INICIAR SESIÓNCapítulo 3
Mara: Seguía en aquel pasillo, a lo lejos se escuchaba el sonido de la música que usaban de fondo para que aquellas chicas hermosas lucieran las prendas más costosas e inolvidables. Las palabras de aquel hombre que ahora me observaba fijamente, no dejaban de dar vueltas en mi cabeza. Lo de la infidelidad de Stefan era cierto, lo había visto con mis propios ojos en aquel video, pero de ahí a que fuera capaz de engañarme y hacerme firmar un fideicomiso para estar al mando de la empresa, era algo mucho más serio, algo que por más que lo intentara, me costaba creer. —Lo recuerdo como si fuera justo ahora —dijo Lucio de la nada—. Tú grabando aquella campaña publicitaria con aquel vestido verde… Escogiste bien el color de tu regreso, el verde siempre ha simbolizado esperanza. Mis ojos fueron hasta los suyos sin entender a qué había venido aquel cambio de conversación. —¿Estuviste aquí esa noche? Asintió viéndome con una intensidad que me puso nerviosa. —Siempre he estado aquí —respondió con una voz medio ronca—, lo que hasta ahora te permito verme. —Por qué… —Hice una pausa—. No entiendo qué quieres de mí… Se escucharon unos pasos y, antes de verlo venir, ya me había tomado por el brazo y me estaba arrastrando. Al estar dentro de una habitación con una luz opaca, cerró la puerta evitando hacer cualquier ruido. Los pasos se escuchaban cada vez más cerca. No entendía qué sucedía. Fue entonces, cuando miré hacia él, que me di cuenta de que estábamos demasiado cerca el uno del otro. Aún así no me moví, su cuerpo desprendía un magnetismo que me ponía nerviosa. Me aclaré la garganta. —¿Por qué nos ocultamos? —pregunté—. Solo estábamos hablando. —¿Alguien te vió entrar al evento? —preguntó ignorando mi cuestionamiento. —Entré por el frente, pasé por la alfombra roja. Todos saben que estoy aquí. Él negó con la cabeza con evidente frustración mientras ponía los ojos en blanco. —Querías robarte el show, ¿verdad? Debí mostrárte ese vídeo personalmente. Esto va en contra del plan. Fruncí el ceño y di un paso hacia atrás, mi espalda se pegó a la puerta. —¿Qué plan es ese? Sus ojos verdes brillaron mientras una sonrisa traviesa se dibujaba en sus labios. —Tengo un plan genial. Creo que podemos adelantar tu regreso a las pasarelas. Abrí mucho los ojos, alarmada. —¿De qué hablas? ¿Qué regreso a las pasarelas? Mi momento como modelo terminó hace tiempo. Su mirada recorrió mi cuerpo empezando por las piernas hasta detenerse en mi escote unos segundos y después en mis ojos. Estaba sonriendo y yo quería borrarle la sonrisa con una cachetada. Por lo que veía era igual de descarado que su hermano. —Yo veo a una mujer empoderada —me dijo—, una capaz de opacar a cualquiera que se pare a su lado. Tragué en seco. Sentí un calor repentino en mis mejillas. ¿Por qué me ponían así sus palabras? —Me voy, estás loco si crees que voy a hacer algo así… Me di la vuelta para marcharme, abrí la puerta unos centímetros incluso, pero la devolvió a su lugar con un golpe repentino. Su mano estaba al lado de mi cabeza. Me di la vuelta nerviosa y me encontré con su rostro a escasos centímetros del mío. —¿A qué le tienes miedo? —me preguntó con esa mirada brillante. Me fijé entonces en un tatuaje que salía desde su espalda hasta acabar en ambos lados de su cuello. Me pregunté de qué se trataba. Tragué en seco. —En estos momentos, te temo a ti. Negó con la cabeza sonriendo con malicia, separó la mano de la puerta pero no la alejó, rozó levemente mi rostro provocándome un escalofrío intenso. —Sería incapaz de hacerte daño —susurró—. No soy el villano de esta historia. A menos que lo quieras… en ese caso me convertiría en el más feroz de los lobos, Caperucita. —Yo… —me aclaré la garganta roja como un tomate—, me tengo que ir. —¿A qué le temes? —volvió a preguntar—. La única forma de que regreses a tomar lo que es tuyo sin que Stefan se oponga, es hacerlo por todo lo alto. Debes ir a esa pasarela y demostrarles a todos quién manda en este lugar. Debes demostrarle a mi hermano el grave error que cometió al traicionarte. Los ojos se me llenaron de lágrimas. Una de ellas, caliente, dolorosa, rodó por mi mejilla, pero no llegó a caer, él la tomó con su dedo. Fue cuando regresó sus ojos a los míos que supe que podía confiar en él. De alguna extraña forma aquella mirada me hizo ver que tenía razón. —Stefan dice que he subido de peso… —Típico de él —me interrumpió—. Su juego siempre ha sido hacer sentir inseguras a las personas que tiene a su alrededor, hacerlos