INICIAR SESIÓNPunto de vista de Adrian.
Seguía siendo la misma mocosa desobediente, infantil, salió huyendo como si sus propios pies no la hubieran traído frente a mi casa por una razón más grande que ella misma. La seguí y la confronté, pero entonces me llamó “tío”.
Y entendí inmediatamente que quería herirme.
Lo logró, porque escuchar esa palabra en su boca siempre se sintió mal.
Incorrecto.
Como si me recordara exactamente la línea que jamás debía cruzar con ella.
Y dos noches después, tuve que verla de nuevo, en esa cena que fue una verdadera tortura para mi mente y mis pantalones, pues se veía más perfecta que aquella tarde bajo la lluvia. Además tuve que soportar esa actitud de mi madre contra Camille.
Valentina estaba sentada al otro lado de la mesa usando ese maldito vestido negro mientras fingía escuchar a Alessandro.
Pero yo la conocía demasiado bien.
Sabía cuándo estaba molesta.
Cuándo estaba triste.
Cuándo quería escapar.
Y también sabía que seguía mirándome cuando creía que no la veía.
El problema era que yo jamás dejaba de verla.
Ni un segundo.
Entonces Alessandro habló.
—Mañana mismo regresarás a De Luca Group.
Casi apreté la copa tan fuerte que estuve a punto de romperla.
No.
No podía trabajar con ella otra vez.
No después de verla bajo la lluvia.
No después de descubrir que seguía destruyéndome con una sola mirada.
Pero Alessandro seguía hablando como si no entendiera el infierno que acababa de provocar.
Y después ella me llamó “tío” otra vez.
Provocándome y desafiandome, como siempre ha hecho.
Solo que ahora ya no era una adolescente, ahora era una mujer y eso era muchísimo peor.
Entonces cometí un error.
Besé a Camille mientras miraba a Valentina y la forma en que el dolor atravesó sus ojos…
Maldita sea.
Eso tampoco me hizo sentir mejor.
La cena transcurrió tal como se esperaba y por la hora, Camille y yo preferimos quedarnos a dormir, ella se fue a la habitación que solía ser la mía cuando era un adolescente y vivía allí, junto a Leo que ya estaba profundamente dormido.
La casa estaba en silencio cuando salí a la terraza, serví whisky en un vaso bajo antes de acercarme al borde de piedra que daba hacia el lago.
El lugar favorito de Valentina cuando era niña. Venía aquí cada vez que extrañaba a su madre y por alguna razón yo siempre terminaba encontrándola, justo cuando iba a empezar a llorar porque la extrañaba.
Escuché pasos suaves detrás de mí, no necesitaba girarme para saber que era ella, me mantuve entre las sombras y espere a que se acercara a la baranda para que la luna le bañara ese perfecto rostro.
—No sabía que estabas aquí —murmuró sin mirarme. Su voz hizo que el alcohol me ardiera peor en la garganta.
—Y aun así te quedaste.
Silencio.
Salí de las sombras finalmente.
Valentina seguía usando ese vestido negro ajustado y el cabello le caía sobre los hombros ligeramente húmedo.
Demasiado hermosa para mi propia estabilidad mental.
—¿Por qué hiciste eso en la cena? —preguntó.
—¿Hacer qué?
—Besarla mientras me mirabas.
La observé fijamente.
—Porque es mi prometida y la amo.
Sus ojos brillaron con rabia.
—Te odio —le dije y sentí su desprecio cuando me miró de golpe.
Di un paso hacia ella.
—No. Me odias porque me fui antes de que pudieras hacerlo tú —Valentina soltó una risa amarga, pero continuó—. ¿Crees que tú eres la víctima aquí?
—Creo que huiste como una niña caprichosa.
Eso la hizo explotar.
—¡Me rechazaste! —Su voz retumbó en la terraza y se dio cuenta de su error—. ¡Me hiciste sentir ridícula durante años y ahora pretendes actuar como si yo te debiera algo!
Di otro paso. Después otro. Apretando mis puños para evitar lanzarme a ella, pero seguí avanzando hasta arrinconarla contra la pared de piedra.
Valentina dejó de respirar.
Yo tampoco estaba respirando bien.
—No tenías idea de lo que me estabas pidiendo entonces —murmuré cerca de su boca.
Ella tembló.
Y Dios… Sentirla así de cerca otra vez estaba acabando conmigo.
—No quería que fueras mi tío —susurró—. Nunca quise eso.
Sentí el golpe directamente en el pecho. Mis ojos bajaron hacia su boca y por un segundo realmente pensé en besarla.
A la m****a Alessandro.
A la m****a Camille.
A la m****a todo.
Pero entonces escuchamos pasos acercándose.
Maldije internamente y reaccioné de inmediato, sujeté la cintura de Valentina y tiré de ella hacia la sombra lateral de la terraza, su espalda chocó contra mi pecho, mi mano cubrió rápidamente su boca y me incliné un poco hacia ella.
—No hagas ruido —susurré cerca de su oído.
Valentina se quedó completamente inmóvil entre mis brazos. Y entonces entendí algo peligroso.
Tenerla así… escondida conmigo… respirando contra mi mano… era exactamente donde siempre había querido tenerla.
