LOGIN—¡Ciao!
Ese hombre tenía el pelo negro azabache y de punta, con un estilo desordenado que enmarcaba su rostro. Tenía cejas gruesas y una mandíbula afilada. Su mirada era intensa y su expresión era más bien sombría. Paula supo de inmediato que se trataba de Riccardo Moretti. La expresión animada que había hecho al verlas se trataba de un simple saludo en su idioma de origen Italia. —Hemos venido a la fiesta, Riccardo. —Dijo la agente al volante. Riccardo hizo un gesto de confusión, probando directamente de una botella de tequila que tenía en su mano. —¿Fiesta? —Riccardo preguntó, mostrando algo de confusión en su cara. Pero después sonrió y señaló una enorme entrada dividida en dos puertas de hierro, pintadas en color negro.— ¡Claro que sí! Entren y disfruten del tequila y la gastronomía de acá, hecha a base de manzana. También pueden usar la piscina si así lo desean. Paula había grabado en su mente la obsesión de Riccardo Moretti por el tequila y las manzanas. Se sentía aliviada de que las tres habían logrado atravesar la seguridad sin que esos mafiosos se enterarán que estaban en una operación como infiltradas para salvar a Gemma Bradley Calderón. —Recuerden que debemos estar atentas. Debemos seguirle el juego a esos mafiosos, ¿De acuerdo? —La agente al volante detuvo el vehículo en un área de estacionamiento inmenso. Después las tres bajaron.— En comunicación en todo momento.— Finalizó en voz baja. Paula miraba a su alrededor. Muchísimos hombres de seguridad con fusiles y escopetas se paseaban de un lado a otro, custodiando la seguridad de la zona. Habían múltiples mesas de madera con una variedad de postres a base de manzana y decenas de botellas de tequila usadas y sin usar. La música y las luces leds en rojo y azul eran un patrón algo relajante. Pero no había señales de Gemma Bradley. Claramente tenía que estar en un área fuera de la vista de las personas... O en el peor de los casos enterrada con un balazo en su cuerpo. Sabia que no podía ser negativa y sacudió su cabeza. Ahora tenía que enfocarse en la operación. —¿Son nuevas por acá? —Riccardo Moretti se presentó ante ellas con una cálida sonrisa y extendiendo su brazo izquierdo para saludar.— Espero puedan disfrutar de esta humilde fiesta. Paula noto que tenía tatuajes en sus brazos. No sabia con exactitud si también tenía en otras zonas del cuerpo. Por la vestimenta que tenía era difícil saberlo con precisión. —Sí. Nos enteramos por uno de sus hombres de seguridad de la realización de esta fiesta. —Contestó una de las agentes. Riccardo se le quedó mirando algo pensativo. Pero después volvió a sonreír y se llevó otro gran trago de tequila sin dudarlo. —Ya les he mencionado que pueden hacer lo que quieran, hermosas damas. — Dijo él en un tono seductor. Pero después señaló una enorme casa que se veía abandonada o descuidada.— Menos allá. Aquello que ven allá es propiedad privada. Es decir que está prohibido el acceso, ¿Quedó claro? —Perfectamente claro.— Dijo Paula con normalidad.— Además desde niños nos enseñan a no meter las narices donde no se debe para evitar las consecuencias. —Me agradas, me agradas mucho. —Dijo él, sirviendo un trago de tequila.— ¿Cómo es que te llamas, hermosa? —Paula... Paula Clark. —Contestó ella, recibiendo el trago y tomándolo sin dudar ni un segundo.— Es un honor estar acá en una propiedad de alguien tan importante como tú, Riccardo Moretti. —Ya sabes se pueden sentir como en casa. También usar la piscina. —Riccardo hizo un gesto como si tuviera mucho frío.