creer que es imprescindible en sus vidas. Solo mírate, estás mejor que nunca. Su perfume intenso y varonil invadió mis fosas nasales provocando que una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo. Me pregunté entonces por qué me sentía así con él. ¿Sería porque estaba vulnerable con la traición de Stefan? Sin saber la respuesta me aparté un poco y entré del todo a la habitación. Estábamos en uno de los camerinos femeninos. Caminé hacia uno de los espejos, prendí las luces y me encontré cara a cara con mi reflejo. Aquel vestido verde era perfecto, Lucio tenía toda la razón. No estaba gorda, había subido algunos kilos de más pero no tantos como para verme ridícula. Contrario a eso, resaltaban mi figura esbelta. Aquel hombre se posicionó a mi lado con la mirada fija en mis ojos a través del espejo. —¿Lo ves? Debes hacer tu entrada triunfal al evento. Es ahora o nunca. Renace como el ave fénix. Me di la vuelta para encararlo. —¿Por qué haces esto? —repetí la pregunta que le había hecho hacía unos minutos. Antes de contestar levantó la mano y se peinó el cabello. Al parecer era algo que hacía cuando estaba nervioso. —Sé que no me conoces, no como me gustaría, pero te pido que confíes en mí. Por ahora no puedo decir nada, no hasta que tenga pruebas. Solo te digo que hagas lo que te estoy pidiendo. Quiero que ganes esta guerra, quiero que retomes el lugar que te pertenece. Y, sobre todo, quiero que abras los ojos de una vez y veas por fin el verdadero rostro del hombre con el que estás a punto de casarte. No tienes nada que perder, solo tienes que fingir que deseas regresar a la empresa y que no le dijiste nada a Stefan porque era una sorpresa. De lo demás me encargaré yo. Te juro que no te arrepentirás de nada. No dije nada, solo salí de la habitación y caminé por aquel oscuro pasillo hasta el enorme salón donde se realizaba el evento. En ese momento abandonó la pasarela la última modelo de la compañía que desfilaba en ese instante. Aproveché la pausa y caminé frente a todos robándome algunas exclamaciones de asombro. De esa forma subí las escaleras hasta la pasarela de cristal. La música se detuvo. Todos guardaron silencio a mi alrededor. Los focos me iluminaron por completo mientras las luces de colores se concentraron en mis piernas iluminando mi vestido en diferentes tonalidades. Lo único que se escuchaba en aquel momento eran los flashes que desprendían las cámaras que me fotografiaban. Alguien, no sé por qué, reprodujo la música nuevamente y comencé a modelar. Lucio me miró entre el público, asintió con una sonrisa que me robó el aliento mientras elevaba una copa de champagne para mí. Seguí buscando todas las miradas hasta encontrar la que buscaba. Stefan me veía con los ojos muy abiertos, como si pensara que la imagen que vislumbraba, mi imagen en medio de la pasarela, no tuviera el menor sentido. Pero sí tenía sentido, en ese momento lo entendí. Debía regresar al mundo empresarial, debía asumir el legado de mi padre con mis propias manos o correría el riesgo de perderlo para siempre.Capítulo 33Mara:Me encontraba en el jardín de casa. Frente a mí el agua cristalina borboteaba de la fuente que marcaba el centro del lugar. Mi mirada estaba fija en la figura que la coronaba, un ángel de cuyas alas caían chorros de agua. Mi padre la había mandado a diseñar en honor al ángel que había llegado a su vida para llenarla de colores. Hasta hace unas semanas pensaba que se refería a mí cuando contaba aquella historia. Ahora, tras conocer la existencia de María Clara, dudaba de la veracidad de aquella historia. Aunque, siendo del todo sincera, preferiría dudar primero que todo, de si ella estaba contando la verdad o no. Aunque eso significara que debía desconfiar de Lucio. Al final a ellos los conocía de hace muy poco tiempo y a mi padre de toda la vida. Mi mirada fue hasta mi madre que, sentada en el borde de la fuente agitaba las manos intentando atrapar las gotas escurridizas de agua. Me acerqué a ella y me senté a su lado.—Mamá —empecé a decir con la esperanza de que t
