú estás débil! ¡No eres el mismo de antes! ¡Pudo haberte matado!Mi castaño se limpia la cara con su propia cami







