เข้าสู่ระบบ—Kar... ¿Karla? —Su voz sonó dubitativa.
—Sí, Lilianne, soy yo. Y te repito que Douglas no puede responderte.
—Que me lo diga él mismo. Pásame con mi marido. ¿Por qué contestas tú su teléfono?
Lily empezó a entrar en crisis.
Douglas era extremadamente celoso con su móvil.
Y lo peor de todo... ¿su amiga rica de la infancia había regresado de Estados Unidos?
¿Desde cuándo? ¿Por qué Douglas no le había dicho nada el mes anterior, cuando vino a la hacienda?
—Se está dando un baño. Y deja de ser tan intensa. Veo que hay cosas que no han cambiado. Llama mañana a una hora decente.
Y eso fue todo.
Lo último que escuchó Lily fue el pitido de la llamada cortada.
Apartó el móvil de su oreja como en cámara lenta, apretándolo con tanta fuerza que los dedos se le pusieron blancos.
El recuerdo de Karla la golpeó de lleno.
La chica más alta, hermosa y llamativa que ella.
La hija de un socio y amigo del padre de Douglas.
La niña de papá y mamá que siempre estaba viajando por el extranjero, estudiando en escuelas privadas y persiguiendo a Douglas durante las vacaciones.
Había pasado mucho tiempo desde su juventud, pero para Lily su mayor rival siempre había sido Karla.
Cuando aquella mujer se marchó a Estados Unidos para estudiar Administración de Empresas, Lilianne pensó que la pesadilla había terminado.
Y ahora Karla acababa de responder el móvil de su esposo, casi a las diez de la noche, dentro de la habitación de Douglas... ¿mientras él se bañaba?
Definitivamente, al día siguiente tomaría ese maldito avión e iría a salvar su matrimonio.
*****
Douglas Calder observaba, hastiado, a los hombres de negocios que lo rodeaban.
Durante los últimos meses había tenido que fingir que le importaba una mierd4 toda la hipocresía que reinaba en las altas esferas empresariales.
Mantener cenas interminables y estrecharles la mano a tipos que solo provocaba partirles la cara de un puñetazo.
Él estaba hecho para levantarse temprano, ensillar su caballo y salir a reunir el ganado.
Mantener la primera línea del negocio familiar mientras su hermano y su padre se encargaban de dirigir el Grupo Calder desde Sydney.
Pero primero murió su hermano mayor en un accidente de auto.
Después, su padre falleció de un infarto en la oficina.
Y, al contrario de lo que todos creían, Douglas no había tenido una suerte cojonuda.
La realidad era muy distinta.
Su empresa se iba a pique, hundida bajo todos los problemas económicos que su padre y su hermano le habían ocultado y que ahora pesaban sobre sus hombros.
Aquella noche, durante la cena de negocios en la que cerraría varios acuerdos vitales, nada podía salir mal.
—Douglas, ya es hora.
La delicada mano de Karla se cerró alrededor de su brazo.
Su elegante perfume llegó hasta la nariz del magnate de treinta años, y él giró la cabeza para encontrarse con aquellos ojos verdes llenos de apoyo.
—Bien. Vamos, entonces —respondió con el mismo tono seco que utilizaba para todo.
Avanzaron con paso firme por el salón de la mansión Calder y se detuvieron en lo alto de las escaleras.
—Queridos invitados, les agradecemos que nos acompañen esta noche...
A su lado, Karla comenzó a desplegar aquella magia que tenía con la gente.
Su brazo siempre aferrado al de Douglas.
Su sonrisa perfecta.
Su cabello rubio sin una hebra fuera de lugar.
Su vestido impecable.
Los ojos grises del magnate ganadero recorrieron la estancia con aire distraído mientras contaba los segundos que faltaban para terminar con todo aquel protocolo y pasar a la firma de los contratos.
—¿Y cuándo será la boda? El Grupo Calder ya necesita un heredero, y ustedes forman una pareja estupenda...
Aquellas palabras lo hicieron mirar hacia la mujer mayor que ocupaba la primera fila.
El ceño de Douglas se endureció.
