FAZER LOGINSábado por la noche.
Alba aparcó el jeep frente a la casa y bajó con tranquilidad exhibiendo sus rizos rebeldes, sus vaqueros ajustados y una camiseta que decía: "Soy la oveja negra de la familia."
—¡Jaxon! ¿Qué haces aquí? —le preguntó traviesa y con una mirada desafiante. —¿Te escapaste de la ciudad para huirle a tus responsabilidades? ―ella siempre tenía una ocurrencia afilada lista para usar.
Alba sonrió al ver a Jaxon con su melena castaña desordenada y una camiseta que rezaba: "Leer es sexy.”
—Alba, ¿qué haces tú por aquí? ¿Y a qué se debe tu visita a altas horas de la noche? —respondió Jaxon con su habitual sarcasmo, porque ella siempre lo sacaba de quicio.
—¡Ay, qué humor! Vengo por la leche de cabra. Ya sabes, mi negocio quesero depende de este rancho ―Jaxon sonrió. Alba era una de las clientas más fieles, y la leche de cabra del rancho era un ingrediente clave en sus quesos artesanales.
—¿Y cómo va el negocio? ¿Ya te has hecho rica y famosa? ―la cuestionó realmente interesado.
—Todavía no, pero estoy en ello —ella hizo una mueca. —¿Y tú? ¿Sigues leyendo libros raros y fracasando en el amor? ―atacó de nuevo.
—El fracaso es mi especialidad —contraatacó con una sonrisa cínica y un guiño descarado. —Pero, ¿qué te parece si pasas por la leche y luego nos tomamos una copa? ―dijo un poco más serio.
—¿Una copa? ¿En serio? —alzó una ceja, realmente asombrada. —No te lo vas a creer, pero no me lo esperaba de ti ―le hizo saber con sinceridad.
—¿Por qué no? —le contestó mientras se encogía de hombros. —A veces, hasta los solteros empedernidos necesitan compañía.
Alba lo miró con una mezcla de sorpresa e incredulidad. —Bueno, vale. Pero no te emociones, que no te voy a dar el gusto.
Entraron en la casa y mientras Alba recogía la leche, Jaxon sintió una idea, una chispa de locura que se encendió en su mente. Una idea que podría ser la solución o la mayor locura de su vida.
Alba se sentó en una de las sillas de madera rústica y colocó la leche a un lado de ella, observando cómo Jaxon abría una botella de vino tinto. La pequeña mesa estaba adornada con una vela parpadeante, un detalle que no pasó desapercibido para ella.
—¿Y bien? —rompió el silencio, preguntándole con una sonrisa burlona. —¿Qué tal la vida de soltero empedernido? ¿Alguna conquista interesante que contar? ―recargó su brazo izquierdo en la mesita, descansando su cabeza en la mano
Jaxon le dejó la copa en la mesa y levantó una ceja. —Alba, siempre tan directa. ¿Por qué no te relajas y disfrutas del vino? ―tomó un sorbo de la copa que se sirvió para él.
—¿Relajarme? —Alba se reincorporó sentándose correctamente. —Conociéndote, sé que hay algo más que una simple copa de vino en esta invitación. ¿Qué tramas, Jaxon? ―replicó riendo entre dientes.
Jaxon suspiró dejando escapar una risita nerviosa.
—Eres peor que mi madre. Siempre adivinando mis intenciones ―y terminó por sentarse en la silla frente a ella.
—Es que te conozco. Tus ojos brillan cada vez que intentas algo “romántico”. Y, seamos sinceros, no eres precisamente el príncipe azul ―fue el turno de Alba de tomar vino.
Jaxon se echó a reír aceptando la derrota. —Vale, vale, me has pillado. Pero no es nada malo, te lo aseguro.
—¿Ah, no? —se apresuró a responderle, levantando una ceja. —Porque por lo que sé, tu: “no es nada malo” suele ser sinónimo de: “problemas inminentes” ―hizo las comillas en el aire en cada frase.
Jaxon se puso serio y se removió incómodo en su silla. —Verás, es sobre mis padres.
—¿Tus padres? —se mostró interesada, cambió de actitud tan pronto vio la seriedad de Jaxon.
Los padres de Jaxon: Carmen, una mujer encantadora y amable; y Manuel, un hombre de apariencia imponente por su complexión corpulenta, pero de corazón bondadoso; ambos con su calidez y generosidad, habían sido como una segunda familia para ella, los visitaba desde que era una niña, y cuando se lanzó a la aventura de abrir su quesería, la apoyaron inmediata e incondicionalmente. Incluso le daban precios preferenciales en la compra de la leche, un gesto que valoraba enormemente.