— Pero es de valientes los capaces de meterse en esa agua con este clima frío. Después de dar ese breve discurso. Les guiñó el ojo a cada una y se fue caminando, saludando a cada uno de los invitados, como si fuera alguien reconocido, como un artista o un cantante con alta trayectoria. Pero las tres se miraban entre sí. Estaban pensando la misma cosa y era con respecto al área prohibida que Riccardo les advirtió no ir. Era posible que Gemma estuviera allí: atada o encadenada. No importaba su vida estaba en peligro. Pero, ¿Cómo harían para ir hasta allí sin ser vistas? (・∀・) —Tenemos que hablar. Fueron las primeras palabras que escucho Ethan Bradley esa noche después de poner un pie en la mansión. Natasha lo estaba esperando en la sala con una mirada directa hacia él y con los brazos cruzados por encima de su pecho. —¿Sobre qué quieres hablar? —Preguntó él, mostrando un equipo de trabajo.— Tengo que irme a mi oficina porque la operación de rescate a Gemma acaba de empezar. —April no está bien. Tienes que hablar con ella. —Natasha se notaba preocupada.— Está triste porque extraña a Gemma. Pero también está enojada porque cree que nosotros la quisimos alejar de Paula Clark. —¿Cuándo va a llegar Angélica de sus días libres? —Posiblemente llegue mañana a primera hora. Pero es necesario que subas y hables con April. Ella de verdad que no está bien. —Natasha hablaba casi suplicando.— Y yo ya no sé qué hacer. —En lo que me termine de asegurar que las cosas están bien, subo a su habitación. —Ethan hizo esa promesa.— También vamos a pedirle a Angélica la tarea que se lleva a April a dar un paseo o algo así. —¿Cuándo tendremos a Gemma de regreso a la mansión? —Créeme que también guardo las esperanzas de verla pronto acá. —Dijo él, mostrando una sonrisa optimista.— Acabo acá y subo para hablar con April. Después de finalizar la conservación Ethan se fue a su oficina, colocando los equipos de trabajo sobre el escritorio circular. Se sentó en su cómoda silla y conecto los aparatos electrónicos y se mantuvo atento en caso de una señal de alarma o de comunicación. No podía hablar. Tenía que esperar que alguna de ellas tres diera voces de socorro o de éxito. Pero guardaba esperanza de que todo fuera un total exito. —Todo parece estar normal hasta ahora. Cambio. —¿Nada sospechoso? —Preguntó él, acercando sus labios al equipo de comunicación.— Deben mantener los ojos abiertos y dar con puntos donde pueda estar Gemma, ¿De acuerdo? —De hecho el mismo Riccardo Moretti nos ha dejado prohibido ir a una casa que tiene en su finca. —Dijo Paula. La música ranchera se escuchaba al fondo.— Tenemos la teoría de que Gemma está allí. Pero no sabemos cómo averiguarlo. —Por ahora no quiero que hagan nada arriesgado hasta estar seguros de todo. El primer paso es ganarse la confianza de Riccardo Moretti, ¿Entendido? —De acuerdo. Tenemos que cortar la comunicación para no levantar sospechas. —Dijo una de las agentes.— Pero vamos a tener activados los dispositivos para que puedas escuchar todo lo que está pasando. —De acuerdo.— Ethan asintió con la cabeza y se llevó un par de gomas de chicle a la boca.— Cambio y fuera. (・∀・) —De alguna u otra forma debemos indagar en ese lugar. —Dijo una de las agentes.— Pero ahora debemos actuar como unas simples invitadas. —Es extraño que al entrar los hombres de seguridad no nos hayan hecho una revisión de rutina. —Dijo Paula algo extrañada de la confianza de Riccardo Moretti.— Ya sabes hacer una pequeña revisión para asegurarse que no llevemos armas o dispositivos de comunicación. —Riccardo Moretti es alguien seguro de sí mismo. También debo reconocer que es alguien influyente. Sabe perfectamente que cuenta con la protección en donde sea que este. —Debemos llevar a cabo el plan de la piscina. —Paula señaló la piscina de aguas claras que estaba en el centro del lugar.