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Capitulo 3

last update publish date: 2026-06-29 17:23:44

Me desperté sintiéndome débil y cansada. El día anterior había sido muy estresante para mí. Intenté frotarme la nuca, pero tenía la mano entumecida. Debí haber dormido sobre ella durante mucho tiempo.

Empecé a golpearla para reactivarla. Después de varios intentos, volvió a la normalidad y me froté los ojos.

El sol de la mañana entraba en la habitación y le daba un aspecto nuevo, diferente al de anoche.

Hablando de anoche, recuerdo que alguien me abrazó y me besó el cuello.

Me toqué el cuello y miré alrededor de la habitación para ver si había alguien. Había estado revisando mucho esta habitación desde que llegué.

“¿Estaba alucinando?”

“No, no puede ser. Fue muy real y el beso tuvo un efecto en mí…”

Tocaron a la puerta y no estaba segura de si debía abrir.

Solo me senté en la cama, mirando la puerta con la mano aún en el cuello.

—Señora, su desayuno está servido —dijo una voz femenina desde fuera.

—Señora.

No respondí. Me resultaba extraño que me llamaran señora. Normalmente era yo quien se lo decía a otros.

—¿Señora, está despierta? —preguntó de nuevo.

—S…sí, gracias. Saldré pronto —tartamudeé. La sensación de que me respetaran era celestial.

Me acerqué al espejo del tocador y miré mi reflejo.

¿Realmente este matrimonio me favorecerá… o solo soy un peón en todo esto? En menos de un día de haber llegado, ya había sentido emociones extrañas.

Una emoción enterrada durante mucho tiempo, difícil de revivir, y la alegría y el bien que trae el ser respetada.

Recordé el tono de voz de la mujer de afuera. No la vi, pero noté que temblaba al hablar.

Puse las manos en el tocador y toqué algo. Alguien había entrado aquí anoche. No lo había imaginado.

¿Qué había pasado exactamente? ¿Cómo terminé durmiendo en la cama? Lo último que recordaba era estar aplicándome las lociones corporales.

De todos modos, revisé lo que había en la mesa.

Allí estaba una pequeña pulsera. ¿Mi pulsera o…?

Corrí hacia mi maleta sin deshacer y busqué mi propia pulsera.

La encontré en el pequeño bolsillo exterior de la maleta.

¿Qué estaba pasando exactamente?

La pulsera que encontré era idéntica a la mía.

Recordaba haber hecho estas pulseras hace años y solo dos personas las tenían.

Yo y…

No quise pensar más. Salí corriendo de la habitación, ansiosa por descubrir cómo había llegado esa pulsera allí y quién la había dejado, porque anoche no estaba.

El camino para salir de mi habitación era recto y lo tomé.

Llegué a un lugar donde no podía orientarme en la casa. Era como un cruce. Había tres caminos.

¡Oh no! Me habían drogado y subido anoche, así que no conocía la distribución de la casa.

Tomé el segundo camino que llevaba… Dios sabe adónde. El pasillo era estrecho y no había puertas, pero seguí avanzando.

¿Qué me había pasado?

¿Cómo podía correr tan libre y descuidadamente en un lugar que no conocía?

Llegué a un callejón sin salida. Estaba cansada y frustrada. Cansada de tanto correr y frustrada por no descubrir cómo esa pulsera había llegado a otras manos.

Miré las dos pulseras en mi palma. Cada una tenía una letra.

La letra “I” estaba en la mía y la letra “U” en la otra. La otra pulsera pertenecía a alguien de mi pasado. Alguien a quien tal vez nunca volvería a ver.

Yo soy U y U eres yo.

Sentí nostalgia mientras los recuerdos inundaban mi mente.

Mi mayor preocupación era cómo había llegado la pulsera a esta casa.

Estaba allí pensando en todo esto cuando no me di cuenta de que alguien estaba detrás de mí.

—¿Qué haces aquí? —dijo una voz masculina a mi espalda.

