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Un recuerdo de Alexander

Author: Aini Sabrina
last update publish date: 2026-10-10 08:31:01

—¿Por qué sigues vigilándome, mamá?

Mark miró a su madre, que estaba sentada tranquilamente en un lujoso sofá. La mujer no prestó atención a las palabras de su hijo. Tenía la mirada fija en su perro favorito, Grog, un animal de gran tamaño. Continuó acariciándole la cabeza como si no hubiera escuchado la pregunta de Mark.

—Mamá, te estoy hablando —insistió él, alzando un poco la voz.

—¿Tú qué crees? —respondió Audrey—. Alexander tiene razón. Allá afuera podrías hacer alguna estupidez. Solo inte
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    —¡Alea! —gritó Grace, presa del pánico.Se apresuró a acercarse a su hija y le revisó el cuerpo, temiendo que la mujer enmascarada la hubiera lastimado.—¿Cómo estás, cariño? ¿Te hizo daño esa mujer? —preguntó con la voz temblorosa.Alea negó suavemente con la cabeza.—Estoy bien, mamá.Grace soltó un suspiro de alivio y abrazó de inmediato a su hija. Sin embargo, no pudo contener las lágrimas, que siguieron corriendo por sus mejillas.Después de asegurarse de que Alea estaba bien, Grace se volvió hacia Eleanor y la abrazó con fuerza.—Gracias por cuidar de mi hija, Eleanor. N-no sé cómo agradecerte todo lo que has hecho por nosotras.Eleanor le devolvió el abrazo con suavidad.—No tienes que agradecerme, Grace. Alea es como una hija para mí. Es natural que quiera protegerla.Grace se secó las lágrimas y volvió a mirar a Alea, acariciándole suavemente el dorso de la mano.—Cariño, ¿pudiste verle la cara a la persona que intentó hacerte daño? —preguntó con dulzura—. Si no la recuerdas,

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    —¿Estás seguro de que mi madre fue a verla? —preguntó Alexander una vez más para asegurarse.James asintió con firmeza.—Estoy completamente seguro, señor. Fui a revisar la habitación de la hija de la señorita Grace. No había señales de violencia, pero ella estaba llorando.Alexander guardó silencio. Su mente se llenó de distintas posibilidades sobre lo que podría haber ocurrido entre aquellas dos mujeres.—¿Llorando? —repitió en voz baja—. ¿De qué hablaron? No es propio de mi madre ir personalmente a visitar a alguien. Por lo general, son los demás quienes tienen que acudir a verla.James negó ligeramente con la cabeza.—Tampoco lo sé, señor. ¿Quiere que averigüe qué ocurrió?Alexander lo miró con expresión impasible.—¡Averígualo! —ordenó—. Seguro que hablaron de algo.—Sí, señor —respondió James antes de salir de la habitación. No se olvidó de cerrar la puerta tras de sí.Después de que James se marchara, las palabras sobre el llanto de Grace volvieron a resonar en la mente de Alex

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    —¿Te reuniste con ella? ¿Qué le dijiste sobre tu presencia allí? —preguntó Alexander. Tenía los labios pálidos después de someterse a una cirugía mayor.—Sí, señor. Es posible que la señorita Grace piense o espere que usted haya sido quien donó la médula ósea para su hija.Alexander no respondió. Se limitó a exhalar un largo suspiro.—Si me permite preguntar, ¿por qué decidió ocultárselo? —preguntó James, intrigado.—Necesito descubrir la verdad sobre lo que me ha estado ocultando todo este tiempo, James —respondió Alexander con la voz ligeramente temblorosa.—En su carta de hace cinco años, me dijo que yo no era el padre de Alea. Pero ¿y ahora? Ahora resulta que afirma que soy su padre. Incluso soy compatible para donarle médula ósea a su hija, pero los resultados de la prueba de paternidad indican que no soy el padre biológico de Alea. ¿Qué significa todo esto? Siento que se están burlando de mí.Al ver que Alexander parecía a punto de descargar su furia, James se apresuró a adverti

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    —¿Qué resultados dieron las pruebas de compatibilidad de médula ósea entre Alea y yo? —preguntó Alexander.En ese momento, se encontraba en el consultorio del doctor Frans, con una expresión llena de curiosidad.—El estado de Alea ha empeorado mucho. Si soy compatible, quiero donarle mi médula ósea cuanto antes. No quiero que le pase nada. Pero, si no soy compatible, puedo buscar otro donante.—Todavía no he recibido los resultados de los exámenes, señor —respondió el doctor Frans.Antes de que Alexander pudiera contestar, una enfermera llamó a la puerta y entró con un expediente en las manos.—Doctor, ya están listos los resultados de los análisis que solicitó hace un momento.El doctor Frans recibió el expediente y revisó el nombre del paciente que aparecía en la primera página. Después de confirmar que se trataba de los resultados de Alexander y Alea, se lo entregó a Alexander.—¿Quiere revisarlos usted primero? —le ofreció el doctor Frans.Alexander lo recibió y abrió el expedient

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    Scarlet esbozó una leve sonrisa al ver a Alexander sentado en el sofá, absorto en sus pensamientos. Se acercó de inmediato y se sentó a su lado, pegándose a él. Extendió la mano y le acarició la mandíbula.—¿En qué estás pensando, Alexander? —preguntó con suavidad—. ¿En la hija ilegítima de Grace? ¿Acaso no está claro que tú no eres su padre?Por alguna razón, aquellas palabras solo consiguieron irritar a Alexander. El hombre se apartó de Scarlet.—Quiero estar solo —dijo con indiferencia—. Vete.La sonrisa de Scarlet se desvaneció. Se levantó conteniendo su irritación y se dio la vuelta para marcharse. Sin embargo, se detuvo al escuchar de nuevo la voz del hombre.—¡Espera!Scarlet se volvió de inmediato. Por un instante, esperó que Alexander hubiera cambiado de opinión y ya no quisiera echarla.—¿Qué pasa? —preguntó.—¿Cómo sabes que Alea no es mi hija? —Alexander la miró fijamente—. Ni siquiera estabas allí. ¿Desde cuándo este tipo de asuntos son de tu incumbencia?—E-eso... —Scarl

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