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Capítulo 6

Author: Maglek
last update publish date: 2021-07-21 02:03:28

Finalmente, pasado un tiempo Kiyan se levantó con la misma calma que había tenido durante toda la plática, estirándose antes de ofrecer la misma sonrisa -Ya es tarde, si tienes planes de irte por la mañana es mejor que duermas de una vez. Cuando quieras volver eres bienvenido

-Espera. ¿Por qué me ofreces eso después de la forma en que te he tratado? ¿Qué quieres conseguir? - Shi se levantó también, mirándole con desconfianza nuevamente, subiendo todas sus barreras al comprender que no podía solo ser amable sin querer algo a cambio. No podía estar haciendo eso solo porque si 

-Shi, no quiero conseguir nada. Entiendo tu odio hacia los alfas, no conozco tus razones y tampoco es algo que necesite saber. Pero si el querer mostrarte que no todos somos tan terribles como crees entonces sí, quiero algo a cambio. No tienes una manada, no la necesitas, pero siempre es bueno tener aliados. Y si puedo hacerte ver que tienes un aliado aquí entonces lo haré 

Tras decir eso camino a la puerta, abriendo esta para el chico, esperando así que saliera para después hacerlo el, cerrando la puerta tras de sí. Se despidió con una sonrisa y alejo a su habitación, no sin antes agradecerle por la charla y el juego que habían tenido antes. Shi lo observó irse por unos minutos más, ¿lo único que quería era probar que estaba equivocado con los alfas? ¿Era posible que en verdad eso fuera lo único que buscaba? No podía confiar. No podía fiarse de un alfa, por más amable que pudiera ser, podría estarle engañando para que volviera a bajar la guardia. ¿Por qué sólo buscaría cambiar su idea hacia los alfas? Considerando que él era uno, sólo lo podía ver como que en el fondo temía que pudiera hacerle daño. ¿Pero por qué? ¿Qué había descubierto? ¿Qué había logrado encontrar de él como para creer que debía ser cuidadoso? Aunque… Le había dado luz verde para volver a su manada si lo necesitaba, nadie que sospechar a de otro haría algo como eso, más si creyera que su vida corría peligro. ¿En verdad sólo quería ser amable y bueno? ¿Podía existir alguien así que solo buscará el bien para el resto? Sacudió la cabeza, estaba pensando demasiado las cosas.

Camino hasta su habitación casi corriendo cuando perdió de vista al alfa, puso el cerrojo en la puerta para evitar que alguien entrará y fue directo a la cama, recostándose mientras observaba el techo suspirando. ¿Qué pasaba con él? ¿Tal vez el recordar a su viejo amigo le había puesto así y la forma en que el alfa le trataba lo ponía nostálgico? No podía encontrar otra explicación, sumando eso a las feromonas de Kiyan suponía que era lo que le había dejado con la guardia  abajo. 

Cerro sus ojos, dejando sus pensamientos viajar por su memoria, si les hacía caso esperaba que pudieran dejarle tranquilo después y así poder concentrarse nuevamente en lo que era importante. El estar pensando en eso durante el día lo había llevado a tener un accidente, no podía cometer más equivocaciones como esas. Poco a poco sus pensamientos comenzaron a llenarse de todos los buenos recuerdos que tenía de su niñez. Recuerdos de su madre cantándole antes de dormir, arropándolo y diciéndole que lo amaba mientras acariciaba su cabello. La primera vez que él y Kiyan tomaron su forma animal y corrían por el bosque, recordó la primera vez que Kiyan se enteró que era un delta después de sacarle la información a la fuerza, eran tan solo unos niños y aun así su amigo le había mostrado más apoyo del que esperaba. Soltó un suspiro lleno de nostalgia, abriendo sus ojos, fijando su mirada en un punto cualquiera del techo.  

Había algo familiar en Kiyan, le despertaba algo nostálgico, algo que ya conocía. Su lobo también sentía que ya lo conocía, conocía ese aroma, conocía el dulzor de la lavanda que le calmaba y la fuerza de su aroma amenazante. Lo conocía bien, la pregunta era ¿por qué? ¿Por qué lo conocía? ¿Por qué le parecía tan familiar? ¿Por qué su lobo reaccionaba tan bien a su aroma?

