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Capítulo 3

last update Fecha de publicación: 2022-12-18 04:25:00

Elena

Estúpida y sin dominio propio. Así me siento. Como una jodida títere colgando de las manos de Tyler, "mi padre".

Doblo las prendas de vestir restantes y las acomodo una encima de la otra, procurando que todo quepa a la perfección para no dejarme nada. Mientras empaco, mi mente no deja de maquinar todo lo que ha ocurrido estos últimos días, desde la fatídica noticia de que papá estaba en el hospital tras una golpiza, hasta la gloriosa noche que tuve con "no sé quién", el cual me echó a plena madrugada de su casa. Que maldito.

Me dejo caer sobre el colchón de mi cama y luego de soltar un profundo y melancólico suspiro, me tallo la cara en busca de una paz que bien poco podría durar. Pienso en mí, en cómo será mi vida desde el jodido momento en el que pise mi nueva casa... «¿Qué casa, de cuál maldita casa estoy hablando? Ese nunca sería mi hogar».

Un nudo se forma en mi garganta, tirando toda mi fortaleza interior a una esquina de mi cuarto. En estas circunstancias, dónde mi opinión no vale absolutamente nada, solo puedo sentirme como la m****a.

-¿Ele? -pronuncia Evelina desde la puerta de mi habitación. Levanto la mirada y me encuentro con la suya preocupada-. Aquí estás...

A pasos cortos llega hasta mi posición y se sienta a mi lado. Uno de sus brazos me rodea los hombros y dejo caer mi cabeza contra su cuello, luchando contra las ganas de soltar el llanto.

-Sé que es difícil, yo te entiendo y...

-No Eve, por favor, charlas de motivación es lo menos que necesito ahora, y una m****a, no entiendes nada, no digas que lo haces, no eres tú quien debe casarse con un desconocido y abandonar toda una vida -asevero sin siquiera exaltarme.

Evelina es nuestra hermana mayor, podría definirla como el orgullo de la familia que Emily -la mediana de las tres-, y yo, nunca podríamos ser. A sus treinta y cuatro años es una mujer realizada, con un maravilloso esposo y dos hermosas hijas gemelas de ocho años: Samantha y Samara. Es la más experimentada y sabia de las tres, a la que recurrimos ante cualquier problema por no tener el apoyo de una madre.

A Evelina le tocó guiarnos, enseñarnos a ser fuertes y a vivir persiguiendo metas; a Emily, con veintiocho años, le ha correspondido estudiar sin límites, no culmina una carrera para iniciar otra, vive al tope de trabajo y los estudios la excluyen de nuestro pequeño círculo afectivo; está comprometida con Azael, un economista de la sede universitaria de Chicago. Y a mí, la menor de las tres, con veinticinco años, recién graduada y con más sueños de los que he podido contar, me ha tocado salvar la vida de las únicas cinco personas que tengo. Porque claro que tenía un futuro en mis manos, a punto de ser devorado por mis ganas de trabajar. Pero ahora todo aquello por lo que tanto luché quedará en una parte de mi pasado, estancado hasta que logre salir del caos en el que nuestro padre nos metió.

No pedí ser la elegida para la cláusula de un contrato ridículo montado por un millonario, y tampoco puedo hacer nada para impedirlo. El dinero tiene más poder que las malditas leyes de un Estado, lo cual me ata a un destino del que se me hará difícil escapar.

Quisiera entenderlo todo, pero las explicaciones son tan pobres que solo me queda acceder, hasta que logre por mí misma atar los cabos de esta farza.

-Yo... Tienes razón, perdóname... Ojalá pudiera remediarlo, de verdad-. Su voz se quiebra y me besa la sien.

-Mi pesadilla a penas comienza, no sé cómo podré con todo esto -mascullo, hundida en mi propio agujero, con la mente perdida en pensamientos negativos-, lo odio tanto Eve...

-No digas eso -me susurra, succiona por la nariz y toma mi rostro entre sus manos. Fija sus ojos en los míos y veo sus mejillas encendidas, su semblante triste.

