INICIAR SESIÓNMara fue una vez la reina de las pasarelas, la heredera legítima de un imperio de moda y el orgullo de su padre. Pero la tragedia tocó su puerta de inmediato, la muerte repentina de su progenitor y la devastadora enfermedad de su madre la dejaron vulnerable. En medio del dolor, Stefan, el hombre que juró protegerla, utilizó el amor como un arma para arrebatarle lo único que le quedaba: su legado empresarial. Hoy, Mara vive en una jaula de oro, reducida a ser la esposa trofeo de un hombre que se enriqueció con su desgracia. Sin embargo, todo esto cambia con el regreso de Lucio, el hermano enigmático y desterrado de Stefan. Él no viene por una reconciliación familiar; viene con un maletín lleno de verdades prohibidas y una revelación que cambiará el destino de Mara para siempre. En un mundo de apariencias, moda y traiciones, Mara descubrirá que el camino hacia la libertad es peligroso, y que la química explosiva con Lucio es el único riesgo que no puede controlar. La venganza ha comenzado, y esta vez, el trono no se heredará... se arrebatará con sangre.
Ver másCapítulo 1
Mara: Estaba en la habitación con mi prometido Stefan. Él, un hombre alto, de hombros anchos, ojos oscuros y cabello castaño, se miraba en el espejo mientras ensayaba diferentes poses que usaría ante las cámaras. A diferencia de él que iba vestido con un elegante traje de diseño, yo llevaba puesto mi camisón de andar por casa. —Stefan —le hablé—. ¿crees que debería ir contigo? Sus ojos buscaron los míos a través del espejo. Mientras se acomodaba la corbata contestó: —Mara, no me salgas con esto ahora. Ya es tarde para buscarte un vestido. Miré el enorme escaparate que tenía al costado, con aquel repertorio de vestidos de los más variados colores, estilos y diseños. —Vestidos tengo de sobra. Se volteó hacia mí con una sonrisa de incredulidad. —Estamos hablando del mayor evento de moda del país. No puedes aparecer después de tres años con cualquier vestido. Relajé los hombros, rendida. Al ver mi expresión se acercó. —Venga, cambia esa cara. Sé que en el fondo no quieres ir. Tu momento ya pasó. Se me tensó algo en el estómago. Sus palabras me hirieron. —Te recuerdo que la empresa es mía… —Y yo te recuerdo que la dirijo yo —me interrumpió en tono seco—. Tu padre te dejó como heredera porque no tenías hijos varones. Sabes que fue así. Además, ni volver a modelar puedes, primero tendrías que bajar esos kilos de más que tienes… Se acercó a mí, me dió un beso frío en la frente y se marchó dejándome devastada. En el fondo sabía que tenía razón. La empresa funcionaba perfectamente sin mí y en cuanto a las pasarelas, había pasado mucho tiempo en casa llorando el fallecimiento de mi padre y cuidándo de mi madre enferma. Aunque me doliera ahora mi lugar estaba lejos de aquel mundo de cámaras y modelos. … Unas horas después estaba sentada en el enorme sofá de terciopelo de casa junto a mi madre. Frente a nosotras un televisor pantalla plana que ocupaba prácticamente toda la pared del frente transmitía el evento más importante de moda del país. Evento que, como siempre, estaba patrocinado por Modalvo S.A, compañía propiedad de mi familia. —Julio va a salir en la tele, ¿verdad? —preguntó mi madre que observaba la imagen con ilusión. La luz de la pantalla se reflejaba en su rostro resaltando esas arrugas consecuencia del paso del tiempo. Mi madre tenía 52 años solamente, el problema era que desde hacía unos años empezó a padecer Alzheimer y desde entonces me encargaba de su cuidado. En un comienzo sus episodios solo duraban segundos, ahora los que duraban segundos eran sus momentos de lucidez. —No, mamá —le contesté—. Papá murió hace tres años, ¿te acuerdas? Sus ojos confundidos buscaron los míos. —Pero yo lo vi esta mañana antes de irse al trabajo… —Eso fue antes, mamá —contesté con paciencia—. Él ya no está. Regresó la mirada a la pantalla sin decir nada. Supuse que ya se había vuelto a desorientar así que regresé la atención al tv. Era irónico. Ese mundo, el que palpitaba