LOGINSylvana:
La boca se me cae a los pies al ver semejante hombre. De piel tostada, cubierto con varios tatuajes, cabello oscuro, su rostro es mera masculinidad, tiene la mandíbula pronunciada, labios pequeños, barba crecida y nariz perfecta. Sus ojos cubiertos por pobladas pestañas y por si fuera poco las cejas hacen ver a sus ojos verdes aún más penetrantes.
Me quedo como estúpida mirándolo para después bajar por su cuerpo. Su espalda es ancha, brazos muy gruesos y pectorales sorprendentes. Su abdomen está tonificado a la perfección al igual que sus oblicuos.
Él también lleva un pequeño bóxer color negro con patrocinadores. La verdad es que luce mucho mejor en él, que en su contrincante.
Sus piernas torneadas se mueven ágilmente de un lado a otro dando brincos. Me recuerdo que tengo que respirar y desvío la mirada, esto no traerá nada bueno.
La campana suena y los hombres comienzan a moverse aún más rápido. El rubio tira golpes y uno da en la perfecta cara del moreno, los demás los esquiva con agilidad. La pelea continúa y yo prefiero no observar más, me resulta muy incómodo y mi entrepierna está vergonzosamente mojada.
Visualizo en el otro lado a Jimena quien me hace señas, sus labios dicen “Están buenísimos” y rueda los ojos como una loca, suelto una carcajada y la campana señala el final del primer round.
El moreno se acerca a la esquina y toma asiento en un pequeño banquito. No puedo escuchar lo que le dicen, pero se ve sumamente atractivo. En segundos el tiempo de descanso se termina y la campana suena de nuevo. El rubio sale con todas las ganas y golpea el rostro del moreno partiendo su labio. Puedo ver salpicar sangre. Un leve grito se me escapa de la boca sin querer.
La gente reclama y escucho a varias mujeres ofreciendo “su ayuda” en ese labio, alzo una ceja y al mirarlas la boca se me cae al suelo. Son perfectas, rubias, con curvas por todos lados, pequeña cintura… m****a me siento tan insignificante. Vuelvo mi mirada aturdida hacia el ring y miro al moreno de pie, con más fuerza y en cuestión de dos puñetazos deja inconsciente al rubio.
La pelea se da por terminada y la gente estalla en aplausos y gritos, tengo que bloquear todas esas propuestas que las voluptuosas mujeres lanzan al “jefe”.
Miro como el ganador se pasea por el octágono y levanta sus brazos, para después recorrer un camino lleno de gente que grita “Jefe, Jefe”, un gesto bastante presumido.
Busco a Jimena con la mirada pero no la encuentro, miro hacia el octágono y la veo tirada en el suelo atendiendo al perdedor. Es una lástima, su hermoso y esculpido rostro ya no será el mismo después de este enfrentamiento.
—Venga aquí —me dice el mismo hombre que me trajo y le sigo hasta los cubículos.
—Pase —asiento y me quedo helada al toparme con el moreno de hermosos ojos y escultural cuerpo justo, frente a mí. Tiene los ojos cerrados y está recostado en una silla, carraspeo y el hombre le llama.
—Jefe, le atenderán —el hombre abre sus ojos postrándose en mi instantáneamente. De mi boca no sale ni una palabra y juro que por un momento no podía respirar.
—¿Quién eres? —pregunta y yo me quedo muda, no puedo dejar de mirarlo—. ¿Quién eres tú hermosa? —. Mi boca al fin se cierra y trago saliva, me debo de ver como una estúpida boba, desvío la mirada hacia los lados.
—Yo… vengo a curar… las heridas —tartamudeo y una sonrisa se dibuja en su rostro.
—Vaya, debe ser mi día de suerte —pasa su lengua por el labio inferior y yo rompo el contacto con sus ojos de nuevo.
Dejo la maleta en uno de los muebles y comienzo a sacar gasas, agua oxigenada, alcohol, algodón, giro con trabajo hasta su rostro para evaluar el daño y toco suavemente su labio partido.
—Parece que solo fue esto —digo lentamente y él sonríe.
—¿Te ha gustado la pelea?, ¿Vienes muy seguido a estos eventos? —pregunta mientras yo preparo una de las gasas para desinfectar. Al girarme me encuentro con esos penetrantes ojos de nuevo.
—La pelea… estuvo muy bien, felicidades —digo sin aliento y sonríe satisfactoriamente—. Y no vengo seguido, es la primera vez.