Grité y dejé caer las pulseras al suelo.

Me di la vuelta y…

Era el representante.

Resoplé.

Me agaché rápidamente y recogí las pulseras. Lo miré justo a tiempo para ver que observaba las pulseras en mis manos con una expresión que podría llamar sorpresa.

Cubrí bien las pulseras con mi ropa. No quería interrogatorios, además, ¿de dónde había salido? No había puertas alrededor.

—Estaba buscando el comedor y me perdí —sonaba como una buena excusa.

—No deberías estar aquí y no quiero verte aquí la próxima vez —su tono era autoritario, despectivo y… grosero.

Debería hacerle saber quién manda. Respiré hondo antes de responder.

—No debería hablarme de esa manera. Usted trabaja para mi esposo —contraataqué, poniéndolo en su lugar. ¿De dónde venía todo esto de “mi esposo”?

No tenía derecho a hablarme así. Yo era la esposa de su jefe, y mientras respetara a su jefe, también debía respetarme… a menos que… él fuera mi esposo.

Lo miré fijamente durante un buen rato.

—No. No puede ser mi esposo —concluí.

El Bluetooth en su oreja derecha sonó y parecía estar escuchando algo.

—El comedor está por aquí —dijo y se alejó. Sus zancadas eran largas y sus zapatos resonaban por el pasillo.

Tuve una buena vista de él. Era muy musculoso y de hombros anchos. Su complexión era buena… sí, lo dejaré en “buena”.

Debajo del cabello tenía una marca que parecía causada por una herida grave.

Él caminaba delante mientras yo lo seguía. El pensamiento de que aún no había conocido a mi esposo seguía inquietándome. Si este hombre frente a mí fuera realmente mi esposo, entonces huiría.

Me giré para buscar por dónde había salido, pero no había nada. Esta casa parecía lujosa, pero era fría y guardaba muchos secretos.

Conocí a todo el personal que trabajaba allí. Eran personas muy amables y encantadoras.

Al menos mi estancia aquí no sería aburrida.

Conocí a la empleada que vino a mi habitación esa mañana.

Era bastante joven y parecía ingenua. También era hermosa. Tenía pestañas largas y labios rosados y carnosos.

Apostaba que todos los empleados masculinos estarían enamorados de ella.

Me saludaron después de que cené y estaba saliendo. Me sorprendió. Solo les hice un gesto con la mano.

Nunca me acostumbraría a esta sensación de tener autoridad. No pueden culparme. Realmente nunca había experimentado el poder.

Ahora estaba en mi habitación, marcando el número de mi mejor amiga. Me había llamado 17 veces y las había perdido todas. Probablemente estaría furiosa.

—Hola M —dije con tono casual cuando contestó.

—¿De verdad crees que estuvo bien dejarme plantada en el parque acuático ayer y no contestar mis llamadas, eh? —disparó, claramente molesta.

¡Dios mío! Lo había olvidado por completo. Estaba haciendo voluntariado en un parque marino donde alimentaba y cuidaba a los animales marinos. Se suponía que debía encontrarme con Miriam allí ayer.

Intenté explicarle, pero no me salían las palabras. No le había contado sobre el cambio de matrimonio ni nada. Probablemente pensaba que estaba en casa y la había dejado plantada.

—Lo siento M. Se me olvidó por completo… y para compensártelo, tengo un chisme especial para ti —Miriam era una chismosa. Podía venderte solo por escuchar un chisme. Le gustaba el cotilleo más que su propia vida.

Aun así, era lo mejor que me había pasado.

—Tú ves…

Escuché un golpe en la puerta.

¿Es que no podía tener paz y tranquilidad en esta casa?

—Chica, te hablaré después, ¿vale? Tengo que resolver algo —dije y colgué.

—¿Quién es?

—El señor Darren quiere verla.

Reconocí esa voz. El representante.

—¿Quién es el señor Darren? —era lo que menos me importaba en ese momento.

—Su esposo.

Mi corazón se congeló…

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