Recorro sus lindas facciones, esas que heredó de la mujer que nos dió la vida. Es la única de las tres que lleva su mismo color de cabello rubio, con unas ondas casi perfectas. Sus ojos verdosos con matices cafés es lo único que tenemos en común, eso y el contorno de unos labios envidiables. Eve siempre ha sido mi ejemplo a seguir, mi motivo más fuerte, mi madre y mi hermana mayor en una misma persona, y la idea de vivir a kilómetros de ella me desarma.

-Es tu padre, pese a todo es tu papá-. Termina de hablar, rozando mis mejillas con sus pulgares de una forma dulce.

-Desde el momento en que me vendió a un desconocido dejó de serlo -recalco con rabia. Frunzo mis labios y ella baja la mirada, dejando escapar un par de lágrimas más.

No espero a que me responda para ponerme de pie y terminar de acomodar mis cosas. No quiero irme de aquí porque es esta mi vida, es este mi hogar... Pero también es la casa del hombre que arruinó mi futuro por no saber controlar sus vicios, y ese motivo es suficiente para querer esfumarme lo más rápido posible.

-Quiero que sepas que no estoy conforme con todo esto Ele, yo voy a hacer todo lo posible por ayudarte, tiene que haber algo que pueda...

-Gracias, pero seamos realistas, ayer cerré un pacto irreversible, dejemos las esperanzas a un lado, porque ya las he perdido -la interrumpo con una seguridad penetrante y decisiva. Ya no tengo nada más que hacer aquí.

Un nudo se forma en mi garganta cuando culmino de hablar y el sentimiento de impotencia que siento es tan grande que unas ganas de golpear la pared se apoderan de mi cuerpo.

-Eso es lo último que se pierde, puedes rendirte cuando quieras Elena, yo no lo haré -replica aseverando su palabras, imponiendo una promesa que enciende una pequeña mecha de fé en mi interior.

Me sumiso ante su declaración. Bajo la mirada y trago en seco. Eve pasa por mi lado sin decir nada, me regala una mirada triste y una lágrima se desliza por su mejilla. Lleva una de sus manos a mi rostro y me acaricia con una ternura que me hace flaquear, caigo rendida a su toque, confío en lo que sus ojos me transmiten y asiento y suelto un profundo suspiro.

Ella se aleja, cerrando la puerta tras su silenciosa retirada.

Expulso todo el aire acumulado en mis pulmones y agarro mi maleta de mano junto con una mochila. Le doy una última mirada a mi habitación y hago lo mismo con los pasillos que dejo atrás con cada paso que avanzo hacia la puerta.

La tensión aumenta cuando al bajar las escaleras, me encuentro con el detestable causante de mi estado parado junto a Emily. Lo miro unos segundos, en los que le transmito todo el dolor que siento en estos momentos, quiero que se sienta tan culpable al punto de que llore junto conmigo, pero el maldito es tan orgulloso como canalla. Me avergüenzo de él y de cada una de las promesas que nos hizo a mí y a mis hermanas, esas que nunca pudo cumplir. Desvío la mirada Emy, quien a diferencia de Eve, no se encuentra triste. Su rostro está serio y abre sus brazos para recibirme, o más bien, despedirme. Me aproximo a ella y le pido que continúe sus múltiples estudios, y que si es posible, que se marche con su novio a otra ciudad si no quiere pasar por lo mismo que yo.

Confío en que eso no vaya a pasar, pero no descarto la posibilidad, ya de papá lo espero todo.

-Estaré rezando por ti, te amo mucho -musita en mi oído y deja un beso en mi cara.

-También te amo, huye cuando tengas la oportunidad -le digo esto último en voz alta, lo suficiente para que nuestro padre lo escuche. No veo su reacción, pero ojalá sea de culpa.

-Lo haré, no te preocupes por mí, prométeme que vas a cuidarte -me pide y ahora sí veo dejos de tristeza en su semblante.

-Sabes que siempre me cuido, lamento que no pueda oponerme a la cama de un viejo extraño -recalco, alzando nuevamente la voz.

