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CAPÍTULO 2: Lo que empieza como un juego

Author: Vale Mirez
last update publish date: 2026-03-21 03:17:11

Punto de vista de Mia

El orgullo no paga matrículas.

Esa fue la única verdad que logré repetirme mientras sostenía la sudadera de Jake Pepper entre las manos, de pie en el pequeño baño de mi apartamento. El agua corría sin parar en el lavabo, golpeando la tela blanca como si pudiera borrar algo más que las manchas. Como si pudiera borrar lo que había pasado. Como si pudiera borrar a Jake.

Apreté la mandíbula. No podía permitirme perder la beca, no podía permitirme perder este lugar y mucho menos por él.

—No es para tanto —murmuré para mí misma, aunque la voz me salió más débil de lo que esperaba— Solo es una sudadera.

Pero no lo era y muy dentro de mí lo sabía, era una orden, una advertencia. Una forma de recordarme exactamente cuál era mi lugar en su mundo.

Exprimí la tela con más fuerza de la necesaria. El aderezo había dejado un rastro aceitoso imposible de quitar del todo. Lo intenté todo: jabón, agua caliente, incluso un detergente barato que apenas podía permitirme. Nada funcionó.

Cuando finalmente colgué la sudadera frente a mí, supe la verdad antes de aceptarla.

Estaba arruinada, un nudo se formó en mi estómago.

—Genial… —susurré.

Miré la hora. No podía enfrentarme a él, no después de lo que había pasado, no después de lo del decano. Cerré los ojos un segundo y respiré hondo.

Había otra opción.

—No pienso hacerlo —dijo Margot, cruzándose de brazos en medio de mi habitación— Absolutamente no.

—Por favor —insistí, acercándome un paso más— Solo entrégasela, no tienes que decir nada más.

—Mia, ese tipo está enfermo.

—Lo sé.

—No, en serio. Tiene algo mal en la cabeza.

—Lo sé —repetí, esta vez más bajo.

Margot suspiró, pasando una mano por su precioso cabello rojizo.

—Entonces ¿por qué estás cediendo?

Porque no tengo elección.

Pero no lo dije en voz alta.

—Porque no puedo perder esto —respondí finalmente— No ahora cuando estoy tan cerca y obviamente no por él.

El silencio se instaló entre nosotras.

Margot me observó durante unos segundos, como si estuviera midiendo algo más profundo que mis palabras.

Luego rodó los ojos con resignación.

—Te odio por meterme en esto.

Una pequeña sonrisa cansada apareció en mis labios.

—No me odias.

—No, pero estoy muy cerca —murmuró, tomando la sudadera con cuidado— Si me mata, te voy a perseguir como fantasma por el resto de tu vida, hasta que te reunamos en el más allá.

—Trato hecho.

Pero en el fondo, ninguna de las dos estaba bromeando.

No vi a Jake ese día. Y durante unas horas, me permití creer que todo había terminado ahí. Error.

El mensaje de w******p llegó a las 5:12 p.m.

Número desconocido.

Biblioteca de Literatura. Ahora.

Mi estómago se hundió, no decía su nombre. Pero no hacía falta. No era un misterio el como habia conseguido mi numero de telefono, el era Jake Pepper, el lo podía todo. 

Miré el reloj.

Tenía que estar en el trabajo a las siete, pero tampoco podía ignorarlo. No con mi beca en juego. No con él involucrado.

La biblioteca de la facultad de literatura estaba prácticamente vacía.

Siempre lo estaba a esa hora.

Las luces eran más tenues, el silencio más denso, como si el lugar existiera fuera del tiempo. Las estanterías altas proyectaban sombras largas, y cada paso que daba resonaba demasiado fuerte en el suelo.

—¿Jake? —llamé, sintiéndome ridícula al instante.

Nadie respondió.

Di unos pasos más hacia el interior, mirando a mi alrededor, entonces escuché el clic. Seco. Metálico. El sonido de la puerta cerrándose. Mi corazón se detuvo por un segundo, corrí hacia la entrada.

Cerrada, empujé. Nada.

—¿Hola? —mi voz salió más alta, más tensa— ¿Hay alguien?

Silencio.

El aire se volvió pesado, frío. Un escalofrío me recorrió la espalda.

—Esto no es gracioso —dije, aunque ya sabía que no lo era.

Saqué el teléfono, sin señal.

Por supuesto.

—Mierda…

Golpeé la puerta con la palma.

—¡Ey! ¡Ábranme!

Nada.

Miré el reloj.

5:34.

Si no salía pronto, perdería mi turno. Y si perdía mi trabajo…

Cerré los ojos con fuerza.

No. No podía pasar. no todo al mismo tiempo.

Respira.

Piensa.

Mis ojos recorrieron el lugar con urgencia hasta detenerse en una de las ventanas altas al fondo. No era más que una salida improvisada, una posibilidad frágil en medio de una situación que empezaba a asfixiarme. Sabía que no era una buena idea. Lo sabía con una claridad casi dolorosa. Pero la desesperación no deja espacio para decisiones inteligentes… solo para las que parecen posibles.

Y esa… era mi única opción.

Caminé hacia ella con el corazón latiendo con fuerza. La abrí con esfuerzo, el aire frío de la tarde entró de golpe, erizando mi piel.

Miré hacia abajo, no era tan alto, podía hacerlo. Tenía que hacerlo.

Me subí con cuidado, apoyando una pierna, luego la otra. Mis manos se aferraron al marco con fuerza.

—Vamos, Mia… —susurré.

Un movimiento, un error.

Todo pasó tan deprisa, mi pie resbaló, el mundo se inclinó. Y luego cayó conmigo. El impacto fue brutal. Un dolor agudo me atravesó el tobillo antes de que pudiera reaccionar. El aire salió de mis pulmones en un golpe seco. Intenté moverme pero no pude. Un gemido escapó de mis labios, todo comenzó a girar.

Voces lejanas.

Pasos apresurados.

—¡Se ha caído!

—¡Llama a una ambulancia!

Luces.

Sirenas.

Oscuridad.

Cuando abrí los ojos, el techo era blanco, demasiado blanco. El olor a desinfectante me golpeó de inmediato.

Hospital.

Parpadeé, intentando enfocar.

—Tranquila, estás bien —dijo una voz.

Giré ligeramente la cabeza.

Un médico.

—Tuviste suerte —continuó—  Solo es una fractura en el tobillo izquierdo.

Solo.

Cerré los ojos un segundo.

Mi trabajo, mi beca, mi vida, todo pendiendo de un hilo.

Tragué saliva.

—¿Quién llamó? —pregunté con voz áspera.

—El vigilante del campus.

Asentí lentamente.

Claro.

Un accidente.

Eso era lo que parecía, eso era lo que todos verían. Pero yo sabía la verdad. La sentía en el pecho, pesada, incómoda, imposible de ignorar.

Jake Pepper no solo quería humillarme. No se trataba solo de control.

Había algo más oscuro en la forma en que me miraba, en la precisión con la que destruía cada pequeño espacio que yo intentaba construir. Quería romperme, borrarme. Hacerme desaparecer sin dejar rastro, como si nunca hubiera importado.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Porque eso no era crueldad. Era cálculo. Y Jake Pepper… no estaba jugando. La idea de que no fuera un juego cruzó mi mente con una claridad aterradora.

¿Qué pasaba si esto nunca fue un juego? ¿Qué pasaba si Jake Pepper… quería deshacerse de mí?

Abrí los ojos, mirando el techo blanco como si pudiera darme respuestas.

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