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PUNTO DE VISTA DE EMILIA
—No te lo volveré a preguntar, Emilia. ¿De quién es el hijo que llevas en el vientre? —Lo oí preguntar de nuevo con voz agitada, sosteniendo el informe de embarazo en sus manos. La vena de su frente se le hinchó, lo que me hizo hervir de miedo ante lo que pudiera hacer. —Es… es tuyo —balbuceé, con la voz temblorosa. Entonces oí una risa grave y asesina, y mis piernas cedieron al instante, haciéndome caer al suelo. —¿Esperas que me crea eso? —se acercó, dominándome con su estatura—. Nunca te he puesto las manos encima, ni te he considerado digna de mis deseos, pero dices que ese niño es mío. —Abrí los ojos de par en par mientras lo miraba, desesperanzada. De verdad que no lo recuerda. —Por favor, tienes que creerme —supliqué, con lágrimas que me quemaban el rostro. —Como no me das un nombre, no me dejas otra opción. Se me paró el corazón al ver a los guardaespaldas acercarse. “¿Qué están haciendo?... Suéltenme.” Dos guardaespaldas me sujetaron por los costados mientras me levantaban del suelo y me sacaban. Luché, pero su agarre era de acero. “Tristan, por favor… El niño es tuyo, te lo prometo. Por favor, no hagas esto”, supliqué, pero mis súplicas cayeron en saco roto. La mirada fría y sin vida en sus ojos mientras me veían llevarme me asfixiaba. Al instante sentí náuseas, y una oleada de mareo me nubló la vista mientras todo se volvía oscuro.Desperté con el fuerte olor a antiséptico y las cegadoras luces fluorescentes; mis ojos luchaban por acostumbrarse, pero solo conseguí que me doliera más la cabeza. Intenté orientarme, pero mi respiración se entrecortó al darme cuenta de dónde estaba.
La puerta se abrió y entraron tres hombres con batas quirúrgicas. —Ah, señora Blackwell, ya está despierta. Comenzaremos el procedimiento en breve, le prometo que será indoloro —dijo el médico principal con voz suave. Recordé que conocía a Tristan. —¿Qué quiere decir? ¿Qué procedimiento? ¿Dónde está Tristan? No me toquen hasta que llegue Tristan —exclamé presa del pánico, agarrándome el estómago. No podía creer que Tristan les permitiera hacerme esto. —Señora Blackwell… —vacilaron, mirándose con inquietud, con una sensación de presentimiento. Justo entonces… Tristan entró y una oleada de esperanza recorrió mi cuerpo. —Tristan, quieren sacarme al bebé. Por favor, detenlos. —Él ni siquiera me miró. Sus ojos recorrieron al equipo médico con un desprecio gélido, y sus siguientes palabras me helaron la sangre. —¿Qué están esperando? No financio este hospital para que se muevan como caracoles. Dense prisa y sáquenle ese bastardo de encima. —Sí, señor Blackwell. —Los médicos actuaron de inmediato, endurecidos por su orden, probablemente intimidados por la presencia de Tristan y conscientes de que él prácticamente era dueño de una parte del hospital. Retrocedí apresuradamente mientras me aferraba con más fuerza al vientre, pero los médicos me inmovilizaron. Miré a Tristan, pero él solo me lanzó una mirada fugaz con esos ojos siempre fríos. Tres años de matrimonio y todo se reducía a esto. —¡Espera! —grité con las últimas fuerzas que me quedaban. Tristan levantó las manos, indicando a los médicos que se detuvieran. —¿Algo más, Emilia? —preguntó con frialdad. —¿Por qué no puedes simplemente creerme? —Me mordí el labio hasta sentir el sabor metálico de la sangre, tratando de contener las lágrimas que amenazaban con brotar. —¿Te atreves a preguntarme por qué? —dijo con una sonrisa diabólica en ese rostro de rasgos divinos, lo que le daba un aire dominante—. ¿Creías que no me enteraría de cómo hiciste que Lara se marchara? —¿Qué? —pregunté confundida, sin entender a qué se refería. —Ella regresó y me lo contó todo: cómo la obligaste a irse e hiciste que mi abuela me tendiera una trampa para casarme contigo. Eres una víbora astuta. —Lo dijo con tanto asco que mis ojos se enrojecieron de nuevo; ya no pude contener las lágrimas. —Tristan, no entiendo nada. —Nada tenía sentido. Recordaba que Lara se había marchado de Axel City hacía tres años y que Tristan había aceptado casarse conmigo de repente; entonces, ¿por qué decía que yo había obligado a Lara a irse y había hecho que la anciana señora Blackwell lo forzara a casarse conmigo? —¿Sigues haciéndote la tonta, Emilia? Muy bien, veamos cómo reaccionas ante estas pruebas. Tristan sacó un puñado de