Share

Capítulo 2

last update publish date: 2025-12-26 07:50:28

Mariana Carbajal

Lo siento antes de verlo: un peso distinto entre las miradas que me siguen. Y entonces lo encuentro. Cerca del escenario, un hombre que no me suelta con los ojos. No pestañea. No vacila.

Su atención se clava en mi rostro y algo dentro de mí se enciende. Hay una familiaridad que no sé explicar, como si esa mirada la hubiera encontrado antes, en otra vida… o en otro tiempo.

Continúo con la coreografía, pero ya no bailo para el público. Bailo para él.

Lo sé, es una locura: no lo conozco. O… creo que no lo conozco. Sin embargo, el antifaz blanco con detalles negros que cubre parte de su rostro no me impide sentir que hay algo distinto en él. Algo que me provoca seguir el ritmo solo para que sus ojos no me dejen de mirar.

Con cada giro, cada movimiento, lo estudio. Lo veo morderse el labio, y una oleada extraña de calor me recorre el vientre. No suelo coquetear con un espectador… pero su mirada me arrastra, me desafía, me invita.

La última vez que un hombre me miró así, terminé rota. Era joven. Ingenua. Y estaba enamorada de mi mejor amigo.

Denn…

¿Por qué no eres tú?

Su rostro —mezcla de un recuerdo dulce y una herida vieja— se filtra en mi mente. Lo veo como cuando éramos adolescentes, antes de que se marchara a Inglaterra. Desde entonces me he castigado imaginando cómo gasta sus vacaciones… y con quién.

Denn Stuart

Mi Mariana…

Mi mirada se aferra a su rostro, aunque el antifaz intente ocultarla. No me engaña: es ella. La misma que fue mi refugio y mi tormenta. Mi pasado, mi presente… y, quiera o no, mi futuro.

La que, con una sonrisa, me levantaba hasta el cielo… y, con la misma facilidad, me hacía caer en el infierno.

La que robó mi corazón cuando tenía quince años y nunca lo devolvió.

Quiero pensar que mi necesidad de tenerla cerca me hace imaginarla bajo esa apariencia, pero sé que no es un espejismo: la reconocería siempre, aun el mundo entero conspirara para esconderla de mí.

Aprieto los puños. La mandíbula, tensa preguntándome.

¿Por qué está aquí?

¿Cómo llegó a este lugar?

¿Son mis ojos los que me mienten… o es ella quien me está ocultando una verdad que no quiero descubrir?

Sus padres saben sobre esto… No. Los conozco demasiado bien. Tan rectos, tan orgullosos. Jamás permitirían esto.

Pero ahí está: sobre un escenario, con poca ropa, frente a miradas que la devoran. Miradas de hombres que la desean de un modo que me quema por dentro.

Muerdo mi labio inferior. El antifaz no es suficiente para protegerme de esa mirada que, aun velada, me atrapa. Me ata. Me desarma. Siento algo nuevo en el estómago, una presión incómoda, casi dolorosa, mientras el murmullo del público se mezcla con el ritmo de la música.

Respira, Denn… respira…

Me repito, como si las palabras pudieran evitar que suba a ese escenario, la tome por la cintura y la arranque de allí… solo para reclamarla como mía.

La música se apaga, pero mi respiración no.

Mariana desaparece entre las sombras detrás del telón y, sin pensarlo, me abro paso entre la gente. La atmósfera aquí dentro está saturada de perfume elegante y miradas que no saben lo que tienen delante.

No me importa si alguien me detiene.

No me importa si este no es mi lugar.

Llego al pasillo estrecho que lleva a los camerinos y la veo, dándole la espalda al mundo, recogiendo su cabello frente a un espejo. La luz es pobre, apenas un par de bombillas amarillentas que tiñen su piel de un tono cálido.

—Mariana… —mi voz se rompe en su nombre.

Ella se tensa. Sus manos se detienen a medio gesto. Muy despacio, gira hacia mí.

El antifaz sigue ahí, pero sus ojos… sus ojos me atraviesan como hace años no lo hacían.

—¿Denn? —pregunta, y no sé si es sorpresa, miedo o enojo lo que escucho en su voz. Quizás todo.

Quiero acercarme, pero algo en su mirada me advierte que un solo paso en falso y ella huirá.

—¿Qué haces aquí? —continúa, y esa pregunta suena como si quisiera arrojarme fuera y, al mismo tiempo, saber por qué diablos aparecí en su vida de esta manera.

—Buscándote —respondo, y sé que la verdad no es suficiente para explicar todo lo que siento.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Mi pequeño error fue amarte   Capítulo 265

    Catalina Stuart—¿Cómo obtuviste toda esta información? —pregunto, incapaz de apartar la vista de los documentos que mi hermano sostiene entre las manos.Mauricio exhala con pesadez antes de responder.—Escarbando en los secretos de la familia Lombardi. Al principio me pareció completamente aberrante que Helen se involucrara con un hombre que le doblaba la edad. Pero mientras más investigaba, más oscuro se volvía todo. Descubrí que esa familia tenía un hijo... uno que murió hace algunos años.Frunzo el ceño.—¿Y eso qué tiene que ver con Helen?—Mucho. Fue con ese hijo con quien Helen mantuvo una relación años atrás. —Me extiende una carpeta llena de documentos—. Cristina nació exactamente un año después de la muerte de Carlota... y es un año menor que Denn.Mi corazón se acelera.—¿Qué estás tratando de decir?—Que todo fue planeado. Helen aprovechó el estado emocional en el que se encontraba Demian tras perder a Carlota. Su intención era acercarse a él y hacerle creer que Cristina e

