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Capitulo 2

last update Petsa ng paglalathala: 2026-06-29 17:22:30

Miré a mi alrededor. Estaba dentro de una limusina negra con varios hombres desconocidos e intimidantes. Los observé uno a uno y todos tenían un aspecto feroz y dispuestos a matar.

Si este no fuera un matrimonio legal y la empresa no fuera conocida mundialmente como legítima, habría pensado que se trataba de un secuestro disfrazado.

Aunque el coche estaba bien ventilado gracias al aire acondicionado, seguía sintiendo calor y mucha incomodidad.

El hombre que representaba a mi esposo era quien conducía. No miraba a ningún otro lado más que a la carretera.

Sus manos estaban firmemente sujetas al volante y su mirada era penetrante, clavada en el camino.

Muy pronto nos acercamos a una mansión enorme. Parecía una villa. No parecía un lugar donde alguien viviera porque era demasiado grande.

Esperaba que algún portero abriera la puerta, pero me sorprendió que la puerta se abriera sola y entráramos.

¡Vaya! Una puerta automática.

El coche se detuvo y noté una luz detrás de nosotros. Fue entonces cuando me di cuenta de que otros tres coches nos habían seguido todo el tiempo.

“Sería muy fácil que alguien me rastreara y secuestrara con lo cortos que tengo los sentidos”, pensé para mí misma.

Todos los hombres bajaron del coche, dejándome dentro.

El representante de mi esposo —sí, así lo llamaré por ahora hasta que sepa su nombre— tocó la ventanilla y la bajé.

—Hemos llegado —dijo casi en una sola sílaba. No parecía ser muy hablador.

Me recompuse y bajé. Ellos comenzaron a dirigirse hacia adentro y yo los seguí. El vestido de novia me dificultaba caminar tan rápido como ellos. Tuve que trotar un poco para alcanzarlos.

Quedé impresionada en cuanto entré en la casa. Era un espectáculo digno de admirar. Nunca había visto nada igual en mis 24 años de vida.

Las columnas de la casa eran doradas. Las paredes estaban pintadas en tonos dorados. Las escaleras se curvaban de una forma que no lograba comprender. Había pinturas artísticas en las paredes.

Me encantaba el color dorado y el arte. Alguien especial del pasado lo sabía, pero eso ya era historia.

Estaba boquiabierta mirando la casa. No me di cuenta de que tenía la boca abierta hasta que alguien llamó mi atención.

—Jack te llevará a tu habitación —dijo el representante.

Jack se acercó y tomó mi equipaje antes de que yo interviniera.

—Disculpe —empecé.

—¿Cuál de ustedes es mi esposo? —pregunté. Ya no podía soportarlo más. Me trataban como si fuera una mercancía que entregaban.

Si mi esposo estuviera entre ellos, no lo sabría porque nadie sabía quién era. Solo era un multimillonario muy famoso que dirigía diversas industrias y empresas.

Silencio. Nadie abrió la boca para hablar.

—Aun si este no es un matrimonio que comenzó por amor o de esos que son llenos de cariño, sigo teniendo derecho a saber quién es mi esposo —declaré. Mi voz y mi temperamento iban en aumento.

—Jack, solo sube su equipaje —el representante me ignoró y le habló a Jack.

—No me moveré de aquí hasta ver a mi esposo —me planté firme, aunque una parte de mí decía que debía ceder e irme arriba, pues estaba tratando con gente que no conocía.

Tal vez mi padre me había vendido a asesinos en serie bajo la apariencia de un acuerdo de negocios.

El representante comenzó a acercarse a mí con una mirada mortal en los ojos. Sentí miedo y empecé a retroceder. Comencé a rezar mi última oración, pidiéndole a Dios que me perdonara todos mis pecados y me recibiera en el cielo.

“Esto es el fin. Mis padres me vendieron para que me mataran y se deshicieran de mí”, pensé.

Seguía acercándose, esta vez muy cerca de mí. Nuestros rostros estaban a centímetros de distancia y por un momento pensé que quería… ya saben.