-¡Ya te dije que no es un viejo, Elena! ¡Recuerda que lo harás por tu familia, ten un poco de conciencia! -reclama papá, formando un escándalo que no estoy dispuesta a continuar. Mis hermanas observan en silencio, es increíble el respeto que este hombre nos ha hecho mostrar ante él, ahora me arrepiento de cumplir con todas sus estúpidas reglas.

-Por eso mismo he firmado, por ellas -las señalo a ambas y regreso la vista a su figura-, porque por ti creeme que no movería ni un dedo.

Sus labios se abren en reproche, sin embargo, basta la mirada de súplica que le lanza Eve para que no conteste. Bien sabe lo mal que me encuentro como para permitir que mi padre siga palpando en mis heridas. Me despido de Emily y luego de Eve, a esta última me aferro tanto que duele como el demonio soltarme de su agarre. Juntamos nuestras frentes y tras promesas y palabras de cariño, finalmente nos soltamos.

Atravieso la puerta del que por veinticinco años fue mi hogar y entro a un auto que ha sido enviado para recogerme y llevarme a un apartamento en Chicago. El chofer guarda mis cosas en el maletero y cuando todo está listo enciende el vehículo. Mi cabeza reposa en la ventanilla y a través de esta les doy una última mirada a mis hermanas, acrecentando el punzante dolor que tengo instaurado en mi frágil pecho. Al señor que las acompaña siquiera le presto atención, este ya no la merece...

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Último capítulo

  • Amor en cláusulas    Epílogo

    Tres años despuésElena—¡Mamá, Leo me quitó mi pala!—¡Porque ella me echó arena!—¡Mentira!—¡Verdad!—¡Mentira!—¡Verdad!Me llevo una mano a la frente mientras observo a mis mellizos discutir en medio de la playa como si estuvieran negociando un tratado internacional.—Dios mío, son exactamente iguales a ti —musito.Hero, que permanece recostado a mi lado sobre una enorme manta azul, suelta una carcajada y se quita las gafas de sol.—Eso es imposible. Yo era un niño encantador.—Claro que sí.—Lo era.—Hero, una vez intentaste escapar de la escuela escondido dentro del maletero de un coche.—Y casi funcionó.—Tenías ocho años.—Los detalles no son importantes.Niego con la cabeza mientras sonrío.Han pasado tres años desde aquella tarde en la que descubrimos que seríamos padres de mellizos.Tres años desde que Hero me pidió matrimonio delante de toda su familia.Tres años desde que sentí que mi vida por fin encontraba un poco de paz después de tanto dolor.Leo corre hacia nosotros

  • Amor en cláusulas    Capítulo 57

    ElenaBrindamos y felicitamos al unísiono a Hade. Sus hijos la abrazan y tomamos fotos del emotivo momento. Hoy es el cumpleaños de mi suegra, y estamos todos reunidos en la casa de verano que radica en la playa. Haila y Rodrigo anuncian al fin que se casarán el próximo mes, y entre tantas buenas noticias y sorpresas, doy un paso al frente llamando la atención en medio del salón. —¡Buenas noches! Es mi momento —exclamo y se escuchan aplausos y risas—. ¿Amor? —Sí... —pronuncia Hero, acercándose a mí mientras entrecierra los ojos, no tiene idea de lo que tengo para decirles.—Primero que nada agradecerles a todos por aceptarme en vuestra familia, incluso a ti, Hilary —la señalo con la copa y ella sonríe timidamente—, sé que algún día nos llevaremos mejor—, le guiño el ojo y ella niega con la cabeza riendo—. Gracias Hade, por tanto amor y cariño, has sido como la madre que nunca tuve y la hermana que perdí.No puedo evitar derramar lágrimas al decir lo último. Un brazo de Hero recorre

