MasukEl primer día de regreso al trabajo transcurrió de forma más liviana de lo que Eleanor había imaginado.Bella la abrazó con fuerza frente al ascensor hasta casi dejarla sin aliento, para luego arrastrarla a un rincón de la cocina e interrogarla sobre su estado durante diez minutos enteros, la mitad de los cuales se los pasó conteniendo el llanto.Margaret la recibió en su cubículo con un té caliente y una frase sencilla: «Tómatelo con calma hoy», lo que hizo que Eleanor se sintiera cuidada sin necesidad de explicaciones.Algunos compañeros la saludaron con torpeza y otros la observaron desde lejos. Sin embargo, nadie hizo preguntas indiscretas.A las cinco y media de la tarde, su teléfono vibró.[Sótano. Te espero.]Eleanor sonrió contemplando el mensaje que aparecía en la pantalla. Se apresuró a ordenar su escritorio y bajó por el ascensor privado como de costumbre.Al llegar al sótano, su mirada se dirigió hacia el coche de Archie.El sedán negro aguardaba con el motor encendido. El
Al día siguiente.Eleanor despertó debido a un rayo de sol matutino que se posó directamente sobre sus párpados.Lo primero de lo que se percató fue de la calidez. Lo segundo, un brazo pesado que le rodeaba la cintura y una respiración acompasada que rozaba la coronilla de su cabeza. Su rostro reposaba contra el pecho de Archie y, desde una distancia tan cercana, podía escuchar el ritmo tranquilo de sus latidos latiendo bajo la piel cálida.Los recuerdos de la noche anterior regresaron en una sola oleada. Las mejillas de Eleanor se encendieron al instante.Cerró los ojos con fuerza y determinó que la mejor manera de afrontar esa mañana era fingir que seguía dormida.—Sé que estás despierta —la voz de Archie, ronca y grave, resonó justo sobre su cabeza.Eleanor no se inmutó.—No —murmuró sin abrir los ojos.—Tus párpados se movieron —insistió él.—Eso... fue un reflejo —Eleanor frunció los labios con fuerza tras pronunciar las palabras.El pecho bajo su mejilla se estremeció levemente,
La puerta del dormitorio se cerró despacio.Archie volvió a apresar los labios de Eleanor, empujando suavemente su cuerpo contra la pared.Eleanor cerró los ojos, dejándose llevar por el dominio de Archie.Se besaron con creciente intensidad, sintiendo cómo la pasión entre ambos aumentaba a cada segundo. Archie la atrajo hacia sí sin romper el beso y la guio lentamente hacia la cama.Sobre el amplio colchón, reclinó el cuerpo de Eleanor con delicadeza. Archie se posicionó sobre ella, apoyando una mano al lado de su cabeza mientras que con la otra se desabrochaba los botones de la camisa.El beso se prolongó durante un largo rato, hasta que Eleanor presionó levemente el pecho de Archie para separar sus labios.—Archie... —Eleanor respiraba con dificultad. Contempló a Archie, cuyo ritmo cardiaco y respiratorio se encontraban igualmente agitados—. ¿Estás seguro de que quieres hacer esto? —preguntó para cerciorarse.Archie la miró fijamente a los ojos, advirtiendo el resquicio de duda en
Dos días después de que Eleanor recibiera el alta hospitalaria, la cocina de la residencia Richter volvió a impregnarse del aroma del caldo y la cebolla sofrita. Eleanor permanecía ante la cocina con un delantal sencillo atado a la cintura, removiendo la sopa en una olla pequeña. Llevaba el cabello recogido de forma holgada. Su rostro aún conservaba cierta palidez, pero sus ojos habían recuperado la nitidez habitual. El médico le había autorizado a realizar actividades ligeras, y Grace le había dejado claro —con las manos en la cintura— que no volvería a la oficina antes del fin de semana. Y a Eleanor le agradaba estar en la cocina para llenar sus días durante esta licencia laboral. Eleanor probó el caldo, consciente de que alguien llevaba un buen rato de pie bajo el umbral de la puerta observándola, pero prefirió pasarlo por alto ocupada con la comida. —No necesita vigilarme todo el tiempo, señor —dijo Eleanor tanpa girarse, con una sonrisa anticipada en el rostro—. No volve
En el pasillo de la tercera planta del hospital, Margaret permanecía de pie con una carpeta en la mano, conversando en voz baja frente a la puerta cerrada de la habitación.—El comunicado de los Lindemann ya ha salido a la luz, señor. Paula está siendo interrogada. El Sr. Sam está preparando un informe completo para la fiscalía.Archie se apoyaba contra el marco de la puerta, vestía la camisa arrugada de la noche anterior y tenía los ojos enrojecidos por la falta de sueño. Desde que llegó la ambulancia, no se había alejado más de unos pasos de esa puerta, salvo para conseguir un poco de agua.—Gracias, Sra. Margaret —tomó la carpeta sin abrirla—. Del resto, que se encargue la ley. No quiero que sus nombres vuelvan a pronunciarse frente a esta puerta.Margaret asintió. No había nada más que añadir.Archie abrió la puerta despacio, entró y la cerró sin hacer el menor ruido.Sobre la cama blanca, Eleanor continuaba dormida con una respiración constante; su rostro comenzaba a recobrar el
El alba aún no terminaba de despuntar cuando el teléfono de la oficina en la residencia Lindemann resonó por vigésima vez.Wilhelm Lindemann permanecía sentado tras su escritorio vistiendo el traje de la noche anterior, que aún no se había quitado. El teléfono frente a él continuaba iluminándose, mostrando nombres que se alternaban a gran velocidad: redacciones de medios, socios comerciales, miembros del consejo de administración. No atendió ni una sola llamada. A su lado, el abogado de la familia leía una hoja de borrador con voz neutra:—«Una breve declaración, señor: La familia desconocía y no respalda en absoluto las acciones de nuestra hija. Respetamos el proceso judicial. Nos retiramos de toda colaboración con Richter Company».—Añada —habló Wilhelm sin girar la cabeza— que lo lamentamos.—Señor, esa palabra podría interpretarse como una admisión de culpa...—Añádala.El abogado asintió y tomó nota.En el umbral de la puerta, la esposa de Wilhelm permanecía de pie ataviada con u







