LOGINMariana Carbajal
¿Por qué? ¿Por qué Den tuvo que volver?
Mis pasos se confunden con otros, más firmes y pesados, que resuenan tras de mí como un eco que no consigo acallar. Aceleró el paso, deseando que la distancia borre lo inevitable. Hoy no quiero hablar del pasado; solo quiero que me deje en paz, que permanezca tan lejos de mí como lo ha estado todos estos años.
—¡Mariana, espera! —La voz que me alcanza no es la que temía, sino otra, más serena, más cercana—. ¿Qué te sucede? —Patrick se coloca a mi lado. Su mirada, cargada de desconcierto, busca respuestas que no puedo darle.
—Ahora no quiero hablar… solo irme —murmuro, intentando mantener a raya el temblor en mi voz. Él asiente sin decir palabra y, en un gesto silencioso de comprensión, acompaña mis pasos hacia el estacionamiento. Cuando por fin cierro la puerta del automóvil, la sensación de resguardo me golpea con la misma fuerza que los recuerdos. Las lágrimas, contenidas demasiado tiempo, se abren paso sin resistencia, desbordándose sobre mis mejillas. Cada una trae consigo fragmentos de una vida que ya no me pertenece… de una Mariana que, quizá, nunca volverá por todo el resentimiento en mi corazón. Ha pasado tanto tiempo desde que mi corazón debió sanar, y, aun así, cada emoción que siento late con la misma intensidad que entonces.
Esperamos unos instantes en el estacionamiento, la tensión flotando en el aire, mientras Raquel se reúne con nosotros. Nadie dice una palabra; simplemente nos mantenemos juntos, compartiendo el silencio que pesa sobre todos. Cuando finalmente estamos los tres, nos marchamos sin intercambiar miradas ni comentarios, cada uno sumergido en sus propios pensamientos, dejando que el mutismo nos envuelva por completo durante el trayecto.
Recuerdos… recuerdos inundan mi mente, golpeando una y otra vez mi corazón. Esa noche lo cambió todo, arruinando lo que había entre Denn y yo. El peso de aquel momento sigue persiguiéndome, como si cada lágrima que escapa fuese un eco de lo que perdimos, de lo que nunca pudimos recuperar. No importa cuánto tiempo haya pasado, el dolor permanece intacto, recordándome que, desde entonces, nada volvió a ser igual entre nosotros.
—¡Estás loca! No deberíamos estar aquí Mariana, no somos del agrado de Cristina por eso mismo no quiso invitarnos —Murmura Raquel caminando indecisa a mi lado después de colarnos a la casa de dicha bruja.
—Gallina, además mi hermano y Denn están aquí. Se supone que esta fiesta debe ser para todos en el colegio, no para un grupo selecto de ella, así que tenemos derecho acudir a la celebración de egresados de nuestra promoción. Así que si no le parece ¡Que se pierda Cristina!
Raquel cubre su boca conteniendo una carcajada, conoce que pienso sobre esa chica que ronda a Denn desde que éramos niños como un bicho entrometido.
—Bien, pero luego no me digas que no te advertí Mariana. Sabes que esa bruja te odia porque te considera un obstáculo para iniciar un noviazgo con Denn.
Eso no es ningún secreto para mi desde que Cristina llego al colegio a competido conmigo por la atención de mi mejor amigo. Y con la excusa que su padre es socio del señor Stuart, tiene más oportunidad para incluirse en la vida de Denn, sin invitación.
¡Con lo que me irrita esa tipa!
Justo cuando llegamos al inmenso jardín donde se está llevando la fiesta de egresados, cortesía de la familia de Cristina, detengo nuestros pasos. Busco con la mirada a mi hermano o Denn, pero no hay ninguna señal de ellos.
¿Será que no se presentaron a la dichosa fiesta? De ser así perdí mi tiempo en venir a este lugar. Pero recuerdo claramente decir a mi hermano que vendrían. Espero que estén aquí porque honestamente no me disfrace como una chica con tacones y todo por gusto.
¡Que por cierto dichos tacones me están matando!
—Vaya, pero que sorpresa no me esperaba que vinieran. Si no confirmo con mis propios ojos jamás me hubiera imaginado que el marimacho sea una chica. ¿Por qué estás aquí?
¡No puede ser! Pero ya me lo esperaba, esas burlas solo podían venir de una sola persona tan venenosa como ella.
¡Cristina!
