Me arrebató la mochila y me gritó:—Vamos. ¿De verdad te crees el niño mimado de una familia rica?Los seguí hacia la puerta. Papá se quedó en el sofá sin siquiera voltear a mirarme.Mamá me llamó desde atrás.—Miles. Cuando llegues allá, pórtate bien. Haz lo que te digan y no te comportes como si te merecieras todo, como haces aquí. Cuando hayas pensado bien las cosas, puedes llamarnos. Iremos a buscarte.Me detuve y miré hacia atrás. Detrás de ella, colgado en la pared, había un enorme retrato familiar. Papá, mamá y Nolan sonreían radiantes a la cámara.Busqué mi rostro en la foto, pero no se veía con claridad.—Entiendo.Abrí la puerta de entrada.—No voy a llamarlos.***El viaje fue largo y agotador. Pasamos cuatro horas en un autobús que serpenteaba por carreteras de montaña. Después nos subimos a la caja de un destartalado camión de granja que apestaba a estiércol de gallina.Llegamos a Briar Hollow a altas horas de la noche.La casa de los Haskett tenía paredes de ladrillo que
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