Inicio / Romance / Mi jefa / Capítulo 37. Un campo de guerra

Compartir

Capítulo 37. Un campo de guerra

Autor: Kandy Orta
last update Fecha de publicación: 2025-10-31 00:48:43

No supe en qué momento el silencio se volvió tan pesado.

La tenía entre mis brazos, aún temblando, y cada segundo se sentía como una eternidad suspendida entre lo que quería decir y lo que no debía. Su llanto había cesado, pero quedaba el temblor, ese estremecimiento pequeño que deja una tormenta cuando ya no quedan lágrimas.

No pregunté nada. No me atreví.

Solo la sostuve, como si el simple hecho de hacerlo pudiera darle algo de calma.

El departamento estaba en penumbra, las cortinas corridas,
Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App
Capítulo bloqueado

Último capítulo

  • Mi jefa   Capítulo 129. El fin

    No ocurrió de manera solemne. No hubo velas, ni música, ni un momento preparado.Ocurrió una noche común.Una de esas en las que el día se ha ido sin dejar restos, y el cuerpo se queda blando, disponible, honesto.Estábamos en la cama de Ginevra, con la ventana entreabierta y el sonido lejano de la ciudad entrando como una respiración ajena. Yo tenía un libro en las manos que estaba leyendo. Ella estaba recostada contra mí, con la cabeza en mi hombro y una pierna cruzada sobre las mías, como si su cuerpo hubiera decidido que ese era su lugar ahora.Llevaba un rato en silencio.No un silencio tenso, uno lleno.—Leandro —dijo.Cerré el libro.—Sí.Se movió apenas para poder mirarme. No se incorporó. No se alejó. Solo giró la cara.—Te amo.No lo dijo como una confesión dramática. Lo dijo como una constatación.Sentí algo físico en el pecho. Como si el cuerpo recibiera antes que la cabeza.No hablé. Y ella continuó.—Te amo porque me sacaste de todas mis zonas de confort. Porque me oblig

  • Mi jefa   Capítulo 128 ¿Quieres ser mi novia?

    Salimos cuando ya era tarde.Nos despedimos, agradecimos, prometimos vernos “un día de estos” que no sabíamos si existiría.La puerta se cerró detrás de nosotros y la calle nos recibió con ese aire fresco que parece limpiar un poco todo.Caminamos en silencio los primeros metros.No un silencio incómodo, un silencio lleno.De esos que quedan cuando algo fue suficiente.—Así que… —dije al fin, mirando al frente— soy tu novio.Lo dije como quien comenta el clima.Como si no fuera nada.Ginevra se detuvo medio paso.No del todo.Lo suficiente para que yo lo notara.—Yo… —dijo— bueno… sí.Y se sonrojó.No mucho.Pero lo suficiente para que la luz del farol le tomara las mejillas y se las volviera un poco más rosadas.Sonreí.—¿Ginevra Valentini sonrojada?Se llevó una mano a la cara de forma instintiva.—No digas eso.—¿Eso?—Mi nombre así.—¿Así cómo?—Entero —dijo—. Con apellido. Me hace sentir… como si estuviera en problemas.Reí bajito.—Ginevra Valentini —repetí despacio—. Sonrojada.

  • Mi jefa   Capítulo 127. Su novio

    No hubo un día en el que Ginevra se despertara distinta.No hubo una mañana con luz especial, ni una frase que marcara un antes y un después.Hubo una suma.Pequeña. Lenta. Casi invisible.Hubo un día en que se levantó sola para ir al baño sin que yo se lo recordara.Hubo otro en que se hizo un té sin preguntarme dónde estaba la tetera.Hubo una tarde en que se quedó mirando un cuadro en la pared durante un rato largo, como si algo en ella hubiera vuelto a tener curiosidad.Nada heroico.Pero todo vivo.Yo dejé de irme del trabajo antes. No porque no quisiera, sino porque ya no sentía que si no estaba yo, todo se caía. Empecé a confiar en la red que se había armado sola: Eleonor, Valentina, la terapeuta, los medicamentos, el cuerpo de Ginevra encontrando otra vez su ritmo.Una tarde volví y la encontré sentada en el suelo del living, rodeada de papeles.No lloraba. No estaba ida.Estaba… ordenando.—¿Qué haces? —pregunté.Levantó la vista.—Estoy tirando cosas.Eso me sorprendió más q