—Hola, Cristina, corrígeme si me equivoco. Pensé que esta fiesta es para todos los graduados del colegio, independientemente se celebre en tú casa. Oh estoy equivocada —Digo sin mostrar ninguna emoción en mi rostro.
—Bueno, es para chicos del colegio en los cuales no están incluidas ninguna de ustedes dos bichos raros, seguro hay otro lugar donde festejan personas como ustedes —Dice toda risitas.
—Desde cuando decides quien pueden o no asistir a las fiestas del colegio Cristina. Hasta donde tengo entendido, es para todos los estudiantes que van a graduarse, bruja —Dice poniéndose justo a mi lado Raquel para hacer un frente unido contra Cristina.
—Es mi casa tengo derecho de decidir quién entra y quién no así que sugiero que salgan por dónde llegaron sin obligarme a echarlas fuera…
Dice colocando sus manos sobre sus caderas retándome llevarle la contraria con su supuesto poder sobre quienes asisten a la fiesta.
—Mariana, Raquel finalmente llegaron Denn y Marcelo están esperando al otro lado de la piscina, tenemos una mesa en zona exclusiva que les parece ¿Por cierto Cristina a quien correrías de la fiesta hace un momento?
Pregunta Patrick el primo de Denn clavando su oscura mirada sobre la rubia. Quien finge no entender a qué se refiere.
—No sé, que escuchaste Patrick, pero no es lo que piensas —Murmura nerviosa tratando de salvar su pellejo y no quedar mal parada, frente al primo de Denn.
—Claro, Cristina, vamos chicas tenemos una mesa al otro lado de la piscina esperando solo para nosotros —Dice con toda la intención que Cristina entienda la indirecta.
Caminamos detrás de Patrick, dejando atrás a una Cristina visiblemente furiosa, su rostro enrojecido y sus labios apretados en una mueca de enojo, claramente molesta por haber perdido el control de la situación. El ambiente a nuestro alrededor se siente tenso por unos segundos, pero la presencia de Patrick nos sirve de escudo, marcando una clara distancia frente al ambiente hostil que intentó imponernos la rubia.
A medida que avanzamos, el bullicio de la fiesta regresa a mis oídos, y es justo entonces cuando un grito —el inconfundible sonido de un Gleason— me arranca abruptamente de mis pensamientos. Siento cómo mis recuerdos de esa noche, la misma que marcó un antes y un después entre Denn y yo, amenazan con arrastrarme de nuevo al pasado. Mis ojos se abren de golpe, sorprendida por la fuerza con la que el presente reclama mi atención y me obliga a dejar atrás, al menos por un momento, el peso de lo que ocurrió entre nosotros esa noche.
Catalina Stuart—¿Cómo obtuviste toda esta información? —pregunto, incapaz de apartar la vista de los documentos que mi hermano sostiene entre las manos.Mauricio exhala con pesadez antes de responder.—Escarbando en los secretos de la familia Lombardi. Al principio me pareció completamente aberrante que Helen se involucrara con un hombre que le doblaba la edad. Pero mientras más investigaba, más oscuro se volvía todo. Descubrí que esa familia tenía un hijo... uno que murió hace algunos años.Frunzo el ceño.—¿Y eso qué tiene que ver con Helen?—Mucho. Fue con ese hijo con quien Helen mantuvo una relación años atrás. —Me extiende una carpeta llena de documentos—. Cristina nació exactamente un año después de la muerte de Carlota... y es un año menor que Denn.Mi corazón se acelera.—¿Qué estás tratando de decir?—Que todo fue planeado. Helen aprovechó el estado emocional en el que se encontraba Demian tras perder a Carlota. Su intención era acercarse a él y hacerle creer que Cristina e
Denn StuartEl golpe de la puerta al cerrarse me arranca del sueño reparador que tanto necesitaba. Quién diría que una chica tan menuda sería mucho más fuerte que un hombre que casi le dobla el tamaño. La sola idea consigue que una sonrisa burlona se dibuje en mis labios.—¿Qué te hace reír? —pregunta Mariana mientras toma asiento a mi lado en la cama.—Tonterías.—¿Qué clase de tonterías, mi amor?—Que tú eres mucho más fuerte que yo.Mariana frunce el ceño, claramente confundida, sin comprender a qué me refiero. No la hago esperar demasiado.—Piénsalo. Tú y la tía Eliza se enfrentaron a un grupo de hombres y salieron ilesas, sin terminar postradas en una cama. En cambio, mírame...Bajo la vista hacia mi cuerpo vendado y niego con la cabeza con fingida resignación.—...a mí me venció una sola inyección.Durante un segundo me observa en silencio, hasta que por fin comprende el sentido de mis palabras. Una carcajada escapa de sus labios, contagiosa y cristalina. No puedo evitar unirme
