登入~Isabel~«No me voy todavía. Tengo que quedarme aquí también; además, vine en mi coche», le dije justo cuando estaba a punto de arrancar.Apartó las manos del volante, las apoyó sobre sus muslos, se reacomodó en el asiento y se giró para mirarme.«¿Es lo mejor que puedes hacer? Tu madre ya se va a quedar a cuidarlo toda la noche», dijo. «¿Por qué no vas a casa, descansas y volvemos juntos mañana muy temprano? Podrías traerle ropa limpia y el desayuno a tu madre», añadió.Lo pensé un momento y me di cuenta de que tenía razón.El médico ya había dicho que seguía durmiendo y que necesitaba descanso ininterrumpido durante veinticuatro horas para poder monitorizar su actividad cerebral. Era mejor hacer lo que sugería William.A decir verdad, sentía el pecho pesado y estaba agotada hasta los huesos. La confrontación, las discusiones sin fin, el peso de todo derrumbándose de golpe... No solo quería dormir; necesitaba escapar hacia seis horas seguidas de absoluto silencio.Pensé en Chloe; tod
~Isabel~«Creo que por fin tengo su atención.Sus ojos color whiskey se hundieron en los míos durante varios segundos.Siento cómo inhala hondo, cierra los ojos y vuelve a abrirlos; las luces fluorescentes de la sala de espera del hospital iluminan las líneas afiladas de su mandíbula.«Por favor, William, te lo ruego, cálmate. Sé que estás desbordado de la preocupación por tu padre, ¡mierda!, sé que estás aterrorizado por él, pero va a ponerse bien».«¿Y si no es así? ¿Y si resulta ser algo grave? O peor aún, ¿y si no despierta? ¡Tiene una lesión en la cabeza! ¡Joder, Isabel, es culpa de ella! ¡Jamás la perdonaré si algo sale mal!», juró, sujetándome la mano con fuerza, demasiado fuerte. Me dolía de verdad; los huesos de mis dedos se doblaban bajo su agarre, pero ignoré el dolor.Necesitaba llegar a él.Está encerrado en lo más profundo de su mente y tengo que sacarlo de ahí.«Juro que no fue mi intención que esto pasara. ¿Cómo podría siquiera pensar en hacerle daño a Arthur?», habló
~Isabel~«Este… es que… verás, William estuvo en casa hace solo unos momentos. Venía a hablar con su padre, pero recibió una llamada. Ahí fue cuando escuché que habían ingresado a Arthur de urgencia en emergencias», le expliqué, con el pánico apretándome la garganta.«¿Ah, sí? Entonces… ¿entonces viene para acá?», dijo ella. Las palabras le temblaban a través del altavoz. Podía oír sus sollozos. «¿Qué hago? Dios mío. Bel…», lloró.«Oye, mamá, cálmate, ¿sí? ¿Dónde estás?», le pregunté.«Yo… estoy en la sala de espera del hospital».«Vale, vale. Respira hondo», dije para tranquilizarla. «¿Qué hospital? Tengo que ir», añadí con voz firme, forzando una entereza que no sentía; por dentro ya me estaba desmoronando.Para que mi madre, que siempre era despreocupada y nada le quitaba el sueño, estuviera llorando así, tenía que tratarse de algo grave. Era una pesadilla absoluta.La línea se quedó en silencio durante un rato. Miré la pantalla para comprobar si la llamada seguía activa, observand
~Isabel~«Está bien, gracias. Iré inmediatamente».Corta la llamada y empieza a caminar hacia mí.Avanza con pasos lentos y calculados; el peso de su mirada me deja clavada en el sitio.Retrocedo hasta que mis nalgas chocan contra el borde de su escritorio.Él acorta la distancia y se detiene justo frente a mí, de pie y con los brazos cruzados, como si buscara acorralarme a propósito.—¡¿Por qué carajos tiene que aparecer tu madre para que todo se vaya a la mierda?! —escupe.Un músculo le tiembla violentamente en la mandíbula.A los lados de su cuerpo, aprieta y desaprieta los puños.Lo miro hacia arriba; la cabeza me da vueltas, aterrorizada y desconcertada por este cambio tan brusco en su actitud.No me ha dicho nada.Sigue sin explicarme qué está pasando en realidad; lo único que sé es el fragmento de la llamada que acabo de escuchar: Arthur ha sido ingresado de urgencia en el hospital.¿Cómo ocurrió? ¿Por qué? ¿Acaso la Sra. Higgins no dijo que Arthur había salido con mi madre?—N
~Isabel~«Necesito volver a la mansión», digo, acurrucándome contra el cuerpo desnudo de William.Llevamos una hora así, tumbados juntos después de ese sexo tan apasionado.El calor de su piel contra la mía me reconforta; es un breve refugio de la realidad que nos espera fuera de esta habitación, pero el reloj avanza y el mundo real no se detiene por mucho tiempo.«Descansa un poco y te acompaño de vuelta», me dice al oído, para luego besarme el lóbulo.Siento un cosquilleo en el vientre, un aleteo repentino que me corta la respiración. Me giro para mirarlo, buscando en su rostro, y él me besa suavemente en los labios, la nariz y la frente.«Vamos», se levanta de golpe, tirando de mí. «Vamos a darnos una ducha. Te lavaré yo mismo».Eso sí que es dulce.Suelto una risita como una niña y dejo que me arrastre hacia el baño; el aire frío de la habitación me golpea la piel en cuanto apartamos las cobijas.El agua se siente cálida y relajante, cayendo a cascadas sobre nuestros cuerpos.Él t
~Isabel~Me saca en brazos del mostrador.Paso mis brazos alrededor de su cuello y engancho las piernas detrás de su cintura mientras caminamos hacia su dormitorio.Me deja de pie cerca de su cama, luego tira del dobladillo de mi camiseta por encima de mi cabeza y la arroja sobre una silla, dejándome completamente desnuda ante él.Me besa el hombro con suavidad. Me quedo allí, totalmente expuesta bajo sus ojos, mientras el peso absoluto de su mirada me quema por dentro.«Dime, ¿quién es la mujer mejor formada del mundo?», pregunta mientras me muerde el cuello, rodeándome la cintura con el brazo para pegarme más a él.«¿Yo?», pregunto con voz ronca.Devuelve su hermoso rostro hacia el mío con una mirada profundamente afectuosa. Sus ojos recorren mis facciones hasta llegar al collar que me regaló, el cual descansa sobre la curva de mi clavícula; la joya dorada contrasta a la perfección con el tono de mi piel.Miro el oro sobre mi piel, recordando lo dulce que se sintió cuando me lo dio







