LOGINAria es la hija hermosa, inteligente y adorada, alabada por todos y destinada a dirigir la empresa familiar. Su gemela Alina vive en su sombra, invisible y trabajando bajo sus órdenes. Cuando Aria causa una enorme pérdida financiera a una poderosa empresa de un misterioso multimillonario, sus padres obligan a Alina a casarse con el CEO de esa compañía en lugar de su hermana para saldar la deuda. Aterrada, Alina llega a la mansión y es besada por detrás por un desconocido mientras tararea una canción de su pasado. Al conocer a su esposo, Darren Blackwood, le resulta dolorosamente familiar. Pronto descubre que es el amor que la abandonó hace ocho años. Su chispa revive entre recuerdos y confianza lenta. Sin embargo, Aria, consumida por los celos, usa mentiras y manipulación para destruir su felicidad. Contra todo pronóstico, el amor verdadero de Darren y Alina vence las heridas del pasado y los enemigos.
View More«El velo cubría la mitad de mi rostro. Mi mano temblaba mientras alcanzaba la pluma.
Aún no había visto su rostro. Nadie lo había hecho. Y, sin embargo… ahí estaba yo, firmando mi nombre junto al suyo en un matrimonio que no elegí». Tres días antes... Me desperté con un fuerte dolor de cabeza, probablemente por no haber descansado bien. Estuve despierta hasta la una de la mañana. Mi padre me había dado unos documentos para ordenar. Eran documentos olvidados y arrinconados durante mucho tiempo. Documentos que debería haber ordenado Aria, ya que provenían de su empresa. Aria es mi hermana gemela. Compartimos el mismo rostro y apellido, eso es todo. Ni siquiera tenemos el mismo tono de piel ni la voz. Básicamente, todo es diferente entre nosotras. Ella es la directora de una de las empresas de papá, aunque es pésima manejando los asuntos de la compañía y por eso yo estoy arreglando su desastre. Ella es la guapa. Elegante y un verdadero epítome de la belleza. Los hombres la desean y están dispuestos a hacer cualquier cosa por pasar unos minutos con ella. Es como una modelo viviente y una joven muy refinada. Es la hija consentida de la familia Monroe: todos la aman y también es la niña mimada… ay. Mientras que yo… no soy nada. A menudo me describen como la hija desafortunada y mis padres, si pudieran, harían lo posible para que no fuera su hija… y ni siquiera sé cuál fue mi delito. La primera vez que mi padre dijo que yo no valía nada, le creí. No tengo ningún cargo… ni en la empresa de mi padre ni en casa. Solo gano dinero trabajando para mi hermana en su empresa porque mi padre no soporta que su nombre se manche en internet. No puedo ser vista trabajando para alguien más mientras mi padre tiene empresas. No soy la guapa, ni tan inteligente como suelen decir. Ni siquiera me considero bonita. Bueno… eso es básicamente todo sobre mí. Tuve que bajar a desayunar. No podía hacer que mis padres se enojaran conmigo y luego pagar las consecuencias. Me lavé los dientes rápidamente, me arreglé y bajé las escaleras. En el camino, choqué accidentalmente con una criada. —Lo siento mucho. No estaba mirando por dónde iba —me disculpé enseguida. —Sí… Tus ojos están dañados —respondió la criada con rudeza y se marchó. Sí… así es. Hasta las empleadas tienen más derechos que yo. Lo dejé pasar y seguí caminando. Llegué justo cuando estaban a punto de decir la oración. Tomé asiento en silencio, junto a mi mamá y frente a mi hermana. Aria solía sentarse más cerca de papá, mientras que yo me sentaba más cerca de mamá. Después de la oración, murmuré un saludo silencioso, sabiendo que mis padres no estaban contentos de que bajara tarde. —Hmm —fue la única respuesta que recibí. Desayunamos en paz y silencio, después de lo cual regresé a mi habitación. No tenía nada que hacer durante el día. Escuché ruidos afuera y miré por la ventana. Aria salía. Ella tenía la libertad de hacer lo que quisiera. Tenía clases de canto, de baile y también de equitación. Suspiré, volví a la cama y me acosté. No supe cuándo me quedé dormida. Desperté por la tarde. El sol ya se estaba poniendo. El dolor de cabeza había desaparecido y me sentía mucho mejor. Tenía un poco de hambre porque no bajé a almorzar y nadie se molestó en llamarme. Salí de mi habitación en busca de comida. Pasé por la cámara de mi padre y vi que la puerta estaba ligeramente abierta. Su cámara estaba separada de su habitación. Estaba cerca de la biblioteca. Se quedaba allí cuando quería trabajar o aclarar sus pensamientos. Pasé de largo, pero me detuve al oír la voz de mi madre. ¿Qué estaba pasando? Mi madre rara vez entraba en la cámara