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Exnovio rival 

Autor: Valerie Ray
last update Data de publicação: 2026-06-01 21:28:22

Liora bajó las escaleras con pasos pausados, el dobladillo del polo rozando sus muslos como un susurro seductor. La tela, suave y holgada, se adhería ligeramente a su piel húmeda, el escote apenas dejaba entrever la curva de su clavícula. Descalza, sintió la fría madera bajo sus plantas, cada crujido intensificando la silenciosa anticipación que se acumulaba en su interior. La casa la envolvió en su silencio, las sombras danzaban a la luz del fuego en la planta baja, atrayéndola hacia la sala de estar donde Riven la esperaba.

 Se recostó junto a la chimenea, con un vaso en la mano, mientras las llamas proyectaban destellos ámbar sobre sus afilados rasgos. Llevaba las mangas de la camisa remangadas, dejando al descubierto unos antebrazos musculosos y sutilmente fuertes, y alzó la vista cuando ella entró, fijándose en su figura con inmediata intensidad. El polo se subió ligeramente con su movimiento, revelando la suave extensión de sus piernas, pálidas e impolutas salvo por el leve rubor del baño. La mirada de Riven descendió, deteniéndose en la piel expuesta, y un sonido bajo escapó de su garganta: «Maldita sea». La palabra quedó suspendida en el aire, áspera por la admiración, y su postura cambió al dejar el vaso a un lado y ponerse de pie.

 Un rubor intenso tiñó las mejillas de Liora, pero ella sostuvo su mirada, alzando la barbilla con una mezcla de desafío silencioso e intriga. La prenda se sentía ahora como una segunda piel, vulnerable pero a la vez poderosa; la ausencia de nada debajo intensificaba cada sensación: la suave caricia del aire, la sutil fricción de la tela. Riven cruzó el espacio que los separaba en unos pocos pasos, deteniéndose lo suficientemente cerca como para que ella percibiera el tenue aroma de su jabón, limpio y terroso, mezclado con el humo de la chimenea.

 —Te ves... cómoda —dijo con voz grave, un tono que la recorrió con una vibración. Su mirada se suavizó, aunque la chispa del deseo permaneció, mientras seguía con la mirada la forma en que el polo caía sobre sus caderas—. ¿Quieres algo? ¿Quizás whisky para quitarte el frío?

 Ella asintió, el simple gesto cargado de una invitación tácita. «Sí, suena bien». Su voz sonó más firme de lo que esperaba, aunque su pulso latía visiblemente en su garganta. Riven se acercó a un aparador y vertió con delicadeza un líquido ámbar en una copa de cristal, cuyo suave tintineo resonó. Se la ofreció, rozando sus dedos con los de ella en un contacto fugaz que le recorrió el brazo con un escalofrío. Se acomodaron en el mullido sofá frente a la chimenea, los cojines cedieron bajo su peso, tan cerca que sus rodillas casi se tocaban.

 La bebida la reconfortó desde dentro mientras bebía, el ardor extendiéndose por su pecho, aflojando los nudos de los restos del día. La conversación fluía en murmullos: fragmentos de desdén compartido por el engaño de Thorne, entremezclados con tímidas confesiones de sus propios corazones reservados. La mano de Riven descansaba sobre el cojín entre ellos, a centímetros de su muslo, la proximidad creando una presión silenciosa. Los pensamientos de Liora se desviaron hacia el coche, hacia el beso que había abierto algo crudo y real en su interior. Aquí, en este santuario iluminado por el fuego, esa atracción se intensificó, atrayendo su mirada hacia sus labios, recordando su presión firme pero a la vez flexible.

 Como si presintiera su cambio, Riven se giró y dejó su copa. «Liora», susurró, pronunciando el nombre como una caricia. Se inclinó, despacio y con delicadeza, dándole espacio para que se alejara. Pero ella no lo hizo; en cambio, lo alcanzó a medio camino, sus labios uniéndose en una renovación de aquel fuego anterior. El beso comenzó suave, un roce de bocas explorando territorio conocido, pero se intensificó rápidamente, su mano deslizándose hasta la nuca de ella, sus dedos entrelazándose en su cabello aún húmedo. Ella saboreó el whisky en su lengua, intenso y tentador, mientras se deslizaba entre sus labios, provocando un suave suspiro desde lo más profundo de su ser.

 El mundo se redujo a los puntos de contacto: su mano libre encontró su cintura, atrayéndola hacia sí hasta que se sentó a horcajadas sobre su regazo, el polo se subió dejando al descubierto más de sus muslos contra la áspera tela vaquera de sus vaqueros. El calor irradiaba de él, traspasando la tela, encendiendo su interior. Las manos de Liora recorrieron sus hombros, sintiendo el juego de los músculos debajo, mientras las palmas de sus manos rozaban sus costados, los pulgares rozando la parte inferior de sus pechos a través de la fina camisa. El beso se volvió más voraz, las lenguas danzaban al ritmo que reflejaba el acelerado latido de su corazón, las respiraciones se mezclaban en ráfagas calientes e irregulares.

 Riven se separó primero, dejando un rastro de besos a lo largo de su mandíbula, bajando por la columna de su cuello, mordisqueando suavemente la piel sensible. «Dime si quieres parar», murmuró contra su pulso, con la voz ronca por la contención. Pero Liora negó con la cabeza, arqueándose hacia él, y las palabras salieron en un susurro: «No». Envalentonado, la besó de nuevo, esta vez con más intensidad, mientras una mano se aventuraba más abajo, deslizándose bajo el dobladillo del polo para recorrer la curva de su cadera, con los dedos extendidos sobre la piel desnuda.