—Sí. Últimamente están insistentes con el tema de la boda y los nietos, ya sabes, la típica charla de padres ―Jaxon dudó un momento antes de continuar, algo que Alba percibió, así que se mantuvo callada, esperando para que él continuara. ―Y bueno, hay algo más ―Jaxon desvió su mirada hacia la copa, y comenzó a deslizar un dedo en el borde de ella. —Mi padre está enfermo... Tiene cáncer.
El aire pareció detenerse en la cocina. La noticia la golpeó con fuerza, provocándole sentir un nudo en la garganta. Ella conocía a Manuel, él era un hombre fuerte y vital.
—¡Oh, Jaxon! Lo siento mucho ―se quedó mirándolo, hasta que él regresó su vista a ella.
—Lo sé. Y bueno, mi padre quiere verme casado antes de… ya sabes. Y mi madre… ―dejó la frase en el aire, mientras sus ojos se humedecieron.
Alba entendió de inmediato. Carmen, con su corazón de madre, seguramente estaría desesperada por ver a su hijo establecido, feliz y formando una familia; y Manuel estaría feliz de que Jaxon lo apoyara con el rancho.
—¿Y qué tiene que ver esto conmigo? —aunque no era tonta, había hecho conjeturas y ya tenía una sospecha; no obstante, quería escuchar la idea claramente.
Jaxon tragó saliva. —Necesito tu ayuda. ―Alba se cruzó de brazos, esperando la propuesta. —¿Qué tal si fingimos ser novios? ―Ella soltó una carcajada tan fuerte, que la hizo casi ahogarse con su propia saliva.
—¿Qué? ¿En serio? ¿Yo? ¿Tu novia? Jaxon, por favor… ―no disimuló su suspicacia.
—Ya sé que suena descabellado, pero piénsalo. Les daríamos la alegría que necesitan y yo no tendría que lidiar con sus constantes presiones ―dijo irritado.
—¿Y después qué? ¿Nos casamos de verdad? —cuestionó ella con una sonrisa burlona.
—No, claro que no. Sólo fingiríamos ―Jaxon reiteró, dejando a Alba pensativa.
Ella sabía que Jaxon era incapaz de comprometerse seriamente, y la idea de un noviazgo falso, aunque absurdo, le resultaba curiosamente atractiva. Sin mencionar que quería a los padres de Jaxon, y si esto les daba un poco de felicidad, valdría la pena intentarlo.
—¿Y qué hay de ti? —regresó a la conversación. —Probablemente te vea con una novia de verdad en dos meses ―tomó una mejor postura en la silla.
—No es mi prioridad y no me obligarán —le hizo saber Jaxon con determinación.
―¿No se te ocurre que es poco probable que estés enamorado de mí? ―retomó su humor mordaz.
***El siguiente capítulo es un fragmento de la vida de Auritz, que será el protagonistas de la siguiente historia. No spoiler (bueno, tal vez un poco). Podrás encontrar la historia como: Un corazón en español.***La mañana valenciana se colaba a través de las persianas, bañando de una luz dorada el departamento de Jaxon. Alba suspiró, sintiendo la suave brisa marina que se colaba por la ventana abierta. Atrás quedaron los secretos, las mentiras piadosas y la farsa que había unido sus vidas. Habían pasado ya dos meses desde que la farsa había terminado, dos meses desde que se habían sincerado sobre sus sentimientos, y se habían lanzado a la aventura de ser oficialmente una pareja. Ahora eran Alba y Jaxon, una pareja real, con una rutina que se extendía entre el rancho, la librería y la quesería.—Mmm, huele a queso —murmuró Jaxon entrando en la cocina con una sonrisa pícara.El aire olía a sal y a pan recién horneado, una escencia que era el símbolo de su nueva vida juntos.Alba revolv
Jaxon bufó. —No es poesía erótica, papá. Es un análisis crítico de la obra de… ―ni siquiera pudo terminar.—Ya, ya, ya —Manuel tenía una sonrisa socarrona. —Lo que tú digas. ¿Y cómo va la librería? ¿Vendiendo muchos libros a los poetas eróticos? ―volvió a bromear mientras se servía del queso ahumado.—Papá… —Jaxon suspiró, resignado. —Va bien. Estamos pensando en organizar un club de lectura ―decidió responder a la pregunta detrás de su mofa.—¿Un club de lectura? —su padre arrugó la frente. —Y eso, ¿qué es? ¿Un grupo de gente leyendo en voz alta? ―Negó con una mueca de asco. ―Ya ves, deberías encargarte del rancho, es más productivo ―llevó un bocado a su boca.—El rancho va genial ―Alba intentó mediar, sabiendo que la conversación se dirigía a un territorio peligroso. ―Jaxon está involucrándose con los cultivos de mandarina y con la contabilidad. Y yo me encargo de los pedidos de leche para el mercado ―finalizó con una sonrisa dulce y cándida.—Sí, eso es importante —comentó mirándolo
