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Capitulo 54

Author: Edgar Romero
last update publish date: 2024-06-18 18:02:35

Hicimos todo tipo de fotos y videos, aprovechando todos los rincones del estudio, tratando de graficar la elegancia, pulcritud y las caídas perfectas de la flamante ropa masculina de la casa Brown. Los modelos respondieron muy bien a nuestras exigencias y disfrutaron, además de la velada. Nos reímos mucho, hacíamos bromas para que ellos se relajaran, coqueteábamos también con ellos para que, como se dice popularmente, los chicos "se soltaran" al momento de las tomas.

-Un hombre le dice a su
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  • Mi marido es un fantasma   Capítulo 142

    Celebramos el quinceañero de Alondra y Patricia en una gran fiesta que hicimos en la casa a la par, por supuesto, del cumpleaños de Rudolph Jr. En realidad, me sentí más aliviada, porque percibía que los niños se hacían ya grandes y serían capaces de enfrentar las vicisitudes de la vida. Mi amiga Alondra también hizo una gran fiesta para su hijita mayor, Patricia. -Hace poco recién habíamos dado a luz y ahora ya estamos muy viejas, je je je-, le dije, brindando con Alondra con champán. -Es la ley de la vida, Patricia-, me abrazó ella muy emocionada. Y esa noche le volví a decir a Rudolph, muy convencida y resoluta. -Créeme mi amor, yo no lo hubiera logrado sin ti, aún seas un fantasma y que tan solo te vea yo. Tú has estado siempre allí, conmigo, como la columna principal de mi vida-, le confesé haciendo correr mis lágrimas de los ojos. -Tú lo has logrado sola, Patricia, los niños son tu hechura-, me recalcó y nos sumergimos nuevamente en miles de besos y caricias.EPÍGOLO

  • Mi marido es un fantasma   Capítulo 141

    Los niños saltaban, brincaban y jugaban emocionados. Era como si ellos supieran que su padre estaba allí conmigo, que estaba a mi lado, abrazándome, riendo de mis historias, y eso los volvía una fiesta, muy efusivos y súper alegres. -Tus hijos te sienten, Rudolph, saben que tú estás allí y que los apoyas, aunque sea a la distancia-, le dije esa noche que nos besábamos muy acaramelados. -Es que tú eres mis ojos, mi amor, mi voz, mi aliento-, decía él encantado, acariciando mis brazos, saboreando mi boca, con su enorme cuerpo, tan áspero y velludo, frotando mi piel lozana y tibia que a él le encandilaba y hacía arder en mucho fuego. La emoción más grande para mi marido y para mí fue el primer día de clases en el colegio de los trillizos. Toda esa semana fue de intenso ajetreo comprando sus mandilitos, mochilitas, cuadernos y lapicitos. A Patricia y a Alondra les hice una trencitas muy lindas y a Rudolph Junior le eché la loción preferida de su padre. -Huele muy rico-, se divirt

  • Mi marido es un fantasma   Capítulo 140

    La agencia recuperó de inmediato su vigencia en los medios publicitarios, los contratos se multiplicaron, hacíamos muchísimos encartes, revistas, trípticos, carteles, videos e inundamos los canales de televisión de cable y abiertos con nuestros avisajes y eso, obvio, nos deparaba muchísimo dinero y satisfacciones. Alondra y yo estábamos encantadas y ampliamos el negocio incluso a nuevas agencias en otras ciudades porque no podíamos darnos abasto con tanta demanda. De repente el éxito era abrumador para nosotras. Seguí siendo modelo, además, pese mi múltiple embarazo y las complicaciones del parto. Recuperé rápidamente mi buena forma y figura y me convertí en imagen de muchas marcas que, incluso, se peleaban por conseguirme y lograr que sea el ícono que deseaban para promocionar sus productos. No solo en línea de ropa o lencería, sino también clubes de fútbol, galerías comerciales, tiendas y hasta súper mercados, todos ellos me tenían como su símbolo y eso, obviamente, me hacía sen

  • Mi marido es un fantasma   Capítulo 139

    Reabrimos la agencia de publicidad a los seis meses exactos, como habíamos acordado con Alondra cuando dimos paso a nuestra ansiada maternidad. Fue emocionante. Hicimos el anuncio incluso por televisión y los clientes nos mandaron muchísimos regalos, empresas grandes con las que habíamos trabajado, igualmente enviaron presentes y arreglos florales y los modelos también, incluso nos hicieron una fiesta con muchos tragos y bocaditos en nuestro hall que quedó muy chico ante tantos invitados. Nos divertimos mucho hasta altas horas de la noche. Rápidamente recuperamos la rutina y teníamos, además, nuevos prospectos en cartera, con empresarios muy interesados en la publicidad y como habíamos hecho fama, querían nuestros servicios de inmediato ofreciéndonos jugosos y millonarios contratos. De repente estábamos otra vez disfrutando del éxito, aunque eso sí, desplegando mucho trabajo, movilizándonos siempre de una locación a otra, casi sin respiro. Sin embargo, nos dábamos nuestro ti

  • Mi marido es un fantasma   Capítulo 138

    Me gustaba ver a Rudolph jugando con los bebés. -¿Te van a ver siempre?-, le pregunté esa tarde que les cambiaba sus pañalitos. Él me miraba divertido y le hacía juego a sus hijos practicando muecas y gestos. Ellos reían, se entusiasmaban y querían que él los cargase, estirando sus bracitos impacientes y porfiados. -Solo hasta que empiecen a recordar las cosas, entonces ya no me podrán ver, es lo que creo-, me confesó trastabillando con su aflicción. -¿Y yo?-, alcé mi naricita. -Tú siempre me verás, mi amor-, me dijo, y me dio un gran besote en la boca. Primero le cambié sus pañalitos a una de las niñas la levanté y se la puse en los brazos de Rudolph. -Ella es Alondra, es la más chillona-, le dije mordiendo mi lengua. Él la tomó con mucho cuidado chasqueando la boca, haciéndole mimos y la bebé pasó sus deditos por los labios de su padre, encantada y contenta. Luego preparé a Rudolph Junior e hicimos el intercambio. y mientras acostaba en su cunita a Alondra, mi marido j

  • Mi marido es un fantasma   Capítulo 137

    En efecto, Judith me acompañó una semana en la casa, atenta a todos las necesidades de mis bebés, muy hacendosa, precavida y ordenada y disciplinada. Rudolph no se fue de mi lado, pese a que ella estaba en la casa, incluso dormíamos juntos, pero no hacíamos el amor, porque, como les conté, la cama de Judith estaba cerca a la mía je je je. Mi marido me contaba chistes y yo trataba de no reírme pero me era imposible. -El colmo de un bombero es que le corten el agua por no pagar ja ja ja-, decía él y por más esfuerzo que hacía estallaba en carcajadas, sorprendiendo y asustando a la secretaria de Brown que se alzaba incrédula y boquiabierta viéndome reír como una loca. Me bañaba junto a Rudolph, riéndonos, besándonos, dándonos muchas caricias. Judith, creo, se convenció finalmente de que me faltaba un tornillo, porque yo me reía a carcajadas con las lamidas que me daba mi marido a los pechos y eso me estremecía hasta el delirio, y ella movía la cabeza como diciendo, "pobre loca" je

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