“Kiyan”

El nombre volvió a su cabeza, como si su lobo hubiera unido las piezas del rompecabezas, levantándose de golpe. Solo había una persona que conocía que tenía ese aroma, pero, sobre todo, sólo había una persona que conocía que defendería a los deltas sin dudarlo. ¿Cómo lo había pasado por alto? ¿Cómo había podido olvidar esa única mirada que siempre lograba hacerlo caer en sus aventuras ridículas y peligrosas? ¿Cómo había podido olvidar esa tonta y estúpida sonrisa que siempre lograba transmitirle calma incluso en los peores momentos? Había sido tan idiota que le cruzó la posibilidad de que los nombres no fueran más que una coincidencia, pero ¿qué tan común podía ser su nombre? Solo alguien tan idiota como el padre de Kiyan le habría puesto un nombre que representará su legado y como había nacido para liderar, porque, aunque odiase admitirlo ahora, siempre había visto la fuerza que el alfa tenía para liderar al resto, y el habría estado más que feliz de ser su mano derecha. Volvió a sacudir la cabeza, no debía recordar a ese chico. Ese chico dejó que su padre muriera, ese chico dejó que lo lanzarán a la calle como a un perro, ese chico no intentó buscarlo.

No debía recordar al Kiyan que le había dado cariño en sus años de infancia y juventud, no debía recordar como sus feromonas le hacían sentir bien y tranquilo, no debía recordar como su risa parecía iluminar una habitación entera, no debía recordar la forma en que le protegía ni como sus brazos siempre le cuidaban. No debía recordar su calor al abrazarla en las noches de invierno cuando el frío era tan insoportable que sólo lograba dormir si lo tenía a él cerca. No debía recordar lo que había comenzado a desarrollar por él. Debía olvidar todo, debía dejar todo eso de lado, había encontrado al hombre que estuvo buscando por años. La razón de su venganza. Y podía deshacerse de él. Era la oportunidad perfecta para deshacerse de él. Solo debía pensar cómo. Tenía su arma, podía escabullirse dentro de su habitación y asesinarlo, aunque tal vez eso sería demasiado sospechoso. Pero si entraba a su habitación mientras dormía podría cubrir su rostro con una almohada y asfixiarlo. Eso podría pasar más desapercibido, podía entrar, ahogar lo y después irse. Si. Podía irse antes de que pudieran notar que hizo algo.

Solo debía esperar un poco hasta que ya no hubiera ruido, asegurándose que ya no hubiera nadie en los pasillos. Por su parte procuro hacer el menor ruido posible, para que quien quedara despierto no sospechara que el seguía despierto. Después de un par de horas decidió salir de la habitación, intentando que la puerta no hiciera tanto ruido para poder salir, el pasillo estaba oscuro por lo que tuvo que guiarse con su olfato, gracias a que su visión era mala su olfato se desarrolló más que el resto de lobos, aun así, camino con cuidado para no golpearse contra nada, debía ser silencioso así que no podía usar la linterna de su celular. Solo podía guiarse con lo poco que veía y los aromas. No le tomó demasiado llegar a la habitación del alfa, recargando su oreja en la puerta para intentar escuchar algún ruido, al no escuchar nada abrió con cuidado, observando al alfa dormir con calma en su cama. 

El aroma a lavanda era más fuerte ahora que dormía, de cierto modo Kiyan se veía más hermoso de lo que ya era durmiendo, tal vez porque no estaba molestando como siempre, pero la suave luz de la luna que lograba verse a través de la lluvia era suficiente para iluminar su rostro, sus finas y dulces facciones, nadie podría imaginar que ese chico en algún momento había manchado sus manos de sangre, era miembro de una mafia después de todo. No había forma de que no tuviera en su consciencia la muerte de muchos, aunque conociéndole, no eran muertes en vano, siempre serían por una causa mayor. Shi se acercó en silencio, quedando a un lado de la cama, observando las facciones del que había sido su amigo. Podía acabar tan fácilmente con él. ¿Y entonces por qué se estaba deteniendo? ¿Por qué no era capaz de hacer otra cosa más que observarlo? Estaba seguro que no era por el olor de sus feromonas, sabía muy bien que no era eso. ¿Acaso los recuerdos le estaban impidiendo hacerle daño? ¿Estaba siendo tan débil que no era capaz de matarlo por tantos recuerdos? No. No se trataba de eso. No podía matarlo porque estaba indefenso. No era capaz de hacer algo porque no podía defenderse. No era un cobarde que atacaba por la espalda. Eso era todo. Shi nunca atacaba por la espalda, no era ese tipo de persona. 

