MasukTodos me habían advertido sobre Dorian Baudelaire. Todos dijeron que me mentía, que me manipulaba, y no creyera en sus infinitas promesas de amor. Todos aseguraban que Dorian no era capaz de amar a nadie, ni a él mismo.Todos me hablaron de que él me engañaría, que nada en ese hombre era sincero.… Pero todas aquellas advertencias debieron ser para él… Porque al final, yo había sido la mentirosa dentro de ese matrimonio.… Cuando al fin le confesé aquello que él soñaba con escuchar de mis labios, cuando finalmente le dije que lo quería, lo abandoné sin mirar atrás...Mientras el sol comenzaba a asomar en lo alto de los edificios y la noche se desvanecía lentamente ante la llegada de un nuevo día, yo ponía distancia entre la mansión de Dorian y mi propia vida.Con solo una maleta de mano, un fajo de billetes y la tarjeta de su padre, me moví al centro de la ciudad. Allí conseguí el celular a un extranjero y marqué el número de Dominic Baker.Tuve que repetir la llamada varias veces ante
Había pasado por un par de relaciones antes de caer en las manos de ese hombre. Había dormido con un par de tipos a los que creí querer, incluso con quienes pensé en casarme. Había creído que amar era certeza, seguridad y un sentimiento perfecto, imperturbable en todo sentido.Pero qué equivocación. El amor es caótico, un océano inmenso lleno de olas, que barren y barren la playa, hasta desgastarla.Y eso era justamente lo que yo sentía por ese hombre: un amor inmenso, pero desgastante. Cada sentimiento suyo me abrasaba como fuego vivo, me quemaba y consumía. ¿Lo amaba por elección o por consecuencia de sus propios sentimientos? ¿Cómo un virus que él me había contagiado por la constante convivencia?—Te amo —me dijo, ansioso y con la respiración agitada, empujando las caderas en una sintonía desquiciante—. Te amo, Ann.Inevitablemente mis manos terminaron en su pecho, pero no para frenarlo, sino para intensificar el momento. Me aferré a sus hombros con los dedos, sintiendo cómo su sex
Una sensación de deseo se retorció en mi bajo vientre cuando las manos de ese hombre me tomaron por la cintura, y la respiración suave en mi pecho se volvió rápida a la vez su lengua encontraba a la mía y emitía un gutural sonido placentero.Inevitablemente mis manos terminaron en su pecho, pero no para frenarlo, sino para intensificar el momento. Me aferré a sus hombros con los dedos, sintiendo cómo profundizaba el beso y yo me quedaba sin aliento.—Te amo —me dijo, ansioso y con la respiración agitada—. Te amo, Ann.Sus manos en mi cuerpo se volvieron posesivas, tocándome donde podían de una manera desesperada y frenética.—Eres mi vida. Todo lo que soy, es por ti —jadeó en mi boca, llevando ambas manos a mi cara—. Todo lo que tengo, es para ti.Sus palabras me causaron mil emociones, me dividieron entre la felicidad y el más profundo odio. Sabía bien que Dorian me amaba con su vida, que yo era lo más valioso que poseía, y era algo que yo siempre había soñado en un hombre: que me am
Nunca le había visto esa expresión.Lo que irradiaban esos ojos, la oscuridad absoluta en ellos, y la amenaza explícita ensombreciendo sus facciones. Hablaba enserio. La amenazaba enserio.Y no fui capaz de interrumpir nada.Me alejé inmediatamente, antes de que me vieran. Y esperé en el vestíbulo. Esperé hasta que oí a Olivia gritarle todo tipo de maldiciones y salir enfurecida. No me vio.Cuando Dorian salió, yo estaba junto a la puerta, con los brazos cruzados, lista para decirle exactamente lo que pensaba. El corazón me temblaba, pero no me acobarde y tomé su brazo antes de que se perdiera en los oscuros pasillos.—Necesitamos hablar —le dije, antes de que pudiera preguntarme qué hacía yo ahí.Estrechó ligeramente la mirada, y no preguntó por qué estaba furiosa, solo dijo:—Sí...—No. Tú no hablas. Yo hablo —avancé hacía él y presioné su pecho con un dedo—. ¿Eres un desquiciado? Sabías que Olivia fue quién quiso matarme. Lo sabías desde el principio y lo usaste. ¡No solo me vigila
—"Te quise... a pesar de saber que vivías obsesionado de otra", ¿eso dijiste?Hubo pasos dentro del despacho, pesados y pausados. Casi pude imaginar la escena en el interior: él acorralándola e intimidándola con esa mirada inhumana e indiferente que guardaba para todos.—Nunca te oculté la existencia de Anastasia. No es mérito tuyo haberlo averiguado—la voz de Dorian sonó hastiada cuando le respondió a Olivia—. Sabías que ella existía, y que yo la amaba. Sabías que viajaba constantemente solo por ella, para verla. No era un secreto.Luego vino el sonido de vasos y el olor suave del whisky caro filtrándose por la puerta.—Juras amarla —el resentimiento cambió la voz suave de Olivia—. Y aun amándola, ¿te ibas a casar conmigo...?—Sí, iba a casarme contigo. Pero no por que tuviera sentimientos hacía ti, sino porque en ese entonces creía que lo mío con Ann era un amor platónico, un imposible...Hizo una pausa suave, igual que sí saboreará el dulce sabor del momento.—Aunque, eso ya cambió
Esa noche, aquella mansión parecía más grande, más vacía y silenciosa que otros días. Cada rincón me recordaba que ya no podría salir. El secreto que había confesado en el parque me había encadenado. Mis planes de ocultar el embarazo, irme pasados los pocos meses que faltaban para mi absoluta recuperación y tener al bebé en otro lugar del mundo, habían caído a un abismo. Ese bebé, aún invisible en mi vientre, era ahora un candado puesto en mi puerta.Después de volver del parque y contratar vigilantes para custodiar la casa de allí en adelante, incluso trayendo sirvientes y choferes, Dorian caminaba por el vestíbulo con pasos firmes; su silueta se recortaba por la luz de las lámparas. Ya no había rastro del hombre furioso que había apuntado su arma horas antes a un detective.Ahora su rostro permanecía sereno, casi suave, pero sus ojos seguían guardando una rigidez sombría. Después de gritarle a la cara que me iría y me llevaría a su hijo, se había instalado en sus facciones cierta ge







