LOGINPunto de vista de Adrian.
El lobby del banco olía a dinero viejo y hombres peligrosos, un lugar hecho para Luciano Moretti.
Lo vi incluso antes de que mis escoltas abrieran las puertas de cristal. Estaba sentado en uno de los sofás del área privada, impecable dentro de un traje gris oscuro mientras revisaba algo en su teléfono.
Relajado.
Arrogante.
Como si el mundo entero le perteneciera.
Luciano levantó la mirada apenas me acerqué.
Y sonrió, odiaba esa sonrisa.
—Rossi.
—Moretti.
No nos dimos la mano.
Nunca lo hacíamos, porque hombres como nosotros no necesitaban fingir cordialidad cuando el odio ya era evidente.
Luciano observó distraídamente el reloj de su muñeca.
—Escuché que eres un padre ejemplar —soltó un bufido.
Mi mandíbula se tensó inmediatamente. Por supuesto que ya lo sabía, ese loco está obsesionado conmigo, eso y en nuestro mundo, las noticias viajaban rápido.
Especialmente cuando se trataba del apellido De Luca y todo lo que tiene que ver con nosotros.
—¿Y? —pregunté con frialdad.
Luciano soltó una risa baja.
—Relájate. Solo me sorprendió que el cruel y frío Adrian De Luca, tuviese tanto amor como para tener una familia.
No respondí.
Porque si había algo que detestaba más que escuchar a otros hombres hablar… era escuchar a Luciano hacerlo.
Sus ojos oscuros se desviaron hacia mi mano.
Hacia el anillo de compromiso.
—Ya, en serio. ¿Cómo está tu familia?
La pregunta sonó venenosa y ambos entendimos por qué.
Familia.
Camille.
El niño.
La mentira perfecta.
—Bien —respondí secamente.
Luciano sonrió apenas. Demasiado satisfecho para mi gusto.
—Me alegra escuchar eso.
Hijo de puta.
Di un paso hacia él lentamente.
—¿Estás aquí por algo importante o solo estás perdiendo el tiempo como siempre?
Luciano levantó una ceja.
—Siempre tan agresivo.
—Siempre tan inútil.
La sonrisa desapareció de su rostro.
Por fin.
—Ten cuidado, Rossi. De Luca Group no podrá protegerte toda la vida.
Solté una risa baja. Sin humor.
—Y tú deberías preocuparte menos por mí y más por las acciones de tu padre. Escuché que volvieron a caer esta semana.
Sus ojos brillaron con violencia.
Bien, le dí donde sabía que le dolería.
Quería provocarlo.
Porque Luciano Moretti solo cometía errores cuando perdía el control.
—No olvides algo, Adrián —habló acercándose apenas—. Los hombres como tú jamás terminan con esa familia feliz que nos quieres vender a todos, te quedarás tan solo como siempre has sido.
Sentí algo oscuro romperse dentro de mí.
Y por un segundo realmente consideré golpearlo ahí mismo.
Pero entonces recordé quién era y lo mucho que odiaba perder el control.
—Al menos yo no necesito pagar para que una mujer se quede en mi cama.
Luciano soltó una carcajada seca.
Pero sus ojos ya no sonreían.
Perfecto.
Me alejé sin despedirme, porque si seguía escuchándolo hablar iba a terminar matándolo.
Esa tarde regresé más temprano a la casa, tenía trabajo que hacer, pero por alguna estúpida razón la razón me llevó hasta la casa, aunque a la última persona que quería ver era a Camille y el pequeño Leo.
Estaba por irme al despacho, cuando escuche… La escuché y mis pasos frenéticos y seguros llegaron a la puerta de la casa.
La vi antes de que Camille dijera la primera palabra.
Y durante un segundo dejé de respirar.
Dos años.
Dos malditos años intentando arrancármela de la cabeza.
Y ahí estaba otra vez.
Bajo la lluvia.
Con ese vestido negro. Con esos ojos enormes mirándome como si acabara de destruirle la vida.
Perfecta.
Demasiado perfecta.
Sentí rabia inmediatamente.
Porque mientras yo trabajaba como un enfermo intentando convertirme en alguien digno de ella… Valentina simplemente se fue.
Me abandonó.
Abandonó el proyecto de Dubái.
La empresa.
A mí.
Ni siquiera me dio tiempo.
Ni una oportunidad.
Solo desapareció.
Y lo peor era que aun así mi cuerpo reaccionó a ella exactamente igual que siempre.
La manera en que mis ojos recorrieron sus piernas.
Su boca.
La curva de su cuello.
Dios.
Todavía quería besarla igual que hace dos años.
Pero ahora se sentía peor. Mucho peor.
