Compartilhar

cap 5

Autor: Naira Black
last update Data de publicação: 2026-03-02 15:34:03

La noche en la mansión Miller no traía paz, solo una oscuridad costosa que parecía amplificar cada pensamiento. Ava salió del cuarto de baño de su habitación, envuelta únicamente en una toalla blanca que se sentía áspera contra su piel húmeda. El vapor todavía nublaba su vista y el aroma a jabón de sándalo —el mismo que usaba Lucas, por alguna razón que la irritaba— llenaba sus pulmones.

Caminó hacia su armario, pero se detuvo en seco al ver una silueta recortada contra el ventanal de su habitación.

Lucas King estaba allí, sentado en el borde de su poltrona de terciopelo, con una pierna cruzada sobre la otra y un libro entre las manos que ni siquiera estaba leyendo. Sus ojos grises la recorrieron con una lentitud que hizo que el vello de la nuca de Ava se erizara.

—¿Qué demonios haces en mi cuarto, Lucas? —siseó ella, apretando el nudo de la toalla sobre su pecho.

—Vine a traerte los horarios de Yale —dijo él, señalando un sobre sobre la cama—. Tu padre temía que decidieras perderte en el camino mañana. Aunque veo que tienes problemas más urgentes que la puntualidad.

Lucas soltó una risa baja, una burla que encendió la sangre de Ava.

—Vete de aquí. Ahora —ordenó ella, dando un paso al frente con el rostro encendido.

—¿O qué, Miller? ¿Vas a morderme de nuevo? —él se puso de pie, acortando la distancia con esa elegancia peligrosa que lo caracterizaba—. Te ves ridícula tratando de parecer ruda vestida con un pedazo de algodón.

Ava, cegada por la indignación, intentó empujarlo hacia la puerta. Pero al levantar los brazos para golpearle el pecho, el nudo traicionero de la toalla, mal asegurado por las prisas y la humedad, se deshizo por completo.

El tejido blanco resbaló por su cuerpo, amontonándose en el suelo de mármol.

El silencio que siguió fue absoluto. Ava se quedó congelada, su piel blanca contrastando con el rojo fuego de su cabello ondulado. Estaba completamente desnuda frente a él. Lucas no apartó la mirada; sus ojos se oscurecieron, pasando del gris acero a un carbón ardiente. El aire en la habitación pareció desaparecer, reemplazado por una tensión tan espesa que quemaba.

Lucas dio un paso adelante, invadiendo su espacio personal hasta que Ava pudo sentir el calor que emanaba de su cuerpo. Él bajó la mano y, con los dedos rozando apenas la curva de su hombro, bajó lentamente por su brazo. Ava soltó un suspiro entrecortado, incapaz de moverse, atrapada por la intensidad de su presencia.

—No eres tan valiente ahora, ¿verdad, traviesa? —susurró él, con la voz rota y profunda, a milímetros de sus labios.

Justo cuando Ava sentía que el mundo iba a estallar, el sonido de unos tacones resonó con fuerza en el pasillo de mármol. Eran los pasos de Beatriz, la madrastra, acercándose a la habitación.

—¡Ava! ¿Estás despierta? Tenemos que hablar sobre la cena de mañana —gritó la mujer desde el otro lado de la puerta.

El hechizo se rompió. Lucas se separó de ella con una agilidad asombrosa, recogió la toalla del suelo y se la arrojó a la cara antes de desaparecer por la puerta del balcón con la rapidez de una sombra. Ava se envolvió frenéticamente, con el corazón golpeando sus costillas como un animal enjaulado, justo un segundo antes de que Beatriz abriera la puerta sin llamar.

A la mañana siguiente, el campus de la Universidad de Yale lucía imponente. Los edificios góticos y la hiedra trepando por las paredes hacían que Ava se sintiera como una intrusa en un reino extraño. Llevaba un jersey de cuello alto para ocultar el hecho de que todavía sentía el rastro de los dedos de Lucas en su pie

Consultó su horario. Economía Política de Élite.