Acerco mi mano hacia su boca y puedo sentir su caliente exhalación, mi piel se eriza al instante. De vez en cuando desvío la mirada por los músculos de su cuello. Ahí comienzan los tatuajes, parecen tribales. Trato de concentrarme y hacer con cuidado el resto del procedimiento, coloco unos seguros adhesivos para que suture rápido.
—He terminado —digo juntando todos los aditamentos que he utilizado para su curación.
El hombre que me ha llevado asiente y se pone de pie.
—Muchas gracias señorita pasé por… —el moreno le interrumpe
—Un momento, retírate Adrián —el hombre asiente y desaparece del cubículo. Libero mis manos de los guantes de látex ensangrentados y los tiro al cesto de la basura.
—Ha hecho un excelente trabajo señorita —asiento y sonrío nerviosa.
—Es muy amable, gracias —se pone de pie dejándome espantada debido a su altura.
—Me gustaría saber su nombre y teléfono, si es posible, para llamarle en cuestión de alguna emergencia —mi boca se abre y cierra de golpe, que vergüenza.
—Soy Sylvana Borrell y no… tengo teléfono, lo siento… —digo con la cara casi cayéndose de vergüenza. El hombre no dice nada así que alzo la mirada para encontrarme con un rostro molesto.
—¿No quieres dármelo? — mis ojos se abren como platos.
—No, no es eso, no tengo teléfono móvil, no puedo… pagarlo —la última palabra la digo casi en un susurro.
Cierro los ojos de golpe y desvío la mirada. Debí de escucharme estúpida.
—No te creo—alzo la mirada y tiene el ceño fruncido, varias arrugas se marcan en su frente.
—Se lo juro, no puedo —alguien entra al cubículo interrumpiéndonos.
—Señor…—el moreno hace una seña para silenciar al visitante de inmediato y en segundos escucho la puerta cerrarse. He recorrido casi toda la habitación debido al nerviosismo y él solo tiene los ojos en mí.
—¿Por qué estás aquí Sylvana? —pregunta, mis ojos van hacia los suyos y temo realmente el perder la cordura.
Abro la boca para dejar salir la respuesta que tarda en llegar.
—Por qué, necesito el dinero— mi voz es un hilo
—¿Necesitas dinero? —asiento
—Todos trabajan por eso ¿no? —alza una ceja y me arrepiento de haber hablado demasiado.
—Yo no, yo trabajo por mera diversión —bufo, que arrogante, carraspeo y doy un paso hacia atrás.
—Qué alegría por usted —asiente y da media vuelta, de inmediato comprendo que es hora de irme así que hago lo mismo y cuando estoy a punto de llegar a la puerta me sorprende su voz.
—¡Sylvana, vuelve aquí! —me quedo estática al escuchar mi nombre en sus labios. Vuelvo mi cuerpo hacia él y me entrega un sobre bastante gordo—. Tus servicios han sido excelentes.
—¿Qué es esto? —pregunto aturdida mientras él lo coloca en mi mano.
—El pago de tus servicios —mi boca se abre
—Señor… —niega y levanta una mano
—Debo de bañarme, ¿te apetece ir a cenar?, ¿quieres que te lleve a casa? —niego rápidamente. Como si tuviera una casa a donde llegar.
—No señor, muchas gracias, vengo con mi compañera, ella me llevará y probablemente esté asustada ahora —asiente pensativo
—Claro, hasta luego señorita —sonrío y puedo observar que sus dientes están ligeramente desalineados, pero no se ven mal, parecen ser producto de los golpes.
—Hasta luego —y salgo del lugar.
Camino con las piernas temblorosas por el pasillo y meto el grueso sobre en mi pequeña bolsa. Me cuesta un poco cerrarla mientras trato de respirar pero no puedo, necesito aire. Me encuentro con Jimena en la entrada.
—Amiga, estaba como una loca buscándote —asiento
—Vámonos —digo sin aliento y me mira extrañada
—¿Te pasa algo? —vuelvo a asentir
—Vámonos —y corremos en dirección al auto.