Demian StuartMi mirada permanece fija en los documentos esparcidos sobre el escritorio. Cada página confirma algo más inquietante que la anterior. Me cuesta creer hasta dónde ha sido capaz de llegar Helen con tal de manipular nuestras vidas.—¿Esto es real? —pregunto, levantando la vista hacia mi cuñado.—Cristina es la hija biológica de Helen —responde con serenidad Mauricio—. La identidad de su padre sigue sin estar clara.La sorpresa debe reflejarse con claridad en mi rostro, porque durante unos segundos soy incapaz de pronunciar una sola palabra.—Entonces… ¿por qué la sospecha siempre recae sobre mí?—Nunca se realizó una prueba de ADN era su palabra contra la tuya —interviene Gregory mientras señala uno de los informes—. Sin embargo, analizamos una muestra de cabello que conseguimos recientemente. Los resultados son concluyentes: Cristina no tiene ningún vínculo biológico contigo.Exhalo lentamente, intentando procesar toda la información.—¿Por qué sostener una mentira como es
Mariana CarbajalLa abuela de Denn está pendiente de todos. No importa quién necesite algo; siempre encuentra la manera de ayudar, de preguntar si ya comimos o si estamos cómodos. Es completamente distinta a mi abuela paterna, la única que llegué a conocer, porque la madre de mi mamá falleció antes de que mi hermano y yo naciéramos.La madre de mi padre siempre fue una mujer difícil. Jamás aceptó a mi mamá y, como consecuencia, tampoco permitió que nosotros construyéramos un vínculo con ella. Con el paso de los años aprendimos a mantener la distancia.—¿Qué ronda por esa cabecita? —pregunta doña Marta al notar mi distracción.Levanto la mirada y le dedico una tenue sonrisa.—Nada importante... Solo estaba notando las diferencias entre unas personas y otras. Usted quiere mucho a Denn.No es una pregunta, sino una certeza. Basta observar la forma en que lo mira y la preocupación constante que demuestra por él.Una sonrisa cálida ilumina el rostro de la mujer.—Denn es mi primer nieto. C
Catalina Monit Stuart AbregoNo sé cuánto tiempo permanezco en silencio.Las palabras de Marcelo siguen resonando en mi cabeza, obligándome a enfrentar una realidad que llevaba demasiado tiempo evitando.Él no estaba jugando. Mucho menos confundido. Cada una de sus acciones tenía la misma intención que acababa de expresar con total claridad.Tomo una bocanada de aire antes de atreverme a hablar.—Eres un hombre muy valiente... o muy inconsciente.Una risa baja escapa de sus labios.—¿Por decirte la verdad?—Por complicarte la vida de esta manera.—Mi vida ya era complicada antes de considerar a la hermana de quien solía ser mi mejor amigo en un interés diferente.No puedo evitar sonreír muy a mi pesar es una sonrisa pequeña, apenas perceptible, pero suficiente para que sus ojos se iluminen.—Ahí está.Mi ceño se frunce.—¿Qué cosa?—Tu sonrisa.De inmediato intento recuperar la seriedad.—No te acostumbres.—Será difícil, porque pienso hacer todo lo posible para volver a verla.Niego c
Catalina Monit Stuart Abrego —Interesante... —murmura Abba, entrecerrando los ojos mientras lleva la taza de café a sus labios. Sin apartar la vista del hombre alto que permanece al otro lado del salón, con una media sonrisa. —¿Qué es tan interesante? —Se supone que ustedes dos no se llevan bien, ¿no? Y, aun así, decidió tomarse el día para pasarlo con nosotras cuando debería estar concentrado en alguno de sus casos. Prefiero no responder. Mastico lentamente el último bocado de mi desayuno, fingiendo que el comentario no me afecta. —Debes admitir que es bastante atractivo, ¿no te parece, Catalina? Frunzo ligeramente el ceño. —¿Quién? Abba deja escapar una risa divertida. —Vamos, Caty. Sabes perfectamente de quién hablo. El chico alto, musculoso, de piel bronceada... el que no ha dejado de vigilarte desde que llegamos. —No sé de qué estás hablando. —¿Por qué te cuesta tanto aceptar que le gustas el hermano de Mariana? Un suspiro incómodo escapa de mis labios antes de volver