  • Amor en cláusulas    Capítulo 56.2

    Elena A veces me descubro pensando que el tiempo tiene una forma extraña de aprender a caminar sin pedir permiso. No avisa cuando empieza a arrastrarnos hacia una nueva rutina, simplemente lo hace, y un día te das cuenta de que incluso el dolor ha aprendido a convivir contigo sin hacer tanto ruido. Eso es lo que he visto en Mick y en las gemelas desde que Evelina ya no está físicamente con nosotros, aunque en esta casa nadie se atreve a decirlo en voz alta como si pronunciarlo lo hiciera más real.Después de salir del cementerio aquella tarde, las imágenes se me quedaron pegadas en la cabeza. Las niñas riendo entre flores, Mick intentando mantener una firmeza que se le rompía en los ojos, y ese pequeño instante en el que ambas dijeron "mamá nos está mirando" como si fuera la cosa más normal del mundo. Esa frase, tan simple, tan inocente, me dejó pensando todo el camino de regreso a casa.Mick ha cambiado. No de una manera dramática que se note a primera vista, pero sí en los detalles

  • Amor en cláusulas    Capítulo 56

    Elena—¿Te pasa algo? —cuestiona Hade cuando nos cruzamos por el pasillo. Intenté disimular el horrible paseíto de Bambi desde que salí de la habitación, pero por lo visto no funcionó y tengo a mi suegra mirándome con extrañeza.—No, todo bien. —Caminas como si te hubieses caído de la cama sobre una alfombra de espinas.«Sí caí encima de algo, pero no precisamente espinas».—Tengo un calambre. —Uso eso de excusa y sigo mi camino con ella pisándome los talones—. ¿Vas a la cocina? —Sí, tengo sed. ¿Aceptaste? Y disculpa la imprudencia, es que no aguanto la presión.—¿Eh? ¿De que hablas?Nos sentamos en la mesa del comedor y su cara es todo un poema. Parece que se le abrirá la cara en dos con esa sonrisa tan genuina.—No entiendo nada Hade, ¿que si acepté qué? —Casarte con mi hijo —suelta y se me va un trago de agua por el túnel equivocado. Comienzo a toser y ella se apresura en golpear mi espalda.—Estoy bien. Em... ¿Casarnos, de nuevo? Ya estamos casados. —No, eso no fue un casamien

  • Amor en cláusulas    Capítulo 55

    ~Seis meses después ~ Elena Me acurruco a su lado, dejando mi cabeza sobre su pecho desnudo. Llevo mi pierna a su cintura y lo aprieto contra mí mientras él se remueve buscando mi calor. Siento su respiración sobre mi cabello y una de sus manos juega con un fino mechón rojizo. Ambos respiramos tranquilos, la paz de finalmente haber vencido en el juicio es palpable incluso en la habitación. Ashley tiene derecho a verla en las vacaciones, costó un poco que Hero lo aceptara, pero al fin y al cabo, Ash es una mujer impulsiva y ambiciosa que no se cansará de intentar sacarle dinero, y pese a toda su locura, en el fondo se esfuerza por ser buena madre. No me puedo creer que Valeria sea nuestra, porque sí, es mi hija adoptiva también. Ni siquiera voy a pensar qué pasará con eso el día que el contrato se cumpla y ya no forme parte de esta familia, prefiero respirar hondo y dejar que las cosas fluyan conforme pase el tiempo. Hero y yo nos queremos, ¿quien me asegura que de aquí a unos meses

  • Amor en cláusulas    Capítulo 54

    Último día del juicio. Elena Jamás olvidaré el silencio que se apoderó de aquella sala,era un silencio extraño, pesado, casi insoportable. Nadie se movía. Nadie hablaba. Incluso los periodistas que llevaban días tomando notas frenéticamente permanecían inmóviles observando a Emily, como si intuyeran que estaban a punto de presenciar algo importante. Yo tampoco podía apartar la vista de ella. Durante semanas había esperado que apareciera alguna señal de humanidad, una grieta en toda aquella locura que me permitiera creer que todavía quedaba algo de la hermana que conocí durante años. Sin embargo, mientras la observaba sentada frente al jurado, comprendí que había estado aferrándome a una ilusión. La Emily que yo conocía ya no existía. O quizás nunca había existido realmente. —Señorita Jones —intervino el fiscal después de unos segundos—. Hace un momento declaró que no discute ninguno de los hechos presentados por la fiscalía. ¿Quiere explicar exactamente a qué se refiere? Emily a

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