— Cuando quieran. Una de las agentes se quitó la ropa, quedando únicamente en traje de baño. Un simple bikini de color rosa y el cabello suelto habían despertado en ella una sensualidad tan cautivadora que habían llamado la atención del mismísimo Riccardo Moretti. —Es la primera valiente que se atreve a nadar en la piscina. —Riccardo sonaba lleno de jubiló y se acercó a la agente para darle un trago de tequila.— Te has ganado mis respetos, hermosa. —Tiene el acento italiano perfectamente claro. —Dijo la agente después de darse un gran trago de tequila.— ¿No quieres venir a darte un baño? —No. —Riccardo mostró una sonrisa seductora.— Pueda mirarte, admirarte y desearte desde fuera del agua.— Finalizó, acariciando la mejilla derecha de ella con suavidad. —Amiga, vamos al agua. —Paula comenzó a aplaudir para darle ánimos al ambiente. Todos estaban aplaudiendo. La agente saltó a la piscina. Nadaba de un lado a otro, boca arriba y boca abajo. Fueron unos cortos minutos, hasta que empezó a moverse de manera brusca y llena de desesperación. Paula sabía que era su momento. Salto al agua y nado hasta ella de manera profesional y después la llevo hasta la orilla. —¿Te encuentras bien? —Riccardo se les acercó.— Yo pensaba que sí sabías nadar. —Es que me dió un calambre en la pierna. — Mintió la agente que lógicamente no se estaba ahogando. —Por suerte yo sí se nadar. Y estaba aquí para ayudarte. —Agregó Paula. —¿Sabes nadar? Me fueras dicho y te mando a traer un bikini. —Riccardo paseaba su mirada sobre ella.— Me da curiosidad verte en bikini. Paula sonrió, fingiendo sentirse halagada ante él. Pero era parte del juego. La tercera agente había aprovechado el descuido y estaba indagando en la casa prohibida.—Las cosas han estado difíciles en la familia. —April hablaba con una gran madurez. Estaba acostada boca arriba sobre su cama, mirando al techo de su habitación.— Creo que estamos en un escenario difícil. Nuestra familia se está comenzando a dañar.—No. Nuestra familia no se está dañando. Solamente estamos atravesando una situación difícil producto del tema de Gemma. — Ethan estaba masticando de su goma de chicle.—Pero puedes notar que nuestra familia no parece que está feliz. Antes al menos nos reuníamos cada noche para ver películas o tardes de postres. —April suspiro, colocándose de pie.— Eso es lo que extraño de esta familia.—¿Crees tener ánimos para hacer esas actividades?—Con Gemma secuestrada y mi mamá en el hospital producto de un accidente no creo que sea el escenario correcto.Ethan parpadeó dos veces. Admiraba la capacidad de April de aceptar con madurez las situaciones. Se puso de pie, mirando a un grupo de personas con una grúa, sacando el auto estrellado contra la par
—Yo necesito tiempo, Gastón. Al menos un par de días hasta que tengamos en mente que hacer cuando la liberemos. —Natasha sé que quizás me estoy conviertiendo en alguien insoportable por mi insistencia. Pero es ahora o nunca. Si la mantenemos encerrada por más tiempo las cosas se van a poner cada vez más difíciles. La situación había llegado a un punto extremo. Lo que había iniciado como un simple plan para garantizar el secreto de las cosas. Ahora parecía una bomba de tiempo. Natasha comprendía que sus acciones no habían sido las mejores y que tendría que afrontar las consecuencias. —¿Estás seguro que no podemos esperar algunos días? —Natasha libero un suspiro pesado y se le quedó mirando.— Al menos tres días. —El panorama no es el mismo que en un principio. Si no la liberamos lo más pronto posible...—Lo sé. Lo sé... —Ella se quedó pensativa.— ¿Hiciste lo que te pedí? —Sí. Aunque sigo sin entender ahora que estás tratando de hacer con eso.—Solamente nos queda tener paciencia y
