LOGINPunto de vista de Lila Me senté en silencio en el despacho del director, con la cabeza gacha. Esta vez sabía que estaba sola y que no habría ningún mesías que viniera a salvarme. La única persona que podría haberlo hecho no vendría ahora a rescatarme. No después de lo que había hecho. —Lila Black… —me llamó Luna Eden. Estaba de pie junto a su escritorio, con esos tacones altos y vestida con un traje negro que le quedaba a la perfección—. Siempre he sabido que no tardarías en volver a mi despacho… De verdad que eres una chica problemática. Sabía que estaba disfrutando del hecho de que volviera a estar en problemas. Suspiró profundamente mientras volvía a su asiento. «¿Qué fue lo último?», preguntó, pero no me di cuenta de que se dirigía a mí hasta que me miró levantando una ceja. «Eh… Salir del colegio en horario lectivo…», le dije con voz temblorosa. «¿Y antes de eso…?», me preguntó. «Una pelea…», respondí. Asintió con la cabeza: «¿Y cuál es tu falta esta vez, Lila
Punto de vista de Aiden Siempre pensé que nunca se resolvería de forma sencilla, pero no me esperaba esa reacción cuando le conté la verdad. Sin embargo, llegó con toda su fuerza. Su mano me golpeó la cara tan rápido que pude sentir el impacto. Pareció un golpe leve, pero me destrozó por dentro. No en la superficie, sino por dentro. Parecía un lobo herido que intentaba ocultar el dolor mientras yo me limitaba a mirarla. Todo el mundo se giró para mirarnos; podría haberle devuelto el golpe o haber hecho algo para vengarme del dolor, pero me quedé callado mientras ella pasaba a mi lado. «Me estás tapando el paso…», me dijo mientras se dirigía a su taquilla y cogía su mochila. Todo el mundo miraba; los suspiros y los susurros llenaban el aire, pero no me importaban las mil miradas ni lo que pensaran; solo me importaba una persona y lo que ella estuviera pensando. Oí un fuerte portazo de su taquilla cuando me giré para mirarla; se estaba alejando. Sentí la necesidad de seguirla,
Punto de vista de Lila No tenía ni idea de por qué Aiden se comportaba de forma tan extraña, pero ya había pasado una mañana agotadora gracias a su padre y a la promesa que me habían obligado a hacer. Y ahora ahí estaba Aiden, la razón misma de esa promesa, dándome la lata en el patio. «Te escucho...», dije, cruzándome de brazos. Pareció sorprendido por un momento antes de intentar finalmente hablar. «Anoche...», comenzó, con una expresión profundamente preocupada. «Recibí mis regalos...» Hizo una pausa, mirándome con una expresión grave e indescifrable. No entendía por qué se ponía tan tenso. «Aiden, sigue...», le animé, instándole a ir al grano. «Recibí un montón de cosas. La mayoría eran lo de siempre, pero… hubo un regalo en concreto que no pude ignorar», explicó, alargando las palabras sin decirme nada en realidad. «¿Y cuál fue…?», pregunté, perdiendo la paciencia. «Yo…» Antes de que pudiera terminar, la puerta del patio se abrió de golpe. Rayna vino corriendo
Punto de vista de Aiden Me desperté sintiéndome agobiado y agotado, abrumado por el estrés que aún me quedaba del drama de la noche anterior. El día de ayer había sido agobiante; me había visto obligado a seguirles el juego en tantas cosas que detestaba y tenía la inquietante sensación de que hoy solo iba a ser peor. Me quedé de pie junto a la ventana durante un buen rato, intentando esbozar un discurso perfecto para hoy. Mientras realizaba los gestos mecánicos de prepararme para ir al colegio, mi mente daba vueltas sin parar, esforzándose por averiguar cómo iba a darle la aterradora noticia a Lila. Tardé más de lo habitual en vestirme. «Señor Aiden...», me llamó una voz suave desde fuera de mi habitación. Era una de las criadas de la cocina. «Su desayuno está listo». Sin responder, abrí la puerta y bajé las escaleras mientras ella me seguía. No había comido nada desde anoche; los caóticos acontecimientos de la noche anterior me habían quitado por completo el apetito. Aun as
Punto de vista de Lila Me quedé mirándole la cara, intentando entender qué quería decir cuando pasó junto a mí para dirigirse a las otras chicas. —Chicas... —comenzó Rayna, con la voz rebosante de dulzura fingida—. Tengo una idea. Lila no tiene ningún regalo para mí esta noche, lo cual es una pena, pero no se lo tengo en cuenta. Sigue siendo mi invitada. Quiero decir, en realidad no estoy enfadada: no tiene dones, ni fuerza, ni poder. ¿Qué podría ofrecer alguien como ella que tuviera algún significado?». Soltó un suspiro largo y dramático. La frase «sin dones» resonó en mi mente, hiriéndome profundamente. «Aun así, es tremendamente descortés acudir a una ceremonia de entrega de regalos con las manos vacías», continuó Rayna, con un tono que se volvió frío y serio. «Nunca se ha hecho antes y mi fiesta no va a sentar ese precedente». Dirigió su mirada directamente hacia mí. «Lila Black». Me estremecí, mirándola con el corazón encogido. «Esta noche vas a hacer un juramento
Punto de vista de Lila Sentada en el asiento trasero del taxi de camino a casa, cada detalle de lo que acababa de ocurrir en la mansión durante la ceremonia de entrega de regalos se reproducía en mi mente. En el momento en que Rayna dejó caer la linterna y la oscuridad se apoderó de la habitación, mi instinto fue salir corriendo hacia la puerta, al ver que estaba sola en esto, pero me mantuve firme; tenía que ser valiente y fuerte. De repente, dio dos palmadas y un fuego nos rodeó a todos, creando un círculo de llamas. Miré a mi alrededor, al fuego que ardía, y luego volví la vista hacia Rayna; ella no había sido quien había hecho aquello, sino una de sus secuaces. Podía ver cómo a la chica le salía calor por la nariz. —Esa es Julie —dijo Rayna, con una sonrisa de satisfacción en la comisura de los labios—. Tiene un corazón de fuego; puede generar llamas a voluntad. No te asustes, Lila… Ya no estás en mi lista negra. Solo quería que esta noche fuera especial. Habían dispue







