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Capítulo 7

作者: Mónica Herrera
A mamá se le cayó la taza de té. Se hizo añicos contra el suelo.

—¿Qué dijo? —Le temblaba la mano con la que sostenía el teléfono y la voz se le volvió aguda—. ¿Es una broma? ¡Soy la madre de Miles Voss! Me llamó esta tarde fingiendo estar enfermo. ¿Cómo es posible que esté muerto? ¿Qué clase de estafadores son ustedes para intentar engañar así a la familia Voss?

El agente respondió con tono grave y profesional.

—Señora Voss, no es ninguna broma. Tenemos aquí el cuerpo de su hijo. Según los hall
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    Allí yacía su propio hijo, muerto a causa de lo que ellos habían hecho. Aquel lugar era también su prisión, una de la que no escaparían mientras les quedara vida. Tres años después, a finales de otoño, un viento frío arrastraba hojas amarillas y secas por los senderos pavimentados del cementerio.Papá empujó con paso inseguro la silla de ruedas de mamá hasta detenerse frente a una lápida sencilla. Ella se había consumido hasta quedar reducida a poco más que piel y huesos. Llevaba el cabello blanco revuelto y enmarañado, y aún sostenía en el regazo el robot, cuyos colores se habían desvanecido tras años de lavados.—Miles, mamá y papá vinieron a verte.Papá dejó los claveles blancos baratos frente a la lápida. Tenía la voz áspera como una lija.No había ninguna fotografía en mi tumba. Después de buscar en cada rincón de la antigua mansión de los Voss, mis padres habían descubierto que no tenían ni una sola foto en la que yo apareciera solo, en mis diecinueve años de vida. La única imag

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    Mamá había perdido por completo el contacto con la realidad. Apretaba contra el pecho un pequeño robot mugriento.Era el mismo juguete de edición limitada por el que Nolan y yo habíamos peleado a los seis años. En aquel entonces, ella se había puesto del lado de Nolan y me había obligado a quedarme de pie en un rincón como castigo. Ahora llamaba «Miles» al juguete todos los días y parecía convencida de que, si lo abrazaba con suficiente fuerza, yo nunca volvería a alejarme de ella.—Graham, Miles dice que tiene hambre. ¿Dónde vamos a prepararle la cena?Alzó la mirada hacia la cortina de lluvia con los ojos vacíos.Papá ni siquiera se molestó en buscar un paraguas. El agua fría le corría por la cara mientras contemplaba el portón cerrado de la mansión. La boca se le torció en una sonrisa amarga.—Vamos. Los llevaré a los dos a nuestro nuevo hogar.Se mudaron a un cuarto en un sótano de una zona venida a menos de la ciudad. Medía apenas diecinueve metros cuadrados. La luz del sol nunca

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    Sin dejar de lanzar insultos, Nolan subió corriendo las escaleras, tomó varios relojes caros y todo el dinero en efectivo que encontró, y huyó de la mansión de los Voss esa misma noche.La mansión volvió a quedar en silencio, como una tumba.Yo flotaba junto a la ventana y lo veía alejarse. No sentí la menor lástima por él. Nolan no era enteramente malvado. Era, ante todo, codicioso. Había recibido con los brazos abiertos todo lo que debió haber sido mío, pero nunca había querido asumir las responsabilidades que aquello implicaba. Ahora, por fin, pagaba el precio de su codicia.Al día siguiente, papá recibió una llamada de la Cruz Roja.—Señor Voss, le llamo por la donación de córneas de su hijo Miles. El receptor se está recuperando bien. A su familia le gustaría mucho agradecerles en persona, si están dispuestos a reunirse con ellos.Papá apretó el teléfono con fuerza.—Nos reuniremos con ellos.Esa tarde, empujó la silla de ruedas de mamá por los jardines del hospital. Ella apenas

  • Morí para acabar con su mentira   Capítulo 11

    Durante los días siguientes, la casa de los Voss quedó sumida en un caos absoluto.Papá canceló todas sus reuniones y cobró cada favor que le debían para asegurarse de que Clive y Martha Haskett terminaran tras las rejas. Incluso sobornó a un guardia de la prisión para que ambos recibieran una «atención especial».Nada de eso alivió su culpa.Noche tras noche, permanecía despierto, reviviendo nuestra última conversación telefónica.—Tus padres biológicos no se atreverían a dejarte volver sin mi permiso.—Me voy a morir.Aquellas dos frases lo atormentaban una y otra vez.Revisó todo lo que había dejado en el pequeño cuarto de la empleada doméstica. No había mucho: unos cuantos libros maltrechos y un viejo cuaderno de cuentas.En sus páginas había registrado cada centavo que había ganado haciendo tareas domésticas durante diecinueve años, además de los diez mil dólares que había ahorrado a escondidas. En la última página había escrito una sola frase:«Cuando termine de pagar mi tumba, p

  • Morí para acabar con su mentira   Capítulo 10

    Mamá se quedó mirando aquellas últimas líneas, con los ojos desorbitados e inyectados en sangre.—Él lo sabía… Lo sabía todo…Le temblaban los labios. Los dedos se le aflojaron y la carta cayó lentamente sobre la alfombra.Era la misma alfombra de lana que yo había manchado de sangre unos días antes de morir. Ya habían quitado la mancha, pero mamá se abalanzó de pronto sobre aquel lugar y empezó a arañar desesperadamente las fibras.—La sangre de Miles… Su sangre estaba justo aquí…—Sabía que era nuestro hijo. Vio cómo le dábamos todo a Nolan. Vio cómo lo enviábamos lejos… ¿Por qué no dijo nada? ¿Por qué no nos desenmascaró?La voz se le quebró en un alarido desgarrador.Por fin comprendía mi silencio antes de morir. No había sido sumisión. Tampoco un intento de mantener la paz.Simplemente había dejado de importarme.Con mi muerte, había abierto un abismo en aquella familia que ninguno de ellos podría cruzar jamás.Papá se desplomó en el sofá y hundió el rostro entre las manos. El hom

  • Morí para acabar con su mentira   Capítulo 9

    Dos policías sujetaban a mamá. Nolan seguía junto a la puerta, con un pañuelo apretado contra la boca y las lágrimas corriéndole por las mejillas.—¿Cómo pudo Miles ser tan tonto? Aunque estuviera enfermo, debió decírselo a mamá y a papá. Quizá pensaba que yo le había quitado su lugar y no quería ser una carga para la familia…Papá se volvió de golpe y lo fulminó con la mirada, como una bestia acorralada.—¡Cállate!Nolan se sobresaltó tanto que, por un instante, estuvo a punto de perder aquella expresión de dolor que había ensayado con tanto cuidado. Papá apartó de un empujón a un policía y salió furioso de la morgue. En el pasillo, otros agentes llevaban escoltados a Clive y Martha Haskett. Papá se abalanzó sobre ellos y los agarró con violencia.—¡Animales! ¡Les dije que lo cuidaran! ¿Qué le hicieron a mi hijo?Le dio un puñetazo a Clive en la cara.Clive le respondió a gritos:—¡Señor Voss, ¿por qué diablos me pega?! ¡Su asistente nos dijo que el muchacho no se portaba bien en la c

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