de papá. Di un paso dentro de la habitación, con cuidado de no hacer ruido. Me acerqué y me detuve cuando estuve lo suficientemente cerca para escuchar y verlos. Estaban de pie detrás del muro de vidrio que separaba la cámara de papá de la biblioteca. No podían verme porque me daban la espalda. Estaba corriendo un gran riesgo: si se giraban y me descubrían… estaba muerta. —¿Es tan grave? —preguntó mi madre a mi padre en voz baja, pero aún podía oírla. —El caso ahora está fuera de nuestro control. Me temo que no hay nada que podamos hacer para salvar la situación —lamentó mi padre. —Sabes que no podemos dejar que Aria se vaya, aunque el problema provino de su empresa al firmar un contrato que no comprendían —intervino mi madre. No entendí completamente lo que sucedía, pero sabía que Aria había causado problemas y ahora mis padres no querían que ella pagara por ello. —¿Qué hay de Alina? Son gemelas, ya sabes. Nadie sospecharía nada —continuó mi madre. —Es mejor si… Escuché ruidos afuera y supe que era momento de irme. Salí sin entender del todo lo que decían. Bajé, serví comida y la llevé a mi habitación. Mientras comía, escribí mi libro. Estaba escribiendo una novela sobre cómo deseaba que fuera mi vida: con los mejores padres y familia, el marido perfecto y un buen trabajo. No quería pensar mucho, porque sabía que eso no iba a suceder. Para no complicarme la cabeza, dejé el plato en la mesita de noche y me fui a la cama. Después pensé en mi primer amor. Fue trágico… sí, pero me hizo fuerte. Me pregunté si él aún pensaba en mí. —Te casarás con él, Alina. Es definitivo. Me quedé allí en silencio, parpadeando para contener la conmoción. Yo no era la gemela hermosa. Esa era Aria. La inteligente. La que él alababa. La que nunca hacía nada mal. Yo solo era… la hija sobrante. La de repuesto. ¿Por qué me pedía a mí que me casara con él? —Pero este error en particular fue de Aria. ¿Por qué soy yo quien debe arreglarlo? —susurré, con la voz temblorosa. Ni siquiera levantó la vista de su bebida. Hablando de Aria, no la había visto desde esa mañana. Solo desperté con malas noticias. La empresa de Aria firmó un acuerdo con dos empresas diferentes al mismo tiempo. Una empresa popular y conocida… nada menos que la famosa Blackwood Enterprise, una de las más grandes y ricas del país y del mundo. Tenía un acuerdo con ellos y con otra empresa poco conocida. Ellos… es decir, Aria no se molestó en confirmar si la empresa poco conocida era legítima antes de entregar todo el dinero. La empresa de Aria se dedicaba a custodiar grandes sumas para otras compañías. Hasta me pregunto por qué Blackwood Enterprise se molestaría en ir a su empresa, siendo tan populares y ricos. Llamemos a Blackwood Enterprise la empresa popular, y a la otra, la impopular. La empresa impopular no era legítima y huyó con el dinero invertido por la empresa popular. Los directores de la empresa popular exigen compensación y mis padres han dado todo lo que tenían, pero aún no es suficiente. Se llevaron miles de millones de dólares. El veredicto final era casar al CEO responsable del error con el CEO de la empresa popular. Mis padres planean intercambiarnos a mi hermana y a mí ya que somos idénticas. Yo me casaría en lugar de Aria. —Aria no está en venta. Las palabras me golpearon en el pecho como una bofetada. ¿Yo sí? ¿Era tan fácil entregarme a un extraño? Me volví hacia mi madre, esperando… solo esperando… que dijera algo. Cualquier cosa. Pero ella no me miró a los ojos. Sus dedos retorcían nerviosamente el borde de su bufanda. Fue entonces cuando lo supe. Ya lo habían decidido todo. Esa fue la discusión de ayer. El hombre al que me vendían era poderoso, despiadado y rico más allá de lo imaginable. Un misterio para el mundo. Sin redes sociales, sin entrevistas, sin fiestas. Solo rumores. Decían que su empresa podía borrar deudas con un movimiento de pluma. Decían que arruinaba gente por diversión. Decían que nunca mostraba su rostro a menos que fuera necesario. Y ahora, yo iba a ser su esposa. —Aria no podría manejar a un hombre como ese —añadió mi padre con frialdad. —Pero tú… estás acostumbrada a las dificultades. Esa era su forma retorcida de decir que era fuerte. O desechable. Más tarde esa noche, Aria se coló en mi habitación, con su bata de seda flotando detrás como si fuera una princesa. —Lo siento —dijo suavemente. Pero no había arrepentimiento en sus ojos. Solo alivio. La miré —a la chica que tenía mi rostro pero ninguna de mis penas— y sonreí con amargura. —Eso no cambiaría nada, así que por favor déjame