  • Mi pequeño error fue amarte   Capítulo 264

    Denn StuartEl golpe de la puerta al cerrarse me arranca del sueño reparador que tanto necesitaba. Quién diría que una chica tan menuda sería mucho más fuerte que un hombre que casi le dobla el tamaño. La sola idea consigue que una sonrisa burlona se dibuje en mis labios.—¿Qué te hace reír? —pregunta Mariana mientras toma asiento a mi lado en la cama.—Tonterías.—¿Qué clase de tonterías, mi amor?—Que tú eres mucho más fuerte que yo.Mariana frunce el ceño, claramente confundida, sin comprender a qué me refiero. No la hago esperar demasiado.—Piénsalo. Tú y la tía Eliza se enfrentaron a un grupo de hombres y salieron ilesas, sin terminar postradas en una cama. En cambio, mírame...Bajo la vista hacia mi cuerpo vendado y niego con la cabeza con fingida resignación.—...a mí me venció una sola inyección.Durante un segundo me observa en silencio, hasta que por fin comprende el sentido de mis palabras. Una carcajada escapa de sus labios, contagiosa y cristalina. No puedo evitar unirme

  • Mi pequeño error fue amarte   Capítulo 263

    Demian StuartMi mirada permanece fija en los documentos esparcidos sobre el escritorio. Cada página confirma algo más inquietante que la anterior. Me cuesta creer hasta dónde ha sido capaz de llegar Helen con tal de manipular nuestras vidas.—¿Esto es real? —pregunto, levantando la vista hacia mi cuñado.—Cristina es la hija biológica de Helen —responde con serenidad Mauricio—. La identidad de su padre sigue sin estar clara.La sorpresa debe reflejarse con claridad en mi rostro, porque durante unos segundos soy incapaz de pronunciar una sola palabra.—Entonces… ¿por qué la sospecha siempre recae sobre mí?—Nunca se realizó una prueba de ADN era su palabra contra la tuya —interviene Gregory mientras señala uno de los informes—. Sin embargo, analizamos una muestra de cabello que conseguimos recientemente. Los resultados son concluyentes: Cristina no tiene ningún vínculo biológico contigo.Exhalo lentamente, intentando procesar toda la información.—¿Por qué sostener una mentira como es

  • Mi pequeño error fue amarte   Capítulo 262

    Mariana CarbajalLa abuela de Denn está pendiente de todos. No importa quién necesite algo; siempre encuentra la manera de ayudar, de preguntar si ya comimos o si estamos cómodos. Es completamente distinta a mi abuela paterna, la única que llegué a conocer, porque la madre de mi mamá falleció antes de que mi hermano y yo naciéramos.La madre de mi padre siempre fue una mujer difícil. Jamás aceptó a mi mamá y, como consecuencia, tampoco permitió que nosotros construyéramos un vínculo con ella. Con el paso de los años aprendimos a mantener la distancia.—¿Qué ronda por esa cabecita? —pregunta doña Marta al notar mi distracción.Levanto la mirada y le dedico una tenue sonrisa.—Nada importante... Solo estaba notando las diferencias entre unas personas y otras. Usted quiere mucho a Denn.No es una pregunta, sino una certeza. Basta observar la forma en que lo mira y la preocupación constante que demuestra por él.Una sonrisa cálida ilumina el rostro de la mujer.—Denn es mi primer nieto. C

  • Mi pequeño error fue amarte   Capítulo 261

    Catalina Monit Stuart AbregoNo sé cuánto tiempo permanezco en silencio.Las palabras de Marcelo siguen resonando en mi cabeza, obligándome a enfrentar una realidad que llevaba demasiado tiempo evitando.Él no estaba jugando. Mucho menos confundido. Cada una de sus acciones tenía la misma intención que acababa de expresar con total claridad.Tomo una bocanada de aire antes de atreverme a hablar.—Eres un hombre muy valiente... o muy inconsciente.Una risa baja escapa de sus labios.—¿Por decirte la verdad?—Por complicarte la vida de esta manera.—Mi vida ya era complicada antes de considerar a la hermana de quien solía ser mi mejor amigo en un interés diferente.No puedo evitar sonreír muy a mi pesar es una sonrisa pequeña, apenas perceptible, pero suficiente para que sus ojos se iluminen.—Ahí está.Mi ceño se frunce.—¿Qué cosa?—Tu sonrisa.De inmediato intento recuperar la seriedad.—No te acostumbres.—Será difícil, porque pienso hacer todo lo posible para volver a verla.Niego c

  • Mi pequeño error fue amarte   Capítulo 260

    Catalina Monit Stuart Abrego —Interesante... —murmura Abba, entrecerrando los ojos mientras lleva la taza de café a sus labios. Sin apartar la vista del hombre alto que permanece al otro lado del salón, con una media sonrisa. —¿Qué es tan interesante? —Se supone que ustedes dos no se llevan bien, ¿no? Y, aun así, decidió tomarse el día para pasarlo con nosotras cuando debería estar concentrado en alguno de sus casos. Prefiero no responder. Mastico lentamente el último bocado de mi desayuno, fingiendo que el comentario no me afecta. —Debes admitir que es bastante atractivo, ¿no te parece, Catalina? Frunzo ligeramente el ceño. —¿Quién? Abba deja escapar una risa divertida. —Vamos, Caty. Sabes perfectamente de quién hablo. El chico alto, musculoso, de piel bronceada... el que no ha dejado de vigilarte desde que llegamos. —No sé de qué estás hablando. —¿Por qué te cuesta tanto aceptar que le gustas el hermano de Mariana? Un suspiro incómodo escapa de mis labios antes de volver

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status