LOGINRay subió a Ivy al fragmento destrozado del muelle con la fuerza de un hombre que ha decidido que no permitirá que algo suceda. La tendió sobre las tablas ennegrecidas, le inclinó la cabeza hacia atrás y apretó su boca contra la de ella.Soren se arrodilló a su lado, con las manos enredadas en su propio cabello empapado, mientras un gemido bajo e inarticulado brotaba de su garganta. Observó al detective respirar por su esposa, presionarle el pecho y volver a darle aire, contando en voz baja con un tono constante y entrecortado que no flaqueó ni una sola vez.—Vamos —susurró Ray entre compresiones—. Vamos, Ivy. Tu hija te está esperando. Vamos.Pareció durar horas.Soren sabría después que habían transcurrido menos de tres minutos, que las patrulleras del puerto ya cruzaban la bahía a toda velocidad y que los paramédicos se apresuraban sobre los restos con sus equipos y botellas de oxígeno.Pero en su memoria, el mundo se había reducido a un pequeño cuadrado de madera ennegrecida, la b
Ray subió a Ivy al fragmento destrozado del muelle con la fuerza de un hombre que ha decidido que no permitirá que algo suceda. La tendió sobre las tablas ennegrecidas, le inclinó la cabeza hacia atrás y apretó su boca contra la de ella.Soren se arrodilló a su lado, con las manos enredadas en su propio cabello empapado, mientras un gemido bajo e inarticulado brotaba de su garganta. Observó al detective respirar por su esposa, presionarle el pecho y volver a darle aire, contando en voz baja con un tono constante y entrecortado que no flaqueó ni una sola vez.—Vamos —susurró Ray entre compresiones—. Vamos, Ivy. Tu hija te está esperando. Vamos.Pareció durar horas.Soren sabría después que habían transcurrido menos de tres minutos, que las patrulleras del puerto ya cruzaban la bahía a toda velocidad y que los paramédicos se apresuraban sobre los restos con sus equipos y botellas de oxígeno.Pero en su memoria, el mundo se había reducido a un pequeño cuadrado de madera ennegrecida, la b
Cuando llegó el disparo, no sonó como Soren siempre había imaginado que sonaría un disparo. No fue un estallido ni una detonación atronadora, sino un chasquido seco y breve, como un libro pesado que cae sobre un suelo de madera.Soren se estremeció y retrocedió un paso, con todos los músculos tensos, esperando sentir el ardor de la bala y después la oscuridad. Pero no sintió absolutamente nada.Abrió los ojos y encontró a Jonah Hale de pie, con la pistola humeante todavía extendida entre sus manos temblorosas. Su mirada no estaba fija en Soren, sino ligeramente a su derecha, en un punto por encima de su hombro donde no había absolutamente nadie.Detrás de Cray, en una esquina del muelle, la bala había hecho añicos la caja de madera que contenía el enredo de cables del transmisor. Una lluvia de chispas y astillas caía sobre las tablas. El pequeño panel de cristal situado a un lado del dispositivo, que Soren había confundido con un panel de interruptores, yacía destrozado en el suelo. S
Soren observó el movimiento de la mano de Ivy, los pequeños y elegantes trazos de las letras, y tuvo la impresión de que había algo deliberado en aquella lentitud. Ivy estaba estirando cada segundo como si fuera un hilo: dándole tiempo al pequeño helicóptero negro para completar otra vuelta, a los espectadores invisibles para inclinarse hacia sus pantallas y a Diane para encontrar la palanca legal que se había prometido accionar.La pluma arañó el papel con un sonido seco y preciso que resonó sobre el agua gris y quieta como una campana. Todas las personas en el muelle contuvieron la respiración mientras Ivy firmaba una vez, lentamente, con una letra clara y firme. Después volvió a firmar junto a la primera firma, y luego una tercera vez.Finalmente, dejó la pluma sobre la mesa y retrocedió, con las palmas abiertas frente a ella y el rostro completamente sereno.Emmett Cray avanzó y levantó la carpeta de la mesa con una expresión de satisfacción profunda, casi infantil.La sostuvo a c
Llegaron al puerto en dieciocho minutos. Ray conducía con una mano en el volante y la otra aferrada a la radio, zigzagueando entre automóviles inmovilizados y autobuses abandonados. A sus espaldas, la torre en llamas se alzaba como una señal de fuego, mientras las sirenas de todos los vehículos de emergencia del condado aullaban sobre el agua.Soren permanecía rígido en el asiento del copiloto, con los ojos clavados en el largo dedo gris del viejo muelle de pesca que se adentraba en la bahía. Buscaba cualquier señal de un pequeño automóvil oscuro. Cuando derraparon al entrar en el aparcamiento de grava vacío, al pie del muelle, encontró exactamente lo que había temido.El pequeño hatchback prestado que Ivy había utilizado estaba abandonado junto al borde del aparcamiento. La puerta del conductor colgaba abierta y el motor aún emitía pequeños chasquidos mientras se enfriaba.Al otro extremo del muelle, a casi cuatrocientos metros sobre las turbulentas aguas verdes, una figura esbelta v
Toda la sala del tribunal se volvió hacia las altas ventanas del extremo norte, como si un mismo hilo invisible hubiera tirado de todos a la vez. A través del cristal, por encima de los tejados abarrotados, Soren lo vio: una delgada columna de humo negro que se elevaba desde la cima de la torre de cristal donde había construido su vida. La elegante aguja de acero de Nightfall Holdings ardía como una vela contra el pálido cielo del mediodía.Detrás de él, alguien empezó a sollozar y otra persona comenzó a rezar. El sonido de cuarenta teléfonos sonando al mismo tiempo llenó la sala.Soren ya estaba en movimiento antes de que Diane pudiera detenerlo. Se abrió paso entre la multitud hacia las puertas, con Ray a su lado y Harmon gritando instrucciones por la radio detrás de ellos. Bajaron las escaleras de mármol y salieron al resplandor blanco de la plaza, donde cientos de personas ya se habían congregado en la calle, mirando hacia lo alto.Fue allí, en las escalinatas del Palacio de Justi