  • Mi jefa   Capítulo 126. Aprender a no caerse

    Esa noche no volvió a dormirse enseguida.No porque no pudiera, sino porque ahora estaba despierta de otra forma.No alerta. No ansiosa.Simplemente… presente.Se quedó sentada un rato largo en el sofá, con una manta sobre los hombros, mirando la ventana como si afuera no hubiera nada interesante y, sin embargo, no pudiera dejar de mirar.Yo estaba en la cocina, lavando los platos que en realidad estaban bastante limpios ya. Lo hacía lento. No por prolijo, sino por no romper el clima. Como si cualquier ruido brusco pudiera hacer que algo frágil se rompiera otra vez.—¿Puedo quedarme acá? —preguntó desde el sofá—. No tengo ganas de ir a la cama todavía.—Claro.No dijo “gracias”. Y eso fue bueno. Porque no era un favor. Era un espacio.Me senté en la otra punta del sofá, no demasiado cerca, no demasiado lejos. Esa distancia nueva que no es frialdad ni intimidad, sino cuidado.—Cuando era chica —dijo de pronto— pensaba que la tristeza era algo que pasaba. Como una gripe.La miré.—Que d

  • Mi jefa   Capítulo 125. El fantasma de la depresión

    Se quedó dormida sin darse cuenta.Fue lento.Primero dejó de hablar y después dejó de moverse.Después la respiración se le fue haciendo más honda, más pareja, como si el cuerpo hubiera decidido por fin rendirse.Tenía la cabeza apoyada contra el respaldo del sofá y un mechón de pelo cayéndole sobre la mejilla. Los labios apenas entreabiertos. Las manos flojas sobre las piernas.Dormía como duerme alguien que ya no puede sostener nada más.Yo no me moví.No porque tuviera miedo de despertarla, sino porque había algo casi sagrado en verla así.Quietamente confiada, quietamente a salvo.La miré dormir un rato largo.Con esa sensación extraña de estar mirando algo que no debería estar pasando y, sin embargo, estaba.En algún momento noté que el cuello se le iba inclinando de una manera incómoda.Me levanté despacio.Busqué una manta y se la acomodé sobre los hombros con un cuidado absurdo, como si fuera de cristal.No se despertó, respiró un poco más hondo y nada más.Y ahí entendí que

  • Mi jefa   Capítulo 124. La visita inesperada

    Llegué a casa con las llaves en la mano y no supe durante unos segundos qué hacer con ellas.Me quedé parado frente a la puerta como si no fuera mía, como si entrar implicara aceptar que no había ningún otro sitio al que ir.Abrí. El departamento estaba exactamente como lo había dejado.La taza en la mesa. La luz apagada. El silencio intacto.Eso fue lo que más me golpeó: que nada hubiera cambiado afuera, cuando todo había cambiado adentro.Cerré la puerta y me apoyé contra ella.Y ahí sí. Ahí se me aflojaron las piernas.Me dejé caer despacio hasta quedar sentado en el suelo, con la espalda contra la madera, la cabeza apoyada, los ojos cerrados.No fue un llanto grande al principio.Fue un goteo.Las lágrimas saliendo solas, sin permiso, sin escena.Respiré hondo una vez.Otra.Y me reí.Una risa seca, rota, absurda.—Idiota… —murmuré.Idiota.Porque lo sabía, porque lo había sabido todo el tiempo.Porque Elena no me había dicho nada nuevo. Solo había puesto palabras limpias d

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status