INICIAR SESIÓNPunto de vista de Valentina
La mansión De Luca seguía exactamente igual. Demasiado grande, demasiado elegante, demasiado vacía.
O tal vez era yo quien había cambiado.
Las luces cálidas iluminaban los enormes ventanales mientras los empleados iban y venían preparando la cena de bienvenida que mi padre insistió en organizar apenas supo que había regresado.
—Tu habitación quedó intacta —habló mi padre mientras caminábamos hacia el comedor y eso me hizo volver la atención a la realidad—. Nadie se atrevió a tocar nada.
Sonreí apenas.
Eso sonaba exactamente como una orden que él dio, más que otra cosa.
Mi padre siempre había sido un hombre poderoso, elegante y controlado frente al mundo… pero conmigo perdía completamente la compostura.
Yo era su debilidad más evidente.
—Te extrañé, principessa.
Su voz bajó apenas y algo dentro de mí se quebró.
Porque por primera vez desde que mamá murió, realmente me sentía en casa.
Tomé su brazo con cariño y lo abrace.
—Yo también te extrañé, papá —dije con mi rostro hundido en su enorme pecho.
Me di cuenta entonces, que no importaba que tan madura, rebelde y fuerte me mostrará, mi padre siempre sería mi lugar seguro.
Alessandro besó mi cabeza justo antes de entrar al comedor.
Y entonces lo vi.
Adrián.
Estaba de pie junto a la chimenea con una copa de whisky en la mano mientras Camille acomodaba al bebé en sus brazos.
La escena era perfecta, dolorosamente perfecta.
Él levantó la mirada apenas entramos y sentí aquel golpe brutal directamente en el pecho otra vez.
Dios. Tengo que controlarme.
Pero es que Adrian ni siquiera intentaba mirarme discretamente.
Sus ojos recorrían mi cuerpo entero con una intensidad obscena, como si odiara cada centímetro del vestido negro que llevaba puesto. Como si el hecho de verme otra vez fuera un problema.
Aparté la mirada primero, porque si seguía observándolo iba a terminar recordando demasiadas cosas.
La manera en que me enseñaba a nadar cuando era adolescente.
La forma en que sujetaba mi cintura cuando íbamos al gimnasio de la casa.
Su voz grave diciéndome:
“Concéntrate, Valentina.” Con cada lección de matemáticas que me dio en la biblioteca.
Y yo jamás logré concentrarme en nada que no fuera él. Por eso era tan mala en todo eso.
—¡Mi niña!
La voz de Elena Rossi atravesó el comedor segundos antes de que ella apareciera.
Sonreí genuinamente por primera vez en toda la noche.
—Elena…
La mujer prácticamente me arrancó de los brazos de mi padre para abrazarme con fuerza.
—Mírate… París te hizo demasiado hermosa. Eso es peligroso.
Escuché a Camille reír suavemente.
—Eso mismo dije yo —Elena levantó la mirada hacia ella y su sonrisa desapareció apenas un segundo.
Pero fue suficiente para notarlo.
¡Oh!
Conocía demasiado bien a Elena, así que me di cuenta de que apenas podía soportarla.
Interesante.
—Camille —saludó con la educación impecable de siempre.
Falsa.
Fría.
Perfecta.
Camille fingió no notarlo.
—El bebé estuvo insoportable toda la tarde. Creo que ya siente el cambio de clima.
Mis ojos fueron automáticamente hacia Adrián y él lo notó.
Claro que lo notó.
Ese hombre siempre notaba todo conmigo.
Adrián dejó lentamente la copa sobre la mesa antes de acercarse para acomodar la manta del bebé con una naturalidad devastadora.
Como si hubiera nacido para aquello. Mostrándome como realmente era feliz.
La presión en mi pecho empeoró.
—Te ves cansada —comentó mi padre mirando a Camille al tiempo que Adrian estaba pasando su mano delicadamente por la mejilla de ella—. Tal vez deberías descansar después de cenar.
—Estoy bien —respondió ella dulcemente—. Adrián ha estado ayudándome muchísimo.
Y ahí estaba otra vez.
Sí, definitivamente, la familia perfecta.
Mis uñas se enterraron discretamente en la palma de mi mano.
—Bueno —mi padre sonrió ampliamente mientras tomaba asiento en la cabecera—. Ahora que mi hija volvió, las cosas finalmente volverán a la normalidad.
Adrián soltó una risa baja.
Sin humor.
—Lo dudo —soltó con dureza.
Mi mirada chocó inmediatamente con la suya.
Y lo conocía tan bien, que sabía que venía el peligro.
Eso era exactamente lo que había en sus ojos.
Pero mi padre no pareció notarlo.
—Mañana mismo regresarás a De Luca Group.
Parpadeé y me giré bruscamente para mirarlo.
—¡¿Qué?! —Adrian y yo protestamos enseguida.