fotografías del bolsillo interior de su traje y las arrojó con brusquedad a mi rostro. Mis manos temblaron al intentar tomar una, y mis ojos se abrieron de par en par al ver su contenido. Revisé las otras y todas contenían contenido sugerente. Una de las fotos nos mostraba a ella y a mí en una cafetería el día antes de que se marchara de Axel City, y las demás me mostraban con un hombre borracho con el que me había topado extrañamente hacía varias semanas. Obviamente estaba drogado y quería abusar de mí, pero por suerte alguien había intervenido. El ángulo desde el que se tomó la foto hacía parecer que nos estábamos besando. —Tristan, esto es... puedo explicarlo... —Ahórratelo. Las hice autenticar y todas son reales, así que entenderás por qué cada palabra que escupes me suena a mentira —dijo con desprecio. —Tristan, no es lo que parece, te lo prometo —quería explicarme desesperadamente, pero saber que no me creería me hacía sentir incomprendida y desconsolada. Por supuesto que creería la palabra de su primer amor antes que la de la mujer con la que se vio obligado a casarse. —Intentaste atraparme con el hijo de otro hombre. Qué despreciable, Emilia. Me alegra que Lara me ayudara a ver tus trucos. —¿Lara te envió estas fotos? —Eso explicaba mucho; todo cobraba sentido ahora. Lara me había tendido una trampa y enviado esas fotos a Tristan, así que, por supuesto, él no iba a creerme; además, el feto era demasiado pequeño para una prueba de ADN. ¿Así terminaba todo? ¿Iba a perder a mi bebé de esta manera, justo cuando acababa de enterarme de su existencia? Durante tres años me había tragado cada insulto porque lo amaba, y aun así él no lograba ver quién era yo realmente. ¿Qué pasó con todos mis años de dedicación y devoción hacia él? Bastó una sola palabra de Lara para que nada de eso importara ya. —¿Y qué pasaría si el bebé resulta ser tuyo? —¿Y qué te hace pensar que querría tener un bebé contigo? ¿En qué lugar dejaría eso a Lara? —Al escucharlo, solté una risa baja, luego otra un poco más fuerte, y la risa fue creciendo hasta que me dolieron las costillas. Noté que los médicos intercambiaban miradas alarmadas, preguntándose si había perdido la cabeza. Incluso a Tristan se le arrugaba la frente mientras me miraba desde arriba, pero ya no me importaba. No podía creer que me hubiera llevado tres años obtener mis respuestas. La respuesta era tan clara que hasta un niño de tres años podría entenderla. —Está bien, Tristan, abortaré al niño, pero con una condición. Tristan entrecerró los ojos. —¿Cómo te atreves a intentar negociar conmigo? —¡No me dejas otra opción, Tristan! —Respiré hondo para calmar el ritmo frenético de mi corazón. Sentía mi agitación interna y cómo se me oprimía el pecho. Dolía de verdad, pero tenía que hacerlo—. Divorciémonos.POV DEL AUTOREn el estudio privado de Tristan dentro de su villa, Luke entró con un expediente de informes en las manos. Colocó cuidadosamente el archivo sobre el escritorio ejecutivo de caoba frente a Tristan.—El análisis de laboratorio del té tomado de la finca Ashford ha regresado de la unidad forense de la policía tras una cuidadosa investigación, tal como ordenó. No había rastro de ninguna sustancia tóxica o letal, señor —informó.Tristan se pellizcó el puente de la nariz; acababa de recordar que le había ordenado a Luke que investigara qué había pasado realmente con Emilia, convencido de que alguien había intentado envenenarla. Pero ahora que sabía que era una reacción alérgica, algo dentro de él se removió.¡Culpa!Se dio cuenta de lo poco que en realidad sabía sobre la mujer con la que fue obligado a casarse hace ocho años; nunca se había molestado en aprender sus hábitos, preferencias o su historial médico simplemente porque este matrimonio no era lo que quería y prefería e
POV DEL AUTOR—Señor —llamó Luke, trotando hacia Tristan, quien estaba de pie con una mirada furiosa mientras observaba el horizonte de la ciudad a través del piso a techo de la ventana—. La asistente Judy acaba de confirmar que la Dra. Winston se dirigió directamente a la finca de la familia Ashford.Tristan se giró al instante, y sus ojos avellana se entrecerraron de inmediato.—¿Por qué? —cuestionó.—La asistente Judy mencionó que fue a buscar respuestas. Eso fue todo lo que...Por un breve segundo, Tristan no dijo nada; el silencio se hizo más espeso mientras pensaba en una razón plausible de por qué Emilia había regresado con la familia Ashford y qué respuestas pensaba encontrar.—Prepara el auto —ordenó sin pensarlo dos veces.De vuelta en la finca Ashford, Emilia caminó a través de las grandes puertas dobles sin invitación, y su postura irradiaba una autoridad intacta e imponente.Todos se congelaron, incapaces de encontrar las palabras. Totalmente estupefactos y boquiabiertos,