—Ethan... —La voz de Paula en plena llamada sonaba llena de atemorizaba.— ¿Dónde estás? —Paula, ¿Qué sucede? ¿Por qué estás hablando así? —Ethan al otro lado de la línea se mostraba interesado en el tema. —Alguien arrojo una piedra por la ventana con una amenaza en contra de April. —Ella exhaló de forma pesada.— Estábamos Angélica y yo en la cocina cuando de repente lanzaron esa piedra. —¿Lograron ver quién fue esa persona? —No. Apenas leímos la nota subimos rápidamente para ver cómo estaba April. —¿Está bien, April? —Esta dormida. Yo estoy acá en la habitación. Angélica está terminando de cocinar. —Contestó ella ahora sonando algo más calmada. —De acuerdo. De inmediato estoy saliendo para la mansión. Necesito que tengan a mano cualquier herramienta de defensa en caso de que alguien quiera entrar en la mansión. —Yo no creo que alguien sea capaz de entrar a la mansión y mucho menos en la que vive un detective de la policía. —No podemos descartar nada hasta ahora. Estamos en un
Natasha abrió los ojos lentamente con un poco de dificultades y mostrando expresión de dolor. Miro su entorno por unos segundos y parpadeo dos veces y empezó a mover los labios.—¿Qué... Qué pasó? —Murmuró en voz baja.Ethan que estaba sentado en una silla a una distancia se puso de pie y fue hasta ella. Le dió un beso en la frente y suspiro con mucho alivio.—Natasha me alegra que hayas despertado y que las cosas no pasaron a mayores.—Me duele el cuerpo. —Dijo Natasha, parpadeando un poco.— Me duele la cabeza.—Es que el accidente fue fuerte. Es un milagro que hasta ahora estes fuera de peligro. —Ethan le estaba acariciando el cabello y miraba las heridas. El rostro de ella tenía algunos moretones producto del accidente.—¿Cómo fue ese accidente? ¿Cómo te estrellaste?—Es que todo paso demasiado rápido. Los frenos del auto fallaron y perdí el control. Además me estaba sintiendo mal. Solamente quería regresar a la mansión e irme a dormir.—Todos estábamos preocupados por tu ausencia.
—¿Qué fue eso? —April se levantó. —Al parecer fue un choque cerca de la mansión. —Contestó Paula que se había levantado antes. —Quédate aquí mientras verifico que no sea nada peligroso. —No para nada. Yo tengo que ir a ver qué fue lo que pasó. —April fue la primera en ir a revisar que era lo que había pasado. Ethan salió prácticamente corriendo de la mansión. Su expresión era por primera nerviosa y miraba a su alrededor, en la búsqueda de la procedencia de aquel impacto fuerte. —¿Qué fue eso? —Al parecer un choque. —Contestó Paula, mirando en dirección adónde se había marchado April.— Vamos tenemos que ir a ver qué pasó. Llegaron hasta la parte lateral izquierda de la mansión. Un trozo de la cerca que rodeaba la misma, estaba rota y tirada sobre el sendero de grava. Justo en la pared de ese mismo lado, estaba el auto de Natasha impactado contra la misma y la parte delantera destruida.—¡Mamá! —April que recién acababa de llegar fue corriendo para ver el vehículo.—¡April, no! —E
Gemma estaba tirada sobre el suelo. Las cadenas que la mantenían atada en esa habitación, hacían sonidos que se mezclaban con su llanto. Riccardo Moretti entro a la habitación con una bandeja de comida entre sus manos. Gemma lo miraba con un profundo resentimiento. —¡Eres un miserable! ¿Lo sabes verdad? —No me digas eso, Gemma. Sabes que en el fondo me da tristeza. —No puedo creer que estes haciendo esto. Miserable, poco hombre. —Gemma le hablaba entre dientes. Su rostro que en algún momento estuvo lleno de felicidad. Justo en ese momento estaba marcado por la tristeza. —Lo sé. Entiendo que estás molesta conmigo. Pero mira te he traído la comida. —Riccardo le mostró la bandeja que contenía comida y una rebanada de tarta de manzana.— ¿No tienes ganas de comer algo? —Yo no tengo hambre. Llévate tu comida de aquí. Solamente me quiero ir de esta cosa... Sácame de aquí.—Me temo que eso es imposible, Gemma. Tengo claras instrucciones de dejarte acá hasta que se decida todo.—¿Decidir