Dos años después. En la casita frente al campo de mandarinas.La luz dorado bañaba la cama en un cálido resplandor. Alba, con su cabello revuelto y una sonrisa que no desaparecía ni en sus sueños, se removió entre las sábanas, sintiendo la familiar patada en su vientre. Tenía seis meses de embarazo y, a pesar de las náuseas matutinas y los antojos impredecibles, se sentía radiante.Un gruñido adormilado resonó a su lado. Jaxon, con la barba de dos días y su torso descubierto, se estiró, bostezando ruidosamente.—Buenos días, cariño —murmuró Alba acariciando su mejilla.Jaxon entrecerró los ojos, intentando enfocar la mirada. —Mmm ¿Qué hora es? ¿Ya es hora de la tortura matutina? ―se arrastró el pequeño espacio que los separaba, para abrazarla.Alba soltó una carcajada. —No seas exagerado. Sólo son las siete. Y no, no es hora de la tortura. Todavía ―le dio unas palmadas en el brazo, con cariño.—Bien. Pero si me obligas a ir al establo a esta hora, voy a necesitar un café extra fuerte
Siguiendo con los planes del fin de semana, viajaron a Valencia.El sábado, cuando el sol descendió por el cielo con intensos colores vívidos, y después de haber terminado sus tareas en la librería y en la quesería, Jaxon y Alba entraron al departamento para desplomarse en el sillón, acurrucarse y sumergirse en ese silencio que los envolvía en un aura de satisfacción, felicidad y cansancio físico.Después de varios minutos de relajación, Jaxon rompió el momento. —¿Tienes planes para esta noche? —preguntó con una sonrisa misteriosa, aunque Alba no pudo verla.Alba arqueó una ceja. —Depende ―se incorporó, encontrándose de inmediato con la mirada de Jaxon. ―¿Qué tienes en mente? ¿Una cena romántica a la luz de las velas? ―comentó con ligereza, sin embargo, era una pregunta bien estudiada.Jaxon sonrió aún más. —Tal vez ―respondió con la misma ligereza, pero totalmente consciente del juego de Alba. ―Pero tendrás que esperar y ver. Solo te diré que te pongas guapa ―la vio separarse un poco
Un año después.El sol de la mañana pintaba de un naranja cálido las montañas que rodeaban el rancho de los Navarro. Jaxon, con las mangas de la camisa hasta el codo y el cabello revuelto por el viento, observaba a Alba mientras esta alimentaba a las cabras. La luz dorada acariciaba su cabello castaño, resaltando los destellos cobrizos que tanto le gustaban y sus mejillas, rosadas por el esfuerzo, le daban un aspecto aún más radiante.—Buenos días, mi amor —avanzó hacia ella con una sonrisa más que amplia.Alba, que traía un poco de maíz en la mano, lo miró. Sus labios dibujaron también una sonrisa genuina, una que había comenzado a aparecer con frecuencia desde que la farsa había dado paso a algo real.—Buenos días, vago. ¿Ya terminaste de leer esa novela cursi que te presté? ―lo recibió con el habitual sarcasmoJaxon, que se detuvo a la mitad de su trayecto y llevó una mano a su pecho, fingió una mueca de ofensa. —¡Oye! Es un clásico ―exclamó alterado. ―Y sí, la terminé anoche. Me g
Jaxon, sin perder más tiempo, se dirigió al establo con la curiosidad siendo aplastada por el nerviosismo. Ahí estaba Alba, sentada, con las manos delicadas y expertas en la ubre de una de las cabras. Estaba concentrada en su tarea, con las mejillas sonrojadas, el cabello revuelto y el sol iluminando su rostro, resaltando sus rasgos delicados.―Buenos días, granjera ―la saludó acercándose con una amplia sonrisa.Alba, al escuchar su voz, levantó la vista, al mismo tiempo que se enderezó con una mueca de sorpresa. Su mirada se encontró con la de él. —Buenos días, señorito. ¿Se le ofrece algo? ¿Necesita leche fresca para el desayuno? ―se limitó a responder con un tono que mezclaba el sarcasmo y la incomodidad.Jaxon se detuvo, sintiendo la incomodidad en el aire. —¿Todo bien? —preguntó con suavidad.Alba se encogió de hombros. —Todo normal.Se acercó, sintiendo una oleada de afecto; pero Alba desvió la mirada, sintiéndose extraña, fuera de lugar. No sabía cómo reaccionar. La intimidad c