—¿Cómo se declara el acusado? —pregunto el juez llamando la atención de Luciano que miraba fijamente en dirección a la mesa.El juicio había sido casi infinito, agotador, estaba exhausto. Él no era precisamente un hombre inocente, tenía un pasado bastante sucio, era manipulador, controlador, le gustaba el dinero y los secretos.Esa era precisamente su mejor arma, los secretos.Tenía tantos y de tantas personas importantes que podían ser el As bajo su manga, pero luego recordaba a Leo y sabía que una vez cobrara esos secretos a sus dueños, estos tomarían represalias contra su pequeño hijo.Luciano se puso de pie y con la elegancia y arrogancia que siempre lo caracterizo se abotonó su saco a la medida.—Inocente, su señoría —declaro con la misma firmeza y tono del juez.Luego de sus palabras se armó todo un escandalo en el lugar, los fotógrafos, periodistas, curiosos y asistentes estaban locos por una declaración de Luciano.Pero él, como siempre, no iba a decir nada, simplemente sonrío
—¡Oh, no! ¡Claro que no! —Valentina estaba desnuda en el baño, acababa de salir de la ducha y miraba a Adrian con...Con la poca cordura que le quedaba, pues estaba desnudo y con una erección latente frente a ella.—No lo estoy preguntando —se acercó como un felino que tiene lista a su presa para devorarla.—¡Quieto! —chilló Valentina y estiro su mano para que Adrian no la alcanzará—. No te muevas un centímetro más, por que se perfectamente lo que intentas hacer.—Solo quiero follarme a mi mujer —dijo con firmeza, pero una voz ronca que hizo mojar a Valentina.—No, quieres usar el sexo para convencerme de aceptar tu propuesta.—Bueno... —Adrian levanto los hombros como si no fuera culpable.—Adrian, tenemos que tener una conversación seria, tenemos que...—No te voy a exponer y no voy a dejar que tu padre te aleje de mí.Valentina bajo la cabeza, estaba derrotada.Las declaraciones de su padre y sus intensiones habían sido demasiado firmes. Él la quería unir con los Astor y punto, no
Nunca una persona puede ser propiedad de otra, bajo ninguna circunstancia.Pero desafortunadamente, parece que a Adrian, Luciano y a Thiago nadie les dijo eso.Thiago se llevo ante los ojos de todo y la replica de nadie a Julieta.La levanto como si no pesará nada, la empujo dentro de su enorme habitación y luego la dejo con la delicadeza que su ir ale permitió sobre la cama.—¡Me pediste que los matara! —el no quiso gritar, pero tampoco pudo evitarlo.Estaba de rodillas entre las piernas de Julieta y cuando levanto los ojos, la vio rota, dolida, con miedo.Y se sintió como la mierda, porque se había prometido cuidarla, pero es que la contradicción de su mirada de desprecio, esas palabras que le dijo... Y además estaba lo de sus padres...Thiago estaba realmente descolocado.—Lo siento, Julieta. Es que yo...—Tienes razón —dijo al chica con una voz muy suave.Thiago volvió a levantar sus ojos y se dio cuenta que había algo más en Julieta, el miedo seguía presente, pero un ligero brill
La familia de Thiago... bueno y que decir, personajes de abolengo, un par de padres a los que les importaba más que su pequeño hijo estuviera limpio a que fuera amado, poco asistían a sus recitales y ni que hablar de sus calificaciones, pero eso sí, el pobre diablillo no tenía chance de perder ni una sola materia.Tampoco podía fallar en sus clases de equitación, o de piano, mucho menos las clases de idiomas. Sí, a los 10 años, Thiago ya hablaba 5 idiomas, a la P E R F E C C C I Ó N...Porque Thiago no tenía la opción de fallar, pero tampoco tenía a sus padres, en realidad no tenía una familia, solo tenía a sus empleados que no eran pocos. Dos niñeras, una que lo acompañaba a sus clases extracurriculares, otra que iba con el a sus clases académicas, un chofer, un cocinero que también era nutricionista, iba a consulta con psicología 3 veces por semana.Pero en el colegio Thiago no tenía amigos, al menos fue así hasta que llegó Valentina con esa chispa que no apagaba nadie.Era tan resp
—Adrian, detente —dijo Valentina que estaba empapada y su blusa ahora era prácticamente transparente.—No —gruño dejando besos en el cuello de la castaña.—Tenemos que hablar —gimoteo Valentina, pero se quedo en silencio cuando sintió las manos de Adrian presionando y amasando sensualmente sus pechos.Cerró los ojos y por primera vez en horas, dejo que su cuerpo se relajará, se dejó llevar, quería y deseaba a Adrian, claro que sí, es más sentía que se debían tiempo juntos, el año que estuvo afuera, más ese tiempo en el que actuaron como si fueran perfectos desconocidos, pero era cierto también que debían tener una conversación seria, lo que había dicho su padre no era una broma.Ella mejor que nadie, sabía que Alessandro nunca jamás se tomaba los negocios a la ligera.—T-te necesito —suspiro Adrian sobre los labios de Valentina.Y luego no le dio tregua, los devoró, los tomo con deseo, la beso con desenfreno, presionaba su erección en medio de las piernas calientes de ella, las enroll
A veces no importa que tanto poder se tenga, no siempre se puede obtener lo que desea el corazón.6 horas después...Eran casi las 7 de la noche, momento de regresar a casa, Adrian tenía la bolsa de hielo en su mejilla, mientras que Valentina no dejaba de gimotear y Luciano estaba mirando la lluvia caer.—Adrian... —Ahora no Luciano. Le advirtió el castaño, pero lo que estaba pasando afuera, no era menor—. Deja de llorar Valentina.—Jamás creí que papá...—¿Qué? Todavía dudas de tu padre, después de lo que nos hizo —el tono de Luciano era firme, duro, pero sobre todo, estaba diciendo la verdad.—Lo sé —gimoteó de nuevo y entonces cerró los ojos para recordar el desastre que había sucedido en las oficinas del Grupo De Lucca.Horas Antes...—¡Jamás! —dijo con fuerza—. No quiero tener nada que ver con alguien como tú, Alessandro.Dijo una envalentonada Valentina, sin esperar que sus palabras desatarían la furia de s padre, una que ella nunca antes había visto.—¿Quién te crees? —el tono







