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Mi Esposo Sustituto: El Tío de mi Exprometido
Mi Esposo Sustituto: El Tío de mi Exprometido
Author: Ellara Salwa

1.

Author: Ellara Salwa
last update Petsa ng paglalathala: 2026-07-29 01:08:41

Unos labios rozaron con delicadeza la frente de Daniela Valverde y luego descendieron hasta besar su mejilla con una delicadeza inesperada.

"Felicidades, cariño. ¡Conseguiste el proyecto del complejo comercial!"

La cálida voz de Gilberto de la Vega se alzó entre los estruendosos aplausos de los invitados del VIP Lounge.

Daniela sonrió. El vestido de satén dorado que abrazaba su figura resplandecía bajo el reflejo de las lámparas de cristal que iluminaban todo el lounge. Esa noche, casi todas las miradas estaban puestas en ella.

Miró a Gilberto con una felicidad imposible de disimular.

Ante sus ojos, él era el prometido que siempre apoyaba sus sueños y se alegraba sinceramente de cada uno de sus logros.

Gilberto dirigió la mirada hacia sus amigos, que no dejaban de elogiar la inteligencia de Daniela. La sonrisa seguía dibujada en su rostro, pero su mandíbula comenzó a tensarse poco a poco.

"Eres increíble, Daniela", susurró Gilberto junto a su oído.

Su voz sonaba suave, casi como un elogio sincero. Sin embargo, su mirada seguía siendo fría, desprovista de toda calidez.

"Todo esto es gracias a tu apoyo, Gilberto", respondió Daniela con total sinceridad.

Su mano acarició con suavidad la manga de la camisa de su prometido. Para Daniela, el éxito de aquella noche era una felicidad que deseaba compartir con el hombre que siempre había permanecido a su lado.

Antes de que pudieran seguir conversando, una mujer vestida de rojo apareció de repente entre los dos.

Camila Morales, la mejor amiga de Daniela, llegó sosteniendo una bandeja con dos copas de vino que brillaban bajo la luz.

"¡Vamos! ¡Una futura novia no puede estar tan tensa!", exclamó con una sonrisa radiante.

Tomó una de las copas de cristal y se la ofreció a Daniela.

"Tenemos que brindar por tu última noche de soltera."

Daniela soltó una risita. Sin la menor sospecha hacia la mujer a la que consideraba como una hermana, levantó la copa y bebió un sorbo.

El dulzor de la fruta inundó enseguida su lengua, seguido de un ligero amargor que permaneció en su garganta.

"No está nada mal", murmuró Daniela con una leve sonrisa.

Todavía seguía disfrutando del ambiente de la velada. Sin embargo, unos instantes después, una extraña sensación comenzó a apoderarse lentamente de su cuerpo.

Su cabeza empezó a sentirse ligera. Daniela parpadeó varias veces, intentando ignorar el repentino malestar.

De pronto, el mundo a su alrededor comenzó a dar vueltas. La visión que hasta hacía un momento era nítida empezó a volverse borrosa.

Las lámparas de cristal del lounge  se transformaron en sombras difusas, mientras la música que llenaba el lounge sonaba cada vez más lejana y apagada.

"¿Daniela? ¿Te encuentras bien?"

Camila sujetó de inmediato el brazo de Daniela, que empezaba a perder el equilibrio.

"Me... me da muchas vueltas la cabeza, Camila", susurró Daniela con voz débil.

Levantó una mano, intentando serenarse. Sin embargo, una oleada de calor comenzó a extenderse lentamente desde su pecho hasta su cuello. Su incomodidad aumentaba a cada instante, como si todas sus fuerzas se hubieran desvanecido en cuestión de segundos.

"Dios mío, debes de estar demasiado cansada", dijo Camila con tono preocupado.

Enseguida rodeó la cintura de Daniela con el brazo para sostener a su amiga, que apenas podía mantenerse en pie.

"Ven, te llevaré a una habitación. Necesitas descansar un momento."

Daniela apenas pudo asentir. Su cuerpo se sentía cada vez más pesado, así que permitió que Camila la guiara fuera del lounge, donde aún resonaban la música y las risas de los invitados.

Daniela volvió a asentir débilmente. Cada paso se hacía más difícil a medida que su cuerpo perdía fuerzas.

Se dejó sostener por Camila, quien la condujo fuera del lounge hacia el silencioso pasillo de la planta VIP.

La música fue desvaneciéndose poco a poco a sus espaldas. Lo único que permanecía era el sonido de sus pasos sobre la gruesa alfombra del corredor.

Sin embargo, al llegar a una intersección alejada del bullicio, Camila se detuvo de repente.

"Vaya, dejé mi teléfono en la mesa del lounge, Daniela", dijo de pronto.

Retiró lentamente el brazo con el que la sostenía.

"Espérame aquí un momento, ¿sí? Voy a buscarlo."

Daniela quiso responder, pero sus pensamientos avanzaban con lentitud. Antes de que pudiera decir una palabra, Camila ya se había dado la vuelta y se alejaba a paso rápido.

En apenas unos segundos, su figura desapareció tras la esquina del pasillo. Daniela apoyó el cuerpo contra la fría pared.

Su respiración comenzó a descontrolarse. Intentó inhalar profundamente, pero el calor que recorría su cuerpo se intensificó todavía más. Un sudor frío empezó a cubrirle la frente.

Fue entonces cuando escuchó unos pasos acercándose por detrás.

Daniela intentó girarse, pero su cuerpo reaccionaba con demasiada lentitud. De repente, una mano áspera le sujetó el brazo con fuerza.

Un hombre alto y fornido, vestido con una gastada chaqueta de cuero, estaba de pie detrás de ella. Sin decir una sola palabra, tiró de Daniela, que ya casi no tenía fuerzas.

Su brazo rodeó con firmeza los hombros de Daniela y comenzó a arrastrarla hacia una de las habitaciones al final del pasillo.

"Suéltame... ¿Quién eres?", preguntó Daniela con voz apenas audible.

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