MasukVionessa chocó su copa con su anillo y la luz se atenuó. Un haz de luz circular la iluminó y sonrió, mostrando sus dientes blancos y separados. Valeria resopló. A esta mujer le encantaba ser el centro de atención; bueno, hoy lo sería de sobra.
Vionessa tomó el micrófono de Xavier y comenzó su discurso: «Queridos amigos…». Sus palabras se vieron interrumpidas por un disparo.
Gritó, todos los invitados gritaron y la fiesta se convirtió en un caos. Se oyeron más disparos y Dorian vio una luz roja en el pecho de Selena.
Sin pensarlo, la agarró y cayeron juntos. Selena gritó, y Vionessa también.
El terror en sus ojos era tan evidente que se notaba a kilómetros de distancia. Dorian gimió, lo que atrajo la atención de Vionessa.
Estaba herido. La bala no le había alcanzado, pero le rozó el brazo y la sangre brotaba. Los disparos continuaron, y en la gran pantalla del vestíbulo apareció una frase en mayúsculas.
“Este es el comienzo de vuestra pesadilla”. Los ojos de Vionessa se abrieron de par en par y se limpió la mandíbula. Los disparos cesaron, pero los invitados huían despavoridos.
Xavier llamó rápidamente a un médico; ayudó a Dorian a sentarse y notó que Selena también tenía un corte en la muñeca. Temblaba frenéticamente, al igual que Vionessa.
Dorian y Xavier intentaron ocultar su miedo, pero era evidente en sus rostros.
Valeria estaba de pie en la entrada. Observaba cómo los Ravenmoor se escondían aterrorizados. Disfrutaba de la escena y no pudo evitar sonreír. Valeria sintió una oleada de satisfacción.
Esto es solo el principio, Ravenmoor; desearéis no haber visto jamás la luz del día.
Vionessa caminaba de un lado a otro en su habitación. Apretaba la mandíbula con fuerza.
Apretó los dientes con rabia; El vaso que sostenía en la mano estaba a punto de romperse por su fuerte agarre.
—El médico ya atendió a Dorian y Selena; ahora están durmiendo —dijo Xavier mientras se servía una copa y se sentaba. Vionessa se bebió el whisky de un trago.
—¿Quién crees que es el responsable de esto? —preguntó Vionessa. Xavier suspiró.
—Tenemos muchos enemigos, mamá —respondió con el ceño fruncido. Vionessa resopló—. Al diablo con nuestros enemigos; ninguno de ellos ha hecho algo así.
—Siempre han tenido demasiado miedo para hacer algo, pero con esta persona, creo que es un nuevo enemigo —afirmó Vionessa—. Uno muy audaz —añadió Xavier.
—Esta persona quería darnos un buen susto, y lo consiguió —suspiró Vionessa; sus ojos brillaban con determinación y rabia.
Iba a llegar al fondo del asunto. Valeria estaba en la puerta con una sonrisa. Apenas había empezado y Vionessa ya estaba perdiendo el sueño.
"Que empiece el juego", susurró y se marchó.
Al día siguiente, Vionessa bajó con ojeras. Era evidente que no había pegado ojo. Pidió café y Valeria se lo preparó.
Dos hombres de negro entraron justo cuando estaban desayunando.
"Buenos días, señorita Ravenmoor", la saludaron. Vionessa asintió y dejó caer el café. "¿Para qué les pago?", preguntó. Los hombres se miraron entre sí. "Para protegerla a usted y a su familia, señora", respondieron.
"¿Y pueden explicarme cómo estuvimos a punto de morir mi familia y yo en nuestra mansión durante nuestra gala anual?", preguntó. Su voz era tan fuerte que resonó por todo el pasillo.
"¿Saben lo que eso le ha hecho a nuestro nombre, a mi nombre?" Volvió a preguntar, esta vez golpeando la mesa con el puño. "Les doy una última oportunidad para arreglar las cosas, así que no me fallen".
"Quiero que investiguen bien los sucesos de anoche; quiero que presten atención a cada pequeño detalle".
"Y además, tendrán que contratar nuevos guardaespaldas para mis hijos". Los hombres asintieron.
"¿Y qué hacen todavía aquí?", preguntó con los ojos casi desorbitados.
Mientras tanto, arriba, le pidieron a Valeria que le llevara la comida a Dorian.
Tenía la mano derecha vendada. Valeria llamó a la puerta y entró. Dorian estaba sentado en la cama con la mano en el pelo.
Tenía el pelo revuelto y le cubría casi la mitad de la cara. Valeria se aclaró la garganta y preguntó: "¿Puedo pasar, señor?".