—Yo se lo sugerí —soltó Elena con una enorme sonrisa y bebiendo una gran cantidad de vino.
—Tu oficina sigue exactamente como la dejaste —continuó mi padre tranquilamente—. Y Adrián necesita ayuda con la expansión internacional.
Sentí la tensión instalarse instantáneamente entre Adrian y yo.
Trabajar con Adrián otra vez, significaba verlo todos los días.
Camille levantó apenas las cejas.
Elena observó a su hijo atentamente.
Y Adrián…
Adrián no me quitó los ojos de encima ni un segundo.
—Valentina abandonó ese puesto hace dos años —dijo finalmente con voz fría—. No creo que ahora pueda retomarlo tan fácilmente.
La rabia me atravesó inmediatamente.
—París no me volvió incompetente, tío —lo provoque y claro que funciono.
—No —respondió él lentamente—. Solo demostró lo irresponsable que siempre has sido.
El silencio fue brutal.
Mi padre frunció el ceño.
—Adrián —lo llamó con firmeza.
—Hermano —respondió en igual tono. Pero él continuó mirándome como si el resto de la mesa no existiera. —Te fuiste sin terminar el proyecto de Dubái. Dejaste un desastre administrativo durante meses.
Sentí el calor subir violentamente por mi cuerpo.
—Mi madre acababa de cumplir años el día que me fui y tú decidiste recordarme que estaba muerta.
La mandíbula de Adrián se tensó. Camille miró confundida entre ambos.
Y mi padre bajó lentamente la copa de vino.
Porque sí. Ahora todos podían sentirlo, aquello ya no era una discusión laboral, era otra cosa, algo mucho más personal y no lo iba a ocultar.
—No deberíamos hablar de trabajo esta noche —intervino Camille suavemente mientras acariciaba al bebé—. Valentina acaba de regresar y estamos aquí para celebrar.
La miré y solté el aire que estaba conteniendo. Entendí a Adrian, Camille es hermosa, amable, pulida, elegante y… Perfecta.
La odié inmediatamente, porque ella era lo que yo no.
Y lo peor era que una parte de mí quería odiarla más porque sabía que realmente hacía feliz a Adrián.
Entonces él hizo algo que terminó de destruirme.
Se inclinó hacia Camille, acomodó un mechón rubio detrás de su oreja y besó su frente lentamente.
Delante de todos.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
—Adrián… —murmuré sin querer.
Sus ojos se clavaron inmediatamente en los míos. Y ahí estaba otra vez.
Esa oscuridad tan natural de él, esa crueldad tan familiar.
Como si besarla mientras me miraba hubiera sido completamente intencional.
Como si quisiera castigarme.
O recordarme exactamente cuál era mi lugar.
POV. LUCIANOLa herida no era grave. Eso fue lo primero que dijo el médico. Y aun así sentí que podía respirar por primera vez desde que desperté.Leo estaba bien. Eso era lo único que importaba.Lo tenía en mis brazos cuando salimos del hospital.El pequeño dormía. Su rostro descansaba contra mi pecho.Lo miré.Y sentí aquella sensación extraña nuevamente.No sabía ser padre. Pero cada vez me parecía menos aterrador intentarlo.Thiago caminaba a mi lado.—Deberías descansar.—Estoy bien —le dije con un gruñido y la verdad es que no entiendo que sigue haciendo aquí. —Te dispararon, Luciano. No eres una máquina. —Rozó. He tenido heridas peores.—Te desmayaste. Y no lo dudo, pero…—¡No te metas, Thiago! Además, ¿Qué carajos haces aquí todavía? ¿No tienes una vida? No te prohibieron tus papis con apellido de abolengo que no te metas con Valentina y su familia, bueno pues yo hago parte de esa mierda, así que puedes irte antes de que te regañen.Thiago negó con la cabeza.—Sigues siendo
POV. ADRIÁNEl teléfono volvió a vibrar. No necesitaba mirar la pantalla para saber quién era.Alfonsino.Había pasado demasiado tiempo desde que escuché ese nombre pronunciado como una amenaza.Ahora era peor.Era mi padre.Miré hacia Valentina. Estaba de pie frente a la ventana, con los brazos cruzados sobre el pecho. No había llorado. No después de todo lo que había ocurrido.Pero conocía esa expresión. Estaba aterrada.Y aun así intentaba que yo no lo notara.—¿Es él? —preguntó. Asentí.—Quiere verme —Valentina cerró los ojos.—No vayas —la miré.—Tengo que hacerlo.—No —se giró hacia mí.—Adrián, él acaba de aparecer después de veinte años. Tiene hombres. Tiene información. Estoy segura de que atacó a Luciano y a Leo. Y ahora está citándote como si pudiera llamarte y tú simplemente fueras a aparecer.No respondí. Porque tenía razón. Pero había algo más. Algo que no podía ignorar.Leo.Pensé en él.En sus pequeñas manos. En la manera en que se calmaba cuando Valentina lo abrazaba.
