Se connecterPerseguido por uma gangue de vinte homens após ser traído dentro da própria máfia, um temido mafioso leva um tiro e desaparece pelas ruas de uma cidade sufocada pelo medo. À beira da morte, ele se esconde em um lugar improvável, onde é encontrado por uma jovem comum, alheia ao mundo do crime. Contra toda lógica e bom senso, ela decide ajudá-lo, cuidando de seus ferimentos e mantendo seu esconderijo em segredo. Enquanto a caçada se intensifica e o cerco se fecha, nasce entre os dois uma relação tensa e delicada, marcada por desconfiança, silêncio e escolhas perigosas. Preso entre sobreviver e fugir do passado, o mafioso precisa decidir se continuará sendo o homem que todos temem — ou se aquela estranha pode ser sua única chance de redenção.
Voir plusRocío marcó números familiares en su teléfono, pero el teléfono siguió sonando hasta tres llamadas perdidas. El corazón le latía con fuerza cuando llamó a su abogado, la línea del señor Perry.
Pero al igual que la de su novio Eric Thompson. Un bombón de treinta años alto, guapo con facciones perfectamente esculpidas. Trabajó como vicepresidente ejecutivo en la empresa Jones. Como conocía a la dueña, fue controvertidamente lanzado en paracaídas al trabajo.
El corazón de Rocío se hundió en su estómago torcido. Una sensación de aprensión se deslizó dentro de ella mientras continuaba marcando con los dedos temblorosos a ambas líneas. ¿Por qué ambos ignoran sus llamadas?
Finalmente, la línea de Eric pasó, pero la voz del otro lado era la de su secretaria, Linda.
—Vuelva a llamar más tarde, el Ceo está en una reunión de la junta —Linda dijo.
El corazón de Rocío dio un vuelco y tragó dolorosamente.
—Linda, ¿a qué te refieres? ¿¡Qué CEO!? —preguntó por teléfono.
Linda se quedó sin aliento al otro lado, aparentemente reconociendo la voz de Rocío.
—Es el Sr. Thompson, señora, es el nuevo Ceo del Coporation Jones —Linda le dio la impactante noticia y el corazón de Rocío explotó en mil pedazos.
'¿Qué diablos está pasando?'
Pero se calmó diciéndose a sí misma que no pensara demasiado. Probablemente la está reemplazando ya que está fuera. Rocío se convenció a sí misma.
Confiaba en Eric. No había necesidad de no hacerlo, eran diez años de relación, él era el primero en todo. Su primer beso y ella le dio su preciosa virginidad para reventar.
Lo más importante, ella creía firmemente que una relación sin confianza estaba condenada al fracaso. Estaba muy enamorada de su novio, tan fuerte que incluso lo incluyó como copropietario de todas sus propiedades, incluidas las acciones de su empresa, no queriendo que se sintiera inferior a ella por sus diferencias de estatus.
Ella lo había hecho su igual en todas las formas que consideraba posibles.
—¿Puedes darle el teléfono y decirle que quiero hablar con él? —Rocía preguntó y después de dudar por un segundo, Linda estuvo de acuerdo.
—Claro, espere un segundo.
—Lo siento, señorita Jones, el señor Thompson ha dicho que está ocupado —Linda dijo tratando de ser lo más educada posible como si las palabras como espadas que estaba transmitiendo no dolieran tanto.
El teléfono en la mano de Rocio se deslizó y cayó sobre la mesa cuando se dio cuenta. ¡Le habían tendido una trampa!
No quería creer sus suposiciones, pero si hasta ahora no sabía lo que estaba pasando, entonces era realmente crédula.
—Inspector, me han incriminado. Esa es la única explicación en este momento. Tiene que creerme —suplicó Roció mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
Esta era la primera vez que estaba pasando por una situación así, por lo que, naturalmente, no sabía cómo abordarla.
Su cuerpo había perdido su fuerza y su corazón se sentía como si estuviera siendo atravesado por mil flechas.
'Eric, ¿realmente me engañaste? ¿Pero por qué? Todo lo que hice fue amarte, pero ¿es así como me pagas?' Rocío gritó internamente, las líneas grabadas en su rostro eran prueba de la angustia por la que estaba pasando.
Una bombilla se encendió en su cabeza cuando recordó algo...
Seis meses antes...
Eric estaba actuando distante como de costumbre y Rocío estaba al borde de su juicio, sin saber cómo arreglar su relación que parecía estar pendiendo de un hilo.
—Eric, ¿por qué no me dices qué te pasa? Has estado distante —preguntó Rocío mientras cenaban en la mansión.
Eric ni siquiera la miró y siguió escribiendo en su teléfono mientras respondía: —Todo está en tu cabeza.
Lo dijo de una manera que dejó a Rocío sin margen de maniobra para decir algo a cambio. Ella sonrió, tratando de hacer que la punzada en su pecho desapareciera. Volviendo a su plato, se prometió a sí misma mencionarlo más tarde...
Fue una hora más tarde y Eric finalmente dijo lo que le molestaba: —Simplemente no siento que seamos compatibles... Solo soy alguien que se convirtió en vicepresidente ejecutivo usando conexiones... Dicen que dependo de una mujer, es degradante.
El corazón de Roció se apretó dolorosamente cuando dijo eso, pensó que todo estaba bien entre ellos. Al darse cuenta de que él se veía a sí mismo inferior, soltó sin pensar.
—Te haré copropietario de mis propiedades... lo que es mío es tuyo de todos modos...
Después de un momento de silencio, Eric accedió repentinamente y después de un poco de sexo nocturno, volvió a hablar por teléfono dejando a Rocío acostada en su lado de la cama, con un gran espacio entre ellos.