—¿No estás aquí? —preguntó con una sonrisa pícara. Valeria sonrió; estaba herido, pero aun así se veía muy atractivo. Llevaba una camiseta sin mangas negra y pantalones cortos azules.
Si no fuera por el vendaje en su mano derecha, nadie se daría cuenta de que estaba herido. Valeria salió de sus pensamientos y dejó la bandeja en la mesita de noche.
—¿Cómo está, señor? —preguntó.
—Estoy mejor —respondió Dorian. Valeria asintió. Se giró para irse, pero él la agarró de la mano. Se le cortó la respiración.
—No puedo comer con la mano izquierda —susurró Dorian. Valeria asintió y tomó la comida. Empezó a darle de comer, pero evitó su mirada. Dorian sonrió.
Después de darle de comer, recogió sus cosas y estaba a punto de irse cuando lo oyó hablar. —Valeria, te agradecería que dejaras de llamarme señor —dijo.
Valeria asintió. Se encontró con Xavier al salir. Le lanzó una mirada fulminante y ella se marchó.
Xavier entró en la habitación y vio a Dorian sonriendo para sí mismo. Resopló.
—Por favor, no me digas que sonríes así por una criada. Dorian frunció el ceño. —No lo es…
—¡Vamos, es… ¿cómo quieres que la llame? ¿Una sirvienta?
preguntó Xavier con una sonrisa. Dorian apretó la mandíbula; estaba claramente molesto, pero Xavier no había terminado.
—No sabía que tus estándares fueran tan bajos.
Valeria pasaba por la habitación de Vionessa y la oyó hablar por teléfono.
—Sí, estamos bien; Los niños sufrieron heridas leves, pero ya están bien —dijo con calma.
Valeria arqueó una ceja. No era propio de ella sonreír así. La persona al otro lado de la línea dijo algo, y Vionessa soltó una risita. Valeria frunció el ceño. Tenía que averiguar quién era.
Valeria llegó a su habitación y sonó su teléfono. Sonrió y contestó.
—¿Te gustó? —preguntó la persona al otro lado. Valeria asintió.
—No pude contener mi alegría al ver el miedo en sus ojos. Revivió el momento en su mente, y su sonrisa se ensanchó.
—¿Cuándo llegarán? —preguntó. —Pronto —respondió la otra persona.
***
Valeria se miró en el espejo y sonrió. Había soñado con este momento.
El momento para el que se había estado preparando durante todos estos años, y finalmente lo estaba viviendo.
Xavier abrió la puerta de su dormitorio y vio a Valeria con la mirada perdida. Xavier se sentó en la cama y su mirada se suavizó al ver las marcas de lágrimas en las mejillas de Valeria.«Oye, no pasa nada», le susurró mientras la acercaba a él. Valeria sorbió por la nariz y le devolvió el abrazo. Que Xavier estuviera ahí para ella era lo único que no sabía que necesitaba.Normalmente, cuando tiene problemas, se los cuenta a Valeria. Un hábito que había adquirido sin siquiera darse cuenta. Valeria se apartó un poco y Xavier le acarició las mejillas con las manos.«No me gusta verte llorar así, me pone nervioso», le susurró, mientras la miraba profundamente a los ojos. Xavier le secó las lágrimas con el pulgar.«¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?», preguntó Xavier en voz baja. Valeria se quedó en silencio un segundo, luego se mordió el labio inferior y movió la mano.Xavier contuvo el aliento bruscamente cuando la mano de ella se posó entre sus piernas.«Por favor, piensa en otra
«Señorita Vance, ¿qué se siente al ser la única heredera de la fortuna de los Vance?». Valeria retrocedió tambaleándose y Ravina la sujetó. Dos guardaespaldas salieron del interior de la mansión y las ayudaron a volver a entrar. Valeria cerró los ojos mientras Ravina la ayudaba a sentarse.No acababa de asimilar lo que le habían dicho. No entendía qué estaba pasando. Ravina pidió a las criadas que trajeran un vaso de agua y se lo entregó a Valeria. Valeria sujetó el vaso con manos temblorosas y se le escapó de las manos, rompiéndose contra el suelo.Damon entró en la habitación con el ceño fruncido. Miró alternativamente a Valeria y a Ravina.«¿Qué ha pasado?», preguntó mientras observaba a Valeria. Ella parecía ausente, con la mirada perdida en el vacío. Ravina se pasó los dedos por el pelo.«Periodistas, aparecieron de la nada y empezaron a hacernos preguntas sobre nosotros y nuestra hija Andrea». respondió Ravina frotándose las manos. Damon apretó los puños. No necesitaba conocer el
