LOGINLiora se despertó a la mañana siguiente, su cuerpo protestaba con cada movimiento. Un dolor intenso la atenazaba de pies a cabeza, una punzada profunda que se originaba en su interior y se extendía hacia afuera. Riven había aguantado toda la noche, su resistencia era muy superior a la de ella. Había intentado seguirle el ritmo, igualándolo el mayor tiempo posible, pero finalmente, sus límites se dispararon. El agotamiento la venció en pleno movimiento y se quedó dormida mientras él continuaba, su cuerpo flácido contra el suyo. Ahora, las huellas permanecían: chupetones salpicaban su piel en grupos, desde la clavícula hasta la parte interna de los muslos, cada uno un leve latido al moverse.
Se deslizó con cuidado fuera de la cama, apoyando suavemente su peso en el suelo para evitar lastimarse las zonas sensibles. El colchón se hundió ligeramente al levantarse, pero Riven seguía dormido, con la respiración tranquila. Se quedó allí un momento, probando su equilibrio, con las piernas temblorosas por el esfuerzo. Luego buscó su ropa seca doblada en la silla cercana; la tela estaba fresca al tacto. Primero se puso el vestido, que se ceñía a sus curvas sin necesidad de ropa interior, y después se calzó. No le prestó atención al estado de su cabello ni a las marcas visibles en su cuello; la apariencia no era una prioridad después del ajetreo del día anterior.
Deteniéndose en la puerta, volvió a la habitación. La cama estaba desordenada, las sábanas enredadas y las almohadas torcidas. Negó con la cabeza lentamente, un gesto que la invadió con una oleada de arrepentimiento. «Estúpida», se repitió a sí misma, con una autocrítica aguda e implacable. ¿Cómo había acabado allí, en su espacio, después de todo lo que había pasado con Thorne? El trato que Riven le había propuesto resonaba en su mente: los dos meses de fingida relación, su papel de simple adorno para herir a Thorne donde más le dolía, y su pretensión de tenerla a solas. La tentaba ese camino hacia la venganza, pero ahora, bajo la cruda luz de la mañana, se sentía como otra trampa a punto de cerrarse.
Se movió por el pasillo con pasos silenciosos, la casa en silencio a su alrededor. Nadie se movió cuando llegó a la puerta principal, girando el pomo con un suave clic. Afuera, el aire le golpeó la cara, trayendo consigo el leve frío de la madrugada. Tomó el sendero que se alejaba de su propiedad, su paso deliberado para controlar el dolor que le oprimía los músculos. Cada paso le recordaba la intensidad de la noche, la forma en que Riven había tomado el control, provocando reacciones que ella no había planeado dar. Recordó el viaje en coche, la lluvia golpeando afuera mientras el calor aumentaba adentro, sus labios sobre su piel, sus dedos hundiéndose profundamente hasta que el clímax los inundó a ambos. Había comenzado como un impulso de venganza, pero la atracción entre ellos complicó las cosas.
El camino a casa se alargó más de lo habitual, su mente divagaba entre un torbellino de emociones. La traición de Thorne se repetía en su mente: la puerta del apartamento de Marcus abriéndose de golpe, la revelación arrogante de Victoria, el jarrón estrellándose contra la pared mientras su furia alcanzaba su punto álgido. Salió furiosa, dedicándole un gesto obsceno en un último acto de desafío, solo para que el aguacero la empapara. Entonces apareció Riven, arrastrándola a su mundo a pesar de su resistencia. Aunque lo despreciaba por su pasado, su oferta encajaba con su necesidad de vengarse. Sin embargo, estar con él había reavivado viejas chispas, chispas que creía extinguidas hacía mucho tiempo.
Las dudas la invadieron mientras recorría las calles. ¿Podría comprometerse con el acuerdo sin perderse a sí misma? El contacto de Riven había sido posesivo, casi reverente, borrando la sombra de Thorne durante esas horas. Pero la mañana trajo claridad, y los chupetones servían como marcas, señalando su elección. Se ajustó el tirante del vestido que se le resbalaba del hombro, ignorando la exposición. El hogar se vislumbraba ante ella, y lo familiar le producía ahora una mezcla de consuelo y contaminación.
Las llaves tintineaban en su mano mientras se acercaba a la entrada, algo torpe por el cansancio. Subió las escaleras, cada escalón una prueba de resistencia, con los muslos doloridos. Al llegar a la puerta, introdujo la llave y la giró hasta que la cerradura cedió. Al entrar, el apartamento la envolvió en un aire viciado, igual que cuando salió furiosa. Y allí, en el sofá, estaba Thorne, con el mando a distancia en la mano, cambiando de menú como si el mundo no hubiera cambiado.
Alzó la vista, entrecerrando los ojos al verla entrar. Dejó el control remoto y se puso de pie, cruzando los brazos sobre el pecho. "¿Dónde has estado?" La pregunta quedó suspendida en el aire entre ellos, cargada de prepotencia, como si su infidelidad le diera derecho a exigir explicaciones.
Liora se detuvo justo dentro, la puerta se cerró tras ella con un clic. Lo examinó de pies a cabeza, sintiendo una creciente repulsión. Verlo, tan indiferente e impenitente, avivó el fuego que había guardado durante la noche. Enderezó la postura, cruzando los brazos como él. "¿Y qué estás
haciendo todavía?"
¿Qué hago aquí?