en paz —dije con frialdad. Ella era la razón por la que estaba en este lío. DÍA ACTUAL... Aquí estaba yo, firmando mi nombre junto al de mi marido, a quien aún no había visto ni conocía. Levanté la vista para ver el rostro de su representante, el hombre que representaba a mi esposo. Él me miró un instante antes de apartar la mirada. Había algo en él que me resultaba familiar, como si lo hubiera conocido antes, pero no estaba segura. Mis padres finalmente habían logrado empujarme a algo que no elegí.Punto de vista de Darren…El corazón se me detuvo en el momento en que oí que Alina preguntaba por el bebé. No es que no lo supiera o no tuviera idea de que preguntaría por el bebé, es solo que no sabía cómo reaccionar ni qué responder.—¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó Stephanie.—No hay nada que hacer más que Darren entre y le explique las cosas —respondió Miriam y se giró bruscamente, en un solo movimiento, hacia mí.—Pero, ¿y si no quiere verlo? —volvió a preguntar Stephanie.—Entonces le toca a él arreglar eso y hacer que ella quiera verlo —dijo Miriam de forma casual.La miré, inseguro de qué decirle a Alina y de cómo siquiera decirlo. No sabía cómo reaccionaría.Me miraron, empujándome a entrar. Me recomposé y caminé hacia la puerta.Me giré hacia ellas una vez más antes de entrar en la habitación de Alina.Estaba sentada en la cama, con los brazos cruzados sobre el pecho.La expresión de su rostro en el momento en que me vio me hizo que me entraran los nervios.¿Qué exactam
Punto de vista de tercera persona…Darren estaba sentado en las sillas del pasillo del hospital, con las manos sosteniendo la cabeza.La venda estaba apretada alrededor de su mano, las venas sobresalían a causa de ello.Estaba allí, con la mirada baja, hundido. El teléfono sonó en su bolsillo, pero no lo sacó para contestar. Siguió sonando y él lo sacó y lo lanzó furioso contra la pared. El teléfono se estrelló contra ella.Miriam salió de la habitación de Alina justo a tiempo para presenciar lo ocurrido. Miró a Darren con confusión y vio su estado. Le dio lástima.—¿Qué está pasando por tu mente? —preguntó Miriam al sentarse a su lado.Él suspiró y se pasó las manos por el cabello.—Así que yo era el único que no sabía que estaba embarazada —dijo, mirando a la pared. Lo formuló más como una pregunta que como una afirmación.—Eso parece —se encogió de hombros Miriam.—¿Cómo te enteraste? —Apartó la mirada de la pared y la miró.—Me lo contó… hace unos días o una semana. No recuerdo. —
Punto de vista de tercera persona…Alina yacía tendida en el suelo, en un charco de su propia sangre. Miriam se arrodilló a su lado, la abrazaba con fuerza y gritaba pidiendo ayuda.—Por favor, que alguien ayude. ¿Hay alguien ahí? —gritó Miriam a todo pulmón. Desde que llegó, no había visto a ninguna ama de llaves ni sirviente que pudiera ayudar en ese momento.Miró hacia el rostro ensangrentado de Alina. Tenía los ojos cerrados y Miriam temió que estuviera derivando hacia la tierra de los espíritus.—Alina, por favor. Quédate conmigo —dijo Miriam con voz ronca. Su voz se había vuelto ronca después de tanto gritar y chillar.Alina abrió los ojos débilmente y sus manos se dirigieron al estómago. —M… Mi… bebé —tartamudeó.Miriam tomó la mano que tenía sobre el estómago y la apretó. —No le pasará nada a mi ahijado. Te lo prometo —dijo Miriam mientras limpiaba el rostro ensangrentado de Alina con el dorso de las manos.—Oh, Dios mío. ¿Qué está pasando aquí? —exclamó Stephanie al ver el es
Punto de vista de Darren…No sabía cómo había terminado Aria en mi cama. Debió de haber aprovechado mi estado y mi vulnerabilidad de la noche anterior. Estaba furioso conmigo mismo por haber bebido. Estaba aún más furioso conmigo mismo porque Alina nos había visto a Aria y a mí enredados en la cama.El odio y la ira que vi en sus ojos se clavaron profundamente en mi alma, y cuando salió de la habitación a toda prisa, intenté seguirla, pero Aria se aferró a mí.—Cariño, estoy aquí para ti. Anoche compartimos algo íntimo —vomitó. No podía creer que me hubiera acostado con Aria.No sabía cómo se sentía Alina, pero sabía que estaría ardiendo de rabia e ira.Empujé a Aria con rudeza y ella cayó de la cama. Podía notar que se había dado un mal golpe, pero no me importó.Corrí tras Alina de inmediato. Sí, recordaba a Alina. Lo hacía desde hacía mucho tiempo. Fue la noche en que ella entró en mi habitación después de que descubrí que Vito era mi padre.Esa noche me sentí terrible y destrozado






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