Valeria se dejó caer en la cama después de pasar horas viendo un programa de televisión. Abrió los ojos cuando alguien llamó a la puerta. Ravina sonrió mientras le llevaba a Valeria un vaso de leche.«Toma, esto te ayudará a dormir», le dijo, y le entregó el vaso a Valeria.«¿Cómo sabías que tenía problemas para dormir?», preguntó Valeria tras vaciar el contenido del vaso. Ravina se sentó junto a la cama y le subió la manta.«Yo también me quedo despierta viendo la tele cuando no puedo dormir». «Ahora descansa un poco, lo necesitas», dijo, apretando los labios.Sentía un fuerte impulso de inclinarse y besar la frente de su hija, pero se contuvo. Cuando llegó a la puerta, Valeria volvió a hablar y Ravina se giró.«Quiero salir a correr mañana por la mañana, ¿vienes conmigo?», preguntó. Ravina levantó la vista para contener las lágrimas que amenazaban con caer.«Por supuesto que sí». «Ahora vete a dormir, buenas noches, Valeria», dijo y cerró la puerta tras de sí. En cuanto se cerró la p
—¿Estás segura de que te encuentras mejor? —le preguntó Ravina a Valeria con expresión preocupada. Valeria puso los ojos en blanco. —Ya me lo has preguntado por enésima vez hoy, y mi respuesta sigue siendo la misma: me encuentro mejor y estoy lista para irme a casa; hace tiempo que estoy lista para marcharme de aquí. —Valeria suspiró.«Aunque sí que me siento mal. Sé que no te importa que me quede contigo hasta que encuentre un sitio donde vivir, pero no quiero abusar de tu hospitalidad».Ravina se mordió los labios. ¿Cómo se lo iba a decir a esta chica que era la dueña de la casa en la que le daba tanta vergüenza vivir? Ravina carraspeó y posó su mano sobre la de Valeria.«Como tú misma has dicho, siempre serás bienvenida en casa». Dijo, y besó la mano de Valeria. Se oyó un golpe en la puerta y Damon entró con una petaca en la mano.«Hola». «¿Cómo te encuentras?», preguntó mientras dejaba la petaca sobre la mesa.«Me encuentro mejor». «Y, por favor, ayúdame a convencer a tu mujer; cr
Todo el cuerpo de Damon se quedó paralizado, salvo por un ligero temblor en los dedos. Sus ojos se abrían cada vez más con cada segundo que pasaba. Ravina se percató de la expresión de su marido y se acercó a él.—Oye, ¿estás bien? —le preguntó, colocándole una mano en el hombro. Damon abrió la boca para hablar, pero no encontraba las palabras, así que le pasó el papel a Ravina. Un ceño fruncido se dibujó en su rostro mientras ojeaba el contenido del papel.Su mirada se posó en la conclusión del informe y sus labios temblaron.Prueba de paternidad por ADN. Probabilidad de relación paterno-filial: 99,9 %**. Sujetos: Ravina Vance y Damon Vance – Valeria Rune. Ravina dio un grito ahogado y se le doblaron las rodillas.Vionessa la sujetó justo a tiempo y la ayudó a sentarse. Xavier recogió el papel del suelo y lo ojeó con el ceño fruncido. Abrió mucho los ojos.«¿Valeria es Andrea?». Las lágrimas corrían por el rostro de Ravina mientras se llevaba una mano temblorosa a los labios. Su cora
Todo el cuerpo de Damon se quedó paralizado, salvo por un ligero temblor en los dedos. Sus ojos se abrían cada vez más con cada segundo que pasaba. Ravina se percató de la expresión de su marido y se acercó a él.—Oye, ¿estás bien? —le preguntó, colocándole una mano en el hombro. Damon abrió la boca para hablar, pero no encontraba las palabras, así que le pasó el papel a Ravina. Un ceño fruncido se dibujó en su rostro mientras ojeaba el contenido del papel.Su mirada se posó en la conclusión del informe y sus labios temblaron.Prueba de paternidad por ADN. Probabilidad de relación paterno-filial: 99,9 %**. Sujetos: Ravina Vance y Damon Vance – Valeria Rune. Ravina dio un grito ahogado y se le doblaron las rodillas.Vionessa la sujetó justo a tiempo y la ayudó a sentarse. Xavier recogió el papel del suelo y lo ojeó con el ceño fruncido. Abrió mucho los ojos.«¿Valeria es Andrea?». Las lágrimas corrían por el rostro de Ravina mientras se llevaba una mano temblorosa a los labios. Su cora