Quería decirle que se metiera en sus propios asuntos, pero era la esposa de su nuevo inversionista mayoritario y tuvo que morderse la lengua.
—Bueno, creo que pronto habrá buenas noticias sobre nuestra... relación. La Corporación Sirgus apoya de manera incondicional al grupo Calden…
Karla soltó a su lado una risita nerviosa y coqueta mientras se pegaba aún más a él.
Douglas rechinó los dientes, pero no la corrigió.
En aquel momento le convenía proyectar esa imagen.
La imagen sólida del magnate que estaba a punto de casarse con la hija de otro poderoso hombre de negocios, como lo era el padre de Karla.
Por eso tampoco la detuvo cuando ella le acarició la mano y apretó uno de sus pechos contra su brazo.
Douglas tenía sus motivos muy ocultos y sus razones para llevar a cabo esta farsa.
Las sonrisas y felicitaciones llegaron desde todas partes.
Y, de repente... El flash de una cámara los capturó pegados el uno al otro.
Douglas se tensó y clavó los ojos en el escurridizo periodista que se había colado entre los invitados.
No quería prensa en su fiesta privada.
No quería que la noticia apareciera en los medios y terminara llegando hasta...ella.
Su verdadera esposa.
La misma mujer a la que Douglas vio de repente como un espejismo mientras buscaba quien sacara al periodista.
Los ojos grises de Douglas se quedaron fijos en la pelinegra que permanecía en la entrada del salón, con un bolso pesado en una mano y el bastón en la otra.
Estaba paralizada. Como si la hubiera alcanzado un rayo.
Toda la sangre de Douglas se volvió hielo al verla.
Lily.
¿Qué hacía Lily allí?
¿Y cuánto había escuchado de la declaración de Karla?
—¡Cállate, Sienna! —se oyó otro grito desde el baño.—Bueno… Lilianne aún no se ha levantado —respondió Douglas con cara de circunstancias.A pesar de sus reservas, Atenea casi se rió de la situación; conocía de sobra a aquellas dos.—No se preocupe, yo me hago cargo. Puede tomar café a la cocina, ya puse la máquina. ¿Esos guardaespaldas son suyos?Dio unos pasos hacia Douglas y le quitó a Sienna de los brazos.Douglas asintió.—No entrarán en la casa.—Está bien, es solo para sacar luego una bandeja con el desayuno. Yo me hago cargo.—Gracias. —A Douglas le gustó su competencia.—Viste, nana, papá se va a quedar a vivir con nosotras para siempre y ayer acabó con unos hombres malos…Sienna empezó a parlotear mientras Atenea se la llevaba de regreso al baño para arreglarle aquellas greñas despeinadas.Atenea no preguntó qué locuras eran esas delante del magnate, pero, cuando este se marchó, interrogó a las niñas y más o menos se hizo una idea.Después hablaría con su jefa, pero era obv
Ambos se precipitaron por el pasillo y Douglas empujó a Lilianne detrás de él para entrar primero por si había algún peligro.Pero, gracias a Dios, solo encontraron a Sophie llorando mientras Sienna la abrazaba en su cama.—Sophie soñó con hombres malos…Sienna levantó los ojos, también enrojecidos, y Lilianne corrió hacia la cama para consolarlas a las dos.Se habían comportado demasiado bien después de los sucesos del día.El rato con Douglas las mantuvo entretenidas, pero ahora aparecían los problemas.—Vamos a mi cuarto. Duerman con mamá. No hay ningún hombre malo aquí, miren…Lilianne les señaló el cuarto y ellas miraron a todos lados para asegurarse.La presencia de Douglas en cuclillas junto a la cama fue lo que terminó por darles su ancla.—Papá es muy fuerte. ¿De verdad creen que voy a dejar que alguien les haga algo?Douglas les enseñó los bíceps y eso fue todo. Era obvio que nadie podría superar a su padre.Sophie fue la primera en echarle los brazos al cuello, aún sollozan
—Lo que sea que hayas escuchado o malinterpretado fue una mentira para envolver a Karla. Cada vez que te hice el amor sentí un placer que jamás he sentido con ninguna otra mujer.Lilianne se estremeció por completo.—Estos años sin ti fueron mi peor castigo, Lily, mi calvario en esa jodida casa solitaria…—Douglas…—Quiero que lo sepas, Lilianne, tanto si decides volver a quererme como si no. —Tomó su barbilla y la hizo girar la cabeza para que mirara hacia arriba.—Nunca te tuve lástima, jamás. Esa bala era para mí, yo debí recibirla y, si algo sentía, era culpa, pero eso no me impedía amarte. Te amé desde siempre, solo fui un idiota que te daba por segura…Douglas de nuevo desnudó su alma y sus sentimientos ante ella.Esta vez la falta de comunicación no lo alejaría de su mujer.Lilianne no le respondió, pero clavó la mirada en aquellos ojos gris acero, buscando mentiras.Douglas le sostuvo la mirada sin siquiera parpadear y escuchó los latidos apresurados del corazón de su esposa.