Capítulo 32Lucio:Tenía los ojos cerrados mientras mis dedos ágiles se deslizaban por las teclas negras y blancas de aquel reluciente piano. Estaba tocando una melodía que llevaba días resonando en mis oídos. No solía componer nada, o al menos no desde que era apenas un adolescente que soñaba con algún día convertirse en pianista. Al terminal abrí los ojos y me encontré de frente con mi hermano menor.—Joder, Marcos, me asustaste.Una sonrisa traviesa se esparció por sus labios dejando a la vista sus relucientes dientes.—Desde que la conociste no dejas de tocar esa melodía. ¿Es tuya?Me encogí de hombros.—No sé de dónde salió…Sonrió aún más.—De ahí —me apuntó el corazón—. Salió de ahí. Creo que te estás enamorando de Mara…—No digas estupideces.Me incorporé y comencé a avanzar fuera del auditorio. Sentí como sus pasos se apresuraban en seguir mi ritmo.—¿Qué pasó ahora? Le lancé una mirada acusatoria.—¿Tiene que pasar algo para que te venga a ver? Suelo venir cada semana…—So
Capítulo 31Mara:Crecí viendo a mi madre asistir a innumerables consultas de infertilidad y viendo como regresaba con la cabeza gacha sin resultados positivos. Al final los médicos siempre le decían lo mismo. Ya era un milagro que hubiera logrado dar a luz en una ocasión. Antes de empezar a perder la memoria por el Alzheimer, siempre que tenía oportunidad me decía que yo era su milagro, el regalo que dios le había dado ya que en teoría había nacido para no ser madre. A causa de todo esto creo que me adapté a la idea de ser hija única por siempre, a jamás saborear la frase “tengo un hermano o una hermana”. En mi cabeza nunca se vio reflejada la posibilidad de que mi padre tuviera hijos fuera del matrimonio. O, como en este caso, una hija. El silencio se había apoderado de la estancia. Mis ojos estaban fijos en aquella joven de ojos verdosos, nariz medio pecosa y figura esbelta. Ahora que me fijaba bien en ella me daba cuenta de que poseía una belleza envidiable. —Esto debe ser un e
Capítulo 30Mara:El silencio se había apoderado de nosotros. Seguíamos en aquel apartamento con la mirada fija en el anillo reluciente de Stefan. En mi cabeza no cabía ninguna teoría que pudiera encajar con su aparición en aquella habitación. Todo el tiempo, muy en el fondo, había esperado encontrar, en el más recóndito de los casos, que mi padre tuviera una amante, no que mi ex prometido hubiera estado justo enfrente del hotel donde mi padre se hospedaba. —¿Estás segura de que es de él? —volvió a preguntar, Lucio.Asentí. Las palabras no lograban salir de mis labios. Caminé hacia la cómoda y comencé a revisar en los cajones en busca de alguna información que me aclarara qué hacía Stefan en aquel lugar.—Tiene que haber algo… —murmuré mientras sacaba desde bragas hasta calcetines y sostenes de los más disímiles colores y tonos.Pero no había nada, salvo ropa de mujer. —Mara, creo que nos deberíamos ir ya. Es evidente que aquí no hay nada.Por fin dejé de buscar y lo miré a los ojos
Capítulo 29Mara:Mi rostro estaba en todos lados. El lanzamiento de la colección junto con la pedida de mano de Lucio había sido un auténtico escándalo. Me había metido a la empresa sin el consentimiento de Stefan y le había dejado claro que contra mí no iba a ganar. Para completar me había acostado con Lucio, me había entregado a él y ahora estábamos en la víspera de nuestro casamiento… Y aún así, a pesar de todo, seguía sin sentirme en paz. No podía seguir adelante, no iba a hacerlo hasta que descubriera aquellos misterios que me perseguían en sueños. Justo por eso estaba en aquel edificio. Frente a la habitación que mi padre avistaba desde el balcón del hotel que había enfrente. No podía ser coincidencia, aquello debía significar algo.Lucio a mi lado se aclaró la garganta. Obviamente le había pedido que me acompañara. Se suponía que me iba a ayudar en aquel proceso. Además, tras lo sucedido, estar a su lado había adquirido un tono más placentero.—Creo que no hay nadie. —murmuró.
Capítulo 28Mara:Al entrar a mi oficina aún estaba procesando lo que acababa de suceder en la sala de juntas. Le acababa de dar un golpe directo en el orgullo de Stefan. Lo había desafiado frente a los accionistas de la empresa y ahora ellos estaban de acuerdo en realizar una nueva votación para elegir el nuevo presidente. Como todo fue de último momento se decidió realizar la próxima semana.—¡Lo hicimos! —grité sin poderlo creer aún—. ¿Viste la cara de imbécil que tenía Stefan? Lucio tenía los ojos fijos en los míos pero no me estaba escuchando. Parecía un león admirando su futura presa.—¿Por qué me miras con esa cara? —cuestioné.—¿Con qué cara? —preguntó, juguetón—. ¿Acaso desconoces el rostro de un hombre que está enamorado?Me reí.—Estás loco.—Sí, loco de deseo. No sabes lo seductora que te veías en esa junta poniéndolos a todos en su lugar. Te juro que me tuve que controlar. Llegó a mi lado y, de forma instintiva, me senté en la mesa de mi puesto de trabajo, acorralada po