Aula 402..

Al entrar, el aula magna ya estaba llena de estudiantes con iPads y ropa de diseñador. Sienna estaba en la tercera fila, rodeada de amigas que se reían mientras la señalaban. Ava ignoró el nudo en su estómago y se sentó en la última fila, buscando pasar desapercibida.

De pronto, el murmullo cesó. La puerta delantera se abrió y un hombre entró con paso firme, dejando un maletín de cuero sobre el escritorio de madera noble. Vestía un traje negro a medida que le sentaba como una armadura y una camisa blanca impecable con los primeros botones desabrochados.

Ava sintió que el mundo se detenía.

Era él.

Lucas King se giró hacia la clase, apoyando las manos sobre la mesa. Su mirada barrió la sala con una autoridad gélida hasta que se detuvo exactamente en los ojos verdes de Ava. Una chispa de triunfo y pura malicia bailó en sus pupilas.

—Buenos días a todos —dijo Lucas, y su voz barítona resonó en cada rincón del aula—. Soy el Dr. Lucas King. Para algunos de ustedes, seré el guía que los llevará a la cima del mundo financiero. Para otros... —hizo una pausa deliberada, sosteniendo la mirada de una Ava petrificada—, será la peor pesadilla que han tenido que enfrentar.

Sienna soltó una risita de orgullo, creyendo que el comentario iba para los demás, pero Ava sabía la verdad. El hombre que la había visto desnuda la noche anterior, el mismo que la había provocado hasta el límite, ahora era el dueño de sus notas y de su futuro académico.

—Abran sus libros en la página diez —continuó Lucas, sin dejar de mirarla—. Y Miller... espero que hoy hayas aprendido a asegurar mejor tus argumentos de lo que asegura tu ropa.

Un murmullo de confusión recorrió el aula, pero Ava solo pudo apretar los dientes, sintiendo que la guerra acababa de volverse mucho más personal... y mucho más prohibida.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • Mi pequeña traviesa: El castigo de mi hermanastro.   El Destino Vuelve a Sonreír: La Boda de los Rebeldes

    El otoño toscano había regresado con su habitual manto de oro y bronce, pero esta vez, la villa de los King no era un refugio silencioso para fugitivos, sino el escenario de la celebración más esperada de la década. Los viñedos que Lucas había plantado con tanto esmero años atrás lucían cargados y maduros, listos para la vendimia, sirviendo como el telón de fondo perfecto para una historia que cerraba un círculo que comenzó en Nueva York hace casi quince años.Las largas mesas bajo los olivos estaban decoradas con flores silvestres y uvas frescas. Elias, que ya era un joven apuesto de catorce años con la misma mirada intensa y analítica de Lucas, caminaba entre los invitados asegurándose de que las copas de vino de la reserva especial de su padre estuvieran llenas. Detrás de él, corriendo y riendo, venían los trillizos: Leo, Aria y Sebastian, que a sus trece años eran un torbellino de energía incombustible, llenando el jardín con ese caos hermoso que Lucas tanto había deseado.En el c

  • Mi pequeña traviesa: El castigo de mi hermanastro.   El Fin de la Mentira y el Amanecer de la Verdad

    El otoño había teñido las colinas de la Toscana de un dorado cobrizo y un rojo profundo. La villa de los King respiraba una calma inusual esa tarde. En el jardín, el pequeño Elias, que ya correteaba con paso firme, intentaba imitar los saltos de Custode, mientras Valeria, sentada en el banco de piedra con su guitarra, tarareaba una melodía suave, vigilando al niño con el instinto protector que ya era parte de su esencia.Dentro, en la calidez del salón principal, Ava descansaba en el sofá con los pies en alto. Su vientre, notablemente abultado por el embarazo de los trillizos, era el centro de todas las miradas y atenciones de la casa. A su lado, Lucas revisaba unos documentos legales de la producción de vino, pero su mano libre no dejaba de acariciar la curva de la panza de su esposa, conectándose con el latido de las tres vidas que crecían allí dentro.El sonido de una motocicleta interrumpió la paz del valle. Era el cartero del pueblo, quien subió la colina a paso lento y le entreg