—Ahora que ya acostamos a las niñas, puedes irte a dormir al cuarto de huéspedes— Lilianne le dijo en el pasillo del segundo piso.—Fue ahí mismo donde te bañaste y te apropiaste de mi albornoz…Douglas aún andaba con aquel ridículo animal print.—Pensé que podría…—Douglas, no te pases de listo. —Le puso una mano en el pecho cuando él intentó dar un paso adelante y acorralarla en el rellano.—Te agradezco todo lo que hiciste por nosotras hoy y que seas un amor con las niñas, de verdad… Admito que Sophie y Sienna te necesitaban, pero te repito: no existe un nosotros como pareja… ¿Entiendes?Lilianne odió cómo se apagó el gris en la mirada de Douglas.Suspiró al verlo quedarse en silencio, con el ceño fruncido, sin saber en qué pensaba.—Mañana…—¿Puedes darme un momento de tu tiempo para tomar unas copas como adultos? Te prometo que no haré nada que no quieras, pero necesito hablarte de Australia…Lilianne pensó en decir que no.La verdad, estaba un poco agotada, pero también quería c
«Wazowski, no ordenaste tu papeleo anoche…»Las risotadas infantiles resonaban en el enorme salón frente al televisor gigantesco.Douglas se sentía como si fuera él quien estuviera metido dentro de un sueño o un cuento de hadas.Creyó que tendría que esforzarse mucho para ganarse un lugar en la vida de sus hijas, pero Lilianne siempre lo mantuvo como un recuerdo increíble para ellas.Lo convirtió en un héroe frente a sus ojos, no en un padre que las abandonó o las dejó de lado.Ella jamás envenenó a sus hijas contra él y, aunque se las ocultó desde el inicio, Douglas al menos le agradecía eso.—¡Mira, mira, papito! Ahora le van a estirar así la boca, oooo, a esa lagartija…Sienna estaba sentada en su muslo derecho y Sophie en el izquierdo, los tres embutidos en un enorme puf sobre el suelo, casi acostados.Así los observaba Lilianne sin hacer ruido desde la entrada hacia la cocina.Se llevó los platos de la pasta con pollo que había preparado Douglas.Sus hijas, que eran tan tiquismiq
Lily se quedó muda de tanto descaro mientras Douglas se subía el pantalón muy tranquilo.El cerebro de ella aún no había procesado la locura de ese hombre.—Mi polla está disponible para ti las veinticuatro horas del día. Estemos enojados, felices, tengas la regla o las hormonas revueltas… Cuenta con mi soldado…—¡Márchate! ¡Márchate de una puta vez, Douglas Calder!Al fin reaccionó, señalando la puerta del baño y mirando enojada a esa sonrisa ladeada, como si estuviese golpeando algodón.Douglas se cerró la portañuela y le dio una última mirada que se tornó seria.—No estoy jugando, Lilianne… Esta vez no podrás sacarme tan fácilmente de tu vida. Este “error”… estoy dispuesto a repetirlo todas las veces que quieras, toda la vida si así lo deseas. Solo tú y yo…Douglas se marchó finalmente del baño, donde había entrado por una herida y del que salió con la herida todavía sangrando, pero con una sonrisa como si se hubiese ganado la lotería.Y no se trataba únicamente del sexo.Aunque el