en ese momento en la pantalla, me pertenecía, pero me sentía como una intrusa observando desde casa lo que debía presenciar en vivo y en directo. En la transmisión, el desfile de la colección “Hilos de Cristal” parecía un sueño. Las modelos caminaban con una rigidez que la cámara intentaba disfrazar de elegancia, pero yo podía ver los errores que seguro nadie más notaba, como una caída de tela mal compensada en el hombro, un dobladillo que no tenía la fluidez que mi padre siempre exigía. Entonces, la cámara enfocó a Stefan. Estaba ahí, de pie, rodeado de periodistas, luciendo esa sonrisa que practicó la noche anterior frente al espejo. Se movía con la soltura y elegancia que lo caracterizaba. Estaba concediendo una entrevista a la prensa. De pronto, el plano cambió. Entre la multitud de rostros borrosos y joyas excesivas, la cámara barrió brevemente la zona VIP. Y ahí vi un rostro que desentonaba con los demás. Era Lucio Moriarty, mi cuñado. A diferencia de los demás, él no estaba mirando la pasarela. Estaba observando hacia un punto en específico con una mirada gélida. A pesar del tiempo que llevaba saliendo con su hermano, sabía poco sobre él. Solo lo había visto a través de fotos. Stefan siempre me aseguró que la relación entre ambos no era buena. Justo por eso me pareció raro verlo allí. El evento recién comenzaba, faltaban unas cuantas marcas por presentar sus prendas, unos cuantos críticos de moda por emitir su criterio. Pero antes de todo eso, estaba a punto de comenzar el momento más emotivo desde hacía tres años consecutivos. El homenaje a mi padre, el fundador de la marca y el responsable de que aquel evento existiera. Las luces iluminaron la pantalla, subí el volumen observando por el rabillo del ojo como mi madre veía el suelo con la mirada perdida. En ese momento apareció Stefan en pantalla y se me formó un nudo en el estómago. Estaba a punto de hablar sobre la persona más importante de mi vida. —Bienvenidos todos a este evento —empezó a decir con su voz firme y vibrante—. De más está decir lo bendecido que me siento por estar aquí con todos ustedes celebrando, más que todo, el arte de la creación, el arte de la moda. Como cada año, nos acompañan las empresas y patrocinadores más importantes del mundo… Mi celular emitió un pitido. Maldije por lo bajo, quería escuchar las palabras de Stefan pero el contenido que salió en la pantalla me descolocó. Era un mensaje de un número desconocido. Número desconocido: ¿Quieres saber quién es realmente Stefan Moriarty? Tengo un video que sé que te encantaría ver. Con los latidos del corazón acelerados respondí: Mara: ¿Quién eres? Número desconocido: ¿Lo quieres ver o no? No respondí. Mi mirada permaneció pegada al mensaje. No sabía qué hacer. No sabía si quería ver lo que aquel desconocido me quería mostrar. Me daba miedo averiguar qué era. Me llegó otro mensaje. Número desconocido: Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Aún así, me niego a creer que deseas estar con esa venda en tus ojos por mucho tiempo. Te lo voy a enviar. Ojalá te haga abrir los ojos. Me obligué a devolver la mirada a la pantalla del televisor, donde Stefan hablaba de mi padre, de lo buen trabajador que era, de lo feliz que estaba por seguir su legado… Pero las palabras se me escaparon cuando me llegó otro mensaje. Sin poder evitarlo, regresé la vista al celular y el corazón me dió un vuelco. Sentí que todo mi mundo se derrumbaba. Era un vídeo de Stefan teniendo sexo con Ana Mar en una oficina, ella era el actual rostro de la empresa, justo la modelo que me había reemplazado cuando me encerré en el duelo por perder a mi padre. El video había sido grabado esa noche. Él traía el mismo traje que llevaba en ese momento, o al menos el saco, los pantalones estaban en el suelo mientras le daba fuertes embestidas a la chica que gemía de placer. Una lágrima rodó por mi mejilla. Ahora entendía la frialdad de sus palabras antes de marcharse. Él había encontrado una sustituta para mí.Capítulo 36Mara:Lucio me acababa