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Capitulo 05

last update Fecha de publicación: 2025-11-21 06:30:17

Nelly no respondió. El silencio de la mujer solo avivó la ira de Derek, quien, sin esperar una disculpa, le lanzó una orden cruel:

—¡Limpia el desastre que hizo el niño en mis zapatos, ahora mismo!

La humillación en el rostro de Nelly fue tan palpable como el miedo en los ojos de los niños. Rainer, el pequeño responsable de la mancha, se encogió. Su madre, con el corazón encogido por la vergüenza, se dispuso a agacharse, pero una mano firme la detuvo con un tirón inesperado.

—Llévate a los niños —dijo Naomi, quien apareció en ese momento.

Su voz era calmada, pero tenía una frialdad que contrastaba con la ira de Derek.

—Acabo de darle una orden. ¿Por qué interfieres?

Derek la miró con furia.

Naomi ignoró su pregunta y repitió con más firmeza:

—Nelly, haz lo que te digo.

La mujer, aliviada, tomó a sus hijos y se alejó rápidamente, mientras la mirada desafiante de Naomi se cruzaba con la de Derek.

Se quedaron inmóviles. Ninguno retrocedió.

Durante varios segundos, solo se escuchó el murmullo lejano de la celebración. Finalmente, Derek rompió el silencio con una reprimenda cargada de desprecio:

—¿Quién te crees para incitar a mis empleados a desobedecer mis órdenes?

—No iba a permitir que la humillaras delante de sus hijos solo para satisfacer tu actitud arrogante. Con permiso.

Naomi intentó alejarse, pero Derek la sujetó del antebrazo con fuerza.

—¿Qué dijiste? —preguntó él, en un susurro cargado de amenaza.

Naomi bajó la mirada hacia la mano que la sujetaba y luego volvió a mirarlo a los ojos.

—Suéltame. Disfrutas humillando a los demás para saciar tu ego —dijo, zafándose de su agarre con un movimiento brusco antes de continuar su camino.

Derek se quedó en el pasillo, observándola marchar.

Respiró hondo, intentando contener la furia que esa mujer había provocado en él. No era solo su atrevimiento. Era la forma en que lo había enfrentado, sin bajar la mirada, sin mostrar el menor temor.

Entonces la reconoció.

Era la misma mujer de la agencia. La misma que lo había enfrentado cuando derramó el café sobre sus zapatos.

Una sonrisa fría apareció en sus labios.

—Así que eres tú...

Naomi se dirigió rápidamente hacia donde estaba su hermana, intentando que su postura y expresión reflejaran tranquilidad, a pesar de que la rabia y el coraje la consumían por dentro.

—Tía, ¿por qué ese señor es tan grosero? —preguntó Railyn, con la voz llena de inocencia.

—Le habló muy feo a mi mamá. Fue mi culpa —añadió Rainer, con lágrimas en los ojos.

Naomi se agachó para quedar a la altura de los niños y les acarició las mejillas.

—Él no es grosero, mis amores. Está pasando por un momento difícil, de esos que pasamos los adultos. Ahora, vayan a lavarse las manos para que salgan a jugar al jardín —dijo, intentando justificar la conducta de Derek para no sembrar en ellos una semilla de rencor.

Nelly, por su parte, se encontraba afligida. Naomi notó la tristeza en su rostro y, aunque deseaba reprocharle por permitir aquella humillación, prefirió esperar.

—Tranquila, después hablamos —le susurró.

Minutos más tarde, en el área de las empleadas, Naomi se acomodó en una silla, con la mente aún atrapada en el desagradable encuentro con Derek. ¿Cómo era posible que un hombre con tanto poder y riqueza fuera tan desagradable y odioso?

Estaba tan inmersa en sus pensamientos que casi no escuchó a la supervisora:

—Necesito una voluntaria para que vaya a la sala de conferencias y permanezca allí durante la reunión.

—¿Y qué haría una de nosotras ahí? —preguntó una de las empleadas.

—Solo es un requisito, por si a alguno de los presentes se le ofrece algo —explicó la supervisora—. La que vaya debe permanecer de pie, a una distancia prudencial de la mesa.

Una idea se formó en la mente de Naomi.

La sonrisa que iluminó su rostro fue genuina. La reunión era para nombrar a los nuevos directores de marketing y ella quería estar allí para presenciar el nombramiento de Tyler.

Sin dudarlo, se levantó y se ofreció. La supervisora aceptó de inmediato.

Los minutos se alargaron en medio de una tensión palpable. Los asistentes, impacientes, esperaban a Derek, quien, fiel a su estilo, se hizo esperar.

De pronto, la puerta se abrió.

Derek entró.

Naomi lo miró de arriba abajo y notó que se había cambiado los zapatos. Un pequeño detalle, pero suficiente para recordarle la mancha que había sido el detonante de su ira.

Sus miradas se cruzaron.

Derek no apartó la suya.

—Empecemos —dijo finalmente, con un tono autoritario que no admitía réplica.

La reunión comenzó con discusiones sobre estrategias comunicacionales y los proyectos que se entregarían a los nuevos directores de marketing. Finalmente, llegó el momento clave.

—Los aspirantes a los puestos de directores de marketing en las diferentes sucursales, pónganse de pie —anunció Derek.

Ocho hombres se levantaron.

Derek recorrió los rostros con la mirada hasta detenerse en Tyler Ross.

Una sonrisa fingida se dibujó en sus labios. Después, su expresión cambió a una de incredulidad.

—¿Esto es una broma? —murmuró.

Buscó la carpeta de Tyler sobre la mesa. Ni siquiera se molestó en abrirla.

No necesitaba leer nada.

—Tyler Ross, creo que estás en el lugar equivocado. No voy a nombrar al encargado de limpiar los pisos como director de marketing. No puedes tener nada que ofrecer en esa área.

Un murmullo de indignación se extendió por la sala. Los aspirantes volvieron a sentarse, algunos con la cabeza baja.

—Derek, Tyler es muy bueno en mercadeo. ¿Por qué no revisas su propuesta antes de tomar una decisión? —intervino Víctor.

—Es bueno limpiando en la agencia —replicó Derek, sin el menor remordimiento.

Las palabras golpearon a Tyler más fuerte que cualquier insulto. Su rostro se volvió carmesí.

Naomi sintió una corriente eléctrica recorrerle el cuerpo. La rabia la hizo apretar los dientes con tanta fuerza que le dolieron. Durante un instante, la urgencia de acercarse y abofetearlo fue casi imposible de contener.

Pero se quedó en su lugar.

Sus ojos no se apartaron de Tyler.

Él había comenzado a trabajar en la agencia Torres a los dieciséis años, pocos días después de que su madre los abandonara. Necesitaba alimentar a sus hermanas. Su primer empleo fue lavando autos, y fue así como conoció a Albín Torres, quien, conmovido por su historia, le ofreció un trabajo con un sueldo más digno.

—Todos nosotros hemos necesitado la ayuda de Tyler para resolver complicaciones en ventas tecnológicas. Él merece ese puesto —insistió Albín.

Derek giró lentamente el rostro hacia él.

—Todos ustedes, pero yo no.

Luego volvió la mirada hacia Tyler.

—Tyler, abandona la sala —ordenó Derek.

El silencio que siguió fue absoluto.

Naomi sintió que algo dentro de ella terminaba de romperse.

Aquello ya no era una entrevista.

Era una humillación.

Y esta vez, Derek había elegido a la persona equivocada.

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