POV DE EMILIALos siguientes días pasaron como un borrón estresante y aburrido; llegaba a casa agotada todos los días y en algunas noches ni siquiera me molestaba en ir a casa.Era más una sensación, pero el hospital se volvió mucho más concurrido y ajetreado.Sé que inicialmente acepté ayudar a los médicos residentes si necesitaban ayuda, pero parecían llamarme para asistirlos en cada cirugía de emergencia, tanto dentro como fuera de mi especialización. Rechazarlos sería una mancha a mi reputación y a mi juramento.En este día en particular, tras un agotador procedimiento quirúrgico de seis horas, Judy entró en mi oficina sosteniendo un enorme ramo de flores frescas que ocultaba por completo su rostro.—¿Qué flores son esta vez? —pregunté con indiferencia, echando un vistazo rápido a mi oficina, que ya rebosaba de varios ramos de flores diferentes.—Hortensias, Dra. Winston.Inmediatamente levanté la vista. Esas eran mis flores favoritas. ¿Cómo lo supo?Acepté el pesado ramo de Judy,
POV DEL AUTOR—¿Qué te pasó? —Emilia miró a su amiga, que yacía débilmente en la cama del hospital con una venda blanca y limpia envuelta ordenadamente alrededor de su tobillo izquierdo.Lily esbozó una sonrisa incómoda y tímida, y se rascó la parte trasera de la cabeza.—Tropecé con mis tacones y me caí.Emilia arqueó las cejas con incredulidad.—Caminas con esos tacones de quince centímetros todos los días como si tu vida dependiera de ello, así que esto es sorprendente.—No todos los días tienen que ser perfectos; todos cometemos errores, Milly.Emilia sintió una persistente sospecha de que su amiga no le estaba contando todo, pero decidió dejarlo pasar.—Escuché que el Dr. Henry estuvo aquí. ¿Lo viste? —se giró para preguntarle a una enfermera tratante.—Sí, acaba de irse hace unos minutos; tenía un asunto urgente que atender —respondió la enfermera.El ceño de Emilia se profundizó; todavía no lograba alcanzarlo.—Milly, ¿tienes su número? Necesito agradecerle como es debido.—¿Qu
POV DEL AUTOR—Emilia, ¿qué significa esto?Lara se adelantó precipitadamente, con la voz afilada por una acusación desmedida. Emilia frunció el ceño en un desdén silencioso. «¿Acaso está ciega?». Tristan era claramente quien la tenía presionada contra el vehículo y dominaba el beso.—Te dije que me esperaras adentro —Tristan dirigió su mirada oscura y fría hacia Lara mientras soltaba de mala gana a Emilia. Lara tragó saliva con dificultad, achicándose ligeramente bajo su pesada mirada. ¿Cómo se suponía que le dijera que estaba completamente inquieta sabiendo que él había ido tras Emilia?—Aún no regresabas y estaba preocupada, así que vine a buscarte —su voz se quebró al explicarlo, queriendo hacerse la víctima.Emilia miró a Tristan; no parecía arrepentido ni culpable de que su prometida los hubiera atrapado con las manos en la masa, mientras que ella se quemaba en silencio de vergüenza.Se acomodó la blusa y se giró para abrir la puerta de su auto e ingresar.—Los dejaré con
POV DEL AUTOREmilia fingió no escucharlos y mantuvo un paso firme, hasta que escuchó su nombre salir de la boca de uno de ellos. Se congeló en seco sabiendo que ya no podía simplemente alejarse.Se giró lentamente, con una mirada oscura y fría.—Emilia, ¿eres tú? —un tono profundo y familiar se le escapó en un ahogo.—¿Qué estás diciendo, Daniel? Emilia está muerta, recuérdalo —Emilia pudo escuchar la incertidumbre en la voz de su hermanastra. Una sonrisa lenta y deliberada se dibujó en su rostro.«¿Eso es lo que convenientemente quieres creer?», se burló en silencio.La pareja se quedó atónita. Instintivamente, Elora se acercó más a Daniel y envolvió sus brazos con fuerza alrededor de él.Al ver su postura, los ojos de Emilia se oscurecieron: «Realmente se casaron».Un nudo amargo se le formó en la garganta.—¿Eres tú? ¿Tú eres la que hizo que expulsaran a mi hijo de la escuela? —los ojos de Elora se abrieron de par en par al reconocer de dónde conocía ese rostro. ¿Cómo podría olvid