 Ella jadeó durante el beso mientras su tacto ascendía, rozando la parte interna de su muslo, rozando el borde de su calor más íntimo. La sensación era eléctrica, enviando escalofríos por sus extremidades, haciéndola sentir expuesta pero a la vez amada, como si cada terminación nerviosa despertara por primera vez. Era como redescubrir su cuerpo, la sombra de la traición desvaneciéndose bajo su exploración reverente. Los dedos de Riven se detuvieron, buscando permiso en sus ojos, y cuando ella asintió, conteniendo la respiración, él profundizó más, separando sus pliegues con delicada precisión.

 Un gemido escapó de sus labios, bajo e involuntario, mientras él acariciaba su clítoris con movimientos suaves como plumas, aumentando la presión que se contraía en su abdomen. Las caderas de Liora se balanceaban instintivamente, buscando más; el polo se amontonaba alrededor de su cintura, olvidado en la bruma. Él observaba su rostro, absorbiendo cada destello de expresión: la apertura de sus ojos, el entreabrir sus labios, como si memorizara sus reacciones. «Tan receptiva», susurró con voz teñida de asombro, antes de deslizar un dedo dentro de ella, lento y profundo, curvándose para encontrar ese punto que hacía estallar estrellas tras sus párpados.

 La intrusión se sintió profunda, estirándola de maneras que reflejaban su vulnerabilidad emocional, como si él estuviera reclamando espacios que Thorne jamás había tocado. Ella se aferró a él, un gemido se formó en su garganta cuando él añadió un segundo dedo, empujando con un ritmo constante que acompasaba el crepitar del fuego. El placer se intensificó gradualmente, su cuerpo temblaba, la lubricación facilitaba sus movimientos. El pulgar de Riven continuó su danza sobre su clítoris sensible, intensificando las sensaciones hasta que ella jadeaba, con la frente pegada a la suya, perdida en la intimidad.

 Moviéndose ligeramente, tiró del polo hacia arriba, dejando al descubierto sus pechos al aire cálido; sus pezones se endurecieron al instante bajo su mirada. Liora se aferró a su cabello mientras él bajaba la cabeza, cerrando la boca sobre uno de sus pezones, su lengua moviéndose con exquisita delicadeza. El calor húmedo de su succión le arrancó un gemido más agudo, arqueando la espalda para ofrecerle más. La atendió con esmero, alternando entre suaves caricias y tirones más firmes, sus dientes rozándola lo justo para provocarle una oleada de deseo que la envolvía, convergiendo con la creciente excitación entre sus piernas.

 —Eso es —la animó, con la voz amortiguada contra su piel, antes de pasar al otro pezón, succionando con un hambre que rozaba la devoción. El mundo de Liora se disolvió en sensaciones: el doble asalto de su boca y sus dedos la llevaba al límite. Se sentía virgen en su respuesta, cada caricia era novedosa y abrumadora, como si su cuerpo hubiera estado esperando este tipo de adoración. Los gemidos brotaban libremente, sin restricciones, resonando suavemente en la habitación, mientras sus caderas se frotaban contra su mano con una necesidad desesperada.

 La excitación de Riven la presionaba insistentemente a través de sus vaqueros, una promesa dura que la hacía más audaz. Con dedos temblorosos, bajó la mano, tanteando su cinturón, el tintineo del metal resonando en el tenso silencio. Él la ayudó, deshaciéndose de las barreras que los separaban hasta que se liberó, grueso y palpitante en su mano. Liora lo acarició con timidez al principio, luego con creciente confianza, provocando un gemido profundo en su pecho. El sonido la encendió, un reflejo de sus propias súplicas vocales.

 La levantó ligeramente, colocándose en su entrada, sus ojos fijos en los de ella en un instante de profunda conexión. —¿Lista? —preguntó con la respiración entrecortada. Ella asintió, bajando sobre él poco a poco; el estiramiento era exquisito y reconfortante, provocando un largo y agudo gemido. Era más grande de lo que había previsto, la sensación rozaba lo excesivo, pero a la vez era perfecta, sus paredes vaginales se contraían a su alrededor mientras se adaptaba.

 Se movieron juntos, al principio con un lento roce, que fue aumentando hasta alcanzar un ritmo frenético. Las manos de Riven sujetaban sus caderas, guiando sus movimientos, mientras su boca volvía a sus pechos, succionando un pezón con tanta fuerza que la hizo gritar, la mezcla de placer y dolor la acercaba al clímax. Las uñas de Liora se clavaban en sus hombros, con la cabeza echada hacia atrás, los gemidos brotaban mientras oleadas de éxtasis la invadían. Sus dedos encontraron de nuevo su clítoris, frotándolo en círculos apretados que la hicieron perder el control.

 El clímax la golpeó como una tormenta, su cuerpo se convulsionó a su alrededor, sus músculos internos palpitaban en un éxtasis rítmico. Se rompió en un gemido ahogado, las lágrimas le picaban en los ojos por la intensidad, sintiéndose completamente renovada, como si hubiera renacido en sus brazos. Riven la siguió momentos después, penetrando profundamente con un gemido gutural, derramándose dentro de ella mientras su cuerpo se tensaba, su boca aferrándose a su cuello en un beso posesivo.

 Se quedaron quietos, entrelazados y exhaustos, sus respiraciones sincronizándose en el resplandor del atardecer. El fuego crepitaba suavemente, proyectando sus sombras alargadas sobre el suelo, testimonio de la pasión que había consumido la noche. Liora descansaba contra él, con el corazón rebosante, con la venganza en mente.

ahora entrelazado con algo más profundo, más vinculante.

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