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Capitulo 44. La Aguja En El Pajar

Autor: Lu Ferrer
last update Data de publicação: 2025-08-16 11:35:05

A kilómetros de distancia, en la soledad presurizada del búnker, Alessandro libraba su propia guerra, una batalla de sombras en los pasillos del poder. La luz de sus monitores se reflejaba en el ámbar del whisky que giraba en un vaso de cristal. Estaba en una videollamada, la cara de su interlocutor pixelada y oscurecida. Era su mejor investigador privado.

—No me importa cómo lo consigas, Marcus —dijo Alessandro, su voz un murmullo bajo y peligroso—. No me importan las leyes de privacidad suiza
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  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 114.El Contrato del Corazon(Epilogo)

    Una semana.Siete días habían transcurrido desde que Isabela Moretti cruzó la puerta del ático con una carpeta de cuero y un mar de dudas, dejando tras de sí el silencio más absoluto que Alessandro Lombardi hubiera experimentado jamás. Para el mundo, Alessandro seguía siendo el "Rey de Hielo" de Milán, el hombre que había navegado la tormenta financiera de los Volkov y salido más poderoso que nunca. Dirigía su imperio con la misma precisión quirúrgica de siempre, cerraba tratos millonarios y mantenía a raya a sus competidores con una sola mirada.Pero, por dentro, Alessandro se sentía como un edificio cuya estructura principal ha sido retirada. Estaba completo, pero no estaba entero.Se encontraba en su oficina de la planta 50 de las Torres Lombardi. La luz del atardecer bañaba los muebles de caoba y las paredes de cristal, pero él no miraba el paisaje. Sus ojos estaban fijos en el lugar donde solía estar la carpeta con los papeles de anulación. Había cumplido su promesa: no la había

  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 113.La Eleccion

    Milán se había sumido en una paz extraña, casi antinatural, una calma que parecía más un alto al fuego que una conclusión definitiva. Había pasado un mes exacto desde que la antigua fundición de los Moretti se convirtiera en la pira funeraria de un imperio criminal, y el mundo exterior todavía intentaba procesar los escombros de lo que los medios llamaban "El Gran Borrado". En las noticias, los analistas financieros, con sus rostros de gravedad ensayada, hablaban del colapso de los Volkov como el misterio más grande de la década. Nadie mencionaba la sangre, ni el código de Casandra, ni el testamento de un abuelo paranoico. Para el mundo, los Volkov simplemente habían dejado de existir, como si una mano invisible los hubiera borrado del libro de la realidad.Isabela observaba el tráfico desde el inmenso ventanal del ático, viendo cómo las luces de los coches fluían como un río de oro por las arterias de la ciudad. La vida, con su persistente e insultante indiferencia, continuaba.—Es e

  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 112. Cenizas de un Rey

    El aire dentro de la fundición era una mezcla tóxica de vapores químicos y el calor sofocante del odio acumulado durante décadas. Isabela sentía el sudor frío recorriéndole la espalda mientras observaba el pulgar de Dimitri Volkov sobre el detonador. Un solo espasmo, un solo error de cálculo, y el legado de su familia se convertiría en un cráter humeante.Alessandro mantenía su arma firme, pero Isabela sintió el cambio en su postura. Estaba listo para morir, pero no para dejar que ella muriera. Fue entonces cuando ella dio un paso al frente, bajando ligeramente su arma en un gesto de aparente vulnerabilidad.—Dimitri, mírame —dijo Isabela. Su voz no temblaba; sonaba con la autoridad de los Moretti que habían construido este lugar—. Mi abuelo no te robó el futuro. Pietro te dio un lugar a su mesa, te dio la oportunidad de ser su igual en un mundo que te habría devorado. Pero tu propia ambición, esa sed de poder que nunca pudo saciarse, fue lo que te consumió. No estás aquí por nosotros

  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 111. Dentro del Horno

    La antigua fundición de los Moretti se alzaba contra el cielo grisáceo como una catedral de óxido, hollín y muerte. Lo que antaño fue el corazón palpitante del imperio de su abuelo, el lugar donde el acero se transformaba en fortuna, era ahora una carcasa industrial devorada por el olvido. El viento silbaba a través de las vigas de acero retorcidas, produciendo un lamento metálico que erizaba la piel, mientras el olor a ceniza fría, aceite rancio y humedad lo inundaba todo.—Estamos en posición —susurró Alessandro por el comunicador.Estaba agazapado junto a Isabela tras una montaña de chatarra oxidada. La lluvia fina de la mañana había empapado sus abrigos, pero ninguno de los dos sentía el frío. La adrenalina era un incendio en sus venas, una fuerza que los mantenía en un estado de alerta absoluta. Alessandro se giró hacia ella, revisando por última vez el cargador de su arma y luego, con una suavidad que contrastaba con la violencia del entorno, le ajustó el auricular a Isabela.—E

  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 110. El Amanecer Rojo

    La luz roja del temporizador inundaba el pequeño dormitorio, proyectando sombras alargadas que parecían garras sobre las paredes.04:12:08Isabela despertó con el corazón galopando contra sus costillas. Durante un segundo infinito, la calidez del cuerpo de Alessandro junto al suyo la hizo olvidar el abismo. Él estaba ahí, con su brazo rodeando su cintura, una barrera de músculo y piel que la protegía del resto del mundo. Pero el resplandor carmesí del reloj en el pasillo era un recordatorio silencioso y cruel: el tiempo de la paz había sido solo un préstamo.Alessandro abrió los ojos un segundo después. No hubo confusión en su mirada, solo una transición inmediata y gélida hacia la realidad del combate. Se incorporó en silencio, su espalda marcada por la tensión del hombre que sabe que va a su última batalla.—Es hora —dijo él. Su voz era un susurro bajo, despojado de la ternura de la noche, pero cargado de una determinación que hizo que Isabela se estremeciera.No hubo espacio para p

  • PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO   Capitulo 109. La Noche antes del Fin

    El tiempo ya no era una secuencia de minutos y horas; era un latido rojo y constante que emanaba de la habitación contigua. En la pequeña estancia del antiguo apartamento de Isabela, el resplandor del temporizador de Casandra se filtraba por debajo de la puerta, tiñendo las sombras de un color escarlata que recordaba a la sangre y al fuego.18:42:15El mundo se había contraído hasta quedar reducido a esas cuatro paredes descascaradas, al olor a jazmín viejo y al silencio denso que compartían Isabela y Alessandro. Ya no había escoltas, ni ejércitos, ni juntas directivas. Solo quedaban ellos, dos náufragos en una isla de madera y recuerdos, esperando que la marea de los Volkov los alcanzara al amanecer.Isabela estaba sentada en el borde de la cama estrecha, con las manos entrelazadas sobre su regazo. Miró un viejo portarretratos polvoriento en la mesilla de noche: una foto de ella y Abril riendo en una tarde de verano, antes de que el testamento de su abuelo la convirtiera en una pieza

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