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Capítulo 4

Author: Sea One
La noche anterior a la boda, el viejo Don me llamó a su estudio por última vez.

—Nerina, Sicilia no es New Estate. Yo no estaré allí. Marcus tampoco estará allí. Me temo que nadie podrá protegerte. ¿De verdad ya tomaste una decisión?

Me levanté de la silla y me incliné para besar el dorso de la mano del anciano.

—Precisamente porque Marcus no estará allí es que debo irme. Gracias y… adiós.

La recepción en el salón principal seguía en curso.

Vivian estaba sumergida en la felicidad, con su falda balanceándose mientras se movía por el lugar. Marcus permanecía no muy lejos, observándola en silencio.

Atravesé el salón por uno de los laterales, lista para regresar a mi habitación, pero él se interpuso de repente y me bloqueó el paso.

—¿Por qué sigo escuchando lo mismo? Dicen que quien se irá a Sicilia mañana… eres tú.

Como todo ya estaba dicho, levanté la mirada hacia él y respondí con calma:

—Sí.

Su mirada cayó sobre mi mano derecha, aún envuelta en férulas.

—¿Todavía te duele?

Por reflejo, escondí la mano detrás de mi espalda.

—No.

Como si supiera perfectamente que estaba mintiendo, soltó una risa baja.

—Eres experta en hacer que la mentira suene a verdad. Obviamente te duele, y aun así dices que no. Obviamente eres tú quien se casará conmigo, y aun así insistes en que será Vivian.

Ya no tenía fuerzas para discutir con él. Simplemente me giré hacia las escaleras.

Aun así, me recordó:

—Vuelve a tu habitación y pruébate el vestido de novia.

Me detuve y volteé.

—El vestido ya lo tiene Vivian.

Justo entonces, Vivian se acercó.

Marcus la miró y su tono se volvió más frío.

—Devuélveselo.

La expresión de Vivian se tensó.

Hablé antes de que pudiera hacerlo ella.

—Que se lo pruebe por mí. De todas formas, tenemos casi la misma talla.

Solo entonces ella pareció relajarse discretamente.

Pero Marcus tomó mi mano de repente.

—Esta es la última noche de Vivian en New Estate. Voy a bailar con ella más tarde.

Después de decir eso, se dio la vuelta y se dirigió hacia la pista de baile.

Al ver que aun así intentaba irme, Vivian me sujetó del brazo sin previo aviso.

Bajó la voz. En sus ojos ardían la locura y el odio.

—¿Qué le dijiste exactamente al Don? ¿Por qué de repente me habló de esa forma? Nerina, mientras sigas viva, jamás me sentiré segura.

Antes de que pudiera reaccionar, me empujó con fuerza.

Tropecé hacia atrás sin poder evitarlo, y lo siguiente que supe fue que la torre de champaña de doce niveles se desplomó con un estruendo ensordecedor.

El cristal explotó por todas partes.

Todo el salón quedó en silencio al instante.

Todos se giraron a mirar.

Marcus también giró bruscamente.

Justo cuando estaba a punto de caer de espaldas sobre el campo de vidrio roto, instintivamente extendí la mano izquierda para sostenerme.

Mi mano derecha seguía inmovilizada.

Era inútil.

Los grandes fragmentos afilados de cristal atravesaron directamente la palma de mi mano izquierda y la sangre brotó al instante.

Marcus ya caminaba rápidamente hacia mí, pero al segundo siguiente, aun así eligió levantar primero a Vivian, quien lloraba de forma desconsolada.

Sin mirar atrás, la cargó y salió del salón.

Y detrás de él… yo me quedé sentada sola en medio de los cristales rotos, con ambas manos cubiertas de sangre.

Esa noche, me senté junto a la ventana de mi habitación y permanecí allí hasta el amanecer. Observé la luna suspendida en el cielo e imaginé que ya estaba en Sicilia.

Al despuntar el alba, tomé mi maleta y subí a un taxi frente a las rejas de la propiedad.

Muchos años después, cuando recordé aquel día, comprendí algo de repente.

En ese momento, no pensé en Marcus ni una sola vez.

Cuando ya me encontraba en el control de seguridad del aeropuerto, escuché pasos apresurados detrás de mí.

—¡Vivian!

Era la voz de Marcus.

Me detuve y sonreí suavemente.

Así que de verdad era capaz de dejar de lado su propia boda solo para venir a despedirla personalmente.

No me di la vuelta.

Tampoco me atreví a levantar las manos como despedida. Ambas estaban envueltas en capas de vendas.

En este momento, mi corazón ya no dolía.

Tampoco mis manos.

Su voz profunda llegó desde atrás.

—Encontraré la manera de traerte de vuelta lo más pronto posible.

No hace falta, Marcus. En mi vida pasada, diste tu vida para protegerme. En esta vida, déjame cumplir tu deseo por ti.

Desaparecí detrás del control de seguridad, dejando atrás esta gran ciudad de acero y concreto. Dirigiéndome hacia las flores, la brisa marina… y una Sicilia sin ti.

Y en búsqueda del hombre al que Marcus jamás tocaría.

Que viva… o no… depende de él ahora.

Marcus.

Si hay otra vida…

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