LOGINArchie recostó a Eleanor sobre la camilla de los servicios de emergencia. Sin embargo, no liberó en ningún momento el agarre de la mano de Eleanor, que continuaba sumamente fría.—Nos vamos a casa, estás a salvo ahora —Archie mantenía una mirada empañada por el pánico y la angustia al constatar el estado de Eleanor.Los sanitarios introdujeron a Eleanor en la ambulancia.Antes de subir él mismo, Archie se giró hacia Margaret.—Encárgate del resto aquí. ¡Asegúrate de que Greta no escape antes de que salgan a la luz todas las pruebas de la caída de Eleanor! —ordenó Archie con rotundidad.Margaret asintió.—Comprendido, señor.Archie subió a la ambulancia para permanecer al lado de Eleanor, negándose a dejarla sola.El vehículo emprendió el descenso por el camino de montaña con la sirena encendida. Archie permaneció sentado junto a la camilla, sin soltar aquella mano que continuaba gélida.Grace iba detrás en un segundo vehículo acompañada por el chófer.En el salón de la villa, el fuego
El camino de montaña era oscuro, brumoso y estaba plagado de curvas pronunciadas. El sedán negro de Archie avanzaba muy por encima del límite de velocidad permitido, con las luces delanteras barriendo los troncos de los pinos que desfilaban como sombras fugaces.Sam ocupaba el asiento del copiloto, sujeto al asidero del techo con una mano y sosteniendo el teléfono con la otra.—La policía local acaba de llegar al lugar, señor. También han enviado una ambulancia desde el pueblo más cercano, y Margaret se ha presentado ya con el equipo de seguridad.Archie no respondió. Mantenía la mirada clavada en la carretera y apretaba la mandíbula con tal fuerza que se le marcaba la vena de la sien. En su mente solo orbitaba una escena: la puerta del baño destrozada y Eleanor acurrucada en el suelo con el rostro empapado. Y ahora, él no había estado allí para derribar nada.—Señor —dijo Sam con cautela—, necesita mantener la calma.—Estoy calmo —contestó Archie con tono neutro. Su voz apenas fue un
El frío había dejado de sentirse como tal.Ahora se percibía como una entumecimiento progresivo que se adentraba, lentamente, desde las puntas de los dedos de los pies hacia las pantorrillas, las rodillas y las caderas.Eleanor avanzaba de un pilote a otro bajo el embarcadero, aferrándose con los dedos a la madera resbaladiza y cubierta de musgo.Bajo la pasarela, el espacio entre las vigas era oscuro y angosto, pero allí fue donde lo encontró: un travesaño horizontal que unía dos pilares, lo bastante ancho y elevado sobre la superficie del agua. Sacando fuerzas de donde apenas le quedaban, izó su cuerpo hasta quedar arriba, jadeando, y apoyó la espalda contra la madera.El agua goteaba de su cabello y de su ropa. Los dientes le castañeteaban de forma incontrolable.El teléfono.Buscó en el bolsillo de su rebeca con dedos entumecidos. La pantalla estaba completamente negra. Presionó una vez, y luego otra. Ni un destello de luz. El agua se había filtrado en su interior.Eleanor cerró l
Las tablas del embarcadero crujían bajo sus pasos. Cada pocos metros, las rendijas entre la madera dejaban al descubierto el agua oscura debajo, que se mecía despacio, casi en absoluto silencio.Greta se detuvo al final de la pasarela, justo bajo una bombilla solitaria que parpadeaba débilmente. Se quedó contemplando el lago, tan negro como un cristal, dándole la espalda a Eleanor durante un largo e incómodo instante.—Sabes, he imaginado esta noche docenas de veces —expresó Greta al fin. La dulzura impostada que había exhibido ante Grace se evaporó por completo, dando paso a una voz plana y gélida.Eleanor se detuvo dos pasos por detrás. Su mano se aferró al barandal de madera que oscilaba levemente.—Dijiste que querías hablar.—Así es —Greta se giró despacio. Ni un rastro de sonrisa permanecía en su rostro—. Solo quería ver tu cara una vez más antes de hacerte una pregunta. ¿Cuánto te pagó Archie?Eleanor parpadeó, desconcertada.—¿Qué?—No te hagas la tonta —Greta avanzó un paso h
—Mamá —la voz de Eleanor rompió finalmente el silencio que reinaba en el salón—. Archie me pidió una vez que evitara a Greta.Grace no pareció sorprenderse. Posó su taza y contempló a su nuera con una mirada apacible.—¿Te dio alguna razón?—No. Pero él nunca pide nada sin un motivo —respondió Eleanor con cierta vacilación, temiendo incomodar a Grace.Grace asintió despacio, tomándose su tiempo.—Yo también lo presiento —dejó escapar un suspiro—. Sin embargo, soy demasiado mayor para rechazar una mano extendida sin comprobar antes qué hay detrás. Si su intención es sincera, no quisiera ser yo quien le cierre la puerta. Y si no lo es... —esbozó una tenue sonrisa—. Prefiero verlo por mí misma y con los ojos bien abiertos.—En ese caso, iré con usted.—Eleanor...—No debe ir allí sola, Mamá —la voz de Eleanor era suave, pero tras sus palabras no quedaba margen a la negociación—. A los ojos de Greta, la culpable soy yo. Si hay alguien a quien debamos proteger, soy yo quien debe estar a su
Apenas la luz del alba rozó la rendija de las cortinas cuando Eleanor abrió los ojos.Lo primero de lo que se percató fue de que el lado de la cama junto a ella estaba vacío. Lo segundo, una pequeña maleta negra situada cerca de la puerta.Archie estaba de pie ante el espejo, abrochándose los gemelos de la camisa con movimientos más pausados de lo habitual. Su chaqueta gris descansaba sobre el brazo del sillón. Bajo sus ojos se marcaba una sombra oscura imposible de disimular, señal evidente de que apenas había dormido en toda la noche.—¿Señor Archie? —la voz de Eleanor aún sonaba ronca—. ¿Adónde va tan temprano? ¿Y esa maleta?Archie se giró.—A la inauguración de la primera fase del centro comercial en la ciudad vecina. Asistirán los inversores y los representantes del banco; no puedo enviar a nadie en mi lugar —hizo una breve pausa, como si la siguiente frase no hubiera estado en sus planes—. Intenté posponerlo anoche, pero no fue posible.—¿Cuánto tiempo será? —quiso saber Eleano