Se alejo, intentando que no notará que estaba ahí, aunque para su mala suerte terminó tropezando con la silla donde anteriormente estaba el alfa, provocando más ruido del que debería. Escucho algunos quejidos de parte de Kiyan, congelándose en su lugar al notar que este despertaba y le observaba con una sonrisa 

-Shi, si querías dormir conmigo lo hubieras dicho. No tenías que escabullirse de esa forma en mi habitación. Eso da miedo. Si quieres quedarte solo metete en la cama, puedes irte en la mañana antes de que alguien lo note- Maldijo el sueño ligero de su ex amigo, pero si quería mantener una imagen tenía que hacer caso, por lo que sólo camino nuevamente hacia la cama, recostándose en la parte libre de la cama, dándole la espalda 

-Esto solo es porque no puedo dormir en un lugar que no es mi habitación y la lavanda de tus feromonas me relajan, eso es todo- Murmuró bajo, tal vez, solo tal vez, podía planear un nuevo plan. Si se volvía cercano al alfa podía encontrar una forma de asesinarlo estando lejos de su manada, tal vez incluso podía llevarlo a su propia manada y encargarse de él. Pero todo lo que pudo haber estado pensando se fue en un segundo al escuchar el sonido fuerte de un trueno hacer retumbar las ventanas, provocando que el chico terminará girando su cuerpo para pegarse al del alfa en un reflejo inmediato por buscar protección. 

- ¿Te dan miedo los truenos? -  Aunque Kiyan pudo haber hecho algún comentario burlón al respecto, se escuchaba genuinamente preocupado, no era normal que los lobos temieran a esas cosas, después de todo muchos estaban acostumbrados a esos ruidos. Y claro, habían disfrutado antes de jugar en la lluvia, pero Kiyan asumía que el lobo de Shi no temía a algo como eso. Otro trueno retumbó con fuerza, provocando así que la respuesta de Shi solo fuera apegarse más al alfa, buscando calmarse con el dulce aroma de la lavanda, lo que no esperaba eran los brazos de Kiyan abrazando su cuerpo con fuerza, liberando más feromonas para relajar al lobo que temblaba en sus brazos. 

-Si dices algo te mataré- Murmuró el delta, estaba demasiado asustado en ese momento como para pensar en alejarse, sus instintos le pedían sentirse protegido, era inevitable para el no buscar la protección del alfa, antes nunca había temido a eso, pero la muerte de su padre y posterior la de su madre, ambas en momentos de tormentas fuertes, y por supuesto, todos los años que tuvo que sobrevivir en el bosque provocaron un terror enorme hacia los truenos -Todos le temen a algo así que si te burlas te arrancare la cabeza 

-Tranquilo, no tengo intenciones de burlarme de ti, ¿de acuerdo? No tengo porque hacerlo. No soy tan terrible como crees, Shi- Lo era, para Shi era terrible, era detestable y merecía morir, merecía sufrir todo lo que él sufrió, no podía tomar venganza contra su padre, pero haría imposible la vida del alfa. Le haría pagar todo lo que tuvo que vivir. Se encargaría personalmente de hacerle vivir un infierno y después lo mataría. -Duerme ahora, estas a salvo aquí- Escucho murmurar a Kiyan, claro, él podía estar a salvo, pero el alfa tendría que vigilar su espalda. Si tenía un interés en él lo iba a aprovechar para tomar su venganza. No iba a escapar de ello. 

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