Estoy muy cerca de su casa, tiene… familia. No es que me importe, lo único que quiero es volar esa casa en pedazos justo frente a sus ojos. Coloco los últimos explosivos y me coloco tras la puerta del jardín. A diario a las 6 pm sale con su mujer a tomar un café… él primero, y a los 6 minutos ella con las dos tazas en la mano. Tomo un respiro y escucho sus pasos acercarse. Abre la puerta y cuando se vuelve a cerrarla inyecto en su cuello una jeringa de sedante. Tengo que apresurarme, en 5 minutos estará despierto. Ato sus manos y pies a una silla muy parecida a la que me ataron hace 6 meses, al fin lo tengo frente a mí…—¡Karim!, he traído los… —su mujer se queda mirándome con los ojos bien abiertos y es cuando Nico le coloca otro sedante—¿Aquí? —pregunta y yo asiento. Lo pagará mi amor, te lo prometí, lo pagará. Hace unos 15 días he ido a visitar a esos dos hijos de puta que abusaron de Sylvana, pueden encontrar sus cuerpos exhibidos en la jefatura de policías… eran, “miembros rec
Kaleb:Escucho un golpe fuerte… la puerta tal vez. Me adentro a casa llamando a Sylvana pero no me contesta. Hay un jarrón en el suelo hecho añicos… —¡SYLVANA! —grito y reviso todos los cuartos sin respuesta, corro hacia nuestra habitación y la puerta está cerrada—. ¡SYLVANA!, ¿QUÉ SUCEDE?, ESTÁS… ¿ESTÁS AHÍ?Mis alarmas se activan y tomo el arma que llevo conmigo, pateo la puerta obligando a que se abra y ahí es cuando lo veo… —Jefe, que gusto verlo… —mis ojos se abren como platos al ver a Karim con una pistola apuntando a la cabeza de Sylvana. Está… atada de manos y pies y…—¿Qué?, ¿Karim… ? que m****a haces? —mi voz es un grito, ronco y siento un dolor en el pecho… miedo.—Teníamos que encontrarte Kaleb… fue difícil pero, al fin te tenemos —niego, esto no puede estar pasando, todo lo hicimos bien… apunto con mi arma hacia su cabeza pero amenaza con matar a Sylvana, quien está inconsciente.—¿Qué es lo que quieres?, ¿dinero?, dímelo, te lo daré —digo de forma rápida, frota su barbi
Sylvana:Llevamos cerca de dos semanas en nuestra nueva casa. Hemos salido a comprar la despensa y ropas cómodas de acuerdo al lugar en donde estamos. Kaleb se ha portado como todo un caballero, hemos disfrutado cada día y cada noche… el tiempo a su lado es perfecto, no podría estar más feliz.No puedo negar que de vez en cuando llega a mi mente algunas dudas, pensamientos… ¿Qué pasará con nosotros?, ¿viviremos el resto de nuestras vidas así?, ¿ocultándonos de todo el mundo? Hace dos semanas mi nombre no es Sylvana Borrell, hoy soy Sandra Bones… si, Bones.No he hablado con Gianna desde aquel día. He querido hablar con Jimena pero no se me permite usar el móvil para evitar ser rastreados, Kaleb se ha deshec
Kaleb:—¿Ahora si me dirás que es lo que está pasando? —beso su mano, cuanto quisiera protegerte de todo esto.—Iremos a Grecia.—¿Qué?, ¿a Grecia?, ¿Por qué?—Tenemos que escapar, hubo un problema con el cargamento y… nos han estado siguiendo, Adrian encontró a un miembro de la policía fuera de casa hace unas horas, justo después de que Karim… —sus ojos se abren como platos.—¿Hablas de que… venían por ti? —asiento y ella tapa su boca—Pero todo estará bien mi amor…
Kaleb:Son las 4 de la mañana no he podido dormir ni un jodido minuto, doy vueltas por mi despacho y regreso a la sala donde se encuentra ella. Sylvana está hecha un ovillo en uno de los sillones debido a que no pienso apartarla de mí. Quiero saber que hacia Karim en nuestra habitación, no soportaría que él…De vez en cuando escucho los sollozos de Sylvana y trato de calmarla, pero ni siquiera yo sé que puedo esperar después de esto. Primero Karla y luego él.Nico entra a toda velocidad sin llamar a la puerta, tiene los ojos bien abiertos, alzo la mano para que no inicie dando las noticias. Primero tengo que sacar a Sylvana de aquí.—Mi amor, vuelvo en un minuto ¿sí?, Adrián
Kaleb:—Tenemos algo pendiente mi amor… —digo en su oído haciendo que su piel se erice. Tomo su ligero cuerpo entre mis brazos y salgo de la sala dirigiéndome hasta nuestra habitación. Cierro la puerta dando un portazo y comienzo a besar salvajemente sus labios, cuello, clavícula. La he deseado desde que nos levantamos de esta cama. Comienzo a deshacerme de su ropa rápidamente hasta dejarla en solo bragas y sostén…—Hermoso juego —muerde su labio y me abalanzo sobre ella una vez más.Nuestro juego de seducción continúa por horas. Jamás logro saciarme de ella, siempre quiero más y más. He olvidado las preocupaciones, las confiscaciones, la policía, mis miedos, mis errores… para m&iacu