Capítulo 4Vesper pasó los primeros días en esa habitación sin ventanas dándose cuenta de lo poco que importaba en el mundo de Kaelen, porque él solo entraba cuando quería usarla para algo. Abría la puerta con un fuerte clic que le hacía dar un vuelco al corazón, y nunca le dedicaba palabras de consuelo ni amabilidad al entrar; en cambio, la miraba como si fuera un mueble que había comprado y pagado. Pasaba la mayor parte del tiempo acurrucada en el delgado colchón, mirando las paredes grises y escuchando los sonidos amortiguados del resto del apartamento, preguntándose si alguien en el mundo exterior se había dado cuenta de que se había ido. Su teléfono había desaparecido, su ropa había desaparecido, y lo único que le quedaba era el recuerdo de quién solía ser, que se sentía más como un sueño que como una realidad, mientras los días se fundían en una larga espera y añoranza.Una tarde, Kaelen entró con una bandeja que contenía comida básica y un vaso de agua, pero no la dejó sobre un
Capítulo 3Vesper pasó los siguientes días sumida en una neblina, su mente divagando constantemente sobre cómo Kaelen la había tomado sobre aquella mesa y cómo le había hablado como si no fuera más que un trozo de carne. Intentó retomar su vida normal, pero las paredes de su apartamento parecían estrecharse a su alrededor, y cada vez que se miraba al espejo, veía las leves marcas en su piel que le recordaban constantemente a quién pertenecía ahora. Ni siquiera intentó llamar a sus amigos ni responder a los mensajes de su hermana, porque ninguno de ellos entendería la enfermiza excitación que sentía cada vez que pensaba en las manos de Kaelen apretándole la garganta. Le tenía terror, pero ese terror se mezclaba con un hambre que la hacía sentir hambrienta de más crueldad suya, y se encontró contando los minutos hasta que decidiera aparecer de nuevo en su puerta.Cuando el sonido de su llave girando en la cerradura finalmente resonó en el pasillo, Vesper ni siquiera levantó la vista del
Capítulo 2Vesper se despertó a la mañana siguiente con el cuerpo pesado y dolorido en lugares que no había sentido en años, y mientras yacía allí mirando al techo de su habitación, aún podía sentir el fantasma de los dedos de Kaelen clavándose en sus caderas. Intentó convencerse de que solo era una liberación física, una forma de purgar la amargura de su exnovio de su sistema, pero la forma en que Kaelen la había mirado la hizo sentir como si algo la hubiera marcado para siempre. Pasó el día en el trabajo tratando de concentrarse en sus hojas de cálculo, pero cada vez que se movía en su silla de oficina, la fricción contra su clítoris hinchado le recordaba cómo la había destrozado por completo la noche anterior. Se encontró revisando su teléfono cada pocos minutos, esperando un mensaje, y cuando finalmente vibró con una simple orden que le decía que estuviera en su casa a las ocho, sintió una sacudida de excitación que rozaba el pánico.Cuando llegó a su puerta, ni siquiera tuvo tiem
Capítulo 1Vesper estaba de pie en medio de su sala y sentía el pesado silencio del apartamento oprimiéndole la piel mientras pensaba en cuánto odiaba estar sola después de la ruptura. Había pasado tres años con un hombre que la trataba como un mueble y el descubrimiento de su infidelidad la había dejado sintiéndose como un cascarón vacío que necesitaba ser llenado con algo intenso y físico. Su mejor amiga la había animado a ir a un club clandestino donde las luces eran tenues y el aire olía a colonia cara y sudor, prometiéndole que necesitaba acostarse con alguien para recordar que aún era mujer. Allí conoció a Kaelen, un hombre con ojos que parecían desnudarla antes incluso de pronunciar una palabra, y la forma en que la miró hizo que Vesper sintiera un calor repentino e intenso entre sus muslos. Él no entabló la típica conversación trivial ni intentó impresionarla con historias sobre su trabajo; en cambio, simplemente invadió su espacio personal y le dijo que parecía estar hambrien
Chapter 10Clara spent the morning staring at the ceiling, feeling the heavy, lingering heat of Zachary still clinging to her skin like a second layer of clothing. She didn't move for a long time, just letting the silence of the room wrap around her while she thought about the way he had completely dismantled her over the last few weeks. Every inch of her body felt different, a deep and humming ache settled into her hips and thighs that made it hard to even shift her weight without remembering exactly how he had pushed her to her limits. She felt a strange, quiet sort of peace, the kind that only comes when you finally stop fighting something and just let it swallow you whole, and she knew that the version of herself that cared about being a good girl was officially dead.She finally rolled over, her skin sticking slightly to the sheets, and looked at Zachary who was still fast asleep beside her. He looked almost calm when he wasn't actively trying to dominate her, but she could still
Capítulo 9Clara pasó toda la mañana aturdida, su cuerpo aún vibraba por la forma en que Zachary la había usado en la cocina, y se encontró apoyada contra la pared del dormitorio mirándolo fijamente mientras él se vestía. Al principio no la miró, solo se puso la camisa con movimientos lentos y deliberados que hicieron que sus ojos recorrieran cada músculo de su espalda, y sintió ese dolor familiar regresar entre sus piernas casi al instante. Quería arrastrarse por el suelo y enroscarse alrededor de sus piernas, pero sabía que no debía moverse sin su permiso, así que se quedó allí, inhalando su aroma y esperando a que él reconociera su existencia. Cuando finalmente se dio la vuelta, tenía esa mirada en los ojos otra vez, la que le decía que aún no había terminado con ella y que probablemente estaba pensando en nuevas formas de hacerla sufrir para su placer.Se acercó a ella y le agarró la barbilla, inclinándole la cara hacia arriba para que lo mirara directamente a los ojos, y le dijo