de confirmar que su padre era el que había tocado el timbre de su apartamento. Aquel hombre y yo nunca habíamos tenido una buena relación. Siempre fue autoritario y quiso mandar en las decisiones que queríamos tomar Stefan y yo. Gracias a él, su hijo y yo no estábamos casados aún pues él se empeñó en que la boda fuera todo un acontecimiento en lugar del evento discreto y familiar que yo quería. Pensándolo por ese lado debía agradecerle, gracias a él no había caído tan rápido en las redes de Stefan. —Mara, cambia esa cara. Mi padre tampoco se come a nadie. Además, a estas alturas ya lo debe de haber aceptado.—¿Y si me quedo en el cuarto hasta que se marche?Lucio se acercó a mí y me robó un beso.—No seas así, ven, los voy a presentar Reprimí una risita.—Pero si ya me conoce…—Él conoce a la ex de mi hermano, no a mi futura esposa.Puse los ojos en blanco pero decidí seguirlo. Obviamente primero me vestí mientras Lucio iba a abrir la puerta. Unos
Capítulo 35Mara:Me encontraba frente al apartamento de Lucio. ¿Qué hacía allí? Tratar de arreglar las cosas. En la mañana Edel me notificó que había logrado convencer a algunos miembros de la junta directiva y estos a su vez decidieron posponer la elección del nuevo presidente de Modalvo para la próxima semana. Tenía algunos días para llevar a cabo la idea que me había dado el equipo de publicidad. Y para ello necesitaba de Lucio. Al tercer toque abrió la puerta. Iba en ropa interior y tenía el cabello revuelto. No nos habíamos visto desde la conversación que tuvimos en la empresa. Desde entonces se marchó y no me escribió más.—¿Puedo pasar? —pregunté al ver que solo se quedaba ahí parado mirándome.Se rascó la cabeza mientras asentía.—Claro. Pasa, no te fijes en el desorden.Y si que todo estaba desordenado. Había un montón de cajas y maletas en el salón.—Lucio, ¿te estás mudando?Se apareció ante mí con una taza de café humeante. Una para cada uno. Yo estaba sentada en su sofá
Capítulo 34Mara: Me encontraba en mi oficina sentada en mi puesto de trabajo. Frente a mis ojos estaba aquel contrato matrimonial que lo había empezado todo. Viendo lo sucedido en retrospectiva, fue Lucio quien prendió el mechero que acabó con todo lo que creía que era mi vida. La bomba ya estaba servida en bandeja de plata, la había construido Stefan mientras yo lloraba por la muerte de mi padre y la enfermedad de mi madre. Aunque, quizás ya el detonante estaba creado mucho antes, cuando mi padre decidió ocultar la existencia de mi hermana, cuando me negó el placer de saber que no era hija única. Y sí, debo admitir que tenía sentimientos encontrados. Desearía haberlo sabido de otra forma, en otras circunstancias menos dolorosas. Tres golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos. Guardé el documento bajo el escritorio y le indiqué que entrara. Por un momento pensé que se trataba de Lucio. No había aparecido por la empresa tras el video difundido por él mismo en redes sociales
Capítulo 33Mara:Me encontraba en el jardín de casa. Frente a mí el agua cristalina borboteaba de la fuente que marcaba el centro del lugar. Mi mirada estaba fija en la figura que la coronaba, un ángel de cuyas alas caían chorros de agua. Mi padre la había mandado a diseñar en honor al ángel que había llegado a su vida para llenarla de colores. Hasta hace unas semanas pensaba que se refería a mí cuando contaba aquella historia. Ahora, tras conocer la existencia de María Clara, dudaba de la veracidad de aquella historia. Aunque, siendo del todo sincera, preferiría dudar primero que todo, de si ella estaba contando la verdad o no. Aunque eso significara que debía desconfiar de Lucio. Al final a ellos los conocía de hace muy poco tiempo y a mi padre de toda la vida. Mi mirada fue hasta mi madre que, sentada en el borde de la fuente agitaba las manos intentando atrapar las gotas escurridizas de agua. Me acerqué a ella y me senté a su lado.—Mamá —empecé a decir con la esperanza de que t






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