-fin del flashback~
Fue solo después de ser traicionada que Rocío de repente sumó dos y dos.
Eric constantemente hablando por teléfono y él convirtiéndose en copropietario de sus propiedades sin resistirse eran enormes señales de alerta que ella había pasado por alto.
Rocío se dio cuenta de lo estúpida que había sido y le costó mucho.
El inspector Joseph regresó a la sala de interrogatorios con una expresión de estreñimiento en el rostro.
—Señorita Jones, ningún abogado está dispuesto a tomar su caso y los altos mandos me han dicho que su caso no admite fianza, por lo que tendrá que permanecer detenida por el momento —dijo el inspector Joseph, desviando la mirada.
—¡¿Estás bromeando verdad?! —Roció gritó, la desesperación entrelazada en su voz. Su pecho se sentía pesado, como si una roca estuviera presionada contra él, asfixiándola.
—Eres un riesgo de fuga, por lo que te retendremos aquí hasta nuevo aviso —dijo el inspector Joseph y después de darle una mirada de disculpa, salió de la habitación y fue a preparar una celda para ella.
Roció fue golpeada por un torbellino de emociones mientras lloraba la pérdida de su amor y compañía.
Un oficial de policía abrió repentinamente la puerta de la sala de interrogatorios y anunció:
—Su amiga está aquí para verte. Tienes 20 minutos.
O camarim cheirava a pó de arroz, laquê barato e nervosismo. Lara ajustava a alça do figurino com mãos firmes demais para alguém que dizia a si mesma estar calma. O espelho devolvia seu olhar — forte, treinado, mas cansado. Aquela boate já não era mais apenas um palco. Desde a compra, tudo ali tinha mudado. Inclusive ela.A porta se abriu sem aviso.Lara não precisou virar para saber quem era.Daniel Moreti não fazia barulho. Ele simplesmente ocupava o espaço, como se o lugar sempre tivesse sido dele. O silêncio que se instalou foi mais pesado que qualquer música do salão.— Você demora — ele disse, a voz baixa, controlada.Ela engoliu em seco. Tentou responder, mas as palavras ficaram presas. Havia semanas que lutava contra aquilo — contra o olhar dele, contra a forma como ele parecia enxergá-la além do palco. Contra o medo misturado com algo ainda mais perigoso.Ele se aproximou. Não tocou nela de imediato. Daniel nunca precisava apressar nada.— Você sabe por que eu estou aqui — co
Meu nome é Daniel Moreti.E isso deveria significar poder, controle, frieza.Mas tudo isso se tornou ruído desde Lara.Eu já mandei homens para a morte sem perder o sono. Já negociei vidas como se fossem fichas de pôquer. Ainda assim, aquele beijo roubado na penumbra da boate… aquilo me desarmou. A lembrança ardia como fogo lento, queimando por dentro, atravessando minha pele, bagunçando uma mente que sempre foi calculista.Ela dançava como se o mundo não tivesse sido cruel com ela. E, ainda assim, eu sentia que tinha sido.A porta do escritório se abriu sem cerimônia.— Chefe — disse um dos meus homens, jogando um envelope grosso sobre a mesa. — Tudo o que conseguimos sobre a garota.Lara.Abri o dossiê com impaciência contida. Fotos simples. Nome completo. Endereços. Depois, as linhas que fizeram algo raro acontecer: meu rosto relaxar.Órfã.Sistema de acolhimento.Mudanças constantes.Trabalhando à noite para sobreviver.E então, quase escondido entre dados frios, um detalhe que me
A boate nunca esteve tão silenciosa.Não porque a música tivesse parado — ela pulsava como sempre —, mas porque o ar estava diferente. Tenso. Os garçons se moviam com cuidado exagerado, os seguranças evitavam olhar para o camarote central, e o dono da casa suava como se estivesse prestes a desmaiar.Daniel Moretti não negociava.Ele determinava.O envelope grosso repousava aberto sobre a mesa do escritório. Dentro, dinheiro suficiente para quitar dívidas, comprar outra boate, desaparecer por alguns anos se quisesse.— Feche — Daniel disse, a voz calma demais. — Hoje. Agora.— Mas… os clientes… — o homem tentou.Daniel ergueu os olhos lentamente.— Todos vão embora — completou. — A casa é minha esta noite.Não houve discussão. Em menos de quinze minutos, o local foi esvaziado com desculpas mal elaboradas: problemas elétricos, inspeção surpresa, emergência técnica. As luzes diminuíram. As portas se fecharam.Restaram apenas Daniel, seus homens espalhados como sombras, e uma dançarina qu
Daniel O sangue ainda escorria quando Lara o puxou para dentro de casa.Ela não sabia quem ele era. Não sabia do nome, do passado, nem do preço que aquela ajuda custaria. Só viu um homem ferido, pálido, com os olhos escuros queimando de dor e urgência, e fez o que sempre fez desde que a vida a endurecera cedo demais: ajudou.Daniel mal se lembrava de como chegou ali. Apenas flashes — os capangas traidores, o disparo ardendo no flanco, a corrida cega pelas ruas molhadas, e então aquela mulher. Lara. Voz firme, mãos trêmulas, mas decididas.Ela limpou o ferimento, costurou como pôde, ficou acordada a noite inteira. Ele observava em silêncio, guardando cada detalhe: o jeito como ela mordia o lábio ao se concentrar, o medo disfarçado por coragem, a bondade imprudente.Na manhã seguinte, quando ela finalmente dormiu no sofá, Daniel foi embora.Sem adeus. Sem explicações.Porque homens como ele não deixam rastros… só consequências.Meses depois, o nome Daniel Moretti fazia as famílias da c






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