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El beso de un extraño

Author: Inés Ávila
last update publish date: 2024-01-17 06:45:27

Camila salió, primeramente a la farmacia para comprar el tratamiento de su madre, luego iría a buscarla para ocuparse de su prótesis, aunque iba a averiguar los precios, otra cosa que iba a adquirir era una silla de ruedas.

Estaba llena de emoción por poder ayudar a mejorar la condición de vida de su mamá, entró al establecimiento a buscar las medicinas, cuando iba saliendo se encontró de frente con un hombre, quien la derribó al piso, todo lo que llevaba salió en varias direcciones, el individuo lanzó una maldición y ella lanzó  un grito por el impacto al ser golpeada.

Intentó levantarse, pero el hombre le tomó por un brazo y la ayudó a terminar de incorporarse, diciendo:

— ¡Maldita seas muchacha! ¿Acaso no ves por dónde caminas?! ¿Estás distraída? ¡Por poco me lanzas al suelo!

— ¡Usted me lanzó todo lo que traía señor! ¡Es usted quien debe pedir disculpas por estar distraído!— dijo ella contrariada.

El hombre al notar la actitud de la muchacha, se sintió ofendido por como le habló la muchacha y respondió insolente. 

— ¡Eres una torpe, debes mirar por dónde caminas! 

Camila vio toda la medicina esparcida por el suelo, notando que unas ampollas o inyecciones se habían roto.

 —¡Por Dios se rompieron éstas medicinas!— dijo intentando recoger las otras que estaban esparcidas por el suelo.

— ¡Quítate de mi camino!— dijo él molesto. 

Ella se quedó quieta dejando que él se alejara y luego se ocupó  de recoger lo que se había esparcido. 

Un hombre que había visto todo lo sucedido se acercó diciendo:

— ¿Me permite ayudarla? Entremos nuevamente para reponer el medicamento roto por favor — pidió él.

— ¡No sé preocupe, no es necesario, yo la puedo comprar de nuevo!— dijo ella nerviosa.

— De ninguna manera, yo deseo hacerlo, voy a ocuparme de los daños ocasionados por ese idiota de Bruce Callister.— dijo él de manera divertida para aliviar la tensión de ella.

—¿ Lo conoce? 

— Sí, pero no hablemos de él— dijo el hombre. 

La llevó hasta el interior de la farmacia y adquirió las medicinas que faltaban por haberse roto.

— Déjeme seguir reparando los daños, le invito a tomar un jugo para que pase el susto — dijo él.

Ella bastante abrumada se negó a aceptar la cordial invitación.

— ¡Ay no señor! No es necesario, ya está bien con reponer las medicinas rotas — se excusó ella.

— Si no acepta, entenderé que no le gustó que mi ayuda— dijo él manipulando 

— Está bien, vamos por ese jugo — dijo ella.

Salieron hacia un pequeño restaurante, entraron y al sentarse él dijo:

— Me presento señorita, soy Richard McIntyre, a tu servicio, ¿Ya desayunaste?

Ella lo miró condescendiente y respondió:

— Está bien, me dijo un jugo y ya subió al desayuno — dijo ella — soy Camila.

— Gracias Camila, generalmente desayuno en casa, pero salí muy temprano y solo me tomé un café, ya iba a tomar mis alimentos cuando ví el incidente— dijo él— voy a pedir desayuno para los dos.

— Gracias tampoco desayuné— dijo ella— lo hago muy temprano por mi trabajo, pero me hice unos exámenes y necesitaba estar en ayuno. 

— En serio y eso, ¿Estás enferma?— se atrevió él a preguntar.

— ¡Oh no, es por rutina, básicamente para un trabajo— confesó ella— soy muy pobre y me están ofreciendo ganar un buen dinero, como mi madre está muy enferma, me arriesgué y acepté.

— Espero no sea legal— dijo él bromeando — por aquello de una propuesta indecente.

— ¡Ah!, ¿es una película verdad?— dijo ella.