Antes de que pudiera darme cuenta, una mano surgió desde atrás y me cubrió la nariz con un pañuelo blanco.

Luché por liberarme y respirar, pero su agarre era fuerte.

¿Cómo podían los demás quedarse ahí mirando cómo esta persona desconocida mataba a una novia recién casada?

Pronto dejé de forcejear, me mareé y mis ojos empezaron a cerrarse. Pero antes de perder el conocimiento por completo, vi al representante sonriéndome con maldad.

Abrí los ojos y descubrí que estaba acostada en una cama. Me giré y miré alrededor para ver si había alguien.

No vi a nadie, solo estaba yo y la enorme cama. Mi equipaje estaba junto a la cama.

Lo último que recordaba era que me habían asfixiado con un pañuelo blanco y la sonrisa malvada en el rostro de aquel hombre.

Revisé mi cuerpo en busca de partes faltantes. Todo estaba en su lugar y no sentía ningún dolor que indicara que me habían violado.

Di gracias a Dios. Este matrimonio era algo que no lograba comprender.

Seguía en pánico. ¿Y si estaban esperando el momento perfecto para atacar?

Saqué un sostén de mi equipaje y extraje la pequeña pieza de hierro que había guardado allí con otro propósito.

Era mejor que nada. Cualquiera que se acercara recibiría este hierro en la cara. Me sentía paranoica.

Después de unos minutos de espera, no ocurrió nada sospechoso ni apareció nadie.

Mis nervios se calmaron un poco y fue entonces cuando observé la habitación.

La habitación era hermosa y encantadora. Estaba especialmente decorada para una mujer. Me sentí conmovida. Al menos, este esposo desconocido se había preocupado por mí.

“Tú quisieras”, dijo la voz en mi cabeza.

No era a mí a quien cuidaba, sino a mi hermana, porque se suponía que ella debía estar aquí y no yo.

Me sentía pegajosa. Había estado dentro de ese incómodo vestido de novia desde la mañana. Necesitaba un baño caliente… ¿pero dónde estaba el baño?

Miré alrededor de la habitación hasta que lo encontré. Rápidamente me bajé la cremallera del vestido y me lo quité.

Estaba en ropa interior cuando entré al baño. El baño no se quedaba atrás en belleza.

Estaba pintado de rosa y aromas femeninos llenaron mis fosas nasales. Había velas aromáticas en el mostrador. Todas olían delicioso.

Entré a la bañera y una sensación de paz y tranquilidad me invadió. Me calmó completamente los nervios. No me di cuenta de que me había quedado dormida por la sensación.

Me despertó mi alarma. Normalmente subía el volumen de mis alarmas porque era una persona que dormía profundamente y, si no era lo suficientemente alta, no despertaba.

A esta hora, las 11 en punto, solía hacer mi diario. A esta hora del día ya no solía pasar nada, salvo emergencias, y entonces escribía las experiencias y pensamientos del día.

Salí del baño envuelta en una toalla rosa que tomé de allí.

Saqué mis cremas y lociones de la maleta y las apliqué en mi cuerpo.

Recordé una canción que había compuesto hace unos años y empecé a cantarla. Tenía una buena voz, mis amigos siempre lo decían. Mi hermana nunca aceptaría que yo tuviera algo mejor que ella.

Estaba perdida en la canción y en los recuerdos que había detrás cuando alguien me rodeó la cintura con sus brazos.

Me sobresalté y dejé de cantar. Intenté liberarme de su agarre.

—Por favor, no me alejes otra vez —dijo la persona. Era un hombre.

La voz me resultaba familiar y sonaba como dulces melodías a mis oídos, pero no me dejaría engañar.

Intenté liberarme de nuevo hasta que él me besó suavemente el cuello desde atrás y me congelé.

Esa sensación…

La sensación que tuve cuando me besó el cuello era algo que nunca había olvidado a lo largo de los años y pertenecía a alguien especial.

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