  • Mi pequeña traviesa: El castigo de mi hermanastro.   El Susurro de las Vides y el Fuego del Reencuentro

    La noche en la Toscana había caído con una serenidad casi sagrada. La luna, una media luna de plata, colgaba sobre los campos, iluminando las hileras de vides que Lucas cuidaba con una obsesión que rozaba lo místico. El aire era fresco, impregnado del aroma a tierra húmeda y a la promesa del vino que dormía en las barricas.Lucas estaba al final de la colina, allí donde el viñedo se encontraba con el borde del bosque. Llevaba horas revisando la poda de las cepas más jóvenes, las que él llamaba "las vides de Elias". El trabajo físico era su única forma de acallar la mente, de procesar la magnitud de lo que se avecinaba. Tres. Tres vidas nuevas creciendo al unísono. La responsabilidad le pesaba en los hombros, no como una carga, sino como una armadura de acero que lo obligaba a ser perfecto

  • Mi pequeña traviesa: El castigo de mi hermanastro.   Tres Veces Bendecidos: El Caos se Multiplica

    La mañana en la villa se sentía cargada de esa electricidad que solo las grandes noticias traen consigo. El sol de la primavera toscana acariciaba las vides que se extendían como un mar verde esmeralda por las colinas. Ava caminaba por el sendero pedregoso que llevaba a la zona de fermentación, sosteniendo al pequeño Elias en su cadera. El niño, que ya caminaba con la estabilidad de un pequeño pirata, señalaba las mariposas con un entusiasmo que terminaba en balbuceos ininteligibles.—¿Ves a papá, Elias? —preguntó Ava, ajustándose las gafas de sol—. Vamos a sacarlo de su laboratorio antes de que se convierta en una uva.Lucas estaba en el granero principal, rodeado de barricas de roble y probetas. Llevaba una camisa vieja con las mangas remangadas hast

  • Mi pequeña traviesa: El castigo de mi hermanastro.   El Primer Año de un Rey y una Nueva Semilla

    El sol de la Toscana se filtraba entre las hojas de los olivos, creando un mosaico de luces y sombras sobre las largas mesas dispuestas en el jardín de la villa. Era un día de celebración absoluta: el primer cumpleaños de Elias. Globos de colores tierra y crema decoraban los troncos de los árboles, y el aroma a focaccia recién horneada y romero impregnaba el aire.Elias, con su pequeño traje de lino blanco y unos hoyuelos que heredó de la sonrisa más pícara de Lucas, gateaba por el césped persiguiendo a Custode, que ahora era un perro joven y elegante que cuidaba cada movimiento del niño con una paciencia infinita.Valeria, que ya había cumplido los catorce años, ayudaba a Maria a colocar las ú

  • Mi pequeña traviesa: El castigo de mi hermanastro.   El Eco de la Vida en las Colinas

    El tiempo en la Toscana parecía fluir con una cadencia distinta, una que no se medía en segundos, sino en el crecimiento de los viñedos y en los hitos del pequeño Elias. Los últimos meses habían sido un torbellino de descubrimientos: los primeros balbuceos del niño, sus intentos decididos por gatear tras el cachorro Custode y esa risa cristalina que llenaba cada rincón de la villa. Elias estaba a punto de cumplir su primer año, y con él, la casa había cobrado una vibración que Lucas y Ava jamás creyeron posible.Esa noche, sin embargo, el bullicio de la familia se había calmado. Valeria estaba en su habitación, inmersa en sus estudios de música, y Elias dormía profundamente en su cuna de nogal después de u

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status