**POV. LUCIANO**No podía dejar caer al niño. Ese era el único pensamiento que tenía.Uno. Después otro. Después otro.Pero siempre regresaba al mismo.No lo sueltes. No lo dejes caer.Leo lloraba contra mi pecho.Sus pequeñas manos se aferraban desesperadamente a mi camisa. Yo podía sentir cómo la sangre se extendía bajo la tela.No era grave. Eso era lo que me repetía. No era grave.Solo una herida.Solo dolor.Solo sangre.Habíamos salido para caminar unos minutos. Eso era todo. Adrián había insistido en enviar seguridad. Dos vehículos. Cuatro hombres. Me había parecido exagerado.Hasta que comenzaron los disparos. Todo ocurrió demasiado rápido. Un automóvil bloqueando la calle. Hombres saliendo de los vehículos.Armas.Gritos.Los hombres de Adrián reaccionaron antes de que yo pudiera entender qué estaba ocurriendo.Uno cayó. Otro respondió. Yo corrí con Leo en brazos. Porque de pronto nada más importaba.Ni Vittorio.Ni Alfonsino.Ni la guerra.Ni siquiera yo.Solo ese pequeño cue
POV DE VALENTINA—No voy a… Tengo que ir.Lo miré. Él permaneció completamente quieto.—Todavía no entiendes lo que eso significa —susurré.Sus ojos se oscurecieron.—Lo sé.—No. Y haces lo que quieres.Adrián bajó la mirada. Y entonces lo entendí. No tenía miedo de Alfonsino.Tenía miedo de descubrir que, durante toda su vida, había odiado al hombre equivocado.O peor.Que había heredado demasiadas cosas de él.El teléfono volvió a sonar. Adrián lo miró. Y esta vez los dos guardamos silencio. No era el número de Alfonsino.Era Luciano.Adrián contestó inmediatamente.—¿Qué ocurre? —pero no hubo nada. Solo silencio. El rostro de Adrián cambió—. ¡Luciano! —mi respiración se detuvo—. ¿Dónde estás?Se giró hacia mí.La burbuja de esa mañana definitivamente se había roto… Vi miedo en sus ojos.Miedo de verdad.—No cortes.Entonces salió corriendo de la habitación. Y yo fui detrás de él. Sin saber que, a varios kilómetros de distancia… Luciano estaba intentando mantenerse con vida.Con mi s
**POV. VALENTINA**Nunca imaginé que la paz pudiera dar tanto miedo.Estaba recostada sobre el pecho de Adrián, escuchando los latidos de su corazón, y aun así… no podía dejar de pensar que algo estaba a punto de ocurrir.Quizá era porque nuestra historia jamás había sabido quedarse quieta.Cada vez que creíamos haber encontrado un momento para nosotros, algo aparecía.Una mentira.Un padre.Una boda.Un disparo.Un secuestro.La puerta del mundo abriéndose de golpe para recordarnos que nosotros nunca habíamos tenido permitido ser simples.Pero aquella mañana… Aquella maldita mañana… Por unos minutos lo fuimos.Adrián tenía una mano sobre mi espalda. Sus dedos se movían lentamente, dibujando círculos distraídos sobre mi piel.No hablábamos. Y por primera vez, el silencio entre nosotros no estaba lleno de secretos.—¿Qué estás pensando? —pregunté.Sentí cómo su pecho vibraba bajo mi mejilla.—En nada.Sonreí.—Mentiroso.—No estaba mintiendo —levanté la cabeza para mirarlo.—Adrián, ll
POV. ELENAEstaba sola.Eso fue lo primero que comprendí cuando el sonido llegó desde la cocina.No era fuerte. No era el ruido de alguien entrando por la puerta.Fue algo más pequeño. Un vaso moviéndose. Quizá una taza.Me quedé completamente quieta.—¿Valentina? —pero nadie respondió.Fruncí el ceño. Valentina no podía estar allí.Había salido hacía horas. Isabella tampoco.Adrián estaba con Leo. El silencio regresó.Y durante unos segundos pensé que lo había imaginado.Entonces escuché pasos.Lentos.Firmes.Detrás de mí.Mi cuerpo se congeló.No quise girarme.Porque, de pronto, lo supe.Hay personas que reconoces incluso antes de verlas.Por la forma en que el aire cambia.Por el miedo que dejaron enterrado dentro de ti.—Elena.Mi corazón dejó de latir.No.No.No podía ser.Cerré los ojos. Veinte años. Habían pasado veinte años. Me giré lentamente.Y allí estaba.Alfonsino Rossi.No parecía un fantasma. Eso habría sido mucho más sencillo.Parecía real. Terriblemente real. El ca