Llegó el servicio que habían ordenado y disfrutaron de aquella comida como viejos amigos, después de terminar el dijo:

— ¿Quieres que te lleve a algún lugar?

— No claro qué no, he abusado de su tiempo Richard — dijo ella.

— No es ningún abuso, ha sido un placer Camila, me relajó conversar contigo, espero volver a verte, me agrada mucho tu compañía, si tu propuesta no funciona, puedo ofrecerte trabajo, allí está mi número y mi dirección,— dijo él — lo que necesites no dudes en llamarme. 

— Gracias, eres muy amable— respondió ella sonrojándose.

— Quizás no vuelva a verte más, me agradas mucho, nunca me había sentido tan bien en una compañía femenina, me gustaría conocerte más,— dijo él—pero somos de mundos diferentes y creo que no frecuentamos los mismos lugares. 

— Si se nota que eres un hombre de dinero— dijo ella. 

— Camila, nunca había sentido ésto por ninguna mujer, me agrada lo que me haces sentir, y deseo despedirme de tí con un beso, ¿ Me das permiso para besarte?

Ella cabeceó afirmativamente y dijo en voz tenue:

— Si, hazlo.

Él la tomó suavemente de sus hombros y tomó sus labios en un beso tierno, pero apasionado, Richard, exploró la cavidad tibia de la boca de ella, disfrutando de aquel maravilloso contacto, su lengua saboreo cada rincón de la boca de Camila, fue un maravilloso y mágico momento para los dos.

— Jamás olvidaré este beso, Camila — dijo él —  quizás no volvamos a vernos. 

Ella se quedó allí mirando como se alejaba aquel hombre que le había impactado sus emociones al punto que le dió permiso para besarla ardientemente, obviamente que ella jamás olvidaría aquel beso, no era  su primer beso, pero había sido único y especial.

Camila tenía 23 años y ya  había tenido un novio, por lo tanto sabía lo que significaba un beso, pero aquel beso de Richard McIntyre, fue especial para ella, un hombre que se veía que tenía full dinero, la  había besado y «¡Que beso tan divino!» pensó ella.

Era una chica que no pasaba desapercibida, de rasgos físicos armoniosos, ojos grandes y de color almendra, de origen latino, su madre muy jóven había emigrado hacia el norte buscando una vida mejor, allí había conocido  a su papá, aunque latino, ciudadano americano, ella y su vida era toda una novela, por las muchas cosas que había vivido hasta entonces.

Richard reflexionaba sobre lo que acababa de sucederle, esa chica Camila era pobre, a leguas se veía que llevaba una vida sencilla, pero sintió el impulso de besarla y se dió cuenta que le había gustado más de lo que imaginaba, él sabía mucho de besos, pero éste fue único y especial, sonrió, le gustó esa muchacha, claro que él estaba comprometido para casarse muy pronto, su vida al lado de su novia, hasta ahora era tranquila, nada transcendental,Stella era hermosa y sofisticada, ella ni siquiera sé parecía a la sencillez de Camila. 

Dos años de novios, ella vestía a la moda, era elegante, comía en los lugares más exclusivos de la ciudad, tenían vida íntima, de vez en cuando, había necesidad entre los dos, pero éste beso despertó algo en Richard que pensó que no existía.

Sonrió con ironía, Stella sería la esposa perfecta, no molestaba, tenía gestos cariñosos hacia él, pero nunca había sentido un beso con ella como con Camila. 

Esa mañana había acompañado a Bruce, iba al Banco de esperma, al parecer quería donar para una  inseminación, al salir de allí habían diferido en algo y se había enojado dejándolo atrás, pues se dirigían a desayunar, el incidente con Camila rompió los planes de ellos y terminó dando un beso a la muchacha atropellada por su amigo Bruce. 

En eso sintió la voz de él decirle:

— ¿Dónde te habías metido? Te busqué por todos lados y terminé desayunando solo— dijo Bruce. 

— También desayuné, pero lo hice muy bien acompañado— dijo Richard. 

 

 

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