INICIAR SESIÓNLes va gustando? las leo
Capítulo 81 —Como sucedieron las cosas...NarradorLuego de recibir el mensaje en el que Geon, supuestamente, la abandonaba, Dana quedó devastada.No fue un llanto escandaloso ni una escena dramática. Fue peor. Fue ese tipo de dolor que se instala en el pecho como una piedra, que no grita, que no corre, que simplemente aplasta. Bon intentó consolarla. Le habló con cuidado, con afecto, con esa torpeza noble de quien quiere ayudar y no sabe cómo. Incluso trató de averiguar qué había pasado realmente, pero Dana no quería escuchar razones, ni hipótesis, ni “tal vez”.Para ella, Geon había elegido el silencio. Y el silencio, para Dana, siempre había sido abandono.—Yo sé que la vida de campo no es para ti —le dijo Cho una tarde, con voz cansada pero sincera—. Menos aquí, en Corea. Pero puedes quedarte con nosotros. Afrontemos esto juntos.Dana negó despacio.—Lo sé, Cho. Y se lo agradezco… a usted, a su hija, a su yerno. Me han dado todo, incluso cuando yo no tenía fuerzas. Pero debo volver
Capítulo 80 — Donde el amor deja de pedir permisoNarrador:Luego de besar a Dana para sellar así su matrimonio, ella se quedó inmóvil, como si el cuerpo le hubiera olvidado el manual básico de cómo seguir existiendo. Tenía los labios todavía tibios, el corazón golpeándole el pecho con una fuerza absurda y las manos temblándole como si acabara de sobrevivir a una caída libre.Lo miró con una desesperación casi infantil, con esa necesidad feroz de confirmar que el mundo no se estaba burlando de ella otra vez.—Dime que en verdad eres tú —le pidió, y su voz se le quebró en un sollozo—. Dime que no es un sueño… porque si me despierto, no lo voy a soportar.Geon-ki le sostuvo la cara con ambas manos. No le permitió bajar la mirada. No le permitió esconderse en el miedo.—No es un sueño —dijo, lento, firme—. Soy yo, mi amor. Estoy acá. Y no pienso volver a perderte.Dana parpadeó rápido. Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero no eran lágrimas de tristeza. Eran lágrimas de incredulidad, d
Capítulo 79 — El día que el miedo perdió la batallaDana:Luego de ese día, no volvimos a hablar del tema. Ni una palabra más. Ni una insinuación. Ni una sola grieta por donde pudiera escaparse la verdad que ambas sabíamos y fingíamos no ver.Y entonces, la boda llegó.No llegó como llegan las cosas felices, con ilusión o con ansiedad luminosa. Llegó como llega una sentencia. Como un invierno que se anuncia sin pedir permiso. Yo temblaba como una hoja a punto de caer del árbol, suspendida en ese instante previo a la caída, cuando todavía no toca el suelo, pero ya sabe que no hay vuelta atrás.Mi eterno invierno se avecinaba.Iba a casarme con un hombre que no amaba.Benjamin era un buen hombre, no puedo negarlo. Honesto, presente, respetuoso. Un hombre que había aceptado una historia que no era suya, un hijo que no llevaba su sangre y una boda que ninguno de los dos deseaba de verdad. Él y yo éramos dos personas intentando hacer lo correcto, aunque lo correcto nos estuviera destrozando
Capítulo 78 —Antes del síDana:La noticia de que Geon-ki había tomado finalmente las riendas de PKJ Entertainment me llenaba de una alegría que no podía ni quería disimular. Era algo que todos los chicos habían deseado durante años, una salida necesaria para librarse de la tiranía de Park Kang-jae, un hombre al que Geon nunca había podido llamar padre sin que algo se me revolviera por dentro. Que estuviera ahora al mando significaba libertad para ellos, un futuro distinto, una empresa que ya no estaría construida sobre el miedo.Y aun así, esa alegría venía acompañada de una tristeza silenciosa. Porque sabía que para Geon-ki esa decisión había sido devastadora. No dejaba de ser su padre, por más daño que le hubiera hecho. Y además, dirigir la empresa no era su sueño. Nunca lo había sido. Él quería cantar, crear, subirse a un escenario y dejar el alma ahí, entregarse a su fandom con la misma pasión con la que se entregaba a todo lo que amaba. Pero crecer implicaba eso: aceptar responsa
Capítulo 77 —El nombre que no debía existirNarrador:Dana frunció el ceño, porque no era su pantalla la que estaba mirando… y aun así, el dispositivo estaba entre sus dedos. El impulso natural fue leer, como se lee cualquier cosa que aparece sin avisar. Pero la pantalla apenas mostraba un nombre breve, común, casi insignificante… y un preview recortado en un idioma que Dana no dominaba, el ingles.Verónica dio un paso hacia adelante con una rapidez demasiado medida para parecer casual. Le arrebató el teléfono con suavidad, casi sonriendo, como quien toma un vaso para que no se caiga.—Perdón, perdón… es el reflejo —dijo, fingiendo ligereza—. Siempre me llegan cosas en el peor momento.Dana la miró de reojo, desconfiada.—¿Y desde cuándo no puedo ver tus mensajes? —preguntó, sin humor.Verónica soltó una risita nerviosa.—Desde que tengo un amante marciano y no te conté —improvisó riendoBenjamin, que seguía allí, se cruzó de brazos.—¿Es algo urgente? —preguntó, más por incomodidad qu
Capítulo 76 —Urgencias del corazón y titulares que ardenNarrador:En Uruguay, a miles de kilómetros de esa sala donde acababa de caer un rey, Dana se preparaba para su inminente boda como quien camina hacia una decisión que no termina de reconocer como propia.La casa olía a telas nuevas, a café recalentado, a ansiedad. Había cajas por todas partes: regalos, recuerdos, detalles, listas, papeles. Todo el mundo parecía tener algo que opinar, algo que organizar, algo que preguntar.Dana, sin embargo, se movía como si estuviera un poco fuera de su cuerpo. Sonreía cuando debía sonreír. Asentía cuando la miraban. Decía “sí” cuando le pedían confirmaciones. Pero por dentro… por dentro tenía un ruido constante, como un mar golpeando una pared.Benjamin la encontró en la cocina revisando una lista de invitados con la mirada perdida.—¿Estás segura de querer seguir adelante con esto? —preguntó, sin rodeos.Dana parpadeó, como si recién lo escuchara.—Sí, Benjamín —respondió—. ¿Por qué lo pregun