—¿Cómo se declara el acusado? —pregunto el juez llamando la atención de Luciano que miraba fijamente en dirección a la mesa.El juicio había sido casi infinito, agotador, estaba exhausto. Él no era precisamente un hombre inocente, tenía un pasado bastante sucio, era manipulador, controlador, le gustaba el dinero y los secretos.Esa era precisamente su mejor arma, los secretos.Tenía tantos y de tantas personas importantes que podían ser el As bajo su manga, pero luego recordaba a Leo y sabía que una vez cobrara esos secretos a sus dueños, estos tomarían represalias contra su pequeño hijo.Luciano se puso de pie y con la elegancia y arrogancia que siempre lo caracterizo se abotonó su saco a la medida.—Inocente, su señoría —declaro con la misma firmeza y tono del juez.Luego de sus palabras se armó todo un escandalo en el lugar, los fotógrafos, periodistas, curiosos y asistentes estaban locos por una declaración de Luciano.Pero él, como siempre, no iba a decir nada, simplemente sonrío
—¡Oh, no! ¡Claro que no! —Valentina estaba desnuda en el baño, acababa de salir de la ducha y miraba a Adrian con...Con la poca cordura que le quedaba, pues estaba desnudo y con una erección latente frente a ella.—No lo estoy preguntando —se acercó como un felino que tiene lista a su presa para devorarla.—¡Quieto! —chilló Valentina y estiro su mano para que Adrian no la alcanzará—. No te muevas un centímetro más, por que se perfectamente lo que intentas hacer.—Solo quiero follarme a mi mujer —dijo con firmeza, pero una voz ronca que hizo mojar a Valentina.—No, quieres usar el sexo para convencerme de aceptar tu propuesta.—Bueno... —Adrian levanto los hombros como si no fuera culpable.—Adrian, tenemos que tener una conversación seria, tenemos que...—No te voy a exponer y no voy a dejar que tu padre te aleje de mí.Valentina bajo la cabeza, estaba derrotada.Las declaraciones de su padre y sus intensiones habían sido demasiado firmes. Él la quería unir con los Astor y punto, no
Nunca una persona puede ser propiedad de otra, bajo ninguna circunstancia.Pero desafortunadamente, parece que a Adrian, Luciano y a Thiago nadie les dijo eso.Thiago se llevo ante los ojos de todo y la replica de nadie a Julieta.La levanto como si no pesará nada, la empujo dentro de su enorme habitación y luego la dejo con la delicadeza que su ir ale permitió sobre la cama.—¡Me pediste que los matara! —el no quiso gritar, pero tampoco pudo evitarlo.Estaba de rodillas entre las piernas de Julieta y cuando levanto los ojos, la vio rota, dolida, con miedo.Y se sintió como la mierda, porque se había prometido cuidarla, pero es que la contradicción de su mirada de desprecio, esas palabras que le dijo... Y además estaba lo de sus padres...Thiago estaba realmente descolocado.—Lo siento, Julieta. Es que yo...—Tienes razón —dijo al chica con una voz muy suave.Thiago volvió a levantar sus ojos y se dio cuenta que había algo más en Julieta, el miedo seguía presente, pero un ligero brill
La familia de Thiago... bueno y que decir, personajes de abolengo, un par de padres a los que les importaba más que su pequeño hijo estuviera limpio a que fuera amado, poco asistían a sus recitales y ni que hablar de sus calificaciones, pero eso sí, el pobre diablillo no tenía chance de perder ni una sola materia.Tampoco podía fallar en sus clases de equitación, o de piano, mucho menos las clases de idiomas. Sí, a los 10 años, Thiago ya hablaba 5 idiomas, a la P E R F E C C C I Ó N...Porque Thiago no tenía la opción de fallar, pero tampoco tenía a sus padres, en realidad no tenía una familia, solo tenía a sus empleados que no eran pocos. Dos niñeras, una que lo acompañaba a sus clases extracurriculares, otra que iba con el a sus clases académicas, un chofer, un cocinero que también era nutricionista, iba a consulta con psicología 3 veces por semana.Pero en el colegio Thiago no tenía amigos, al menos fue así hasta que llegó Valentina con esa chispa que no apagaba nadie.Era tan resp
—Adrian, detente —dijo Valentina que estaba empapada y su blusa ahora era prácticamente transparente.—No —gruño dejando besos en el cuello de la castaña.—Tenemos que hablar —gimoteo Valentina, pero se quedo en silencio cuando sintió las manos de Adrian presionando y amasando sensualmente sus pechos.Cerró los ojos y por primera vez en horas, dejo que su cuerpo se relajará, se dejó llevar, quería y deseaba a Adrian, claro que sí, es más sentía que se debían tiempo juntos, el año que estuvo afuera, más ese tiempo en el que actuaron como si fueran perfectos desconocidos, pero era cierto también que debían tener una conversación seria, lo que había dicho su padre no era una broma.Ella mejor que nadie, sabía que Alessandro nunca jamás se tomaba los negocios a la ligera.—T-te necesito —suspiro Adrian sobre los labios de Valentina.Y luego no le dio tregua, los devoró, los tomo con deseo, la beso con desenfreno, presionaba su erección en medio de las piernas calientes de ella, las enroll
A veces no importa que tanto poder se tenga, no siempre se puede obtener lo que desea el corazón.6 horas después...Eran casi las 7 de la noche, momento de regresar a casa, Adrian tenía la bolsa de hielo en su mejilla, mientras que Valentina no dejaba de gimotear y Luciano estaba mirando la lluvia caer.—Adrian... —Ahora no Luciano. Le advirtió el castaño, pero lo que estaba pasando afuera, no era menor—. Deja de llorar Valentina.—Jamás creí que papá...—¿Qué? Todavía dudas de tu padre, después de lo que nos hizo —el tono de Luciano era firme, duro, pero sobre todo, estaba diciendo la verdad.—Lo sé —gimoteó de nuevo y entonces cerró los ojos para recordar el desastre que había sucedido en las oficinas del Grupo De Lucca.Horas Antes...—¡Jamás! —dijo con fuerza—. No quiero tener nada que ver con alguien como tú, Alessandro.Dijo una envalentonada Valentina, sin esperar que sus palabras desatarían la furia de s padre, una que ella nunca antes había visto.—¿Quién te crees? —el tono







